Emiliano responde a los besos apasionados y cuando están a punto de desnudarse, se despierta muy agitado...
EMILIANO:
(Respirado muy entrecortado) ¿Fue un sueño? (Mira hacia todos lados, buscando a
Caro, pero ella no está) Dios, mujer, ¿qué me estás haciendo? Necesito
refrescarme...
Nano se levantó y se puso un pantalón y una remera y
bajó a tomar agua fresca, pero no fue suficiente y decidió salir a dar una
caminata.
Diego estaba de guardia esa noche y lo vio dando
vueltas. Se acercó a él…
DIEGO: ¡¡Ey, Nano!!
EMILIANO: Si, Diego, dime…
DIEGO: ¿No puedes dormir?
EMILIANO: Las noches aquí son un infierno, no se
cómo le hacen
DIEGO: ¡Costumbre, hermano, costumbre! ¿Quieres
refrescarte de veras?
EMILIANO: Si, por favor, me hace una falta que no te
imaginas.
DIEGO: ¿Recuerdas dónde queda la parte del río donde
hiciste los pases mágicos con Morena?
EMILIANO: Si, claro, ¿por qué?
DIEGO: Es que allí el agua es muy tranquila y
fresca. Un poco profunda, pero ideal para darte un buen chapuzón
EMILIANO: ¡No es mala idea!
DIEGO: Lo se, por eso te digo…
EMILIANO: ¿Tienes algún caballo ensillado para
prestarme?
DIEGO: ¡El mío!
EMILIANO: ¿Y si llegas a necesitarlo?
DIEGO: Le robo el de Chava. Nos toca la guardia
juntos, jajajaja…
EMILIANO: ¿No vas a tener problemas con eso?
DIEGO: Ninguno y si llega a hacer falta, voy y te
busco.
EMILIANO: ¡Gracias, amigo! (Van a buscar el caballo)
DIEGO: Se llama Napoleón y con lo bueno que eres con
los bichos estos, lo vas a dominar en un segundo. Es rápido como el viento y
manso como el trigo.
EMILIANO: ¡Qué buena descripción! (Se monta) Me doy
una refrescada y te lo traigo…
DIEGO: No te preocupes por eso, tómate tu tiempo…
EMILIANO: Está bien, gracias… (Se va al trote,
tranquilo)
DIEGO: ¡La sorpresita que te vas a llevar, Nano!
Jajajaja…
El policía fue hacia la zona indicada con mucha
tranquilidad y estando a pocos metros, vio a Caramelo allí atado. Se bajó de
Napoleón y caminó en silencio.
EMILIANO: ¿Pampa andará por aquí?
Amarró al animal y con mucha precaución, se acercó a
la orilla del río. Sus ojos no daban crédito a lo que veían: Carolina se estaba
bañando. Gracias a la luz clara de la luna, Nano pudo darse cuenta que ella
usaba su ropa interior y pudo delinear la magnífica figura de esa mujer. La
recorrió con la vista durante varios minutos, hasta que comprendió lo que
estaba haciendo y se volvió sobre sus pasos…
EMILIANO: ¿Qué te pasa, Emiliano? Tú no eres un
mirón, eres un hombre hecho y derecho, caramba, compórtate…
Dio unos pocos pasos más y se detuvo, la imagen de
Carolina era demasiada tentación. Reculó, fue hasta el río y sin que ella lo
viera, se quitó la ropa, quedando en calzones y se metió al agua, sorprendiendo
a Pampa…
EMILIANO: ¿Te molesta si te hago compañía?
Caro se sorprendió, pero no llegó a sentirse
incómoda…
CAROLINA: ¿Qué haces aquí?
EMILIANO: Estaba muerto de calor y me dijeron que
esta parte del río es ideal para refrescarse.
CAROLINA: ¿Quién te dijo?
EMILIANO: Diego
CAROLINA: Ah… Pues, es verdad, es ideal…
Los dos nadaron largamente y charlaron de sus hijos
y de caballos. Un par de horas después, se durmieron sin poder sacar de sus
cabezas la hermosa noche que habían pasado en compañía del otro.
En la hacienda Terranova, mientras tanto, se jugaba
una carta fuerte.
LEONARDO: No tienes otra opción, Santiaguito, el
jefe ya dio su veredicto: es ella o tú y los tuyos
SANTIAGO: ¡Maldición, Leonardo! Las cosas no eran
así
LEONARDO: El negocio es el negocio y necesitamos esa
porción de tierras. Tuviste mil oportunidades para comprarla por las buenas y
la tipa no cedió.
SANTIAGO: Pero, ¿matarla?
LEONARDO: Ay, no seas idiota, por favor. Es obvio
que le tienes unas ganas que te carcomen, eso ni lo dudo… (Suspira) Tienes que
decidirte, tu vida o la de la Mouriño. Tienes hasta mañana para tomar acción.
De lo contrario, pasado mañana, esta hermosa hacienda, ya no tendrá dueños
vivos… (Se iba a ir)
SANTIAGO: Espera, está bien, ustedes ganan. Mañana
en la noche, Carolina Mouriño será sólo un recuerdo.
LEONARDO: El jefe se pondrá contento con la noticia,
Santiago y todos ganaremos… ¡Lástima! Porque está bien buena la difuntita… (Ríe
con cinismo y se va)
Al otro día, Santa Cecilia era un loquero. Habían
llegado caballos nuevos para entrenar y varios vaqueros estaban retrasados.
Para variar, Pampa se había tenido que ir temprano y por más que la llamaran,
no llegaría a tiempo para ayudar. Alma ordenó que Horacio y Diego se hicieran
cargo y Emiliano colaboró fascinado con esa nueva experiencia. Por suerte, para
las primeras horas de la tarde, todo estaba en orden y al llegar Carolina,
encontró que el trabajo había sido realizado con mucha eficacia y como premio,
dio el resto del día libre a los empleados.
A la hora de la cena, todo fue relajado y divertido.
Sin embargo, todos estaban muy cansados y se acostaron temprano.
La
noche era demasiado calurosa y Caro no podía aguantar el calor por lo que antes
de meterse a la cama, tomó a Caramelo y fue hasta el río para darse un chapuzón,
pero no al lugar de siempre, sino a otra parte, bien escondida. Llegó, ató al
caballo, se quitó la ropa y se metió al agua. A poca distancia, Emiliano la
observaba y no pudo resistirse a meterse. Se desnudó y así, como Dios lo había
traído al mundo, se echó al agua, sorprendiendo a Pampa...
EMILIANO:
Buenas noches, PAMPA…
CAROLINA:
¿Qué haces aquí? ¡Vete!
EMILIANO:
Bajé a tomar agua, te vi salir a caballo y te seguí. Esta parte del río está
bien escondida, ¿te bañas aquí muy a menudo?
CAROLINA:
Eso a ti no te importa...
EMILIANO:
Si me importa, tú me importas
CAROLINA:
Sal de aquí, Emiliano, por favor...
EMILIANO:
No quiero salir, he soñado con tenerte así, para mí... Sabes perfectamente lo
que me provocas, Carolina y algo me dice que sientes lo mismo que yo (Se le
acerca hasta quedar frente a frente) No te resistas, déjate llevar
CAROLINA:
No, Emiliano, por favor, no me hagas esto…
EMILIANO:
¿Hacerte qué? (La aferra contra su propio cuerpo) ¿Besarte? (Le besa el cuello
y le acaricia la espalda) Me encantas, Pampa, me traes loco...
CAROLINA:
Si sigues, no me voy a poder resistir...
EMILIANO:
(Debajo del agua, sus manos la recorrían y él la aprisionó con sus brazos. Caro
pudo sentirlo urgido y erguido para ella) Deja que tu cuerpo y tus deseos te
lleven, Pampa, estoy aquí para amarte, no voy a jugar contigo, hermosa, lo que
siento es real y es por ti que no me he ido... Hagamos el amor y permíteme
hacerte sentir mujer otra vez y volver a ser un hombre completo a tu lado...
CAROLINA:
(Se entregó al deseo) Hazme el amor, Emiliano...
EMILIANO:
(Él la besó intensamente y la ayudó a acomodarse para poder entrar en el amado
cuerpo) Te amo, Carolina...
CAROLINA:
Te amo, Emiliano...
La
primera penetración llegó en medio de un profundo beso y cuando iban hacia la
segunda, Pampa despertó agitada, temblando...
CAROLINA:
(Sudaba) ¿Qué me pasa contigo, Emiliano? (Se levanta de la cama y va al baño a
refrescarse la cara) Pampa, ¿qué te pasa? (Sale del cuarto) Necesito beber
algo...
Emiliano
se había dormido con la noche anterior instalada en su cabeza. Carolina, su
cuerpo, su sonrisa, toda ella lo traía enloquecido y no podía dejar de desearla
y de imaginarse haciéndole el amor. Esa fantasía lo despertó nuevamente y, como
una noche antes, bajó a tomar algo fresco y a dar una caminata. El policía estaba
en la cocina, tomando la firme decisión de contarle a Carolina toda la verdad.
Estaba enamorado de ella y ya no podía negarlo y si quería hacer algo por esa
mujer, tenía que ser honesto y contarle
lo que sucedía. Él estaba pensando
en eso y en el sueño que había tenido, en el río y en Pampa, cuando ella
apareció ahí. Nano no podía ni mirarla sin imaginarla desnuda junto a él, en su
cama...
EMILIANO:
(No la pudo mirar a los ojos) ¿No puedes dormir tú tampoco?
CAROLINA:
(Sin mirarlo, se dirige a la nevera) No, me desvelé...
EMILIANO:
Bienvenida al club de los insomnes... (Estaba incómodo, pero no quería que ella
se fuera de ahí, la necesitaba cerca) ¿Qué hacen por aquí cuando Morfeo los
esquiva?
CAROLINA:
Los demás no se, yo salgo al jardín y si sigo sin sueño, voy a cabalgar. ¿Qué
hacen en la ciudad cuando Morfeo los abandona?
EMILIANO:
Los demás no se, yo salgo a dar una vuelta... ¿Te animas?
CAROLINA:
Vamos (Le sonríe)
EMILIANO:
Tienes una linda sonrisa, sobre todo para alguien que anda desvelado...
CAROLINA:
Gracias... ("Relájate, Pampa, relájate", se dijo a si misma)
¿Salimos?
EMILIANO:
("No te le lances encima, Nano, es una mujer de verdad, no una de las
bobas con las que acostumbras enredarte. Dale su lugar, menso y quizás puedas
decirle lo que sientes", pensaba) ¿Perdón, Caro, me decías?
CAROLINA:
¿Salimos o no?
EMILIANO:
No me perdería un paseo nocturno contigo por nada del mundo. Además, hay algo
que tengo que contarte
CAROLINA:
(Ignoró lo primero y se concentró en lo segundo) ¿Qué quieres contarme?
EMILIANO:
(Le hace un gesto de silencio y salen. Llegan a las caballerizas) Tiene que ver
con aquel secreto que te comenté que tenía que confesarte, pero no quiero que
nadie pueda escucharnos.
CAROLINA:
¿Es algo grave? ¿Qué pasa, Emiliano? No me asustes, ¡¡por favor!!
EMILIANO:
(Se sube a Caramelo y la hace subir a ella) Vamos y te cuento... No te asustes,
no es malo, pero quizás te enojes conmigo... (Salen a caballo)

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