Carolina quería saber todo lo que Nano sabía, pero más que nada, quería quedarse con él y que no la soltara, que siguiera abrazándola...
EMILIANO:
¿Qué necesitas que hablemos, Pampa?
CAROLINA:
De todo lo que sabes, con lujo de detalle, lo quiero saber todo
EMILIANO:
Te lo voy a contar tal y como lo viví. (La aprieta entre sus brazos) Tengo esta
deuda contigo, con tus hijos, con el hijo de Gabriel y su esposa, con el mismo
Gabriel... Te prometo que haré hasta lo imposible por encontrar al que hizo
esto. Aunque no pueda devolverles la vida ni a Augusto, ni al Tanque...
CAROLINA:
¿Al Tanque? (Se sentía muy a gusto en los brazos de Emiliano)
EMILIANO:
Si, así le decíamos a Gabriel en la policía. Cuando él arrancaba, nada podía
detenerlo... Debe haberme salvado el pellejo unas tres o cuatro veces, por lo
menos. Era como un hermano para mí... (Se queda un poco nostálgico) ¡Cómo lo
extraño!
CAROLINA:
(Lo abraza fuerte, dándole ánimos, pero necesitaba saber más) ¿Cómo sabes que
los asesinaron?
EMILIANO:
Cuando vi lo que Gabriel me dejó, acudí a la única persona en la que podía
confiar, Estieben. Gracias a él, pudimos acceder a los informes de los peritos
que investigaron el accidente y bueno, Carolina, ahí lo dice claramente. Los
chocaron de ambos lados hasta que los estrellaron, pero al momento de darse el
golpe contra el árbol, Augusto ya estaba muerto, uno de los topetazos le quitó
la vida y a mi amigo, lo mató el impacto. Lo que estamos tratando de averiguar
y sin exponer nuestras cabezas en el intento es quién pagó o logró que se
ocultara aquello y se lo dictaminara como accidente.
CAROLINA:
Le dije que no fuera, que no tenía un buen presentimiento, que se quedara
conmigo, pero me dijo que tenía que ir con su amigo (Empezó a llorar)
EMILIANO:
(La abraza fuerte) Gabriel lo quería ver para sacarlo del medio, pero no les
dieron tiempo (Él no pudo evitar su propio llanto)
CAROLINA:
¡Malditos desgraciados! Te juro por mis hijos que cuando sepan quiénes fueron,
los voy a matar con mis propias manos...
EMILIANO:
No, no, no... Eso no, hermosa, si los matáramos seríamos iguales a ellos.
Nosotros tenemos que ser mejores que eso, SOMOS mejores que eso. (Se pone tan
cerca del rostro de ella que hubiera podido besarla) Lo que vamos a hacer es
meterlos tras las rejas y que paguen por el daño que han hecho. Mi amor, si los
matas, ¿qué será de Jano y Lucía? Ya perdieron a su papá, ¿los vas a dejar sin
ti también? (Ella se aleja un poco, casi lo besa y no quería sentirse más
tentada) Hay algo más...
CAROLINA:
¿Qué más?
EMILIANO:
No se cómo exactamente ni si tenga que ver de manera directa con lo de Augusto,
pero Santiago Terranova está metido, al menos, en el tráfico de los animales
exóticos. Esa es una de las razones por las que insistí tanto en que me dejaras
quedarme en Santa Cecilia.
CAROLINA:
¿Santiago? No sé por qué, pero nunca me dio buena espina ese hombre... ¡Eso era
lo que querías averiguar! No tiene nada que ver con escribir un libro sobre caballos
y el negocio…
EMILIANO:
El libro es un proyecto a largo plazo, te lo juro, sólo que no se me ocurrió
otra cosa que decirte y que hiciera que me permitieras quedarme aquí. (Sonríe
inocentemente, como disculpándose) Con respecto a lo de mi padre, él me habló
de su secreto porque no toleraba la idea de llevárselo a la tumba. No sabemos si
era el padre de tu marido y, si lo quieres, puedo intentar averiguar quién era
esa mujer con la que papá se enredó. Quizás por tus hijos, al fin y al cabo, es
su historia, su identidad...
CAROLINA:
Por ahora, dejemos eso así...
EMILIANO:
Será como lo desees... (Se miran, el silencio era raro entre ellos) ¿Tienes
algo más que preguntarme? Puedes confiar en mí, no voy a ocultarte nada más, te
lo prometo...
Nano y
Pampa estaban semi recostados, mirándose y la atracción entre ambos era
imposible de detener. Aunque Emiliano no sabía a ciencia cierta lo que Caro
sentía por él, su amor por ella lo llenaba todo, lo ocupaba todo. La tomó del
rostro y le besó suavemente la frente, luego la mejilla y llegó a rozarle los
labios
EMILIANO:
Daría lo que soy y lo que puedo llegar a ser por devolverte la felicidad y...
Pampa
le puso la mano en los labios de nuevo, como varias horas antes lo había hecho
y negaba con la cabeza
EMILIANO:
No te asustes, no te estoy pidiendo nada excepto que me dejes amar por los dos.
No pretendo que me des lo que no puedes darme, sólo quiero amarte, nada más...
CAROLINA:
No estoy asustada, no quiero que pase nada entre nosotros...
EMILIANO:
(La acariciaba en el vientre por sobre la ropa y le hablaba muy pegado al
rostro de Pampa, como susurrando) Si quieres que pase, tienes miedo de ponerle
un título, pero yo no espero que lo hagas, Caro.
CAROLINA:
Por favor, Emiliano, no... (Se moría de ganas por besarlo, pero no estaba bien,
así que lo mejor era alejarlo y alejar la tentación)
EMILIANO:
Tus palabras dicen que no, pero tu cuerpo grita que si... (La mira) Déjate
llevar, no lo analices, Pampa. No te pido que me digas nada, con lo que yo te
amo, basta para los dos
CAROLINA:
No me hagas esto, Emiliano, no puedo, no insistas, te lo pido por favor...
EMILIANO:
(Le besaba el cuello y sus manos le recorrían las piernas) Si me miras y a los
ojos me dices que no lo deseas, te juro que te dejo sola... (Antes que ella
dijera nada, por fin, la besó en los labios con todas sus ansias puestas en ese
beso) Dime que no quieres hacer el amor conmigo y me voy...
CAROLINA:
Yo... (Lo besa)
EMILIANO:
Eso, hermosa, déjame amarte, no sabes cómo lo he soñado
Caro no
hablaba, sólo se dejaba llevar, en ese momento no quería pensar, sólo quería
sentir. De a uno a la vez, Nano desprendió los botones de la camisa de Caro y
besó del vientre hacia arriba...
EMILIANO:
¡Si pudieras estar en mí, Caro!
CAROLINA:
No hables...
Él la
besó como nunca y se quitó la remera, mirando al objeto de su deseo con
adoración. Caro se permitió por ese rato, ser sólo una mujer enamorada, aunque
no pudiera decirlo aún. Nano iba a desprenderse el cinturón y ella lo detuvo,
le apartó las manos y lo que iba a hacer él, lo hizo ella, poco a poco lo fue
ayudando a desvestirse. Emiliano estaba enceguecido por esa mujer, su sueño más
hermoso se le volvía realidad y quería darle a Carolina todo el amor y el fuego
que Pampa despertaba en él. Se dejó desvestir y la desnudó por completo,
admirando cada detalle de aquel cuerpo, tatuando en sus recuerdos, la piel y el
contorno de ese ser, al que amaba más que a su vida.
Se
metieron debajo de las sábanas y retozaron, jugaron y se provocaron, sin
palabras. Antes de entrar en ella por vez primera, Emiliano la volvió a besar y
en ese instante, pudo sentir como Caro se abandonaba a sus instintos y se abría
pasivamente para él. Se deslizó pausadamente dentro de la intimidad de Pampa
quien gimió sutilmente al sentir como Nano se apoderaba de todo su sexo.
Tenían
sus manos entrelazadas, pero él soltó una de ellas para poder acariciar el
rostro tan amado y ella, inconscientemente, hizo lo mismo y tuvo que morderse
los labios para no gritar su nombre ni su amor por ese hombre que la poseía
como sus más recónditos sueños: Carolina había deseado hacer el amor con
Emiliano desde la primera vez que lo vio.
Nano
entraba con delicadeza y con ansias. Ella se movía al mismo ritmo que él,
compenetrándose al máximo como si fueran uno. Pampa, sin previo aviso, tomó el
control de la situación, colocándose arriba y él se limitó a acompañarla, a
disfrutarla. La mirada de Caro lo encendía más a cada de segundo. Posó sus
manos en la cintura de ella y su boca en los hermosos y firmes senos,
succionando por la zona de los pezones y atrayéndola hacia su rostro, para
poder sumergirse en ese torso que le representaba un paraíso. Caro gimió al
contacto de los labios de Nano en sus pechos henchidos por el deseo y mientras
se movía, se inclinaba para que él se deleitara con sus senos y la hiciera
delirar aún más de placer...
Atrapándola
entre sus brazos y dejando sus bocas a un beso de distancia, Emiliano
intensificó las penetraciones en su profundidad, pero no en velocidad, quería
que ese momento fuera eterno. Se miraban sin darse cuenta de lo mucho que los
ojos hablaban; ella no se animaba a
creer que ese hombre la amara y él no supo interpretar los sentimientos que la
verde y transparente mirada de Pampa, le confesaban.
Volvieron
a cambiar de postura y otra vez, Nano quedó sobre ella. Apoyado en sus manos, movía
su pelvis y poseía a Caro con toda la pasión que era capaz de entregarle. Los
“TE AMO” se ahogaban en su interior y salían por su sexo, diciéndole a cada
penetración esas palabras que él no decía por no incomodarla y que ella callaba
por miedo a sentir.
Pampa
puso sus manos sobre las pompas de Emiliano para que éste potenciara y
aumentara el ritmo de las penetraciones, si no lo hacía, iba a morir de pasión
y de urgencia… Sus labios querían gritar un TE AMO, pero Caro los callaba
besando los labios de Nano, que la miraba con deseo y amor, tenía miedo de
volver a sufrir y por ese motivo no se arriesgaba a sentir de nuevo, pero
Emiliano la estaba desarmando y rompiendo cada barrera que ella interponía en
su camino.
Incontrolables,
los movimientos se apoderaban de ambos. Cerca del orgasmo, Nano se recostó
sobre Pampa y la abrazó, besándola por todos lados y asegurándose de no dejarla
sola al momento del clímax. Antes de llegar, no pudo contenerse más y le habló
agitado, desesperado y endiablado por su amor hacia ella.
EMILIANO:
Te amo, hermosa, TE AMO...
Con
toda la fuerza de voluntad, Caro pudo reprimir el "también te amo"
con su boca, pero la forma en que el cuerpo respondió, era imposible de no
comprender: aprisionó a Nano entre sus piernas, deseando el orgasmo y al mismo
tiempo, esperando que no llegara nunca, para poder quedarse así con él para
siempre.
Carolina,
completamente entregada a sus fiebres y a su urgencia, no pudo contener el
nombre de su hombre y al llegar al orgasmo, ambos se llamaron. Acto seguido, él
volvió a besarla y adivinando lo que pasaba por la mente de Pampa, se adelantó
EMILIANO:
No digas nada (Beso) Dejemos que este rato sea mágico. No pienses, sólo siente.
(Otro beso) Te voy a cuidar y a esperar siempre, Carolina, pero no rompas el
momento... (Un nuevo beso en el que ella se sumergió) Este amor que siento, es
suficiente para los dos y déjame soñar aunque sea sólo por hoy, que es todo
como lo he soñado...

No hay comentarios.:
Publicar un comentario