martes, 13 de agosto de 2013

“LA PAMPA” – Capítulo 020



Carolina quería saber todo lo que Nano sabía, pero más que nada, quería quedarse con él y que no la soltara, que siguiera abrazándola...

EMILIANO: ¿Qué necesitas que hablemos, Pampa?
CAROLINA: De todo lo que sabes, con lujo de detalle, lo quiero saber todo
EMILIANO: Te lo voy a contar tal y como lo viví. (La aprieta entre sus brazos) Tengo esta deuda contigo, con tus hijos, con el hijo de Gabriel y su esposa, con el mismo Gabriel... Te prometo que haré hasta lo imposible por encontrar al que hizo esto. Aunque no pueda devolverles la vida ni a Augusto, ni al Tanque...
CAROLINA: ¿Al Tanque? (Se sentía muy a gusto en los brazos de Emiliano)
EMILIANO: Si, así le decíamos a Gabriel en la policía. Cuando él arrancaba, nada podía detenerlo... Debe haberme salvado el pellejo unas tres o cuatro veces, por lo menos. Era como un hermano para mí... (Se queda un poco nostálgico) ¡Cómo lo extraño!
CAROLINA: (Lo abraza fuerte, dándole ánimos, pero necesitaba saber más) ¿Cómo sabes que los asesinaron?
EMILIANO: Cuando vi lo que Gabriel me dejó, acudí a la única persona en la que podía confiar, Estieben. Gracias a él, pudimos acceder a los informes de los peritos que investigaron el accidente y bueno, Carolina, ahí lo dice claramente. Los chocaron de ambos lados hasta que los estrellaron, pero al momento de darse el golpe contra el árbol, Augusto ya estaba muerto, uno de los topetazos le quitó la vida y a mi amigo, lo mató el impacto. Lo que estamos tratando de averiguar y sin exponer nuestras cabezas en el intento es quién pagó o logró que se ocultara aquello y se lo dictaminara como accidente.
CAROLINA: Le dije que no fuera, que no tenía un buen presentimiento, que se quedara conmigo, pero me dijo que tenía que ir con su amigo (Empezó a llorar)
EMILIANO: (La abraza fuerte) Gabriel lo quería ver para sacarlo del medio, pero no les dieron tiempo (Él no pudo evitar su propio llanto)
CAROLINA: ¡Malditos desgraciados! Te juro por mis hijos que cuando sepan quiénes fueron, los voy a matar con mis propias manos...
EMILIANO: No, no, no... Eso no, hermosa, si los matáramos seríamos iguales a ellos. Nosotros tenemos que ser mejores que eso, SOMOS mejores que eso. (Se pone tan cerca del rostro de ella que hubiera podido besarla) Lo que vamos a hacer es meterlos tras las rejas y que paguen por el daño que han hecho. Mi amor, si los matas, ¿qué será de Jano y Lucía? Ya perdieron a su papá, ¿los vas a dejar sin ti también? (Ella se aleja un poco, casi lo besa y no quería sentirse más tentada) Hay algo más...
CAROLINA: ¿Qué más?
EMILIANO: No se cómo exactamente ni si tenga que ver de manera directa con lo de Augusto, pero Santiago Terranova está metido, al menos, en el tráfico de los animales exóticos. Esa es una de las razones por las que insistí tanto en que me dejaras quedarme en Santa Cecilia.
CAROLINA: ¿Santiago? No sé por qué, pero nunca me dio buena espina ese hombre... ¡Eso era lo que querías averiguar! No tiene nada que ver con escribir un libro sobre caballos y el negocio…
EMILIANO: El libro es un proyecto a largo plazo, te lo juro, sólo que no se me ocurrió otra cosa que decirte y que hiciera que me permitieras quedarme aquí. (Sonríe inocentemente, como disculpándose) Con respecto a lo de mi padre, él me habló de su secreto porque no toleraba la idea de llevárselo a la tumba. No sabemos si era el padre de tu marido y, si lo quieres, puedo intentar averiguar quién era esa mujer con la que papá se enredó. Quizás por tus hijos, al fin y al cabo, es su historia, su identidad...
CAROLINA: Por ahora, dejemos eso así...
EMILIANO: Será como lo desees... (Se miran, el silencio era raro entre ellos) ¿Tienes algo más que preguntarme? Puedes confiar en mí, no voy a ocultarte nada más, te lo prometo...

Nano y Pampa estaban semi recostados, mirándose y la atracción entre ambos era imposible de detener. Aunque Emiliano no sabía a ciencia cierta lo que Caro sentía por él, su amor por ella lo llenaba todo, lo ocupaba todo. La tomó del rostro y le besó suavemente la frente, luego la mejilla y llegó a rozarle los labios

EMILIANO: Daría lo que soy y lo que puedo llegar a ser por devolverte la felicidad y...

Pampa le puso la mano en los labios de nuevo, como varias horas antes lo había hecho y negaba con la cabeza

EMILIANO: No te asustes, no te estoy pidiendo nada excepto que me dejes amar por los dos. No pretendo que me des lo que no puedes darme, sólo quiero amarte, nada más...
CAROLINA: No estoy asustada, no quiero que pase nada entre nosotros...
EMILIANO: (La acariciaba en el vientre por sobre la ropa y le hablaba muy pegado al rostro de Pampa, como susurrando) Si quieres que pase, tienes miedo de ponerle un título, pero yo no espero que lo hagas, Caro.
CAROLINA: Por favor, Emiliano, no... (Se moría de ganas por besarlo, pero no estaba bien, así que lo mejor era alejarlo y alejar la tentación)
EMILIANO: Tus palabras dicen que no, pero tu cuerpo grita que si... (La mira) Déjate llevar, no lo analices, Pampa. No te pido que me digas nada, con lo que yo te amo, basta para los dos
CAROLINA: No me hagas esto, Emiliano, no puedo, no insistas, te lo pido por favor...
EMILIANO: (Le besaba el cuello y sus manos le recorrían las piernas) Si me miras y a los ojos me dices que no lo deseas, te juro que te dejo sola... (Antes que ella dijera nada, por fin, la besó en los labios con todas sus ansias puestas en ese beso) Dime que no quieres hacer el amor conmigo y me voy...
CAROLINA: Yo... (Lo besa)
EMILIANO: Eso, hermosa, déjame amarte, no sabes cómo lo he soñado

Caro no hablaba, sólo se dejaba llevar, en ese momento no quería pensar, sólo quería sentir. De a uno a la vez, Nano desprendió los botones de la camisa de Caro y besó del vientre hacia arriba...

EMILIANO: ¡Si pudieras estar en mí, Caro!
CAROLINA: No hables...

Él la besó como nunca y se quitó la remera, mirando al objeto de su deseo con adoración. Caro se permitió por ese rato, ser sólo una mujer enamorada, aunque no pudiera decirlo aún. Nano iba a desprenderse el cinturón y ella lo detuvo, le apartó las manos y lo que iba a hacer él, lo hizo ella, poco a poco lo fue ayudando a desvestirse. Emiliano estaba enceguecido por esa mujer, su sueño más hermoso se le volvía realidad y quería darle a Carolina todo el amor y el fuego que Pampa despertaba en él. Se dejó desvestir y la desnudó por completo, admirando cada detalle de aquel cuerpo, tatuando en sus recuerdos, la piel y el contorno de ese ser, al que amaba más que a su vida.

Se metieron debajo de las sábanas y retozaron, jugaron y se provocaron, sin palabras. Antes de entrar en ella por vez primera, Emiliano la volvió a besar y en ese instante, pudo sentir como Caro se abandonaba a sus instintos y se abría pasivamente para él. Se deslizó pausadamente dentro de la intimidad de Pampa quien gimió sutilmente al sentir como Nano se apoderaba de todo su sexo.
Tenían sus manos entrelazadas, pero él soltó una de ellas para poder acariciar el rostro tan amado y ella, inconscientemente, hizo lo mismo y tuvo que morderse los labios para no gritar su nombre ni su amor por ese hombre que la poseía como sus más recónditos sueños: Carolina había deseado hacer el amor con Emiliano desde la primera vez que lo vio.

Nano entraba con delicadeza y con ansias. Ella se movía al mismo ritmo que él, compenetrándose al máximo como si fueran uno. Pampa, sin previo aviso, tomó el control de la situación, colocándose arriba y él se limitó a acompañarla, a disfrutarla. La mirada de Caro lo encendía más a cada de segundo. Posó sus manos en la cintura de ella y su boca en los hermosos y firmes senos, succionando por la zona de los pezones y atrayéndola hacia su rostro, para poder sumergirse en ese torso que le representaba un paraíso. Caro gimió al contacto de los labios de Nano en sus pechos henchidos por el deseo y mientras se movía, se inclinaba para que él se deleitara con sus senos y la hiciera delirar aún más de placer...

Atrapándola entre sus brazos y dejando sus bocas a un beso de distancia, Emiliano intensificó las penetraciones en su profundidad, pero no en velocidad, quería que ese momento fuera eterno. Se miraban sin darse cuenta de lo mucho que los ojos hablaban;  ella no se animaba a creer que ese hombre la amara y él no supo interpretar los sentimientos que la verde y transparente mirada de Pampa, le confesaban.

Volvieron a cambiar de postura y otra vez, Nano quedó sobre ella. Apoyado en sus manos, movía su pelvis y poseía a Caro con toda la pasión que era capaz de entregarle. Los “TE AMO” se ahogaban en su interior y salían por su sexo, diciéndole a cada penetración esas palabras que él no decía por no incomodarla y que ella callaba por miedo a sentir.
Pampa puso sus manos sobre las pompas de Emiliano para que éste potenciara y aumentara el ritmo de las penetraciones, si no lo hacía, iba a morir de pasión y de urgencia… Sus labios querían gritar un TE AMO, pero Caro los callaba besando los labios de Nano, que la miraba con deseo y amor, tenía miedo de volver a sufrir y por ese motivo no se arriesgaba a sentir de nuevo, pero Emiliano la estaba desarmando y rompiendo cada barrera que ella interponía en su camino.

Incontrolables, los movimientos se apoderaban de ambos. Cerca del orgasmo, Nano se recostó sobre Pampa y la abrazó, besándola por todos lados y asegurándose de no dejarla sola al momento del clímax. Antes de llegar, no pudo contenerse más y le habló agitado, desesperado y endiablado por su amor hacia ella.

EMILIANO: Te amo, hermosa, TE AMO...

Con toda la fuerza de voluntad, Caro pudo reprimir el "también te amo" con su boca, pero la forma en que el cuerpo respondió, era imposible de no comprender: aprisionó a Nano entre sus piernas, deseando el orgasmo y al mismo tiempo, esperando que no llegara nunca, para poder quedarse así con él para siempre.
Carolina, completamente entregada a sus fiebres y a su urgencia, no pudo contener el nombre de su hombre y al llegar al orgasmo, ambos se llamaron. Acto seguido, él volvió a besarla y adivinando lo que pasaba por la mente de Pampa, se adelantó

EMILIANO: No digas nada (Beso) Dejemos que este rato sea mágico. No pienses, sólo siente. (Otro beso) Te voy a cuidar y a esperar siempre, Carolina, pero no rompas el momento... (Un nuevo beso en el que ella se sumergió) Este amor que siento, es suficiente para los dos y déjame soñar aunque sea sólo por hoy, que es todo como lo he soñado...

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