jueves, 17 de octubre de 2013

“LA PAMPA” – Capítulo 117





Donato y Pablo, sin que los demás integrantes de su familia lo supieran, idearon un nuevo negocio, en el que participarían juntos. De casualidad, en una conversación con uno de los empleados de Almeyda, Pablo supo que el hacendado, estaba pensando en vender la hacienda para dedicarse de lleno a otros negocios que tenía mayormente en Estados Unidos. Como los dos hijos del hombre, no estaban interesados en seguir trabajando aquellas tierras, el hombre decidió ponerla a la venta. Así, como quien no quiere la cosa, Pablo se lo comentó a Donny y no pasó ni un minuto antes que a los dos se les ocurriera la misma idea: asociarse. De ese modo, Pablo se independizaría de Santa Cecilia e iniciaría su propia hacienda y Donato, completamente seducido por ese mundo, podría radicarse en México de manera definitiva y dejar de lado los negocios en el rubro hotelero, que tan cansado lo tenían. Todo iba saliendo a pedir de boca y si bien, Pablo no iba a abandonar el negocio de su familia, pretendía iniciarse por sus medios y dinero para invertir, no le faltaba, ya que tenía cuantiosos ahorros, ganancias de los tratos cerrados en Argentina y lo que sus abuelos le habían heredado. A Donny, sólo le faltaba concluir con la venta de su parte de la empresa en Europa a su socio y hasta Horacio, con la venta de una casita que tenía en la cuidad, iba a ser partícipe. De ese modo, Pablo y Donato eran dueños de las tierras y el ahora capataz de Santa Cecilia, iba a participar de la compra de los animales, invirtiendo el 20% de su valor. Además, por supuesto, sería el nuevo administrador de dichas tierras, dejando a Diego al mando de la propiedad de los Mouriño. Pasando en limpio, el proyecto era el siguiente. Pablo y Donato comprarían la hacienda, mitad cada uno y con respecto al ganado y a los caballos, Horacio aportaría el 20% y los otros dos, un 40% cada uno. Pablo sería el encargado de negociar, Donato haría las relaciones públicas y Horacio, sería quien llevara adelante la hacienda, junto a los trabajadores de Almeyda, que pasarían a estar a cargo de estos tres socios. Por último, se abriría un paso entre Santa Cecilia y la nueva hacienda, para que de alguna manera, la labor fuera conjunta y entre ambas, formaran una sola, inmensa, incrementando la cantidad de ejemplares equinos a casi el doble, ya que al unir los espacios, se podrían traer muchos más especímenes para criar.
Así mismo, Donato también había vendido el hotel metropolitano y con ese dinero, esta vez si con el conocimiento de Emiliano, levantarían una escuelita a unos metros del dispensario de Santa Cecilia y remodelarían la ya existente en La Cruz. Todos proyectos a largo plazo, pero que comenzaban a tomar forma ya.

Al enterarse de eso, Celia sintió que su enojo se incrementaba, así que cuando Pablo apareció para hablar con ella, por poco y le tira con la silla por la cabeza.

PABLO: ¿Estás loca, mujer?
CELIA: Loca fui al creerme todo ese cuento de tu amor
PABLO: ¡Ey, ey, espérate! No digas eso
CELIA: ¡Soy una idiota, una ilusa! No se cómo pude creer en todas las mentiras que me dijiste, Pablo
PABLO: ¿De qué mentiras hablas, Celia?
CELIA: ¡De todas! Tu amor, tu sinceridad, tu lealtad…
PABLO: No he faltado a ninguna de esas tres cosas. Te amo, te soy sincero y leal
CELIA: ¿Seguro?
PABLO: Mira, entiendo que estés enojada por lo de Sandy, pero no puedes poner en tela de juicio todo lo nuestro por esa cuestión, ¿no te parece?
CELIA: ¿Estás segurísimo que no me mientes ni me ocultas nada?
PABLO: Si, Celia
CELIA: (Le revolea un anotador) ¡Mentiroso!
PABLO: ¡Bájale! ¿Qué mierda te pasa?
CELIA: Me pasa que soy una estúpida, pero se terminó, Pablo, ya no me vas a ver la cara nunca más
PABLO: ¿Qué es lo que se terminó?
CELIA: ¡La novela de la tarde! ¿Qué crees? ¡Lo nuestro!
PABLO: ¿Qué? No, no, para un poco
CELIA: No paro nada, ¡vete y no vuelvas!
PABLO: Estás fuera de ti, Celia, tranquilízate y hablemos
CELIA: ¿Hablar de qué a ver? ¿De lo que me ocultas o de lo que me niegas?
PABLO: Sigo sin entender
CELIA: ¿Vas a seguir negándome en la cara que amaste a esa tipa? ¿Vas a seguir ocultando que vas a comprar las tierras de Almeyda?
PABLO: ¿Cómo lo supiste?
CELIA: (Le lanza otro anotador y da en el blanco) ¡¡Largo de aquí!!
PABLO: Todo tiene explicación
CELIA: Si, lo se, eres un mentiroso
PABLO: No es eso
CELIA: ¡No quiero escucharte, Pablo, VETE!
PABLO: ¡No me voy un carajo!
CELIA: Si que te vas y ya…
PAVES: (Entra) ¿Qué demonios sucede aquí? Esto es un hospital, señores
CELIA: No me lo diga a mí, director, es el caballero que no quiere irse y dejarme en paz
PAVES: Señor Mouriño, por favor, no puede estar aquí
PABLO: Necesito hablar con ella
PAVES: Mire, se que ustedes tienen una relación y entiendo que haya problemas, pero este no es el lugar para arreglarlos. Por favor, retírese
CELIA: ¿Estás sordo? ¡Lárgate!
PABLO: ¡Me voy, pero no te voy a dejar en paz hasta que me escuches, porque todo lo entendiste mal! (Casi llorando) No voy a perderte a ti ni a mi hija porque seas una necia que no ve más allá de su nariz, ¿me oíste? (Sale, más que enojado)
CELIA: (Conteniéndose) Perdón, director, esto no vuelve a pasar
PAVES: Eso espero. (Se va)

Por supuesto que Francisco no tuvo ningún inconveniente en prestarle sus juguetes a Jano, así que el pequeño jugó con todo hasta quedarse profundamente dormido. Habían terminado de cenar y el niño buscó varias cosas y se subió a la cama de Nano, indiando hasta que el sueño lo venció. Lucía, por su lado, sucumbió a los encantos de Morfeo, estando sentada en la sala, sobre el regazo de Emiliano, mirando la televisión. El policía besó a su novia y llevó a la pequeña. Viendo que Jano estaba en su cama, acomodó a ambos allí. Después, fue a la cocina.

EMILIANO: (La abraza por detrás y le besa la oreja) Amor, ve a cambiar a los niños, están en nuestro cuarto, dormidísimos
CAROLINA: (Se gira y lo besa) ¿Y dónde vamos a dormir nosotros?
EMILIANO: Supongo que yo en la cama de Fran y tú, con ellos
CAROLINA: ¿Por?
EMILIANO: Creo que conociendo a Jano, si se llega a despertar a mitad de la noche, en una cama que no conoce y no te ve, se va a poner nervioso
CAROLINA: Si que lo conoces
EMILIANO: Ajá, soy un conocedor. Anda, ve, yo termino de ordenar aquí
CAROLINA: Gracias, precioso… ¿Ya te vas a dormir?
EMILIANO: No, tengo que checar unas cosas que me mandó Estieben
CAROLINA: Entonces, cambio a mis amorcitos y vengo a apapachar a mi amorzote…
EMILIANO: Mmmmm, eso me encanta… (Le aprieta las pompas) Lástima que esta noche no podamos hacer otras cosas…
CAROLINA: Si, es una pena, pero mañana, después de dejar a los peques en la escuela, te compenso
EMILIANO: Estaré ansioso…
CAROLINA: (Besote) Ya regreso… (Se va meneando las nalgas)
EMILIANO: Malvada… (Sonríe y sigue con lo que hacía Caro)

Estieben había hablado con Augusto por teléfono y él le juró por sus hijos que no sabía qué era exactamente lo que su gemelo había guardado, ya que la tarea de “espionaje”, corrió por exclusiva cuenta de Guillermo y desde que se acoplara a la investigación. Por lo mismo, Tuto sabía que allí había imágenes fotográficas, videos y otros archivos por el estilo. De hecho, Guille le comentó que además de Terranova y Parravicini, se reunían dos personas más, otro hombre y una mujer, que a veces, iba con un bebé, pero eso era todo. Con respecto a lo de la trata de blancas, Augusto estaba en blanco, esa información, Gabriel no la había compartido con él

ESTIEBEN: Eso es todo lo que tenemos, Hugo
HUGO: Entonces no tenemos nada
ESTIEBEN: Tienes que ponerte las pilas y hackear esa cuenta
HUGO: Ya le dije que eso puede tomar mucho tiempo
ESTIEBEN: Le dije a González Miño que se asegure de mantener la tregua. Mientras tanto, inevitablemente, Vilches será senador, pero nosotros, obtendremos más información
HUGO: ¿Consiguió algo más?
ESTIEBEN: Nada concreto, aunque si es una punta. ¿Recuerdas al hombre que quiso matar a Carolina?
HUGO: Si, Emiliano lo mató y su amigo el forense, descubrió que era pariente de un trabajador de Santiago Terranova
ESTIEBEN: Hermano menor, de hecho. Pues, avisamos a la otra hermana de su deceso y desde ahí, la he mantenido vigilada. Espero que de un momento a otro, Basualdo la contacte y podamos dar con él.
HUGO: No es mala idea, comisario
ESTIEBEN: Lo se
HUGO: Ah, me olvidaba de decirle. Mi madre aceptó el trabajo
ESTIEBEN: ¿Cuándo se mudan?
HUGO: La semana que viene…
ESTIEBEN: (Le suena el celular) Estieben… (Le cambia el gesto) ¿Estás seguro? No la pierdas de vista, por favor (Corta)
HUGO: ¿Qué pasó?
ESTIEBEN: Era el vigilante de la hermana de Basualdo. Un carro pasó por ella y parece que se dirige a Villa Medrano
HUGO: ¿Y eso dónde queda?
ESTIEBEN: Es un pueblo que está como a una hora de La Cruz, hacia el oeste
HUGO: ¿Y qué hay allí que le puso ese gesto?
ESTIEBEN: Básicamente, juego clandestino y prostitutas
HUGO: ¿Y qué va a hacer esa mujer ahí?
ESTIEBEN: Es lo que quiero averiguar…

12 comentarios:

  1. ¿Y qué reclama Celia si ella es la que miente? Pobre Pablo. :(

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  2. Jijiji se le salió a Celia el apellido......
    Menos mal a Pablo la calmo :-)

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  3. La mujer con el beba es Celia... tomala mentirosa tu si eres mentirosa Celia.... Pobre Pablo

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  4. Pues creo que esto se pone cada vez mejor celia y pablo deberian arreglar esa situacion aunke algo me dice q pronto todo se descubrira no solo lo de ella sino tambien a vilches jeje excelente cap

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  5. Uhh si que Celia se enojo... Pero ella tambien le mintio a Pablo asi que no se haga la santa tambien

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