sábado, 30 de noviembre de 2013

“LA PAMPA” – Capítulo 186





A la mañana siguiente, ya en su casa, Horacio despertó por los gorgoteos de Nicolás, quién estaba a su lado, en la cunita. Se estiró y un poco y lo alzó. El niño se durmió al instante. El hombre movió un poco su pierna herida para asentarse bien en la cama y puso al bebé recostadito, a su lado. Cuando Alma entró al cuarto, se la notaba pensativa.

HORACIO: ¿Qué pasó, guapa? ¿Por qué esa carita?
ALMA: Caro me acaba de llamar del hospital y me dijo que el médico le mandó muchos análisis a Nano, así que se lo llevaron. Marga está con ella...
HORACIO: Verás que ese soquete está muy bien, no te preocupes
ALMA: No puedo evitar preocuparme, mi amor... (Se sienta en la cama)
HORACIO: Se que no, lo que quiero decir es que no te agobies, Emiliano va a estar bien
ALMA: Eso espero, sobre todo por Pampa...
HORACIO: (Le da un beso) Vas a ver que si... Donato fue también y doña Serena. Hasta Luisana está ahí, la cuñada no está sola
ALMA: Rezo para que no tenga nada...
HORACIO: Lo se, cielo y tengamos que fe que así será
ALMA: ¿Qué hace Nico aquí, en la cama?
HORACIO: Ah, es que mi campeón me pidió que lo suba
ALMA: ¿Ah, si? ¿Ya sabe hablar?
HORACIO: Es un idioma que sólo entendemos él y yo... (Suena el celular de Alma y como ella había cargado a Nico, lo contesta Horacio) ¿Si, bueno?
LISANDRO: Hola, buen día, debo haberme equivocado, disculpe
HORACIO: Si busca a Alma, es el número correcto.
LISANDRO: Ah, genial
HORACIO: ¿Quiénle habla?
LISANDRO: Soy Lisandro
HORACIO: (Le cambia el gesto) Ya te paso con ella
ALMA: ¿Quién es, amor?
HORACIO: Atiende y sabrás... (Toma al pequeño y lo deja en la cuna, dormido)
ALMA: (Responde) ¿Si?
LISANDRO: Hola, Alma, ¿cómo estás?
HORACIO: (Se toma de un refuerzo que le habían puesto a su cama y con sus brazos se mueve hasta alcanzar la silla de ruedas. Acomoda su pierna) Voy a la sala así hablas tranquila... (Sale)
ALMA: Muy bien, ¿y tú? (Va con su esposo y se sienta con él)
LISANDRO: Bien... Oye, quiero verte
ALMA: Lo siento, Lisandro, estoy con mi marido y necesita mi ayuda, no quiero dejarle solo
LISANDRO: Pero, ¿quieres verme? Alma, se que la situación no es la ideal, sólo que cuando nos vimos, algo en mí me hizo sentir que no está todo dicho entre nosotros
ALMA: Si lo está, Lisandro
LISANDRO: No lo creo, preciosa, se que no te soy indiferente
HORACIO: (Coge el celular) ¿No escuchaste lo que te dijeron, niñato?
LISANDRO: Tú no te metas, pásame a Alma...
HORACIO: Claro que me meto, niño, Alma es mi esposa y te está diciendo que basta, ¿no?
LISANDRO: Dile que después la llamo, no pienso dejar que se quede contigo, campesino... (Cuelga)
HORACIO: ¿Campesino? (Mira el celular) ¡¡Deja que sane mi pierna y te voy a dar tu campesino!!
ALMA: (Lo besa) Ya, amor, deja eso... (Lo besa) ¿Quieres jugar un ratito? (Besa el cuello de su esposo)
HORACIO: ¿Jugar, Alma? ¿En serio? Este idiota me dijo que después te va a llamar y que no piensa dejar que te quedes conmigo
ALMA: Si llama, lo coges tú y hablas con él (Lo sigue besando) Y si no, apaga el teléfono...
HORACIO: Alma, espera... (La mira) ¿A ti te parece normal lo que pasó? Porque a mí me saca de mis casillas
ALMA: Yo no quiero pensar en otras personas, sólo en ti y en mí, esto que pasó es una estupidez porque yo no le pienso hacer caso, ni estar con él porque te amo a ti, Horacio...
HORACIO: Entonces díselo y que ya no esté fregando, porque pareciera que piensa que tiene una chance contigo y eso no está bien
ALMA: Voy a hablar muy seriamente con él, pero no por teléfono. Que venga aquí y mirándolo a los ojos, le diré que nos deje en paz...
HORACIO: No lo quiero en esta casa, ni de broma. Habla donde quieras, pero déjale bien claro que se haga humo o lo reviento a puñetazos
ALMA: Está bien, lo veo en el pueblo, pero quiero que vayas conmigo...
HORACIO: Confío en ti, no hace falta que me demuestres nada
ALMA: No quiero demostrarte nada, sólo quiero que estés a mi lado
HORACIO: En ese caso, voy contigo
ALMA: Gracias (Lo besa y se levanta) Voy por un vaso de agua (Sonríe y se va a la cocina)
HORACIO: (La sigue, siempre en la silla de ruedas) ¿Qué, Alma? ¿Te enojaste?
ALMA: ¿Por qué iba a enojarme, amor?
HORACIO: No se, es que estabas besándome tan rico y ahora no me besas más
ALMA: Me dio sed (Lo besa bien rico) ¿Quieres agua?
HORACIO: No, quiero tu boca
ALMA: ¿Mi boca? (Sonríe y lo besa) ¿Así?
HORACIO: Mmm, si... (Entra Candela a los gritos)
CANDELA: Tataaaaaaaa, ¿onetaaaaa pimito?
ALMA: Hola, princesa, tu primito está durmiendo en su cunita...
CANDELA: (Horacio la sienta en su regazo) ¿Mumí?
HORACIO: Si, bebé... ¿Viniste sola, Cande?
CANDELA: Papi eta afueda
ALMA: Vamos a verlo (Sonríe)
CANDELA: Quiedo ved pimito mumí, Tata
ALMA: Pero está durmiendo, princesa...
CANDELA: Mmmm, ta ben, mamo gugá
ALMA: ¿A jugar a qué?
CANDELA: ¡Peddito!
HORACIO: Los perritos están atrás, Cande, ¿quieres ir?
CANDELA: ¡¡Tiiii!!
ALMA: Pues, vamos, renacuaja (La alza) Ya venimos, mi amor (Lo besa y sale con la niña)
CANDELA: Peddito, peddito...
PABLO: (Entra) ¿Dónde andan?
HORACIO: En la cocina, cuñado
PABLO: Hola, cuñado (Le da la mano) ¿Dónde está mi hija?
HORACIO: Atrás, con los perros y Alma, jugando. ¿Tomas algo?
PABLO: Una cerveza por favor...
HORACIO: Sírvete, pues, jajajaja... Pablo, ¿puedo preguntarte algo?
PABLO: (Va a la nevera) Claro, ¿qué pasa?
HORACIO: El tal Lisandro anda buscando a Alma y me dijo que no iba a dejar que se quede conmigo. Realmente quiero matarlo a golpes
PABLO: (Se gira con la cerveza en la mano) ¿Hablaste con Lisandro?
HORACIO: La llamó a ella y terminé cogiendo el celular yo
PABLO: ¿Para qué la llamó? Hace años que él se fue y no se ven
HORACIO: ¿Alma no te contó nada, Pablo?
PABLO: ¿Nada de qué?
HORACIO: (Le cuenta todo) Entiendes que no quiera que ese tipejo le ronde, ¿no?
PABLO: Por supuesto, pero tiene que hablar con él y aclararle las cosas, ya...
HORACIO: Eso le dije y eso va a hacer
PABLO: Pues, no queda otra que esperar, cuñado...
HORACIO: Ya lo se... ¡Lo que daría por tomar una cerveza helada, Dios!
PABLO: ¿Quieres un jugo fresquito?
HORACIO: No, gracias... (Hace un gesto de dolor) La pierna me está matando. Ve con las hermosuras, yo me voy con el campeón a dormir un poco, a ver si se me pasa
PABLO: Te acompaño y te ayudo a acostarte...
HORACIO: Gracias, la verdad que subir y bajar de esta silla me va a sacar mis buenos músculos, pero cansa
PABLO: Vamos, cuñadote (Se van los dos)
HORACIO: (Entran a la alcoba y Nico se despierta) Hola, campeón... (Pablo lo ayuda a subirse a la cama) Lleva al enano con Candela y Alma afuera, si quieres
PABLO: ¿Tú estás bien?
HORACIO: Si, ya me acomodé, gracias. Llévate al principito con la princesita y la reina, jajajaja, seguro que Nico querrá comer
PABLO: (Coge al niño) Vamos, campeón (Sonríe y sale con él)
CANDELA: (Jugaba con los cachorritos y Alma la observaba) Peddito dindo, dindo...
ALMA: Muy lindos los perritos, pero revoltosos igual que tú (Sonríe)
CANDELA: ¿Ete te tama peddito?
PABLO: No, hija, ese se llama Galo
CANDELA: (Levanta la cabeza y explota al ver a Nicolás) ¡¡PIMITOOOO!!
ALMA: ¿Ya se despertó? (Sonríe) ¿Dónde está Horacio?
PABLO: Le dolía la pierna, así que se acostó
CANDELA: Paseá pimito, papi, mamo, ¡mamo!
ALMA: Ve a pasear con los niños, yo voy a ver cómo está Horacio...
PABLO: ¿Este chinito no querrá comer?
ALMA: No, comió antes de dormir, hasta dentro de dos horas, no le toca comer de nuevo...
PABLO: En ese caso, dame unos pañales y ve a ocuparte de tu marido, niña
ALMA: En la sala está el bolso de este granuja chiquito (Besa a su hijo)
CANDELA: Mamo, papi
PABLO: (Entran a la casa) Aquí lo tengo. Saluda a tu tía, hija
CANDELA: Tau, Tata (Le da un beso)
ALMA: Adiós, princesa
PABLO: Bye... (Se va con ambos niños)

4 comentarios:

  1. Que molestoso ese Lisandro que desaparesca y deje a Alma y a Horacio en paz... CANDE cosita que ternura esa nena

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    1. Todos los niños acá son termnuritas, no se qué haré cuando tenga que crear a nuevos personajes de esas edades...

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    2. Estaria bueno crear una historia con niños de esa edad

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