Mientras
conversaban acerca de lo sucedido en La Serena, Caro y Nano llegaron a la
cocina...
CAROLINA:
Esperemos que no pase a mayores... ¿Qué quieres comer, mi amor?
KIARA:
Letita, mami, con cocolate
EMILIANO:
Eres igual a Jano…
KIARA:
¿One ta Tano?
CAROLINA:
Ya mismo te la preparo y tu hermano está en la ciudad
KIARA:
¡¡Gaciazzzz!! (Le da un beso a Caro y mira a su papá que tenía el ceño
fruncido) ¿Papi nojó?
EMILIANO:
No, mi amor, ¿por qué iba a enojarme?
KIARA:
Tené cadita ati, mida (Hace gesto de enojo)
EMILIANO:
Es que hubo un problema en la hacienda del tío Donny y me preocupa, bebé
KIARA:
No peocupe má, papá (Le da un beso)
CAROLINA:
(Veía y escuchaba la escena de su esposo y su hija más pequeña) ¿Cómo no
amarlos? (Sonríe ampliamente)
KIARA:
(Le daba besitos a Nano en la nariz) Mumí, papá, letita y mumí
EMILIANO:
Si, bebé, pero en tu camita...
KIARA:
¿Po qué?
EMILIANO:
Ya te expliqué, hija, mami y yo queremos dormir solos y tú tienes que aprender a
hacerlo, Además, Sofía te cuida bien, ¿no? Y cuando Jano está aquí, te vas con
él y lo mismo haces con Lucía
KIARA:
Eta bem...
CAROLINA:
Toma tu lechita, mi amor...
KIARA:
(Coge la taza y engulle rápidamente) ¡¡Dico, mami, quiedo máaaaa!!
CAROLINA:
¿Más?
KIARA:
¡¡Ti, máaaa!!
CAROLINA:
(Por suerte conocía a su hija y había hecho de sobra) Toma más...
KIARA:
¡¡GACIAZ!! (Le da dos besotes) ¡¡¡Mmmm, dicooo!!! (Se lo termina) Mumí, mamita,
camita Tano, ¿ti?
CAROLINA:
¿Vas a dormir en la cama de Jano? (La niña asiente) Pues, vamos, princesita (La
alza)
EMILIANO:
(Besa a la niña) No des lata y duerme, Kika, ¿si? Yo tengo unas cosas que
hacer...
KIARA:
¿Papi, no mumí, mami?
CAROLINA:
Si que va a dormir, pero en un ratito, princesa. Anda, a la cama
KIARA:
(Besito a su padre) Tau, papito tulo
EMILIANO:
(Sonríe) Chau, princesita chula de papá (La besa mucho) A dormir, señorita...
KIARA:
Ti, mamo, mami...
EMILIANO:
¿Bajas después? Voy a estar en el despacho
CAROLINA:
Ahora bajo (Lo besa y se va con la niña)
EMILIANO:
(La ve subir y va a hacer una llamada) ¿Bruno? ¿Sigues en La Serena?
BRUNO:
Si, Nano, pero no se puede hacer nada, lo siento. Los cinco animales sufrieron
quebraduras y sabes lo que sucede con eso...
EMILIANO:
¡¡Maldición!!
BRUNO:
De verdad lo siento, quise buscar la manera de evitar esto, pero no la hay...
EMILIANO:
Entiendo, no es contigo, es con la situación... ¿El potrillo de mi sobrino se
salvó?
BRUNO:
Si, gracias a Dios, Cantor sólo sufrió quemaduras leves, en ese momento no
estaba en el foco del fuego ni de la explosión
EMILIANO:
Matías ama a ese potrillo, si algo llegaba a pasarle, mi enano se me muere de
pena... Bueno, Bruno, mañana se supone que tienes que venir aquí, pero tómate
el día libre, ¿si? Por lo que ya sabes, yo me ocupo…
BRUNO:
Está bien, Nano, gracias. En cuanto termine, me marcho y mañana te llamo para
informarte de todo, buenas noches...
EMILIANO:
Descansa, Bruno, hasta mañana... (Cuelga y vuelve a llamar a Jano) ¡¡Enano!!
¿Por qué demonios no respondes?
CAROLINA:
¿Quién no responde amor?
EMILIANO:
Tu hijo, sabe muy bien que tiene que estar comunicado, pero nada...
CAROLINA:
¿Ahora es mi hijo? Déjalo respirar un poco, pasa todo el día en la hacienda,
por una noche que se divierta...
EMILIANO:
Nadie dijo que no se divierta, Caro, sólo tiene que estar a disposición, es su
responsabilidad también y sabes que cuando se mandan alguna, todos son TUS
hijos... (Deja el celular) Hay que sacrificar a cinco caballos, Pampa, se
incendió la mitad del establo y, uno de esos ejemplares, es Esfinge, dudo que
Jano quiera enterarse más tarde, ¿no crees? No te lo dije antes por Kika
CAROLINA:
Dios, Nano, Esfinge no... (Se sienta en el sillón) Llama a Tuto, está en la
ciudad en casa de sus papás, Jano se está quedando ahí...
EMILIANO:
(Lo hace) ¿Augusto?
AUGUSTO:
¿Eres tú, Emiliano? ¿Qué pasa?
EMILIANO:
(Le explica todo) ¿No tienes idea de dónde puede estar?
AUGUSTO:
No lo se, estaba con Guillermo, y él regresó temprano a casa, deja y le
pregunto dónde estaban...
JANO:
(Entra con un gesto de relax increíble y ve la espalda de su papá) ¿No duerme,
don Augusto?
AUGUSTO:
¿Dónde estabas? ¿Y dónde tienes el celular?
JANO:
¡Ey, párale, papá! Me quedé sin pila y no me di cuenta... (Reconoce la
severidad en el gesto) ¿Qué pasó?
EMILIANO:
Pon el altavoz, Tuto
AUGUSTO:
Siéntate y escucha, Nano tiene que decirte algo...
JANO:
No den vueltas, algo malo pasó... ¿Es mamá? ¿Mi mamá está bien?
AUGUSTO:
Tu mamá está bien, calla y deja hablar a Emiliano...
JANO:
(Se sienta) Está bien...
EMILIANO:
Jinete, anoche con la tormenta, un árbol cayó encima de los establos de La
Serena y hoy, uno de los tubos de gas explotó y te imaginarás que es todo un
desastre
JANO: ¿Qué? ¿Cuándo?
EMILIANO:
Fue hace un par de horas, por eso he vuelto loco a todo el mundo intentando
ubicarte, hijo
JANO:
Déjate de rodeos, Nano...
EMILIANO:
Tú dejaste a Esfinge, campeón y salió herido, Bruno intentó todo, pero se
quebró una pata y tendremos que sacrificarlo. Lo siento mucho, Jinete...
JANO:
(Se levanta) No, Nano, no me digas eso, por favor (Las lágrimas le caían por el
rostro) Voy para allá, esto debe ser un sueño o una broma... Esfinge no, Nano,
¡¡¡MIERDA!!! (Le da un puñetazo a la pared) Espérame, cojo el carro y voy para
allá...
AUGUSTO:
Yo te llevo, ve a cambiarte en lo que le aviso a Juli... En un rato nos vemos,
Emiliano...
EMILIANO:
Los espero...
Jano
se sentía desolado, Esfinge era como su alma. Augusto se lo había regalado el
mismo día que él nació y durante la ausencia de su padre, el caballo fue como
una unión entre ellos dos. Crecieron juntos y para el muchacho no existía
animal más noble y leal que su Esfinge. Lo amaba profundamente y el animal a
él, eran uno mismo. Se reprochaba haberlo dejado en el establo de su tío y eso
le carcomía la cabeza, no lo dejaba tranquilo. Después de casi veinte años
juntos, ahora tenía que decirle adiós y no lo comprendía.
Augusto
manejaba en silencio, intentando respetar el dolor de su campeón. A él también
le dolía lo que pasaba, pero sabía que el más afectado era su hijo. Le tomó la
mano y con ese apretón, pretendía darle fuerza y apoyo.
AUGUSTO:
Quisiera tener las palabras para decirte y que te sirvan de algo, hijo
JANO:
No te preocupes, pa…
AUGUSTO:
Entiendo lo difícil que resulta decirle adiós a quien amas
JANO:
Lo se, viejo
AUGUSTO:
Al menos tienes a sus tres hijos, dos nietos y una nieta
JANO:
(Sonríe con melancolía) Egipcio es igual a él y Cleopatra también. Azabache
tiene más de Morena…
AUGUSTO:
Siempre me gustaron esos nombres
JANO:
Son hijos de Esfinge, tenían que llamarse de un modo que los conecte y bueno,
uno tenía que honrar a su madre…
AUGUSTO:
(Asiente y suspira) No tienes que hacerlo tú, Jano
JANO:
No lo voy a hacer yo, no me da el alma, solamente quiero estar con él mientras
se duerme (Se le caen las lágrimas sin que las pueda contener)
AUGUSTO:
Cómo lo siento, campeón…
JANO:
Gracias, papá…
AUGUSTO:
¿Alguna vez te conté por qué lo compré?
JANO:
No, al menos no que recuerde…
AUGUSTO:
Fui a la hacienda de Navarro porque supe que una de las yeguas había parido y
quise curiosear un poco. Resultó ser que fueron seis las que tuvieron cría y
los seis fueron potrillos, ninguna potranca. Siempre creí que Esfinge sería un
buen nombre para un caballo. Al verlos ahí, corriendo, me dieron ganas de
comprarlos todos, pero para entonces, estábamos un poco apretados de dinero. Lo
que hice fue mirar al cielo y preguntar, ¿qué hago? ¿Compro uno o no?
JANO:
¿Y qué pasó?
AUGUSTO:
Me llamó tu tía Alma para avisarme que Caro estaba de parto y lo supe, uno de
esos tenía que ser para ti.
JANO:
¿Cómo lo elegiste?
AUGUSTO:
En realidad, él eligió
JANO:
¿Qué?
AUGUSTO:
Llamé a Navarro y pregunté si estaban a la venta y resultó que los seis podían
comprarse, así que me acerqué al corral y grité “Esfinge”. Uno de los potrillos
giró su cabeza y me miró a los ojos… Me volví hacia Navarro y le dije: “Ese es
el caballo de mi hijo, me lo llevo”. Claro que tu madre nunca supo que en vez
de salir corriendo a buscarla, me quedé escogiendo a tu caballo (Se ríe) Me
mataba si se enteraba…
JANO:
Pero, ¿llegaste a tiempo?
AUGUSTO:
Si, la busqué y seis horas después, te tenía en mis brazos, campeón, no querías
salir del vientre, pero llegaste por fin…
JANO:
Lo voy a extrañar, papá, es mucho más que un animal o un simple caballo
AUGUSTO:
Es tu amigo, lo se, tienen la misma edad y el mismo carácter…
JANO:
(Seguía llorando) ¿Por qué no se los puede curar, eh?
AUGUSTO:
Estás estudiando veterinaria y sabes bien cómo es eso, Jano, no te vuelvas
loco, hijito
JANO:
Debí estar al pendiente y no salir de juerga
AUGUSTO:
Por lo que me dijo Nano, nadie podría haber hecho nada, el tubo de gas explotó
de repente…
JANO:
Igual, papá, ni siquiera lo tenía que dejar ahí
AUGUSTO:
¿Era la primera vez?
JANO:
No, una o dos veces a la semana lo dejo en La Serena
AUGUSTO:
¿Lo dejaste porque te dieron ganas?
JANO:
(Niega con la cabeza) Para el rodeo de mañana temprano, así no lo hacía cansar…
AUGUSTO:
Entonces, no es tu culpa
JANO:
Se que no, pero no quiero perderlo
AUGUSTO:
Intenta pensar que al menos lo tuviste y te tocó crecer junto al mejor de los
caballos, Jano, lo demás, es el destino…

Pobre Jano que dura despedida va a tener que darle a Esfinge su compañero y amigo de 20 años... Que dolor se me apachurra el corazon :-(:-(:-(:'(:'(:'(
ResponderBorrarPrepárense para llorar
BorrarAy, pobre Jano :( es duro ver morir a un animal y sobretodo si ese animal te acompañó y fue tu amigo durante casi 20 años...
ResponderBorrarMuy difícil
Borrar