viernes, 30 de agosto de 2013

“LA PAMPA” – Capítulo 050





Tratando de calmar las cosas con Emiliano, Carolina habló con seguridad, pero tranquila

CAROLINA: Lo nuestro no se lo ha llevado nada, ni nadie, me puse celosa y no me controlé, pero no mandé nada al diablo...
EMILIANO: ¿Celosa de qué?
CAROLINA: De tu relación con Aitana, nada más te enteraste del embarazo y nos dejaste a todos en la mesa para ir a hablar con ella ¿Tanto urgía esa conversación? ¿Siempre va a ser así?
EMILIANO: No, nunca fue así. Ni siquiera antes de estar contigo. Sólo dejo todo por Pancho. Pero hay toda una historia detrás y lo del embarazo me sorprendió, porque ella no me lo dijo de frente, en mi cara. Nada más. Aitana hace su vida y yo la mía, desde hace más de dos años, Carolina.
CAROLINA: Lo se, pero no creo que la conversación haya sido tan importante como para dejarnos en la mesa esperando, pero mejor déjalo, no quiero discutir...
EMILIANO: Le rogué, Carolina, le supliqué tener otro hijo y me lo negó siempre. Dijo que no quería y la cosa es que lo que no deseaba, era tenerlo conmigo. Me molestó que fuera tan cobarde y no me lo dijera. A mí no me importa que lo tenga, ojala tenga 20 más si es lo que quiere y me pone muy contento que se haya enamorado y se case con Cristóbal. Mi reacción fue de enojo porque me sentí como un imbécil. No por otros motivos. Carolina, te amo y quiero estar contigo, ¿por qué no lo entiendes?
CAROLINA: Lo entiendo, sólo que a veces no comprendo esa relación, lo siento...
EMILIANO: No hay nada qué entender, Carolina. Es como que yo te cuestione tu amor por Augusto y deje que ese fantasma se meta entre nosotros. La diferencia es que yo dejé de amar a Aitana hace años, pero tú a tu difunto esposo, lo sigues amando...
CAROLINA: Augusto está muerto y Aitana no, igual que te enamoraste una vez de ella, te puedes volver a enamorar, tengo miedo, Emiliano, miedo a que esto sea una mentira, una fantasía...
EMILIANO: Ese es el problema. No se qué más hacer para que comprendas que es una realidad, que te amo, que quiero todo contigo y que me muero por ti. Nunca podría volver con ella y no podría amar a nadie más, tú lo ocupas todo, pero no quieres verlo. (Retoma su tarea) Ve a la casa grande...
CAROLINA: No me voy si tú no vas conmigo...
EMILIANO: (Vuelve a mirarla) ¿Sabes qué pasa? Es cierto, Augusto murió y Aitana no, pero aún con ella viva y cerca de mí, yo me enamoré de ti. Si Augusto viviera, tú no sabrías ni que existo, esa es la gran diferencia. (Deja los caños) Yo te amo por elección, tú me amas porque no te queda de otra
CAROLINA: ¿Por qué no me queda de otra? Tengo otra, olvidarme de ti y de todo lo que siento, pero da la casualidad que te elegí a ti, pero si quieres, no te elijo y me guardo todo (Se sube a caramelo) Móntate al caballo y vámonos a la casa y esto es una orden de tu patrona...
EMILIANO: (Va con ella y la baja) ¿Serías capaz de engañarme? ¿De lastimarme? ¿De cagarte en mí? ¿O es tanto lo que me amas que si no soy feliz, tú tampoco podrías serlo? Porque eso me pasa, dependo de ti, de verte bien y hacer lo sea porque estés cada día mejor. ¿Quién te crees que soy? TE AMO y quiero tener una vida contigo. Si, amé a Aitana, pero el amor y la mujer de mi vida, eres tú. Si no quieres creerlo, ya no puedo hacer más
CAROLINA: Ya te dije que te creo, pero que no entiendo tu relación con Aitana, no dije que no la aceptaba, ni que me molestara, sólo que no me cierra y si te amo tanto como para darte tu lugar en mi vida, para abrirme de nuevo al amor y respirar por ti, de hacer lo que sea por ti. Ahora, suéltame porque según tú, sólo te amo porque no me queda de otra (Se zafa de él)
EMILIANO: (La vuelve a agarrar y la besa, aunque ella intenta soltarse) Basta, Pampa, no quiero pelear más...
CAROLINA: Yo tampoco, pero me dolió lo que me dijiste... Vamos a la casa antes que esto se ponga peor…
EMILIANO: A mí dolió que me dejaras solo, necesitaba que me abrazaras y me dijeras que me amabas y que estabas conmigo
CAROLINA: ¿Cuando te enteraste lo del embarazo?
EMILIANO: Si, por lo que te lo dije el otro día, pero no lo recuerdas. El fracaso de mi matrimonio, me destrozó y fue cuando te conocí que entendí que podía volver a empezar.
CAROLINA: Pues, ámame e intenta no pensar en el pasado. Es duro, pero se consigue, sólo importamos tú, nuestros hijos y yo, nadie más...
EMILIANO: Eso lo tengo más que claro, no existen dudas para mí. Pero, a ver, para que comprendas. Es como si el día de mañana, te enteraras de algo que hiciera que tu manera de recordar a Augusto, cambiara. No se, como que le aparezca un hijo anterior a ti y que ignorabas que existía. Te va a doler, pero eso no modificaría lo que sientes por mí, ¿o si?
CAROLINA: No, no lo cambiaría...
EMILIANO: Esto es lo mismo. Me duele la actitud de Aitana, porque creo que rompe con la bonita amistad que hemos estado tratando de formar, pero a quien amo y con quien quiero casarme y tener más indios, es contigo
CAROLINA: (Comprende, por fin y deja de intentar soltarse) Perdóname por los celos, pero es que, ¡Dios! Me muero sólo de pensar que te puedo perder...
EMILIANO: Nunca me vas a perder, no lo voy a permitir y los dos vamos a luchar juntos por mantener esto que sentimos
CAROLINA: (Lo besa suavemente, casi tímida) Vamos a la casa y ahí seguimos hablando…
EMILIANO: (Le agarra la mano) Muévalas, patrona…

La pareja se encaminó hacia la salida y, sin previo aviso, la entrada se les fue encima.

En Terranova, las cosas eran bastante similares que en Santa Cecilia, pero la reacción de los patrones, fue diferente. Agustina, la hermana menor de Santiago, entró al cuarto del mismo y lo encontró leyendo algo.

AGUSTINA: ¿¿Qué haces ahí tirado? La hacienda se inunda y tú, muy tranquilo
SANTIAGO: (La mira) Hay gente a quien se le paga un  muy buen sueldo para que se ocupe de eso.
AGUSTINA: Es tu patrimonio, Santiago, ¡anda, ven a ayudar!
SANTIAGO: Ni loco, ¿no ves cómo llueve?
AGUSTINA: ¡¡POR ESO MISMO, PORQUE LO VEO!!
SANTIAGO: Agus, no molestes
AGUSTINA: ¡Eres un patán! (Sale y azota la puerta)
SANTIAGO: ¡¡Estúpida!! (Deja su lectura, se pone una chamarra y baja) ¡¡Ruth!!
RUTH: Diga, patrón…
SANTIAGO: Voy a salir, cualquier cosa que Agus quiera que me llame al móvil… (Se va, sube a su carro y desaparece del caos)
AGUSTINA: (Entra) ¿A dónde se fue mi hermano?
RUTH: ¡Ni idea, patrona! Sólo dejó dicho que si lo necesitaba, lo llamara a su celular
AGUSTINA: ¡IDIOTA! Ahora es que se lo precisa y el muy tarado se largó…
RUTH: ¿Qué hago? Usted mande
AGUSTINA: Intenta ubicar a mis padres, se supone que están en la casa de la ciudad y diles lo que está sucediendo. ¿Has visto a Bruno?
RUTH: No lo vi, pero los muchachos me dijeron que estaba en el potrero norte, intentado arriar el ganado
AGUSTINA: Bien, bien. Yo me voy para el potrero sur, ese es el que se inundó más y no hemos podido terminar de guardar el ganado. (Piensa) ¿Sabes qué? Deja a mis padres por el momento, al fin que nada pueden hacer desde el DF y busca a los muchachos que quedaron en las cabañas. Que la mitad se vayan con Bruno y los demás vengan conmigo y tú y las muchachas, se encargan de los establos. ¿Tienes idea de cómo organizar a los caballos?
RUTH: Si, todas hemos aprendido de la tormenta pasada, patrona, tranquila y vaya con cuidado, por favor.
AGUSTINA: Gracias, Ruth, anda…
RUTH: (Salió y en el camino pensaba en voz alta) ¿Cómo no se muere Santiago y esta niña se hace cargo? Todo sería muy distinto…

En la casa grande, la demora de Emiliano y Carolina, ya empezaba a preocupar a todos. Cuando la lluvia comenzó, Pablo estaba en el pueblo y se regresó de inmediato en su motocicleta. En ese momento se estaba poniendo al tanto de los daños y se había acercado a las cabañas para asegurarse que los empleados estuvieran a salvo

PABLO: ¿Falta alguno?
DIEGO: No, patrón, estamos todos
PABLO: ¿Seguro, Diego?
DIEGO: Si. Los únicos que no están en su cuarto son Serafín y Chava. Salvador anda en el establo pequeño, controlando a Morena y allí no hay peligro, no llega la inundación y Serapio estaba en su casa, esperando por Doña Pampa y el Nano
PABLO: (Asiente) Se quedan todos adentro hasta nuevo aviso. ¿Tienen comida y abrigo?
DIEGO: Si, su hermana nos trajo con Aurora hace rato
PABLO: Perfecto. No vayan a despegarse del handy, pero no salgan a menos que sea estrictamente necesario. ¿Estamos?
DIEGO: Claro
PABLO: Quedas a cargo, Diego, nunca fallas, no empieces hoy.
DIEGO: No lo haré y no deje de avisar cuando la patrona y el Nano regresen, por favor.
PABLO: Así será. (Les habla a todos) ¡¡Nadie sale, por ningún motivo!! Lo que sea, se lo dicen a Diego y él nos lo comunica. (Palmea al encargado y se retira)
DIEGO: ¡Ya oyeron al patrón! Comamos y cada uno a su cuarto, ¡anden!
FRANCISCO: (Estaba angustiado) ¿Por qué no vuelven mi papá y Caro?
ALMA: Están arriando al ganado, hermoso, ya van a venir
FRANCISCO: ¿Y si les pasó algo?
ALMA: Nada les va a pasar, tranquilo. Los dos saben cómo hacer las cosas…
FRANCISCO: No se, no se, ya quiero que vuelvan…
ALMA: (Lo abraza) Ten calma, bonito…
SERAFÍN: (En la puerta de la casa, nervioso) ¡¡Don Pablo!!
PABLO: ¿Qué pasó, Serapio?
SERAFÍN: Son la patrona y el Nano, ya deberían haber vuelto
PABLO: ¿Cómo que “deberían”? ¿Y el ganado?
SERAFÍN: Es que ya lo guardamos, pero en el granero, porque una parte del potrero se vino abajo y los corrales se inundaron
PABLO: Si ya los guardaron, ¿por qué no volvieron contigo?
SERAFÍN: Nano fue a checar que no quedara ningún animal en el potrero y pues, la patrona no quiso venirse y lo siguió…
PABLO: ¿Hace cuánto de eso, Serafín?
SERAFÍN: Como media hora, ya tendrían que estar aquí y…
PABLO: ¿Y qué? ¡HABLA!
SERAFÍN: No contestan el handy, ninguno de los dos…
PABLO: ¡¡CARAJO, SERAFÍN!!


“LA PAMPA” – Capítulo 049





Después del almuerzo, Francisco cayó rendido ante al cansancio. Se había levantado muy temprano para tomar el avión, durante el trayecto no había dormido nada y aunque moría de ganas de salir a pasear con su papá y Pampa, el cuerpo no le dio más energías. Nano lo llevó a la casa de huéspedes y lo acostó. Después de eso, buscó a Carolina, pero ella no quería hablar con él

EMILIANO: ¿Qué te pasa?
CAROLINA: Nada, tengo cosas que hacer...
EMILIANO: Y yo me chupo el dedo, ¿no? ¿Qué pasa? No me hablas desde las caballerizas y ahí estábamos bien
CAROLINA: Y estamos bien, pero estoy muy ocupada, Emiliano
EMILIANO: No, no lo estamos y no entiendo qué demonios te sucede. Me voy con Francisco, no quiero que se despierte solo y sin saber dónde está. (La mira) Si quieres dejar de mentirme, sabes cómo llegar (Se va)
CAROLINA: Si no voy, le indico a otra cómo llegar...
EMILIANO: (Se gira) ¿Qué?
CAROLINA: ¿No te ibas?
EMILIANO: ¿Qué fue lo que dijiste?
CAROLINA: No dije nada, Emiliano, ve con tu hijo...
EMILIANO: (La toma de un brazo y la mete en la caballeriza) Repite lo que dijiste recién, pero en mi cara
CAROLINA: Suéltame, Emiliano...
EMILIANO: (La suelta) No se qué idea te anda rondando en esa cabecita que tienes, pero eso que dijiste, te lo olvidas. No hay otra y recuerda que si no decimos lo nuestro, es porque tú lo prefieres así. Escenas de celos conmigo, Carolina, no. (Se va)
CAROLINA: Si no le interesa su ex mujer, ¿por qué tanto apuro en hablar con ella del embarazo? Dejó de comer por llamarla y después, yo no puedo tener celos...
EMILIANO: (Se había quedado escuchando) Porque le pedí mil veces tener otro hijo y me lo negó, Carolina. Me sentí mal por enterarme de casualidad y no por ella. Ya te dije lo que sufrí mi fracaso con Aitana y nos costó mucho llegar a un punto donde podamos realmente alegrarnos y disfrutar la felicidad del otro. Pero es mucho pedirte que pienses en eso y en lo que hablamos, evidentemente. Sigue con esos celos ridículos, ahora si me voy
CAROLINA: Entonces, te dolió y eso es por algo y si siento celos, es mi problema, ¿no?
EMILIANO: No me dolió porque vaya a tener otro hijo y a casarse, sino porque me lo ocultó. ¡Entiendo lo que siente perfectamente y estoy feliz por ella! Le dije que desde que estás en mi vida, quiero exactamente lo mismo contigo y no es únicamente tu problema, sino mío también, porque son celos que no tienen fundamento. No soy un santo, pero tampoco un desgraciado y te amo, pero no confías en mí. (No dice nada más y se va a ver al niño)
CAROLINA: Al carajo con todo... (Le da una patada a un montón de heno y se va a la casa grande)
ALMA: (La ve entrar, furiosa) ¿Qué te pasa, Caro?
CAROLINA: Nada, déjame en paz... (Sigue de largo)
ALMA: (La detiene) Dime...
CAROLINA: Que me dejes, Alma, no quiero hablar con nadie (Se suelta) No me sigas, quiero estar sola... (Se va a su cuarto y se encierra)
HORACIO: ¿Y eso?
ALMA: No se, amor, ni idea...

En la casa de Celia, ella y Pablo, seguían teniendo sexo, no podían parar ni querían hacerlo. Él la saboreaba y la doctora gemía inconteniblemente, reconociendo para si misma que nunca le habían hecho el amor así y que ese hombre era distinto a lo que pensaba. Le agarró la cabeza, pidiendo más

PABLO: ¿Te gusta lo que te hago, nena?
CELIA: Me encanta lo que me haces, me vuelves loca...
PABLO: (Sube y la besa, pero sigue dándole placer con sus dedos) Eres deliciosa, ¿sabías? (Estaba desbocado y Pablo era muy activo, un toro)
CELIA: Eres tú quien me vuelve así...
PABLO: ¿Si? (Beso rudo) ¿Soy yo? (Otro) Pídeme que lo te lo haga de nuevo, dime qué quieres...
CELIA: Házmelo por detrás, como tú sabes, duro...
PABLO: Convénceme...
CELIA: (Baja y empieza a lamerle el miembro como una profesional) ¿Te voy convenciendo? (Sonrisa pícara)
PABLO: Aún no... (Imita el gesto) Hazlo tan duro como quieres que yo te lo haga...
CELIA: Eso está hecho (Endurece los movimientos de su boca y agiliza los de su lengua)
PABLO: (Le agarra la cabeza y mueve su pelvis) Uuhh, si, así... (La levanta y se acomoda detrás de ella) ¡Me convenciste! (Penetra y le da como desaforado, hasta que acaban así y él se queda ahí un poco más, descargando bien y acariciándole los senos y la entrepierna) Una fiera, Celia, eres espléndida...
CELIA: Tú eres el espléndido
PABLO: Lo somos juntos... (Sale y la gira) No vayas a trabajar, quédate conmigo
CELIA: Tengo que ir a trabajar, vivo de eso...
PABLO: (Asiente) Cuando el dispensario esté en mi hacienda, te voy a construir una casita que sea preciosa, para que puedas vivir ahí y no tengas que viajar de aquí hasta allá todos los días (La besa) Si te pregunto algo, ¿me dirás la verdad?
CELIA: Claro, dime...
PABLO: ¿Qué es lo que quieres conmigo? ¿Sólo sexo o esperas más de mí?
CELIA: Por ahora, sólo sexo...
PABLO: (Sonríe) Eso se nos da muy bien y me alegra saber que quieres ir de un paso a la vez, porque siento lo mismo... (Mira la hora) Ven, te lo voy a hacer de nuevo, para que sólo puedas pensar en salir del hospital y buscarme...
CELIA: Lo estoy deseando...
PABLO: (Le agarra la mano y se la lleva al pene y él la toca también) Quiero que no puedas dormir deseándome, esperando el momento en que vuelva a poseerte y que te pongas loca por estar conmigo, así, estaríamos en el mismo punto... (La alza y se la lleva al cuarto)

A media tarde, al rato que Francisco despertó de su siesta, el pequeño y su papá, se alistaban para salir a cabalgar de nuevo. Sin embargo, el plan se vio frustrado porque de la nada, una enorme tormenta azotó la zona

EMILIANO: Hijo, vamos a la casa grande y te quedas con Aurora en la cocina, ¿si? (Lo alza y lo va llevando bajo la lluvia torrencial)
FRANCISCO: Si, papi...
EMILIANO: (Entran) Aurora, te lo encargo. Hijo, aquí las tormentas son muy caóticas, necesito que no des lata y te portes bien, campeón. ¿Cuento contigo?
FRANCISCO: Claro, pa, soy una estatua, mira (Se queda quieto) ¿Ves?
EMILIANO: Eres el mejor, Llanero. Gracias, Aurora. (Besa a su hijo y sale, monta a Albatros y galopa hasta donde las vacas pastaban. El agua caía sin tregua) ¡¡Horacio, ve por ahí y las llevamos!!
CAROLINA: (Ya estaba allí) Efraín, encierra a los terneros, yo voy por las que están por el río, ¡rápido! (Se va al galope)
EMILIANO: (La ve) ¡¡Chava, ayuda aquí!! (Salvador asiente) ¡¡Eaaa, Albatros!! (Sigue a Carolina)
CAROLINA: (Estaba guiando ya al ganado) ¡Dense prisa, por favor, no quiero perder más reses!
SERAFÍN: Tranquila, patrona, está controlado...
EMILIANO: ¡Pampa, cuidado!
LALO: (Llega en la camioneta) ¡¡Patrona, el potrero de la colindancia se vino abajo!!
CAROLINA: ¡Maldición! Tendremos que llevarlas al otro...
EMILIANO: Yo voy... (Sale a todo galope)
CAROLINA: Vamos a llevarlas al otro potrero, rápido...
LALO: En caballo se llega más rápido, patrona, el camino para la camioneta está inundado...
EMILIANO: (Llega y comienza el arriado, pero no parecía buena idea hacerlo solo) ¡Hay que tratar, pues!
CAROLINA: Vamos a ayudar a Emiliano nosotros, ¡muévete, Serafín!
LALO: Yo te cubro, Serapio...
SERAFÍN: (Sale junto a Pampa y cuando llegan, Nano estaba llevando a las reses al granero) ¿Qué pasó?
EMILIANO: ¡¡No van a pasar por el camino, está inundado!! Lo mejor es meterlos aquí y aguardar a que pase la tormenta y baje el agua
CAROLINA: Es buena idea, vamos a guiarlas, no hay tiempo que perder...
EMILIANO: Serafín, necesitamos cuerdas para improvisarles un corral, sino se van a dispersar, están muy asustadas
SERAFÍN: ¡Ya traigo! (Se aleja rápidamente)
CAROLINA: Intenta que no se separen, cubre por aquel, lado, yo lo hago por este...
EMILIANO: Si, amor (Lo hacen)
CAROLINA: ¡Apúrale, Serafín!
EMILIANO: (Se cae) ¡¡Carajo!! (Se pone de pie y vuelve a montar) ¡Vamos, niñas, entren!
CAROLINA: ¿Te golpeaste?
EMILIANO: No, estoy bien…
SERAFÍN: (Regresa y le da una punta de la soga a Carolina) Vamos, patrona
EMILIANO: Ustedes cérquenlas y yo las dirijo
CAROLINA: Si, pequeñas, así, muy bien, sigan entrando. Sólo queda un rato...
EMILIANO: (Terminan de entrarlas) ¡Muy bien! Serafín, ve con los demás a ver cómo están, yo voy a checar el potrero, a ver si tiene arreglo... (Mira a Caro y se va)
CAROLINA: Serafín, desde que entren todos los animales y estén a resguardo, váyanse a sus cabañas, no los quiero afuera, ¿entendido?
SERAFÍN: Si, patrona, como mande. ¡Vamos, la escolto!
CAROLINA: Ve tú primero, voy ayudar a Emiliano, me vuelvo con él... (Serafín se marcha y Caro va al potrero)
EMILIANO: (Ve llegar a Caro) ¡Ve para la casa grande, no estés aquí, esto se termina de caer en cualquier momento!
CAROLINA: No te voy a dejar solo...
EMILIANO: Te estás arriesgando mucho, mujer, ya... (Toma un caño salido y lo intenta conectar con otro)
CAROLINA: Deja eso ahora, Nano, por favor, vámonos a la casa...
EMILIANO: Si no hacemos algo ya, se perderá todo, Carolina. Ve tú, yo me quedo
CAROLINA: Me da igual perderlo, no quiero que te pase nada, vamos, por favor...
EMILIANO: (La mira) Nada me va a pasar, déjame ayudar
CAROLINA: Deja eso, que se lo lleve el diablo...
EMILIANO: (Corta con lo que está haciendo) Pensé que el diablo se había llevado lo nuestro




jueves, 29 de agosto de 2013

“LA PAMPA” – Capítulo 048





En el campo de entrenamiento de Santa Cecilia, Francisco iba enloquecido. Montado en Albatros, junto a su papá, galopaban alrededor del perímetro de obstáculos.

EMILIANO: ¿Y, Llanero? ¿Te gusta mi caballo?
FRANCISCO: Me encanta, pa...
EMILIANO: Mañana, si Benito ya se recuperó del viaje, podrás montar solo y te voy a mostrar unos lugares que te van a enloquecer, hijo, esta hacienda es hermosa por donde la veas
FRANCISCO: Quiero conocerla toda, pa… (Mira alrededor) ¿Cuándo va a venir Caro?
EMILIANO: Tiene que ocuparse de ciertos asuntos, campeón, pero ya vendrá y seguro puedes andar con ella y Caramelo...
FRANCISCO: Ya quiero conocer a todos los caballos...
EMILIANO: A medida que los vayan trayendo a los establos, lo vas a hacer, Panchito, ten paciencia
FRANCISCO: Bueno, papi… ¿Vamos al río?
EMILIANO: En un par de horas, Fran, el calor se hace más pesado y lo vamos a disfrutar más. Encima, si esperamos, quizás Carolina pueda acompañarnos, ¿quieres?
FRANCISCO: Claro que si, pa... (Sonríe)
HORACIO: (Se acerca a ellos) Señores Iberbia, hora de almorzar, los esperan en la casa grande...
EMILIANO: Gracias, soquete, ya vamos...
FRANCISCO: Vamos a comer, papi, muero de hambre...
EMILIANO: ¡Siempre andas muerto de hambre, jajajaja! ¿Preparado para ir a puro galope?
FRANCISCO: ¡¡¡Claro!!! (Sonríe)
EMILIANO: Agárrate fuerte, sabes bien cómo (Francisco se mueve, sentándose adelante y tomado de las riendas) ¡¡Arre, Albatros, eaaa!! (El caballo obedece al instante y sale con muchísima velocidad. De todos modos, aunque el niño se agarraba bien, su papá lo tenía controlado, pasándole un brazo alrededor, asegurándose así, de que no se soltara) ¡¡Llegamos!!
CAROLINA: Ya era hora, pensé que no vendrían a comer...
FRANCISCO: (Ella lo ayuda a bajar) ¡¡Jamás me pierdo una comida!! La tarea de la escuela, si, pero comidas, nunca, jajajaja (Le da un beso) Te estuve esperando, pero papá dijo que tenías asuntos que atender...
CAROLINA: Así es. En la tarde salimos los tres juntos y vamos al río
FRANCISCO: ¡¡Siiii!!
AURORA: (Sale) Francisco, ven a lavarte para almorzar...
EMILIANO: Ve con ella, Pancho, yo guardo a Albatros y voy con ustedes...
FRANCISCO: Bueno... (A Aurora) ¿Hacen papas fritas aquí?
EMILIANO: (Se ríe mientras su hijo entra a la casa) ¡Es un huracán!
CAROLINA: Igual que el papá...
EMILIANO: ¿Eso piensas?
CAROLINA: Ajá... Vamos, te acompaño a guardar a Albatros...
EMILIANO: Eso te iba a pedir... (Entran a las caballerizas, pero en vez de ingresar al animal en la suya, alza a Caro y se meten juntos) ¡Hola, hermosa! (La besa)
CAROLINA: Hola, hermoso...
EMILIANO: Ya me estaba volviendo loco por besarte...
CAROLINA: Y yo, no sabía cómo hacerle... (No dejaba de besarlo)
EMILIANO: Gracias por compartir esto conmigo
CAROLINA: ¿Qué, mi vida?
EMILIANO: A Francisco... (Más besos)
CAROLINA: ¿Cómo no si es un encanto? Igualito al papá
EMILIANO: Jajajaja... Tú me encantas...
CAROLINA: ¿Yo? (Sonríe) Vamos a comer…
EMILIANO: Aguarda un momento más, unos besos y ya...
FRANCISCO: (Ya sentado, miraba todo lo que habían servido) ¡¡Se ve muy rico todo!!
FELIPE: ¿Comes bien, Francisco?
FRANCISCO: Papá dice que soy un barril sin fondo, jajajaja
CAROLINA: Mmm... Me encantas tus besotes...
EMILIANO: (Intenta calmarse, bajar el calor y la besa mucho, pero con ternura) Te dije que era un niño espectacular...
AURORA: (Deja una fuente de papas fritas en la mesa) Toma, Fran...
FRANCISCO: ¡¡Gracias!! (Se levanta y le da un beso) ¡Eres una genia!
FELIPE: ¿Dónde están Pampa, Emiliano y Pablo?
AURORA: No lo se, patrón...
ALMA: Pablo salió hace un rato, dijo que regresaba en unas horas y según me comentó Caro, tenía algo que mostrarle a Emiliano en las caballerizas, por eso han de demorarse. (Por lo bajo, codea a su marido)
HORACIO: Ah, si, si, algo de Morena, Don Felipe y como la yegua está preñada, tiene que ser ahora...
FRANCISCO: ¿Va a tener un potrillo? ¡Qué lindo!
CAROLINA: (Apareciendo junto a Nano) ¿Ya empezaron a comer?
FRANCISCO: No...
EMILIANO: (Le corre la silla a Caro para que se siente) ¿Por qué no?
FELIPE: Porque los esperábamos
ALMA: Bueno, papá, pero atender a Morena es prioridad, ¿no, Caro?
CAROLINA: Por supuesto, papi (Sonríe) Gracias, Emiliano...
EMILIANO: Por nada... (Se sienta junto a Francisco) Por lo que veo, te hicieron papas fritas, Pancho...
FELIPE: (Estaba encantado con Fran) ¡Es el invitado de honor, no había alternativa!
FRANCISCO: Gracias, señor
CAROLINA: El consentido de la casa (Sonríe)
FRANCISCO: Me quiero quedar a vivir acá, pa...
EMILIANO: Me imagino que si, pero no es nuestra casa, campeón, así que aprovecha y disfruta este tiempo
FRANCISCO: Pero, ¿si podré venir a visitarlos después que me vaya?
CAROLINA: Claro, eres bienvenido todas las veces que quieras (Le guiña un ojo)
FRANCISCO: ¡Eres la mejor!
FELIPE: ¿Comemos?
ALMA: Si, por favor, este bebé es bastante glotón
FRANCISCO: (Se estira y la observa) Pero eres flaca, no pareces preñada
EMILIANO: (Se ríe) Las mujeres no se preñan, hijo, se embarazan...
FRANCISCO: Bueno, eso…
ALMA: Jajajaja, es que aún no se me nota, Francisco, pero estoy embarazada de casi tres meses...
FRANCISCO: ¡Igual que mi mamá!
EMILIANO: (Se ahoga) ¿Qué?
FRANCISCO: Si, papi, mami está embarazada, ¿no te lo dijo?
EMILIANO: No, se le pasó ese pequeño detalle... (Se pone de pie) Les pido un permiso, enseguida regreso...
FELIPE: Ve, hijo...
FRANCISCO: Mamá se va a volver a casar y vamos a ir a vivir a una casa nueva
ALMA: (Lo mira) ¿Eso te pone contento?
FRANCISCO: ¡Si! Porque queda más cerca de lo de mi papá
CAROLINA: Qué bien, ¿no?
FRANCISCO: ¡Si! Sólo espero que ese bebé sea un niño, para que sea mi hermanito. Yo quiero ser como mi tío Donato. Es alto, fuerte y siempre cuida a mi papá, ¡son mega amigos!
EMILIANO: (Hacía una llamada) ¡Atiende, mujer!
ALMA: ¿Y dónde vive tu tío?
FRANCISCO: En Marbella, con mi abuela... ¡Es en Francia y yo voy a ir a visitarlos!
EMILIANO: ¡Contesta, Aitana!
AITANA: ¿Si?
EMILIANO: Hola, niña, ¿me explicas cómo está eso que estás embarazada y no me lo dices?
AITANA: ¿Fran te lo dijo?
EMILIANO: Si, pensando que yo ya lo sabía. Aitana, creí que ya podíamos lidiar con estas cosas, mujer, ¿por qué no me dijiste?
AITANA: No se, Nano, me dio vergüenza. Te negué tantas veces otro hijo y ahora, pues, me dio no se qué decírtelo...
EMILIANO: Se ve que no era que no querías más, sino que no los querías conmigo... (Se sienta) ¿Cómo estás con la noticia?
AITANA: Ya he tenido tiempo para acostumbrarme, pero fue un shock saberlo...
EMILIANO: Me imagino que si. ¿Y qué van a hacer? Supongo que vivirán juntos, ¿no?
AITANA: Si, Cristo me propuso matrimonio y yo acepté, luego nos mudaremos a una casa nueva...
EMILIANO: Te felicito, Aitana, si eso te hace feliz, me alegro sinceramente...
FELIPE: (Al oído de Caro) Tú eres amiga de Emiliano y puede que se sienta mal, ¿por qué no vas a verlo?
CAROLINA: ¿Sentirse mal por qué, papá?
FELIPE: Por la situación, quizás aún sienta algo por ex esposa...
CAROLINA: Entonces, no necesita mi ayuda...
ALMA: (Estaba escuchando) Yo creo que si...
EMILIANO: No te apenes conmigo, Aitana, entiendo lo que sientes. Nosotros nos amamos mucho, pero eso terminó y Cristóbal es tu amor ahora, es lógico que te haga feliz tener un hijo con él. A mí me encantaría que me pase lo mismo con Caro
CAROLINA: Si aún siente algo por su ex mujer, yo no tengo nada que hacer a su lado... (Sigue comiendo)
AITANA: Te deseo lo mejor, Nano, te lo mereces...
EMILIANO: Gracias, que estés bien... (Corta)
ALMA: Creo que es al contrario...
CAROLINA: Yo no lo creo, sigue comiendo, Alma...
ALMA: (La mira) Tan guerrera para algunas cosas...
EMILIANO: (Regresa) Disculpen
FRANCISCO: ¿Llamaste a mamá, pa?
EMILIANO: Si, para felicitarla y regañarla, hijo
CAROLINA: (Mira a su hermana) Déjame en paz...
FRANCISCO: ¿Ya te dijo que se va a casar?
EMILIANO: Si y me contó que se van a mudar...
FRANCISCO: ¿Por qué la regañaste?
EMILIANO: Por no contarme las cosas, Pancho
FELIPE: Debe ser difícil, eres su ex esposo
EMILIANO: En este caso, no, Don Felipe, nosotros sabemos que ya no hay nada, pero me molestó que me ocultara semejante verdad. Si yo fuera a tener un hijo con la mujer que amo, se lo diría, al menos, por respeto.
FELIPE: Me parece lógico... Bueno, sigamos comiendo...
ALMA: (Quería seguirle) ¿En serio ya no sientes nada por ella? (Caro la patea)
EMILIANO: La quiero mucho, es la madre de mi hijo y le deseo que sea muy feliz, pero no la amo como mujer, si es que a eso te refieres.
ALMA: Gracias por la aclaración, Nano... (Sonríe)
EMILIANO: (Devuelve la sonrisa) De nada... (Mira a Fran) ¡Se ve que te gusta la comida, Pancho! Pero come como una persona normal, por favor...
FRANCISCO: Como normal, papi...
EMILIANO: Normal como monito, jajajaja... (Mira a Caro y sonríe, pero ella estaba seria)