martes, 13 de agosto de 2013

“LA PAMPA” – Capítulo 007



Un segundo antes de besarse, un ruido extraño los aturdió. Fue un disparo y después de ese, vinieron varios más que provenían de la entrada a la hacienda, a unos cien metros de donde estaban ellos...

EMILIANO: (Tanteando su cintura, recordó que su arma reglamentaria estaba en su maleta) Quédate aquí, voy a ver qué fue eso...
CAROLINA: No, voy contigo...
EMILIANO: (Era evidente que decirle que no hubiera sido en vano. La tomó de la mano y la puso detrás de él) Está bien, pero voy adelante...
CAROLINA: Bueno, pero vamos, quiero saber que pasó

Fueron hasta la entrada y había una nube de polvo enorme.

EMILIANO: Deben haber pasado algunos carros a muy alta velocidad. Se habrán estado disparando entre ellos…
CAROLINA: ¿Tú crees? Podemos preguntarles a los empleados, alguno habrá visto algo…
EMILIANO: (Ve algo entre la tierra levantada) Espera, aquí... (Se acerca y se agacha) Es un hombre y está herido...
CAROLINA: (Era un trabajador de la hacienda, al darse cuenta, Pampa corrió a su lado) Fermín, ¡Fermín!... (El hombre se quejaba) ¿Estás bien? (Mirando la herida y después a Emiliano) Es grave…
EMILIANO: (La mira y mueve la cabeza de forma positiva) No creo que la libre, le dieron en el pecho... Busca un carro, hay que llevarlo a un médico
CAROLINA: (Sale corriendo y agarra el coche de los trabajadores) Vamos, súbelo, ¿te ayudo?
EMILIANO: (Entre los dos, lo cargan y Caro toma el volante, mientras que Nano se queda en el asiento trasero, para ayudar a Fermín) Apúrate, por favor, si este cristiano la libra o no, no está en nuestras manos, pero cuanto antes lo vea un doctor, más chances tendrá...

El hombre se quejaba, pero comenzó a hablar...

FERMÍN: Basualdo...
CAROLINA: ¿Basualdo?
FERMÍN: Doña Pampa, Basualdo es traf... (No pudo seguir hablando, murió allí)
EMILIANO: (Le toma el pulso) No hay nada que podamos hacer, Carolina, este pobre hombre ya pasó a mejor vida, lo siento...
CAROLINA: Si... (Frenó en seco y se quedó mirando al frente, sin decir nada)

Moviendo el cuerpo inerte de Fermín, Nano vio que el hombre tenía algo en la mano y lo tomó. Era un papel, se lo guardó y salió del carro...

EMILIANO: (En la puerta del chofer, la abre) No podías ayudarlo, no fue tu culpa (Le tiende la mano) Ven, baja...
CAROLINA: (Baja) ¿Dijo Basualdo?
EMILIANO: Si, Basualdo, ¿conoces a alguien con ese apellido?
CAROLINA: El capataz de la hacienda Terranova, creo que se apellida Basualdo
EMILIANO: ¿Terranova? (Piensa en cómo las cosas se evidenciaban hacia el tipo ese) Por el momento, no pienses en eso. Vamos al pueblo y hagamos lo que hay que hacer... (La ve conmovida y la abraza) Tranquila, Caro... (La mecía suavemente entre sus brazos)

Unas horas después, cada uno retornaba a su recámara y así como ella pensaba en lo sucedido con su empleado, Nano no podía apartar de su mente dos cosas: la primera era que era seguro que Santiago estaba metido hasta el cuello en todo y la segunda, sus deseos de besar a Carolina: nunca había sentido una atracción así. De repente, recordó el papel y buscó en su bolsillo, lo abrió y era un mapa de Santa Cecilia, con un sector marcado...

EMILIANO: ¿Por qué me parece que estas son las parcelas que quiere comprar Terranova?

El policía se recostó y decidió esperar un poco para corroborar sus sospechas...

Santiago se encontraba en su despacho, esperando una llamada y no dejaba de pensar en el encontronazo que había tenido con Caro. Era contraproducente para todos sus planes, tanto los de compra de los terrenos que quería, como para sus intenciones con ella como mujer.

SANTIAGO: ¿Y quién es ese tipo? ¿Hermano de Augusto? No me gusta nada el hombrecito… (Sonó el teléfono y él atendió)
BASUALDO: Patrón, el tipo se murió
SANTIAGO: ¡Maldición, Basualdo!
BASUALDO: Lo se, lo se, no hubo de otra, se dio cuenta de todo y se lo iba a decir a doña Pampa, lo tuvimos que silenciar.
SANTIAGO: Entiendo, Basualdo, no te preocupes. ¿Te vio alguien?
BASUALDO: No lo hice yo, lo hizo Basualdo dos…
SANTIAGO: ¿Tienes coartada? Todo mundo los vio juntos
BASUALDO: Justamente, esa, va a ser mi salvación, la del otro y la suya.
SANTIAGO: Ya veo. Vuelve a Terranova y si te buscan, ya sabes cómo actuar y que el otro haga lo de siempre.
BASUALDO: Entendido. En un rato estoy en la hacienda. (Corta)
SANTIAGO: (Mirando al techo, recostado sobre su silla) Un estorbo menos, pues…

En Santa Cecilia, todo estaba dispuesto para el velorio de Fermín. El hombre era una persona muy querida y respetada entre los empleados y para la familia Mouriño, un trabajador honesto y leal, todos se veían muy afectados…

EMILIANO: (Sentándose junto a Caro) ¿Cómo te sientes? (Le ofrece un poco de agua)
CAROLINA: (Lo mira) Triste.
PABLO: Pampa, la policía quiere hablarte.
CAROLINA: ¿Ahora?
PABLO: Si. ¿Los hago pasar a tu despacho? (Ella asiente)
CAROLINA: Voy a ver qué se les ofrece.
EMILIANO: Te acompaño, probablemente quieran volver a hablar de lo que pasó y estábamos juntos. (Se retiran y entran al despacho. Un momento después, dos oficiales aparecen)
CAROLINA: Adelante, caballeros, tomen asiento por favor. ¿Se les ofrece algo fresco que beber?
OFICIAL 1: Si no es molestia, sí, por favor…
OFICIAL 2: Por mi parte, estoy bien así, se lo agradezco.
EMILIANO: Yo le pido a Aurora que lo traiga (Sale un minuto y vuelve a entrar)
CAROLINA: Ustedes dirán.
OFICIAL 1: Primero que nada, sentimos presentarnos hoy, señora Mouriño, pero los tiempos nos apremian.
OFICIAL 2: El caso de su empleado es raro, pero el comisario no lo prioriza y apenas nos da tiempo de investigar. Además, el señor Fermín era un hombre solo, sin familia y eso hace que nadie presione.
CAROLINA: No logro comprender.
OFICIAL 2: Si no investigamos ahora, el caso se va a archivar y ni mi compañero ni yo queremos eso. Los dos apreciábamos a Fermín y queremos hacerle justicia.
CAROLINA: ¿Me están diciendo que si no encuentran a quien mató a Fermín ahora, ya no lo van a buscar?
OFICIAL 1: No porque no queramos, sino porque no nos van a permitir hacerlo
EMILIANO: ¡Qué ridiculez!
OFICIAL 1: En sí, lo que queremos pedirle es que nos ayude a que eso no suceda.
OFICIAL 2: Su familia es importante, influyente y si ustedes presionan para que se resuelva…
EMILIANO: No congelarán el caso, claro…
CAROLINA: Cuenten con eso. ¿Han averiguado algo?
OFICIAL 2: Fuimos a hablar con Basualdo, por lo que nos contaron ustedes dos anoche, pero el tipo no salió de la hacienda.
EMILIANO: ¿Qué más?
OFICIAL 1: Al parecer, se juntaron a jugar cartas, por lo que averiguamos, lo hacían una o dos noches a la semana.
CAROLINA: Si, ellos dos y algunos trabajadores más.
OFICIAL 1: Pues, ellos dos tuvieron un serio altercado porque, según nos dijeron, el capataz de los Terranova hace trampa y Fermín lo descubrió.
EMILIANO: Pues, esa es una razón por la que mucha gente mata a alguien.
OFICIAL 2: Lo sabemos, pero no es el caso. Después de la riña, Fermín se fue de la hacienda y Basualdo se quedó. Varios empleados más lo metieron al cuarto y ahí estuvo metido. Además, por la hora en la que fue todo, no hay modo que Basualdo pudiera hacerlo.
EMILIANO: ¿Por qué tan seguros de eso?
OFICIAL 1: Porque los que lo metieron al cuarto, se quedaron con él. Nos dijeron todos lo mismo: se metió al baño, se dio una ducha y se durmió. Aunque hubiera salido después de eso, los tiempos ya no concuerdan.
OFICIAL 2: La hora en que los acompañantes del capataz lo dejaron solo, difiere unos quince minutos de la hora en la que ustedes escucharon los disparos y encontraron a Fermín
CAROLINA: No hay modo de llegar de allí hasta la entrada a Santa Cecilia en quince minutos, yendo muy rápido, en auto, toma una media hora, por lo menos.
EMILIANO: ¿Tanto?
CAROLINA: Si, por eso abrimos la colindancia, por ahí es mucho menor la distancia.
OFICIAL 1: Y anoche, según Horacio, en ese momento, por la colindancia no pasó nadie.
OFICIAL 2: Su capataz, doña Pampa, estaba de guardia.
EMILIANO: ¿De guardia? ¿Están con problemas, Carolina?
CAROLINA: De un tiempo a esta parte han estado pasando cosas raras con algunos animales, es una precaución
OFICIAL 1: Como verá, señora, dependemos de ustedes para que no quede impune esto y que el o los asesinos de Fermín, paguen por lo que hicieron.
CAROLINA: Así será, despreocúpense de eso y ocúpense de encontrar a quien resulte responsable
OFICIAL 1: Haremos todo lo posible. Gracias.
OFICIAL 2: ¿Podríamos quedarnos un momento para presentar nuestros respetos?
CAROLINA: Claro.
OFICIAL 1: Con su permiso y de nuevo, gracias… (Ambos oficiales se retiran)
EMILIANO: (Su cabeza era un remolino de hipótesis) Una pregunta, Carolina, ¿dónde se encuentra esa colindancia?
CAROLINA: (Busca un mapa de la hacienda y lo pone sobre el escritorio, marcando la zona) Aquí, ¿por?
EMILIANO: Curiosidad, nada más. ¿Esta es toda la hacienda?
CAROLINA: Si, es gigante.
EMILIANO: ¡Veo! (Golpean la puerta y entra Alma)
ALMA: Caro, Jano se despertó llorando y quiere que vayas tú…
CAROLINA: Vamos.
EMILIANO: Ve tranquila, yo me quedo un momento más aquí, ¿puede ser? Quiero llamar a Francisco.
CAROLINA: Claro. (Sale junto a su hermana)
EMILIANO: (Al verse solo, saca el papel que había tomado de la mano de Fermín y compara con el mapa) Es la misma parte de Santa Cecilia… ¿Para qué quieren ese sector? Algo me dice que detrás de la muerte de este pobre hombre, hay mucho más de lo que se creen…

2 comentarios:

  1. Mierdaaaaaa no se besaron y encima mataron a otro más, no es de diosssss!!!!

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    1. Ahhh, es una novela sin besos, marida, puros muertitos, jajajajajajajjajajaa

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