martes, 13 de agosto de 2013

“LA PAMPA” – Capítulo 010



Alma estaba en un sector muy escondido de los linderos de Santa Cecilia, allí solía encontrarse con Horacio y como estaba muy lejos de la casa grande y en la parte opuesta de los potreros y campos de entrenamiento, casi nadie andaba por ahí. Salvo por Diego y Caro, ellos dos eran los únicos en pararse por aquel lugar. Sentada a la sombra de un árbol, la menor de los Mouriño aguardaba la llegada de su pareja y cuando él apareció, se abrazaron y dieron un beso maravilloso, digno del amor que se tenían.

HORACIO: (Todavía la tenía entre sus brazos) ¡Cómo quería abrazarte y besarte, Alma!
ALMA: Y yo a ti, amor, no veía la hora de estar así contigo.
HORACIO: (La mira) ¿Estamos bien? ¿Ya pasó tu enojo?
ALMA: Más o menos, pero eso no importa, ahora quiero apapacharte. ¿Cómo estás?
HORACIO: (Se sientan) ¿Por Fermín?
ALMA: Si, amor.
HORACIO: Pues, triste, mi princesa, el viejo era muy querido por todos
ALMA: Pero para ti y para Aurora era como un padre.
HORACIO: (Se conmueve) Si, lo era…

Alma lo abraza y él llora en silencio, aferrado a ella. La muchacha sólo pudo quedarse así, conteniendo a ese hombre al que amaba con locura, intentando que en sus brazos, se pudiera mitigar un poco el dolor. Un poco después, Horacio pudo hablar.

HORACIO: (Tomándola del rostro, le daba besitos cortos) Gracias, mi amor, me haces falta.
ALMA: (Le vio un gesto raro) ¿Qué pasa?
HORACIO: Es que lo de Fermín no fue gratis, Alma.
ALMA: ¿Cómo que no fue gratis?
HORACIO: Lo mataron por algo especial
ALMA: ¿Quieres decir que no fue un asalto como cree la  policía?
HORACIO: Eso mismo
ALMA: ¿Cómo sabes?
HORACIO: Porque él me dijo que había visto algo raro en Terranova y que si era lo que creía, tenía que buscar una manera de pararlo, por eso iba a jugar allá con Basualdo, para averiguar.
ALMA: ¿Tú piensas que alguna cosa que supo hizo que lo mataran?
HORACIO: Si. Estoy convencido que el viejo comprobó sus sospechas y se lo despacharon para que no hablara.
ALMA: Pero, ¿qué?
HORACIO: Eso si que no lo se, no soltó la sopa, el condenado y mira, Alma, ¡me lo mataron!
ALMA: (Le agarra las manos, tranquilizándolo) Cálmate, amor, trata de bajar un poco y de pensar. Si lo que dices es cierto, hay que probarlo y hacer que el responsable, pague por lo que hizo, pero a las tontas y locas, no vamos a lograr nada, hay que ser inteligentes, precavidos. Horacio, mírame, si mataron a uno, van a matar a quien sea y yo me muero si algo te pasa. Prométeme que vas a estar tranquilo y que vas a tener mucho cuidado.
HORACIO: Te lo prometo
ALMA: No te creo.
HORACIO: (La besa) Te lo juro por nuestro bebé… (Le toca el vientre) No los voy a dejar solos ni hoy, ni nunca, son lo que más amo en el mundo. ¿Cuándo vas a contarles a tus padres que estás casada y embarazada?
ALMA: Muy pronto, amor, cuando vuelvan a la hacienda, hablaré con ellos.
HORACIO: ¿Se lo dijiste a Doña Pampa?
ALMA: No. Quise, pero con lo de Fermín no pude hacerlo. Se lo voy a decir esta noche.
HORACIO: Se lo vamos a decir juntos, a toda tu familia, no voy a dejarte sola con eso, Alma.
ALMA: Se van a poner como locos, más que nada, mis padres. Mis hermanos no serán problema y menos Caro que ya sabe que nos casamos, pero mis papás…
HORACIO: Ellos van a creer que quiero el dinero y por eso se van a enojar, pero en cuanto les des ese papel que te firmé, van a comprender y yo voy a salir adelante, Alma, voy a terminar de estudiar y seré un profesional, un hombre de mundo para que estés orgullosa de mí, para que estén los dos muy orgullosos de mí.
ALMA: Ya lo estamos, amor, los dos, tu hijo y yo, desbordamos de orgullo por ti.
HORACIO: No te vas a arrepentir de amarme, Alma.
ALMA: Lo se. (Lo nota aún triste) ¿Qué hago, mi amor? ¿Cómo te saco esa tristeza que traes?
HORACIO: Amándome, por favor. Lléname de amor y quítame este dolor de encima, eres la única que puede hacer que lo olvide todo y piense sólo en ti.
ALMA: (Se acomoda encima de él) Te amo, Horacio y soy inmensamente feliz contigo.
HORACIO: Y yo contigo…

Alma desprendió la camisa de su marido y besó el torso trigueño y bien formado. Él le levanto la falda y acarició cada rincón. Hicieron el amor con toda la pasión que eran capaces de sentir y entregar y bien tarde, tomados de la mano, entraron a la casa grande, para contarle a Carolina que iba a ser tía…

Francisco comía como salvaje, las carnes asadas que le preparaba Nano, eran su perdición. Aitana, finalmente, había decidido cenar con su ex marido y su hijo, por lo que canceló su cita con Cristóbal y se quedó ellos.

AITANA: ¡Por Dios, Francisco, come bien!
FRANCISCO: ¡Pero me gusta comer así, ma!
EMILIANO: ¿Así como bestia, hijo? No, campeón, corta pedazos más pequeños y mastica, por amor de Dios… (Mira a Aitana) ¿Así que te pusiste de novia?
AITANA: Si, caballero y nada de hacerme gestos raros…
EMILIANO: No te hago ningún gesto, de hecho, me alegra que estés rehaciendo tu vida, Tani, es lo más sano
AITANA: Lo se, Nano, es hora de superar el pasado y mirar al futuro.
EMILIANO: Exacto. (Le toma la mano) Te deseo que en él encuentres todo lo que yo nunca supe darte y seas muy feliz. De corazón.
AITANA: (Le besa la mano) Gracias. ¿Y tú cómo vas con tus cosas? ¿El asunto de tu supuesto hermano?
EMILIANO: Cuando el salvaje se duerma, te cuento bien, pero conocí a su viuda y su hacienda y ¡no sabes lo que es!
AITANA: ¿La hacienda o la viuda? (Se miran) Ya entendí…
EMILIANO: Fran, ellos crían caballos para equitación y no te das una idea de los ejemplares que tienen, hijo, te mueres cuando los veas.
FRANCISCO: ¿Cuándo me llevas?
EMILIANO: Cuando vuelvas de visitar a tu tío, te prometo que vamos. Carolina tiene dos hijos, una de nueve y otro de seis y los dos montan, seguramente te lleves bien con ellos y si resultan ser primos, vas a poder disfrutar de ese vínculo que es increíble.
FRANCISCO: ¿Cómo tú y el tío Marcos y la tía Eli?
EMILIANO: ¡Precisamente!
AITANA: ¿Viuda con dos hijos? No parece de tu tipo, Nano, jajajaja…
FRANCISCO: ¿Tipo para qué?
EMILIANO: Nada, niño metiche, jajajaja, bobadas de tu madre. (Ve que terminó la cena) Ahora ve a lavarte la cara, las manos y los dientes y a la cama que mañana vamos a ir al club hípico y hay que madrugar…
FRANCISCO: ¿Vamos a montar a Benito y a Trueno, pa?
EMILIANO: ¡Es la idea, campeón!
FRANCISCO: ¡¡Yes!! (Sale rápido y se va a su cuarto)
EMILIANO: Trueno es el caballo difícil…
AITANA: Se cuidan los dos, Emiliano, por favor.
EMILIANO: Claro que si, mujer, tranquila.

En Santa Cecilia, Carolina escuchaba a su hermanita contarle la novedad y no sabía cómo reaccionar…

CAROLINA: ¿Estás embarazada?
ALMA: Si.
CAROLINA: ¿De cuánto?
ALMA: Casi seis semanas
CAROLINA: ¿Y no me lo dijiste antes por qué…?
ALMA: Porque tenía miedo
CAROLINA: ¿Miedo de mí?
ALMA: De todo, Caro, no estaba en nuestros planes…
CAROLINA: ¡Me imagino que no, niña, apenas se acaban de casar y todo a escondidas!
HORACIO: Perdón que intervenga, patrona, pero si nos escondemos es porque su familia no lo va a aceptar y no queríamos que nadie se meta en nuestra vida.
CAROLINA: ¿Y ahora qué van a hacer? ¿Dónde van a vivir?
HORACIO: (Se mira con Alma) Tengo mi casa del pueblo, la que mis padres nos dejaron a Aurora y a mí. No es lujosa como esta, pero es una casa grande y hermosa. Llevo meses refaccionándola para que vivamos ahí.
ALMA: La casa es preciosa, Caro, te va a encantar.
CAROLINA: Pues, tienen que aclarar las cosas a la de ya. Papá, mamá, Pablo y Germán tienen que saberlo, Alma, basta de tonterías. ¿Dónde está Aurora, Horacio?
HORACIO: Mi hermana está en la casa de mis abuelos, patrona, como nos dio hoy y mañana libre, se fue a visitarlos al pueblo.
CAROLINA: ¿Ella lo sabe?
HORACIO: Si, de hecho Aurora fue quien acompañó a Alma al doctor cuando se sentía mal.
CAROLINA: ¿Ella te acompañó, Alma? Tu hermana soy yo.
ALMA: No sabía qué tenía, pero lo sospechaba y no sabía qué ibas a decirme.
CAROLINA: ¡Lo que sea, pero tu hermana soy yo! Pensé que confiabas en mí.
ALMA: Caro, ya, por favor, tenía miedo que me reprocharas las cosas y te enojaras conmigo
CAROLINA: (La abraza) No seas boba, Alma, por Dios, ¡claro que no!
ALMA: ¿No estás enojada conmigo?
CAROLINA: Me hubiera encantado que las cosas se hicieran de otro modo, hermanita, pero no me enojo… ¡Vas a ser mamá, pequeña!
ALMA: ¡Y tú vas a ser tía, grandota!
CAROLINA: (Se ríen y Caro jala a Horacio para abrazarse los tres) Es la mayor de las bendiciones, muchachos, un hijo de la persona que tanto se ama, es la felicidad absoluta. Disfrútenlo.
HORACIO: Lo haremos, patrona, gracias.
CAROLINA: Ya deja de decirme patrona, Horacio, eres mi cuñado.
HORACIO: No, me va a disculpar, pero mientras trabaje aquí, usted será mi patrona y no pienso perder mi empleo, ahora menos que nunca.
ALMA: (A su hermana) Se lo he dicho mil veces y sigue empecinado con lo mismo.
CAROLINA: Eso tiene que cambiar. ¿Aún estudias, Horacio?
HORACIO: Si, me faltan pocas materias para terminar y recibir mi diploma. Es se me complica con las horas que ocupo aquí, pero antes que nazca mi hijo, seré todo un profesional.
CAROLINA: ¡Puedes apostar a que si! A partir de mañana, te dedicas a eso por completo. Deja la hacienda en mis manos y en las de Diego.
HORACIO: No, para nada, no puedo dejar de trabajar
CAROLINA: No lo vas a hacer, tu trabajo será terminar la carrera y cuando eso pase, serás el administrador, ¿eso estudias, no?
HORACIO: Si, pero…
CAROLINA: ¡¡Nada!! Cuando mis padres se enteren, su situación tiene que ser más concreta, así que sin chistar, cuñado y ahora, vayan a descansar que mañana nos espera un largo día.
HORACIO: ¿Y eso?
ALMA: ¿Largo por qué?

No hay comentarios.:

Publicar un comentario