Alma estaba en un sector muy escondido de los linderos de Santa Cecilia, allí solía encontrarse con Horacio y como estaba muy lejos de la casa grande y en la parte opuesta de los potreros y campos de entrenamiento, casi nadie andaba por ahí. Salvo por Diego y Caro, ellos dos eran los únicos en pararse por aquel lugar. Sentada a la sombra de un árbol, la menor de los Mouriño aguardaba la llegada de su pareja y cuando él apareció, se abrazaron y dieron un beso maravilloso, digno del amor que se tenían.
HORACIO: (Todavía la tenía entre sus brazos) ¡Cómo
quería abrazarte y besarte, Alma!
ALMA: Y yo a ti, amor, no veía la hora de estar así
contigo.
HORACIO: (La mira) ¿Estamos bien? ¿Ya pasó tu enojo?
ALMA: Más o menos, pero eso no importa, ahora quiero
apapacharte. ¿Cómo estás?
HORACIO: (Se sientan) ¿Por Fermín?
ALMA: Si, amor.
HORACIO: Pues, triste, mi princesa, el viejo era muy
querido por todos
ALMA: Pero para ti y para Aurora era como un padre.
HORACIO: (Se conmueve) Si, lo era…
Alma lo abraza y él llora en silencio, aferrado a
ella. La muchacha sólo pudo quedarse así, conteniendo a ese hombre al que amaba
con locura, intentando que en sus brazos, se pudiera mitigar un poco el dolor.
Un poco después, Horacio pudo hablar.
HORACIO: (Tomándola del rostro, le daba besitos
cortos) Gracias, mi amor, me haces falta.
ALMA: (Le vio un gesto raro) ¿Qué pasa?
HORACIO: Es que lo de Fermín no fue gratis, Alma.
ALMA: ¿Cómo que no fue gratis?
HORACIO: Lo mataron por algo especial
ALMA: ¿Quieres decir que no fue un asalto como cree
la policía?
HORACIO: Eso mismo
ALMA: ¿Cómo sabes?
HORACIO: Porque él me dijo que había visto algo raro
en Terranova y que si era lo que creía, tenía que buscar una manera de pararlo,
por eso iba a jugar allá con Basualdo, para averiguar.
ALMA: ¿Tú piensas que alguna cosa que supo hizo que
lo mataran?
HORACIO: Si. Estoy convencido que el viejo comprobó
sus sospechas y se lo despacharon para que no hablara.
ALMA: Pero, ¿qué?
HORACIO: Eso si que no lo se, no soltó la sopa, el
condenado y mira, Alma, ¡me lo mataron!
ALMA: (Le agarra las manos, tranquilizándolo)
Cálmate, amor, trata de bajar un poco y de pensar. Si lo que dices es cierto,
hay que probarlo y hacer que el responsable, pague por lo que hizo, pero a las
tontas y locas, no vamos a lograr nada, hay que ser inteligentes, precavidos.
Horacio, mírame, si mataron a uno, van a matar a quien sea y yo me muero si
algo te pasa. Prométeme que vas a estar tranquilo y que vas a tener mucho
cuidado.
HORACIO: Te lo prometo
ALMA: No te creo.
HORACIO: (La besa) Te lo juro por nuestro bebé… (Le
toca el vientre) No los voy a dejar solos ni hoy, ni nunca, son lo que más amo
en el mundo. ¿Cuándo vas a contarles a tus padres que estás casada y
embarazada?
ALMA: Muy pronto, amor, cuando vuelvan a la
hacienda, hablaré con ellos.
HORACIO: ¿Se lo dijiste a Doña Pampa?
ALMA: No. Quise, pero con lo de Fermín no pude
hacerlo. Se lo voy a decir esta noche.
HORACIO: Se lo vamos a decir juntos, a toda tu
familia, no voy a dejarte sola con eso, Alma.
ALMA: Se van a poner como locos, más que nada, mis
padres. Mis hermanos no serán problema y menos Caro que ya sabe que nos
casamos, pero mis papás…
HORACIO: Ellos van a creer que quiero el dinero y
por eso se van a enojar, pero en cuanto les des ese papel que te firmé, van a
comprender y yo voy a salir adelante, Alma, voy a terminar de estudiar y seré
un profesional, un hombre de mundo para que estés orgullosa de mí, para que
estén los dos muy orgullosos de mí.
ALMA: Ya lo estamos, amor, los dos, tu hijo y yo,
desbordamos de orgullo por ti.
HORACIO: No te vas a arrepentir de amarme, Alma.
ALMA: Lo se. (Lo nota aún triste) ¿Qué hago, mi
amor? ¿Cómo te saco esa tristeza que traes?
HORACIO: Amándome, por favor. Lléname de amor y
quítame este dolor de encima, eres la única que puede hacer que lo olvide todo
y piense sólo en ti.
ALMA: (Se acomoda encima de él) Te amo, Horacio y
soy inmensamente feliz contigo.
HORACIO: Y yo contigo…
Alma desprendió la camisa de su marido y besó el
torso trigueño y bien formado. Él le levanto la falda y acarició cada rincón.
Hicieron el amor con toda la pasión que eran capaces de sentir y entregar y
bien tarde, tomados de la mano, entraron a la casa grande, para contarle a
Carolina que iba a ser tía…
Francisco comía como salvaje, las carnes asadas que
le preparaba Nano, eran su perdición. Aitana, finalmente, había decidido cenar
con su ex marido y su hijo, por lo que canceló su cita con Cristóbal y se quedó
ellos.
AITANA: ¡Por Dios, Francisco, come bien!
FRANCISCO: ¡Pero me gusta comer así, ma!
EMILIANO: ¿Así como bestia, hijo? No, campeón, corta
pedazos más pequeños y mastica, por amor de Dios… (Mira a Aitana) ¿Así que te
pusiste de novia?
AITANA: Si, caballero y nada de hacerme gestos
raros…
EMILIANO: No te hago ningún gesto, de hecho, me
alegra que estés rehaciendo tu vida, Tani, es lo más sano
AITANA: Lo se, Nano, es hora de superar el pasado y
mirar al futuro.
EMILIANO: Exacto. (Le toma la mano) Te deseo que en
él encuentres todo lo que yo nunca supe darte y seas muy feliz. De corazón.
AITANA: (Le besa la mano) Gracias. ¿Y tú cómo vas
con tus cosas? ¿El asunto de tu supuesto hermano?
EMILIANO: Cuando el salvaje se duerma, te cuento
bien, pero conocí a su viuda y su hacienda y ¡no sabes lo que es!
AITANA: ¿La hacienda o la viuda? (Se miran) Ya
entendí…
EMILIANO: Fran, ellos crían caballos para equitación
y no te das una idea de los ejemplares que tienen, hijo, te mueres cuando los
veas.
FRANCISCO: ¿Cuándo me llevas?
EMILIANO: Cuando vuelvas de visitar a tu tío, te
prometo que vamos. Carolina tiene dos hijos, una de nueve y otro de seis y los
dos montan, seguramente te lleves bien con ellos y si resultan ser primos, vas
a poder disfrutar de ese vínculo que es increíble.
FRANCISCO: ¿Cómo tú y el tío Marcos y la tía Eli?
EMILIANO: ¡Precisamente!
AITANA: ¿Viuda con dos hijos? No parece de tu tipo,
Nano, jajajaja…
FRANCISCO: ¿Tipo para qué?
EMILIANO: Nada, niño metiche, jajajaja, bobadas de
tu madre. (Ve que terminó la cena) Ahora ve a lavarte la cara, las manos y los
dientes y a la cama que mañana vamos a ir al club hípico y hay que madrugar…
FRANCISCO: ¿Vamos a montar a Benito y a Trueno, pa?
EMILIANO: ¡Es la idea, campeón!
FRANCISCO: ¡¡Yes!! (Sale rápido y se va a su cuarto)
EMILIANO: Trueno es el caballo difícil…
AITANA: Se cuidan los dos, Emiliano, por favor.
EMILIANO: Claro que si, mujer, tranquila.
En Santa Cecilia, Carolina escuchaba a su hermanita
contarle la novedad y no sabía cómo reaccionar…
CAROLINA: ¿Estás embarazada?
ALMA: Si.
CAROLINA: ¿De cuánto?
ALMA: Casi seis semanas
CAROLINA: ¿Y no me lo dijiste antes por qué…?
ALMA: Porque tenía miedo
CAROLINA: ¿Miedo de mí?
ALMA: De todo, Caro, no estaba en nuestros planes…
CAROLINA: ¡Me imagino que no, niña, apenas se acaban
de casar y todo a escondidas!
HORACIO: Perdón que intervenga, patrona, pero si nos
escondemos es porque su familia no lo va a aceptar y no queríamos que nadie se
meta en nuestra vida.
CAROLINA: ¿Y ahora qué van a hacer? ¿Dónde van a
vivir?
HORACIO: (Se mira con Alma) Tengo mi casa del
pueblo, la que mis padres nos dejaron a Aurora y a mí. No es lujosa como esta,
pero es una casa grande y hermosa. Llevo meses refaccionándola para que vivamos
ahí.
ALMA: La casa es preciosa, Caro, te va a encantar.
CAROLINA: Pues, tienen que aclarar las cosas a la de
ya. Papá, mamá, Pablo y Germán tienen que saberlo, Alma, basta de tonterías.
¿Dónde está Aurora, Horacio?
HORACIO: Mi hermana está en la casa de mis abuelos,
patrona, como nos dio hoy y mañana libre, se fue a visitarlos al pueblo.
CAROLINA: ¿Ella lo sabe?
HORACIO: Si, de hecho Aurora fue quien acompañó a
Alma al doctor cuando se sentía mal.
CAROLINA: ¿Ella te acompañó, Alma? Tu hermana soy
yo.
ALMA: No sabía qué tenía, pero lo sospechaba y no
sabía qué ibas a decirme.
CAROLINA: ¡Lo que sea, pero tu hermana soy yo! Pensé
que confiabas en mí.
ALMA: Caro, ya, por favor, tenía miedo que me
reprocharas las cosas y te enojaras conmigo
CAROLINA: (La abraza) No seas boba, Alma, por Dios,
¡claro que no!
ALMA: ¿No estás enojada conmigo?
CAROLINA: Me hubiera encantado que las cosas se
hicieran de otro modo, hermanita, pero no me enojo… ¡Vas a ser mamá, pequeña!
ALMA: ¡Y tú vas a ser tía, grandota!
CAROLINA: (Se ríen y Caro jala a Horacio para
abrazarse los tres) Es la mayor de las bendiciones, muchachos, un hijo de la
persona que tanto se ama, es la felicidad absoluta. Disfrútenlo.
HORACIO: Lo haremos, patrona, gracias.
CAROLINA: Ya deja de decirme patrona, Horacio, eres
mi cuñado.
HORACIO: No, me va a disculpar, pero mientras
trabaje aquí, usted será mi patrona y no pienso perder mi empleo, ahora menos
que nunca.
ALMA: (A su hermana) Se lo he dicho mil veces y
sigue empecinado con lo mismo.
CAROLINA: Eso tiene que cambiar. ¿Aún estudias,
Horacio?
HORACIO: Si, me faltan pocas materias para terminar
y recibir mi diploma. Es se me complica con las horas que ocupo aquí, pero
antes que nazca mi hijo, seré todo un profesional.
CAROLINA: ¡Puedes apostar a que si! A partir de
mañana, te dedicas a eso por completo. Deja la hacienda en mis manos y en las
de Diego.
HORACIO: No, para nada, no puedo dejar de trabajar
CAROLINA: No lo vas a hacer, tu trabajo será
terminar la carrera y cuando eso pase, serás el administrador, ¿eso estudias,
no?
HORACIO: Si, pero…
CAROLINA: ¡¡Nada!! Cuando mis padres se enteren, su
situación tiene que ser más concreta, así que sin chistar, cuñado y ahora,
vayan a descansar que mañana nos espera un largo día.
HORACIO: ¿Y eso?
ALMA: ¿Largo por qué?

No hay comentarios.:
Publicar un comentario