lunes, 12 de agosto de 2013

“LA PAMPA” – Capítulo 003



Aldo tuvo un infarto y estuvo bastante mal por tres días. Al mejorar un poco, lo primero que hizo fue llamar a su abogado y cambiar el testamento: los Iberbia eran dueños de un prominente negocio hotelero y tenían una posición económica muy bien acomodada y en crecimiento.

Finalizado el trámite de la herencia, Aldo llamó Donato y lo hizo volver a su tierra para poder hablar con sus dos hijos y contarles la verdad: ese hijo que tuvo con aquella mujer, podría haber sido Augusto González Miño y él quería saberlo antes de morir, pero en caso de no lograrlo, hizo que sus muchachos le juraran por el amor a su madre, que buscarían a la familia del hombre y en caso de ser sangre de su sangre, le darían la parte que le correspondiera.
Los hermanos se miraron y aunque les costó comprender, terminaron por aceptar lo que oían y prometer a su padre que cumplirían su voluntad. Dos días más tarde, Aldo dejó de existir. El hombre sabía que el infarto sería su fin y por eso actuó como lo hizo.

Un mes después, Serena partió a Francia para reunirse con Donato y en común acuerdo con su hermano mayor, Emiliano tomó rumbo hacia Santa Cecilia, sabiendo que ahora estaba a cargo de Carolina, “La Pampa”, Mouriño y que allí no sólo cumpliría con la promesa hecha a su papá sino que además, desde aquel sitio, tenía la chance de hacerle justicia a Gabriel y a su potencial medio hermano. Lo que nunca imaginó es que en esas tierras, encontraría al amor de su vida, disfrazada de mal humor y enojo constante.

El trayecto era de dos horas, pero como a cinco kilómetros de la entrada a la hacienda, el carro se le descompuso y no le quedó más remedio que ir a pie. La zona se veía hermosa y a medida que avanzaba en el camino, bajo el sol urgente del mediodía, a su derecha se divisaban campos de entrenamiento para caballos y muchos ejemplares bellísimos…

EMILIANO: Debo estar muy cerca... (Vio que había un pequeño río) ¡ESTO ES SUERTE! Necesito refrescarme…

Se trepó por la alambrada y caminó como cincuenta metros hasta que pudo llegar al agua. En eso, el relincho asustado de un ejemplar equino, llamó poderosamente su atención. Viró su cabeza y pudo distinguir un hermoso caballo negro azabache que, al parecer, se había espantado y galopaba nerviosamente en dirección al río. Emiliano, acostumbrado a lidiar con animales como ese, juntó sus cosas y se paró justo interrumpiendo el paso del enfurecido cuadrúpedo.

También le llamó la atención, la persona que venía detrás de la bestia, era una mujer que evidentemente, era además, una jineta experta y desde donde estaba Nano, podía ver sólo su larga cabellera castaña oscura, jugando con el viento.

EMILIANO: ¡Cómo lo domina esa mujer! Monta como amazona… (Estaba admirado por la agilidad y la velocidad que esa persona estaba tomando al galope, en procura de alcanzar al animal desbocado) ¡Es increíble!

De repente, volvió a su realidad y esa era que un caballo fuera de si, se le venía encima.
Con habilidad, le hizo gestos y trucos que aunque lograron calmarlo un poco, no consiguieron detenerlo y finalmente, el caballo, lo tumbó…

Morena estaba desbocada y corría al galope, alejándose de los predios principales de Santa Cecilia y acercándose peligrosamente hacia el río que estaba muy agitado a causa de las recientes lluvias. Carolina, con esa perspicacia y habilidad nata y natural para montar a caballo, exigió a Caramelo para poder alcanzar a la preciosa yegua. Cuando estaba a sólo unos pocos metros de lograrlo, azotó a su animal y en un tirón, Caramelo se pudo poner a la par de Morena y Pampa consiguió tomar las riendas de la bestia. Sin embargo, un resabio de su terror, se apoderó de la yegua y en un arrebato, salió al galope nuevamente, soltándose de las manos de Caro.

Todo volvió a empezar, pero, de repente, un forastero se cruzó en medio. El hombre se puso en el camino de Morena. Hizo varios gestos y sonidos como de domesticador, pero la yegua estaba muy nerviosa y al pasar, esta lo tumbó. De todos modos, el caballero logró su propósito, calmarla un poco y así, Diego y Horacio, pudieron dominarla. Carolina se bajó de Caramelo y fue de inmediato a ver si el forastero estaba bien.

CAROLINA: (Reclinándose, el tipo parecía inconsciente) Señor, ¿se encuentra bien?
EMILIANO: (Estaba boca abajo) Si, si, no se preocupe…
CAROLINA: Déjeme ayudarlo.
EMILIANO: No hace falta, señorita, puedo solo.
CAROLINA: Después del golpe que se acaba de dar por intentar frenar a Morena, es lo menos que puedo hacer. ¡Déjeme ayudarlo!

Emiliano Iberbia se giró sobre si mismo y después de limpiarse un poco el rostro, sus ojos se encontraron con la mirada más hermosa que había visto jamás y la cálida sonrisa de Carolina, lo hechizó sin remedio. Ella, por su lado, sintió que ese hombre con la cara llena de tierra y todo sucio por la caída, era un adonis y los ojos de color almendra y la sonrisa que él ahora le regalaba, se apoderaron de sus pensamientos. Se quedaron en silencio unos momentos, mirándose. Sorprendidos, arrebatados por lo que observaban y presos de una sensación nueva para ambos, se quedaron mudos hasta que Horacio se acercó, volviéndolos a la realidad y rompiendo el mágico momento.

HORACIO: Patrona, ¿el señor se encuentra bien?
EMILIANO: (Reaccionando) Estoy bien, un poco sucio, pero bien. Gracias.
CAROLINA: (Ayudando a Emiliano a ponerse de pie) Acompáñenos a la casa, así puede lavarse un poco.
HORACIO: ¿De verdad se siente bien? Se dio un buen trancazo
EMILIANO: No se preocupe, buen hombre. (Mira a Caro y no puede evitar sonreírle) Aunque si le voy a aceptar la oferta de lavarme un poco. Tengo tierra por todos lados. (Le ofrece la mano, para presentarse) Soy Emiliano Iberbia Castillo.
CAROLINA: (Estrecha la mano) Carolina  Mouriño, mucho gusto.
EMILIANO: (Se sorprende mucho y se nota) ¿Es usted a quien le dicen “La Pampa”?
CAROLINA: ¿No me diga que me andaba buscando?
EMILIANO: Algo así.
CAROLINA: (Un gesto medio raro en Emiliano, hizo que Caro sintiera la necesidad de averiguar todo sobre el extraño) ¡Horacio! Lleva a Morena y a Caramelo a las caballerizas, yo me voy a la casa grande con el señor. ¿Las llaves de la camioneta?
HORACIO: (Se las da) Tome, patrona. ¿Algo más?
CAROLINA: Si. Mi familia debe demorarse más o menos unas tres horas más. Estate pendiente de ellos para ir a buscarlos. Ten el handy (Se lo entrega al capataz) Vamos a la casa para que se pueda lavar y refrescar, ¿señor?…
EMILIANO: Iberbia, Emiliano Iberbia…

Mientras Horacio y Diego se alejaban en los caballos, Caro y Emiliano, buscaron la pequeña maleta del forastero y caminaron hacia el vehículo. Aunque ninguno de los dos lo reconociera, se habían encantado de inmediato y a los dos también, les había provocado poseerse en ese preciso momento. Los cuerpos de ambos, hirvieron de deseo apenas se encontraron con el del otro y ese fuego que acababa de encenderse, ya no se volvería a apagar.

CAROLINA: (Manejando) ¿Cómo para qué me buscaba, señor Iberbia?
EMILIANO: Es un poco largo de explicar, pero se lo resumiré. ¿Puede detener el carro un momento?
CAROLINA: ¿Se siente mal?
EMILIANO: No, no es eso. Pero lo que le voy a decir, puede que le impacte y no quiero poner en riesgo ni su vida, ni la mía.
CAROLINA: (Se preocupa, pero Emiliano le inspiraba, entre muchas otras cosas, confianza. Su piel le gritaba que confiara en él y Caro era muy precavida, eso no le pasaba nunca. Detiene la marcha) ¿Qué sucede?
EMILIANO: Mi padre murió hace muy poco y antes de morir, me dijo que puede que tenga un medio hermano y me pidió que lo buscara para darle su parte de la herencia.
CAROLINA: ¿Y eso qué tiene que ver conmigo?
EMILIANO: Es que busqué a este hombre y resultó que es ni más ni menos que su difunto esposo, señora. Según mi papá, Augusto González Miño, era mi medio hermano Y vine hasta aquí para tratar de comprobarlo y si resulta cierto, quiero darle a su familia lo que mi padre le heredó.
CAROLINA: (Impávida) ¿Augusto?
EMILIANO: Si. Lamento mencionarlo, pero a eso vengo y deseo cumplir con la promesa que le hice a mi papá. Perdón si traerlo hasta este presente le genera dolor, no es mi intención, señora.
CAROLINA: (Niega con la cabeza) No es eso. Mi marido era un hombre maravilloso y lo extraño. Eso es todo. (Mira a Emiliano) ¿De verdad quiere hacer esto que me cuenta?
EMILIANO: Soy un hombre de palabra. (Sonríe) Además, por lo que pude averiguar, tiene dos hijos y podrían ser mis sobrinos, me encantaría conocerlos y quizás, así, pueda sentirme parte de una linda familia, ¿no cree?
CAROLINA: ¿Tiene más hermanos, esposa, mamá?
EMILIANO: Un hermano mayor, vive en Francia, está a cargo de los negocios de mi padre y sabe todo. En cuanto pueda, va a venir. Mi mamá se fue con él después del entierro de mi padre y soy divorciado, tengo un hijo de 10 años, Francisco. ¿Lo quiere ver?
CAROLINA: ¡Claro!
EMILIANO: Aquí lo tengo… (Saca su celular y le muestra fotos del niño)
CAROLINA: ¡Es igual a usted!
EMILIANO: Es parecido, si.
CAROLINA: ¿Quiere ver una foto de los míos?
EMILIANO: ¡Por supuesto!
CAROLINA: (Mismo proceder) Ellos son Lucía, de nueve años y Jano, de seis. La yegua que lo volteó es la de mi hija, precisamente. Morena.
EMILIANO: Un animal hermoso y sus hijos, preciosos como usted.
CAROLINA: Aunque estoy acostumbrada a que me traten de  “usted”, preferiría que nuestro trato fuera más informal, ¿podría ser?
EMILIANO: Preciosos como tú, ¿así está bien?
CAROLINA: (Le hubiera dado un beso descomunal, no sabía el por qué, pero Emiliano le revolucionaba las hormonas) Perfecto (Pone en marcha la camioneta y retoma el camino)
EMILIANO: (La miraba y no podía evitar imaginarla desnuda, retozando con él, haciendo el amor sin detenerse. Carolina lo calentaba muchísimo y nunca le había sucedido algo así) ¡Qué calor!
CAROLINA: (“Si estuvieras en mi vientre, entenderías este infierno que me provocas”, pensó) ¡Espantoso! Pero es la época del año… Ahora que lleguemos, te podrás dar un buen baño y cambiarte de ropa…
EMILIANO: (“Me encantaría bañarme contigo y hacerte mía”, imaginó) Te lo voy a agradecer…

3 comentarios:

  1. Lindisimo encuentro jajajaaj me encantooo!! Flechazo a primera vista jajaja entre caro y emiliano ja :D

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  2. La pampa y nano ya se conocierooooonnn, siiiiiii...¿Pero seran cuñados?

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