martes, 13 de agosto de 2013

“LA PAMPA” – Capítulo 011



Carolina miró a su hermana y cuñado, sonriendo, para hacerles sentir su apoyo y para darles confianza en ella, ya que Pampa no los dejaría solos y los iba a acompañar codo a codo, ahora y siempre…

CAROLINA: Porque me van a llevar a conocer su nuevo hogar y después, vamos a ir de compras, quiero darles mi regalo de bodas, que no se los di y no voy a aceptar un no como respuesta.
HORACIO: Gracias, doña Pampa. No se imagina lo importante que es tener su apoyo. Alma la ama y yo la respeto muchísimo, usted lo sabe.
CAROLINA: Deja de decirme Doña Pampa y de tratarme de usted, cuñado
HORACIO: Lo siento, no puedo
CAROLINA: Pues, empieza a poder y tú… (Abraza a su hermanita) Te amo, niña, y si estás feliz, yo lo estoy.
ALMA: Soy la más feliz del mundo.
CAROLINA: Vayan a dormir o a hacer sus cosas de esposos, yo voy a  salir a dar una cabalgata. (Vuelve a saludar y sale)
ALMA: ¡Caro es la mejor del mundo, amor!
HORACIO: Es una excelente mujer, si, pero la mejor del mundo eres tú. Te amo, Alma (Se besan)

En casa de Nano, con Francisco ya dormido, él y Aitana conversaban sobre las novedades y tomaban un café. Por primera vez desde el divorcio, los dos se sentían cómodos estando a solas, el ambiente era de comunión y casi de amistad. La ex esposa de Emiliano, se sorprendió al escuchar el nombre del Augusto.

AITANA: Mira cómo son las cosas. No puedo creer que puedas ser medio hermano de Augusto González Miño
EMILIANO: ¿Por? ¿Lo conociste?
AITANA: Si, cuando éramos pequeños vivíamos uno en frente del otro. Conozco a toda esa familia, de hecho, sigo teniendo contacto con Vanesa, la menor de los hermanos. Lo que no sabía era que Augusto y Gabriel hubieran muerto en el mismo accidente.
EMILIANO: Es que tú no estabas cuando pasó eso, te habías ido y volviste cuando te avisé, tal vez por eso no te diste cuenta. Además, todo lo relacionado con el hacendado, fue de perfil muy bajo, la familia hizo las cosas rápidamente y de forma completamente íntima.
AITANA: Bueno, la verdad que Vanesa y yo, no es que seamos amigas, sólo hablamos de vez en cuando y para aquel entonces, no nos habíamos reencontrado. La volví a ver hace como un año y medio y no relacioné las cosas, tú y yo acabábamos de divorciarnos y todo era un caos.
EMILIANO: Pues, si, debe haber sido por eso. El jueves voy a hablar con sus padres, ¿quieres que les mande tus saludos?
AITANA: Si se acuerdan de mí con cariño, claro. Buena familia esa, muy querida por todos. Ahora, Nano, cuéntame de la viuda
EMILIANO: No hay mucho que contar. Es una mujer simpática, inteligente, aguerrida y muy fuerte. Si vieras cómo lleva la hacienda y como todo el mundo la respeta, la quiere y la admira…
AITANA: ¡Wow, Romeo! Te faltó sólo el suspiro…
EMILIANO: No te comprendo
AITANA: ¿Te gusta?
EMILIANO: Aitana, no digas bobadas. Si, es una mujer muy hermosa, no te lo voy a negar y me cayó muy bien, pero sabes que las cosas pasan por otro lado.
AITANA: ¿Por lo de ser el supuesto medio hermano de su difunto marido?
EMILIANO: Si y por ayudarla un poco
AITANA: ¿En qué?
EMILIANO: (Le cuenta lo de Fermín, pero a grandes rasgos) No había nadie que no estuviera triste, fue muy duro para ellos. Así que me quedé con  los niños y los llevé a que montaran sus caballos. Nada más…
AITANA: Nada más, lo veo…
EMILIANO: ¡Eres tremenda, Tani! No es eso, mi interés en esa familia no pasa por esa cuestión. Quiero cumplir la voluntad de mi papá y si esos dos pequeños son mis sobrinos, quiero tratarlos, crear un lazo con ellos…
AITANA: ¡Y con su madre!
EMILIANO: ¡Contigo no se puede, boba!
AITANA: Jajajaja, te gusta la viuda, BOBO, se te nota cuando hablas de ella…
EMILIANO: (La mira) ¿Y si eso fuera así, te molestaría?
AITANA: Conmigo no temas, borrón y cuenta nueva, Nano. Tú has tu vida con la viuda o quien quieras, en serio.
EMILIANO: ¡Vaya! Voy a buscar al tal Cristóbal y le voy a hacer un monumento…
AITANA: Deberías. Es un gran tipo
EMILIANO: Cuéntame más de él, a ver…

Nano y Francisco pasaron toda la mañana y primeras horas de la tarde en el club hípico, montando al difícil y aguerrido Trueno, que, al final de la jornada se vio vencido por el experimentado padre y casi, por el pequeño Fran. Después de eso, Aitana pasó a ver a su hijo y aprovechando una salida de los dos con Cristóbal, Emiliano se fue a ver a Estieben, que le tenía novedades.

Se encontraban en la casa del comisario, revisando varios mapas. Intentado atar cabos, las hipótesis iban de un lugar a otro, siempre encontrando un “pero” en su camino, que conseguía desecharlas.

Muy cerca de darse por vencidos por unas horas, Nano encontró algo que le llamó la atención.

EMILIANO: Jefe, ¿tiene los mapas de la antigua Santa Cecilia a mano?
ESTIEBEN: Deja que los busco… (Se los entrega y Nano comienza a comparar) ¿Qué?
EMILIANO: Mire la extensión, es el mismo sector de tierra que Fermín tenía marcado en el papel.
ESTIEBEN: ¿Seguro?
EMILIANO: (Le muestra) Si, está claro como el agua. (Lee unas anotaciones) Esta parte del territorio, hace como diez años, pertenecía a Moisés Terranova, abuelo de Santiago y se las vendió al suegro de Augusto.
ESTIEBEN: ¿Las vendió? ¿Por qué habrá sido?
EMILIANO: No lo se, quizás necesitaba dinero urgente, pero no creo que sea el caso, mire la cantidad de la transacción. No es mucho que digamos.
ESTIEBEN: No para semejante porción de tierra.
EMILIANO: Además no es un lugar cualquiera, es casi el corazón de la zona de transporte y carga… (Hace memoria) ¡Maldición! No pude ver por ahí cuando estuve en la hacienda.
ESTIEBEN: (Seguía checando los mapas y anotaciones) Emiliano, aquí hay algo raro, eso es evidente. Estas tierras, la venta que fue casi un regalo para Mouriño, ¿serán las mismas que quiere comprarle Terranova a la viuda?
EMILIANO: No lo se con certeza, pero creo que si
ESTIEBEN: ¿Por qué crees que si?
EMILIANO: Porque después que murió Fermín, Terranova puso más seguridad en esa parte, son linderos con su hacienda, pero las entradas y salidas, están todas en territorio de Pampa…
ESTIEBEN: ¿Pampa?
EMILIANO: Así le dicen a la viuda. ¡Claro! Por eso quiere comprar. Su abuelo vende esa porción de tierras, cortando el acceso.
ESTIEBEN: No te sigo.
EMILIANO: Hay sólo dos formas de llegar a la hacienda Terranova, una, por ruta, pero todo el mundo anda por ahí y dos…
ESTIEBEN: Los linderos con Santa Cecilia. Por ahí no pasa gente y tienen calles de entrada y salida sin vigilancia, ni testigos…
EMILIANO: No fue por la muerte de ese pobre hombre que este infeliz puso seguridad, está usando los terrenos y no quiere que se den cuenta…
ESTIEBEN: ¿Cómo demonios se conecta eso a la muerte de Gabriel y de González Miño?
EMILIANO: Cuando lleguemos al punto en el que ellos estaban, lo vamos a averiguar.
ESTIEBEN: A propósito, Nano, llevé el informe forense a mi amigo. Tus sospechas son ciertas, el accidente no fue accidente.
EMILIANO: ¡Lo sabía!
ESTIEBEN: Según me dijo mi amigo, había rastros de pintura blanca que no eran del carro de González Miño y las abolladuras no eran posteriores al choque, sino previas.
EMILIANO: ¿Pudo dar con el auto?
ESTIEBEN: (Asiente) De todas maneras, un análisis más detallado, va a demorarse porque el depósito en el que se encuentra tiene vigilancia y no se puede entrar así como así.
EMILIANO: ¿Cómo lo están haciendo?
ESTIEBEN: Por el momento, se me ocurrió decirle al sereno que es para ayudar a un estudiante de ciencias forenses. Le doy unos pesos y el tipo no dice nada y mantiene el auto a salvo, pero son sólo un par de horas y pasó mucho tiempo. Igualmente con eso y el expediente gráfico del caso, mi amigo pudo darnos esos preliminares.
EMILIANO: (Agacha la cabeza, frustrado, enojado) ¡Infelices!
ESTIEBEN: Lo se, Emiliano, se siente una impotencia feroz, que desgarra por dentro, pero tenemos que ponernos enteros y hacer lo que sea necesario para hacerles justicia
EMILIANO: Tengo que decirle a Carolina Mouriño, ella está a cargo de todo y si lo sabe, puede protegerse y ayudarnos.
ESTIEBEN: Se lo vas a decir, pero cuando tengas evidencias que te respalden. No puedes ir con semejante bomba y no tener nada que pruebe tus dichos, Nano. A esa mujer le mataron al marido porque sabía demasiado y para cuidarla, lo único que puedes hacer ahora, es estar cerca.
EMILIANO: ¿Y si le hacen algo a ella o a sus hijos?
ESTIEBEN: Si quisieran dañarlos, ya lo habrían hecho. La clave está en esas tierras, si podemos averiguar qué tanto se hace ahí, tendremos al menos, una pista fuerte que seguir.
EMILIANO: Hablando de todo un poco, ¿me averiguó lo que le pedí?
ESTIEBEN: Si, ¡cómo no te lo dije! (Checa unas anotaciones) Hay tres Basualdo residiendo en la zona de la hacienda y sólo uno de ellos está registrado como trabajador de Terranova. (Le entrega un folder) Héctor Basualdo, para ser más precisos. Todo un prontuario, te diré. Estuvo preso por asalto a mano armada a los 18, a los 24 y a los 27. Fue sospechoso en un secuestro, pero nadie pudo probarle nada y hace unos doce años, cuando tenía treinta, Santiago Terranova le pagó un abogado de mucho prestigio y una fianza cuantiosa, para librarlo de un enredo grave: asesinato. Tampoco se le pudo probar nada, pero cuando el río suena, es porque agua trae. Los otros dos Basualdo son un hermano menor y su hermana mayor, viven de él y en una casita del pueblo cercano a la hacienda. La hermana tiene una discapacidad motriz leve, se puede valer por si misma y de hecho, lo hace. El hermanito, por otro lado, es toda una fichita. Arrestado por posesión de drogas, acusado por dos intentos de violación y esto te va a interesar mucho. Hace tres años, fue testigo de un accidente, pero estaba tan drogado que sólo pudo decir que el auto perdió el control y dio contra un árbol…
EMILIANO: ¿No me estará hablando de…?
ESTIEBEN: ¡Precisamente!
EMILIANO: ¡Hay que interrogarlo! Ver qué más sabe
ESTIEBEN: No va a decir nada y no tenemos cómo demonios ir tras él. Milagrosamente, desde ese mismo día, no ha tenido nunca más ningún problema…
EMILIANO: Lo tienen entretenido…
ESTIEBEN: Nano…
EMILIANO: ¿Qué?
ESTIEBEN: Por el bien de la investigación y para poder dar con estos malnacidos, tenemos que ser fríos, no vayas a hacer nada que complique más las cosas
EMILIANO: ¿Y qué hago? ¿Sentarme a esperar?
ESTIEBEN: No, vas a esa hacienda y averiguas todo lo que puedas. ¿Necesitas que el ADN te de positivo para poder andar allí sin problemas? ¡Te declaro medio hermano de Augusto González Miño! Ese va a ser tu trabajo, conseguir información, pruebas y cuidar a esa familia…
EMILIANO: ¡Está bien!
ESTIEBEN: Frialdad, Nano, FRIALDAD…

Nano respiró profundamente y de repente pensó en Carolina. Por alguna razón, la palabra “frialdad”, no se asemejaba ni a esa mujer, ni a lo que despertaba…

No hay comentarios.:

Publicar un comentario