Carolina miró a su hermana y cuñado, sonriendo, para hacerles sentir su apoyo y para darles confianza en ella, ya que Pampa no los dejaría solos y los iba a acompañar codo a codo, ahora y siempre…
CAROLINA: Porque me van a llevar a conocer su nuevo hogar y
después, vamos a ir de compras, quiero darles mi regalo de bodas, que no se los
di y no voy a aceptar un no como respuesta.
HORACIO: Gracias, doña Pampa. No se imagina lo importante que es
tener su apoyo. Alma la ama y yo la respeto muchísimo, usted lo sabe.
CAROLINA: Deja de decirme Doña Pampa y de tratarme de usted, cuñado
HORACIO: Lo siento, no puedo
CAROLINA: Pues, empieza a poder y tú… (Abraza a su hermanita) Te
amo, niña, y si estás feliz, yo lo estoy.
ALMA: Soy la más feliz del mundo.
CAROLINA: Vayan a dormir o a hacer sus cosas de esposos, yo voy
a salir a dar una cabalgata. (Vuelve a
saludar y sale)
ALMA: ¡Caro es la mejor del mundo, amor!
HORACIO: Es una excelente mujer, si, pero la mejor del mundo eres
tú. Te amo, Alma (Se besan)
En casa de Nano, con Francisco ya dormido, él y Aitana conversaban
sobre las novedades y tomaban un café. Por primera vez desde el divorcio, los
dos se sentían cómodos estando a solas, el ambiente era de comunión y casi de
amistad. La ex esposa de Emiliano, se sorprendió al escuchar el nombre del
Augusto.
AITANA: Mira cómo son las cosas. No puedo
creer que puedas ser medio hermano de Augusto González Miño
EMILIANO: ¿Por? ¿Lo conociste?
AITANA: Si, cuando éramos pequeños vivíamos
uno en frente del otro. Conozco a toda esa familia, de hecho, sigo teniendo
contacto con Vanesa, la menor de los hermanos. Lo que no sabía era que Augusto
y Gabriel hubieran muerto en el mismo accidente.
EMILIANO: Es que tú no estabas cuando pasó
eso, te habías ido y volviste cuando te avisé, tal vez por eso no te diste
cuenta. Además, todo lo relacionado con el hacendado, fue de perfil muy bajo,
la familia hizo las cosas rápidamente y de forma completamente íntima.
AITANA: Bueno, la verdad que Vanesa y yo, no
es que seamos amigas, sólo hablamos de vez en cuando y para aquel entonces, no
nos habíamos reencontrado. La volví a ver hace como un año y medio y no
relacioné las cosas, tú y yo acabábamos de divorciarnos y todo era un caos.
EMILIANO: Pues, si, debe haber sido por eso.
El jueves voy a hablar con sus padres, ¿quieres que les mande tus saludos?
AITANA: Si se acuerdan de mí con cariño,
claro. Buena familia esa, muy querida por todos. Ahora, Nano, cuéntame de la
viuda
EMILIANO: No hay mucho que contar. Es una
mujer simpática, inteligente, aguerrida y muy fuerte. Si vieras cómo lleva la
hacienda y como todo el mundo la respeta, la quiere y la admira…
AITANA: ¡Wow, Romeo! Te faltó sólo el suspiro…
EMILIANO: No te comprendo
AITANA: ¿Te gusta?
EMILIANO: Aitana, no digas bobadas. Si, es una
mujer muy hermosa, no te lo voy a negar y me cayó muy bien, pero sabes que las
cosas pasan por otro lado.
AITANA: ¿Por lo de ser el supuesto medio
hermano de su difunto marido?
EMILIANO: Si y por ayudarla un poco
AITANA: ¿En qué?
EMILIANO: (Le cuenta lo de Fermín, pero a
grandes rasgos) No había nadie que no estuviera triste, fue muy duro para
ellos. Así que me quedé con los niños y
los llevé a que montaran sus caballos. Nada más…
AITANA: Nada más, lo veo…
EMILIANO: ¡Eres tremenda, Tani! No es eso, mi
interés en esa familia no pasa por esa cuestión. Quiero cumplir la voluntad de
mi papá y si esos dos pequeños son mis sobrinos, quiero tratarlos, crear un
lazo con ellos…
AITANA: ¡Y con su madre!
EMILIANO: ¡Contigo no se puede, boba!
AITANA: Jajajaja, te gusta la viuda, BOBO, se
te nota cuando hablas de ella…
EMILIANO: (La mira) ¿Y si eso fuera así, te
molestaría?
AITANA: Conmigo no temas, borrón y cuenta
nueva, Nano. Tú has tu vida con la viuda o quien quieras, en serio.
EMILIANO: ¡Vaya! Voy a buscar al tal Cristóbal
y le voy a hacer un monumento…
AITANA: Deberías. Es un gran tipo
EMILIANO: Cuéntame más de él, a ver…
Nano y Francisco pasaron toda la mañana y primeras
horas de la tarde en el club hípico, montando al difícil y aguerrido Trueno,
que, al final de la jornada se vio vencido por el experimentado padre y casi,
por el pequeño Fran. Después de eso, Aitana pasó a ver a su hijo y aprovechando
una salida de los dos con Cristóbal, Emiliano se fue a ver a Estieben, que le
tenía novedades.
Se encontraban en la casa del comisario, revisando
varios mapas. Intentado atar cabos, las hipótesis iban de un lugar a otro,
siempre encontrando un “pero” en su camino, que conseguía desecharlas.
Muy cerca de darse por vencidos por unas horas, Nano
encontró algo que le llamó la atención.
EMILIANO: Jefe, ¿tiene los mapas de la antigua Santa Cecilia a mano?
EMILIANO: Jefe, ¿tiene los mapas de la antigua Santa Cecilia a mano?
ESTIEBEN: Deja que los busco… (Se los entrega y Nano
comienza a comparar) ¿Qué?
EMILIANO: Mire la extensión, es el mismo sector de
tierra que Fermín tenía marcado en el papel.
ESTIEBEN: ¿Seguro?
EMILIANO: (Le muestra) Si, está claro como el agua.
(Lee unas anotaciones) Esta parte del territorio, hace como diez años,
pertenecía a Moisés Terranova, abuelo de Santiago y se las vendió al suegro de
Augusto.
ESTIEBEN: ¿Las vendió? ¿Por qué habrá sido?
EMILIANO: No lo se, quizás necesitaba dinero
urgente, pero no creo que sea el caso, mire la cantidad de la transacción. No
es mucho que digamos.
ESTIEBEN: No para semejante porción de tierra.
EMILIANO: Además no es un lugar cualquiera, es casi
el corazón de la zona de transporte y carga… (Hace memoria) ¡Maldición! No pude
ver por ahí cuando estuve en la hacienda.
ESTIEBEN: (Seguía checando los mapas y anotaciones)
Emiliano, aquí hay algo raro, eso es evidente. Estas tierras, la venta que fue
casi un regalo para Mouriño, ¿serán las mismas que quiere comprarle Terranova a
la viuda?
EMILIANO: No lo se con certeza, pero creo que si
ESTIEBEN: ¿Por qué crees que si?
EMILIANO: Porque después que murió Fermín, Terranova
puso más seguridad en esa parte, son linderos con su hacienda, pero las
entradas y salidas, están todas en territorio de Pampa…
ESTIEBEN: ¿Pampa?
EMILIANO: Así le dicen a la viuda. ¡Claro! Por eso
quiere comprar. Su abuelo vende esa porción de tierras, cortando el acceso.
ESTIEBEN: No te sigo.
EMILIANO: Hay sólo dos formas de llegar a la
hacienda Terranova, una, por ruta, pero todo el mundo anda por ahí y dos…
ESTIEBEN: Los linderos con Santa Cecilia. Por ahí no
pasa gente y tienen calles de entrada y salida sin vigilancia, ni testigos…
EMILIANO: No fue por la muerte de ese pobre hombre
que este infeliz puso seguridad, está usando los terrenos y no quiere que se
den cuenta…
ESTIEBEN: ¿Cómo demonios se conecta eso a la muerte
de Gabriel y de González Miño?
EMILIANO: Cuando lleguemos al punto en el que ellos
estaban, lo vamos a averiguar.
ESTIEBEN: A propósito,
Nano, llevé el informe forense a mi amigo. Tus sospechas son ciertas, el
accidente no fue accidente.
EMILIANO: ¡Lo sabía!
ESTIEBEN: Según me dijo mi amigo, había rastros de
pintura blanca que no eran del carro de González Miño y las abolladuras no eran
posteriores al choque, sino previas.
EMILIANO: ¿Pudo dar con el auto?
ESTIEBEN: (Asiente) De todas maneras, un análisis
más detallado, va a demorarse porque el depósito en el que se encuentra tiene
vigilancia y no se puede entrar así como así.
EMILIANO: ¿Cómo lo están haciendo?
ESTIEBEN: Por el momento, se me ocurrió decirle al
sereno que es para ayudar a un estudiante de ciencias forenses. Le doy unos
pesos y el tipo no dice nada y mantiene el auto a salvo, pero son sólo un par
de horas y pasó mucho tiempo. Igualmente con eso y el expediente gráfico del
caso, mi amigo pudo darnos esos preliminares.
EMILIANO: (Agacha la cabeza, frustrado, enojado)
¡Infelices!
ESTIEBEN: Lo se, Emiliano, se siente una impotencia
feroz, que desgarra por dentro, pero tenemos que ponernos enteros y hacer lo
que sea necesario para hacerles justicia
EMILIANO: Tengo que decirle a Carolina Mouriño, ella
está a cargo de todo y si lo sabe, puede protegerse y ayudarnos.
ESTIEBEN: Se lo vas a decir, pero cuando tengas
evidencias que te respalden. No puedes ir con semejante bomba y no tener nada
que pruebe tus dichos, Nano. A esa mujer le mataron al marido porque sabía
demasiado y para cuidarla, lo único que puedes hacer ahora, es estar cerca.
EMILIANO: ¿Y si le hacen algo a ella o a sus hijos?
ESTIEBEN: Si quisieran dañarlos, ya lo habrían
hecho. La clave está en esas tierras, si podemos averiguar qué tanto se hace
ahí, tendremos al menos, una pista fuerte que seguir.
EMILIANO: Hablando de todo un poco, ¿me averiguó lo
que le pedí?
ESTIEBEN: Si, ¡cómo no te lo dije! (Checa unas
anotaciones) Hay tres Basualdo residiendo en la zona de la hacienda y sólo uno de
ellos está registrado como trabajador de Terranova. (Le entrega un folder)
Héctor Basualdo, para ser más precisos. Todo un prontuario, te diré. Estuvo
preso por asalto a mano armada a los 18, a los 24 y a los 27. Fue sospechoso en
un secuestro, pero nadie pudo probarle nada y hace unos doce años, cuando tenía
treinta, Santiago Terranova le pagó un abogado de mucho prestigio y una fianza
cuantiosa, para librarlo de un enredo grave: asesinato. Tampoco se le pudo
probar nada, pero cuando el río suena, es porque agua trae. Los otros dos
Basualdo son un hermano menor y su hermana mayor, viven de él y en una casita
del pueblo cercano a la hacienda. La hermana tiene una discapacidad motriz
leve, se puede valer por si misma y de hecho, lo hace. El hermanito, por otro
lado, es toda una fichita. Arrestado por posesión de drogas, acusado por dos
intentos de violación y esto te va a interesar mucho. Hace tres años, fue
testigo de un accidente, pero estaba tan drogado que sólo pudo decir que el
auto perdió el control y dio contra un árbol…
EMILIANO: ¿No me estará hablando de…?
ESTIEBEN: ¡Precisamente!
EMILIANO: ¡Hay que interrogarlo! Ver qué más sabe
ESTIEBEN: No va a decir nada y no tenemos cómo
demonios ir tras él. Milagrosamente, desde ese mismo día, no ha tenido nunca
más ningún problema…
EMILIANO: Lo tienen entretenido…
ESTIEBEN: Nano…
EMILIANO: ¿Qué?
ESTIEBEN: Por el bien de la investigación y para
poder dar con estos malnacidos, tenemos que ser fríos, no vayas a hacer nada
que complique más las cosas
EMILIANO: ¿Y qué hago? ¿Sentarme a esperar?
ESTIEBEN: No, vas a esa hacienda y averiguas todo lo
que puedas. ¿Necesitas que el ADN te de positivo para poder andar allí sin
problemas? ¡Te declaro medio hermano de Augusto González Miño! Ese va a ser tu
trabajo, conseguir información, pruebas y cuidar a esa familia…
EMILIANO: ¡Está bien!
ESTIEBEN: Frialdad, Nano, FRIALDAD…
Nano respiró profundamente y de repente pensó en
Carolina. Por alguna razón, la palabra “frialdad”, no se asemejaba ni a esa
mujer, ni a lo que despertaba…

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