martes, 13 de agosto de 2013

“LA PAMPA” – Capítulo 021



Caro miró a Emiliano y se levantó de la cama. Se puso su bata de noche y fue hasta la ventana. Nano se cubrió con una toalla que vio sobre el sofá y la abrazó por detrás. Ella lo dejó envolverla

EMILIANO: No tienes que decir nada, mi amor alcanza para los dos
CAROLINA: No, no alcanza, esto no debió pasar…
EMILIANO: (La gira y le enfrenta con su mirada) ¿Por qué no? Los dos queríamos hacerlo, los dos nos necesitábamos y fue maravilloso, no lo puedes negar (La abraza) A nadie lastimamos con esto, Pampa
CAROLINA: (Se suelta) Esto no está bien y lo que pasó fue un error...
EMILIANO: ¿Por qué dices eso? Que no me ames, no lo transforma en un error
CAROLINA: Fue un error, porque no debió pasar, Emiliano, compréndelo...
EMILIANO: Perdóname, pero lo que para ti es un error, para mí es un sueño hecho realidad, no me pidas que me arrepienta y se que eso que estás diciendo, es de la boca para afuera, lo gozaste, Pampa, pude sentirte mía
CAROLINA: Ya no digas nada, Emiliano y salte de mi habitación, por favor…
EMILIANO: Está bien... (Pasa junto a ella para buscar su ropa y siente como se le encrespa la piel. La toma entre sus brazos y la besa) Ódiame si quieres, pero eso no va a impedir ni que te cuide, ni que te ame más cada día... (Otro beso y los cuerpos pedían más) Regálame lo que queda de esta noche, hermosa, te necesito así, mía... (Más besos)
CAROLINA: (Se deja llevar, pero reacciona) No, Emiliano, no (Se aleja un poco)
EMILIANO: (La deja y se gira para buscar su ropa) Como quieras, Pampa, no voy a forzarte (Gracias a la luz que venía de afuera, Caro ve un herida en la espalda de Emiliano)
CAROLINA: ¿Que te pasó?
EMILIANO: (La mira y después se mira él) ¿Dónde?
CAROLINA: En la espalda (Se acerca y le toca la herida)
EMILIANO: ¡Ayyyy!
CAROLINA: (Quita la mano rápido) Perdón, ¿te hice daño?
EMILIANO: Está bien, no te preocupes. Me dolía, pero no me di cuenta. Ha de haber sido hace rato, en el campo de entrenamiento. No es nada, no te aflijas... (Se miraron)
CAROLINA: Déjame limpiarte (Fue al privado, cogió el botiquín y volvió) A ver, siéntate aquí (Le hace señas para que se siente en la cama)
EMILIANO: (Sonríe y se sienta) Gracias, pero no es necesario, amor... Perdón, Pampa... (Se le pone a tiro de un beso) Eres tan hermosa... (Ella mueve el rostro y él la sigue, la ve sonreír) Y si haces ese gesto, me matas...
CAROLINA: ¡Quédate quieto! (Vuelve a sonreír) ¿Qué gesto? (Se pone a curarlo)
EMILIANO: Tu sonrisa
CAROLINA: Es sólo una sonrisa…
EMILIANO: Para mí es mucho más (La besa de repente)
CAROLINA: (La cogió con las defensas bajas y se dejó besar) Por favor (Seguían besándose) No me hagas esto (Decía, sin dejar de besarlo)
EMILIANO: (Tira las cosas del botiquín al piso y se va recostando sobre ella, sin dejar de besarla y tocándola por dentro de la bata) ¿Hacerte qué?
CAROLINA: Hacerme esto de nuevo (No paraban de besarse) No derrumbes de nuevo mis defensas (Mientras hablaba no dejaba de besarlo, no quería parar)
EMILIANO: Gracias por decirme que voy por buen camino (Ya le había desatado la bata y la acariciaba donde Pampa disfrutaba a pleno) No pienso detenerme, si no quieres que siga, detenme tú (Se pone entre sus piernas)
CAROLINA: (Lo intenta detener, pero no puede) No, Emiliano, por favor...
EMILIANO: Caro, sólo por esta noche, déjame soñar que me amas y déjame amarte, darte lo que soy... Sólo me volví a sentir hombre ahora que fuiste mi mujer. Sólo esta noche...
CAROLINA: Si cedo esta noche, no voy a poder negarme nunca más y no quiero eso...
EMILIANO: No pienses en ceder como si fuera esto un castigo o un sacrificio. Olvida que te amo y seamos sólo dos personas que se atraen y que quieren hacer el amor porque sus cuerpos lo piden a gritos. Estás temblando entre mis brazos de las ganas que tienes (Le toca la entrepierna húmeda y ella gime sin poder reprimirlo) Si lo prefieres, piensa que es sólo sexo (La toca más intensamente y la siente estremecerse. Se coloca en posición para penetrarla y ella puede sentir su erección potente, deseándola) Muero por llevarte al cielo e ir contigo...
CAROLINA: Me voy a arrepentir de esto, pero hazme el amor, Emiliano...
EMILIANO: Mientras de mí dependa, jamás te vas a arrepentir...

Luego de tocarla brevemente y sintiendo a Caro lista, Emiliano la penetra con cierta urgencia e inevitablemente ambos se entrelazan con sus brazos y sus bocas se unen sin detenerse. Ella lo abraza, lo besa y le acaricia la espalda, sintiendo las penetraciones de su amor prohibido...
Él la recorre entera, adueñándose de cada rincón y entregándose por completo a Pampa. La amaba mucho más de lo que podía concebir y sólo quería que, en medio del dolor y la tristeza, Caro supiera que había alguien dispuesto a dar su vida por ella y que ese alguien era Emiliano Iberbia...
Cada segundo en el cuerpo Carolina, era invaluable. Una vez y otra más, se introducía en ella, sabiendo que con el amanecer, ese sueño se esfumaría de sus manos como el agua se va por entre los dedos...
Hacían el amor queriendo atesorar cada segundo juntos, ninguno de los dos iba a olvidar esa noche en la que ambos se entregaron a lo que sentían, sin importar el mañana.

Caro le besaba el pecho y le recorría cada rincón de su cuerpo con las manos, que querían recordar cada centímetro de la piel del hombre que había conseguido derribar sus defensas, esas mismas defensas que tanto tiempo le había costado levantar.
El clímax los encontró agitados, rendidos a un amor que se volvía incontrolable, salvaje y en Pampa, mudo, pero fuerte y puro como su misma alma. Se quedaron dormidos y con el alba, Nano despertó y le besó la frente...

EMILIANO: (Pensando que ella dormía) Te amo, hermosa y te voy a conquistar. Vas a ser feliz conmigo, aunque no quieras aceptarlo. (Comenzó a vestirse)
CAROLINA: Emiliano...
EMILIANO: (Se sienta junto a ella, mirándola embobado, pero sabiendo lo que se venía. Le da un besito) Carolina...
CAROLINA: ¿Te puedo pedir un favor?
EMILIANO: Lo que quieras
CAROLINA: Que esto que pasó quede solamente entre tú y yo...
EMILIANO: (Sonríe) Así será, "esto", como dices, quedará en esta cama, en tus recuerdos y en mi alma. No saldrá de mi boca. ¿Ahora puedo pedirte yo algo a ti?
CAROLINA: (Se sienta en la cama abrazando las rodillas) ¿Qué?
EMILIANO: Que no cambies conmigo. Quiero decir que dejemos esto aquí los dos. Lo importante es que tenemos una misión que cumplir y si para protegerte tengo que tragarme mi amor, lo voy a hacer. No me trates a lo Pampa sólo porque derribé tus defensas una noche, ¿podrá ser?
CAROLINA: Lo intentaré, pero no prometo nada...
EMILIANO: Oye, antes que la magia termine de romperse, quiero hacer una cosa más.
CAROLINA: Sí, dime que…
EMILIANO: Quiero mirarte fijamente a los ojos (Lo hace) y decirte que te amo de verdad y que con mi vida, voy a cuidar la tuya y la de tu familia... Una cosa más... (Ella pone cara de curiosidad) Esto (La besa y Pampa lleva sus manos detrás de la nuca de Nano para intensificar los besos) Me hiciste mucho más feliz de lo que puedes imaginarte, hermosa... (Piquito, toma el resto de sus cosas y va hasta la puerta) Me devolviste las ganas de vivir, Carolina Mouriño y te voy a amar hasta el último de mis días (Le sonríe y sale)
CAROLINA: (Las palabras de Nano se quedaron con ella después que él se fue y en un segundo, su cabeza se volvió a Augusto) ¿Te mataron, mi amor? Por querer hacer las cosas bien, ¿te mataron? (Sus pensamientos, instantáneamente, se fundieron en uno solo: Emiliano podría correr la misma suerte. Él había sido muy claro, daría su vida por protegerla y eso no podía ser) Nano, mi amor, hermoso de mi vida, no puedo dejar que te arriesgues así y menos por mí, si te hicieran algo a ti también, no podría soportarlo, precioso, tú no puedes morirte porque esta vez si que no lo superaría y moriría contigo. Esto que acabas de hacerme sentir es el amor en su intensidad e integridad perfecta y prefiero que estés lejos a perderte.

Pampa tomó una difícil decisión y como no podría conciliar el sueño, se vistió, buscó a Caramelo y salió al galope. Al regresar, se metió al despacho y le pidió a Aurora que le dijera a Emiliano que la viera allí y que nadie los interrumpiera.

EMILIANO: (Entrando, sin pensarlo, fue hasta ella y la estrechó en sus brazos, besándola) Perdón, se que prometí que dejaría todo lo que pasó en tu cama, pero no puedo evitar amarte. (La mirada de Pampa era fría, gélida) ¿Qué tienes?
CAROLINA: Quiero que te vayas de la hacienda.
EMILIANO: ¿Qué?
CAROLINA: Lo que escuchaste, agarra tus cosas y lárgate de mis tierras.
EMILIANO: ¿Por qué, Caro?
CAROLINA: Porque hiciste lo peor que podías haber hecho. Te aprovechaste de mi vulnerabilidad, te abusaste de la confianza que tenía en ti y te metiste en mi cama, como un maldito cobarde...
EMILIANO: ¡Eso no es así! Yo te amo y lo sabes
CAROLINA: ¡Por Dios, Emiliano! ¡Eso no es amor! Eres un pobre diablo con aires de vengador, un tipejo como tú, no puede amar a una mujer como yo.
EMILIANO: (Herido en su ego) Pero lo gozaste, vibrabas en mis brazos, gritaste mi nombre, Carolina...
CAROLINA: ¡Está bien, lo reconozco! Pudiste darme orgasmos, pero nada más. (Se contenía para no llorar y pedirle perdón por lo que le estaba haciendo, pero tenía que sacarlo de allí a como diera lugar) Eres muy poco hombre para hacer más que eso, así que lárgate de una vez y no vuelvas a cruzarte en mi camino.
EMILIANO: (Enojado) Ten cuidado con lo que me pides, porque puedes conseguir que te haga caso. (La toma de los brazos) Anoche me di cuenta de que me amas. No se por qué estás haciendo esto, no lo entiendo.
CAROLINA: (Se ríe con cinismo) Anoche lo único de lo que me di cuenta yo es que nunca dejé de amar a Augusto y por ti, sólo siento asco, no te equivoques. Porque serás muy buen amante, pero abusaste de mi estado tan vulnerable para estar conmigo. Sabes que entera, jamás te hubiera metido a mi cama y eso no lo hacen los hombres de verdad, Emiliano. Tienes hasta mediodía para irte de aquí, de lo contrario, mis hombres te sacarán como el perro que eres. (Lo mira y sale casi corriendo, sabía que no podría sostener sus palabras. Al salir del despacho, se echó a llorar y de nuevo buscó a Caramelo para salir otra vez, a todo galope)
EMILIANO: (Las lágrimas se le caían sin parar) Se que no sientes eso, Pampa, ¿qué te pasa? (Aunque estaba seguro que ella lo había querido herir deliberadamente, no podía quedarse en Santa Cecilia, se sentía demasiado humillado) Cuando me fui de tu cuarto, estábamos bien, mi amor, ¿qué demonios ocurrió? (Se limpió el rostro y se fue a su alcoba, a empacar)

No hay comentarios.:

Publicar un comentario