Estieben sonrió y pensó en Pedernera: un hombre medio miedoso, pero muy leal, él era el indicado para buscar esa información. Se volvió a su computadora.
ESTIEBEN:
¿Qué tiene que ver esto con la muerte de Tausch? Iberbia está en lo cierto,
algo huele mal, pero, ¿qué?...
Una
idea se instaló en la mente del comisario y su olfato le dijo que hiciera caso
de ella. Copió unos archivos en un dispositivo usb, tomó su gorra, sus
pertenencias y salió en busca de la única persona que podría diferenciar un
accidente o algo que pretendía pasar por uno.
En Santa Cecilia, la caminata a orillas del río,
resultaba demasiado agradable, tanto para Carolina como para Emiliano, estar
juntos, se sentía muy bien…
EMILIANO: ¿Toda tu vida te dedicaste a esto?
CAROLINA: No, me vi obligada a tomar las riendas de
la hacienda cuando enviudé. Estaba estudiando medicina.
EMILIANO: Puede que algún día, tengas la oportunidad
de retomar.
CAROLINA: Mmmm… No lo creo, las cosas han cambiado
mucho, yo he cambiado mucho.
EMILIANO: ¿Ya no quieres ser médica?
CAROLINA: Ya no tengo vocación, o más bien, nunca la
tuve y con lo que pasó, me di cuenta que mi pasión es esta.
EMILIANO: ¿Será?
CAROLINA: Es… ¿Lo dudas?
EMILIANO: Creo que puedes tener ambas vocaciones, a
mí me pasa.
CAROLINA: ¿Cómo? Además de adiestrador y entrenador
de caballos y niños, ¿te dedicas a otra cosa?
EMILIANO: Escribo, soy un aficionado a las letras.
CAROLINA: ¿Has editado algo?
EMILIANO: No, aún ni termino mi primer libro. Eso
lleva mucho tiempo y entre el trabajo, mi hijo y todo lo de mi padre, no he
podido darle prioridad. Sin embargo, me apasiona.
CAROLINA: ¿Y de qué se trata?
EMILIANO: ¡De caballos, obviamente!
Los dos reían
hasta que, de la nada, Santiago Terranova apareció nuevamente, montado
en Cacique, su potro.
SANTIAGO: (Mirando a Nano) Disculpa, Carolina, pero
necesitaría hablar contigo.
CAROLINA: Si es sobre las dichosas tierras…
SANTIAGO: No, nada tiene que ver con eso…
CAROLINA: ¿Entonces?
SANTIAGO: Se trata sobre la seguridad de las dos
haciendas. Lo que pasó con Fermín, me puso en alerta.
CAROLINA: Siendo así, está bien.
SANTIAGO: ¿Podría ser a solas?
CAROLINA: Lo que sea que tengas para decirme, mi
cuñado puede oírlo.
SANTIAGO: ¿Tu cuñado? ¿Cómo sabes que es hermano de
Augusto?
CAROLINA: No tenemos la certeza, pero un ADN nos la
dará. Igualmente, eso es algo que no te concierne y Emiliano no se irá a ningún
sitio. Hablas con los dos o no hablas.
EMILIANO: Ya la escuchó, señor Terranova.
SANTIAGO: Que así sea. Es simple. Estoy pensando en
poner seguridad extra en Terranova y eso, por supuesto incluye los linderos con
Santa Cecilia.
CAROLINA: Son tus tierras, Santiago, me parece
perfecto que las cuides. ¿Algo más?
SANTIAGO: (Rabioso, intentaba no armar un show como
el del día anterior) No. Avisa a tus trabajadores que verán más hombres armados
y, si quieres, puedo buscar unos para ti.
CAROLINA: Mi hacienda tiene la seguridad que me
parece correcta, si veo necesidad de incrementarla, con mis propios medios
buscaré lo que haga falta. Y si eso es todo, te voy a pedir que te retires,
tengo cosas que hacer con mi cuñado.
SANTIAGO: (La sonrisa sobradora de Nano lo provocaba
a darle un tiro ahí mismo, pero no podía hacerlo. Sonrió como pudo) Claro.
Hasta la próxima.
CAROLINA: Hasta nunca, Terranova… (Cogió a Emiliano
de la mano, voltearon y continuaron su paseo)
Apenas cayó el sol, Nano estaba en la entrada a la
casa grande, a punto de despedirse de Carolina, cosa que le costaba demasiado y
no terminaba de comprender el porqué, si acababa de conocerla.
Los dos se miraban de manera extraña, tenían una
química que no es común de encontrar y ninguno de ellos sentía deseos de
separarse, era como si sus cuerpos quisieran encadenarse.
EMILIANO: Francamente este sitio es maravilloso
CAROLINA: Cierto, por eso lo amo, es como un mundo
aparte...
EMILIANO: Tienes mucho de estas tierras en tu
mirada, Caro, me impresiona eso, se nota que eres parte de este lugar y que
este lugar es parte de ti. Me gustaría tener alguna vez ese sentimiento de
pertenencia
CAROLINA: Puedes tenerlo, si lo deseas...
EMILIANO: Si fuera por desearlo, lo tendría desde
hace mucho. No, lo único a lo que le pertenezco en cuerpo y alma es a mi hijo
CAROLINA: Y eso es lo más importante, tu hijo y vas
a llegar tarde para estar con él
EMILIANO: No, aún tengo algo de tiempo. Oye,
hablando de hijos, los tuyos son preciosos, me encantaría terminar siendo tío
de ese par.
CAROLINA: Y a ellos también, te han cogido mucho cariño,
sobre todo Jano, no para de alabarte y de decir lo bueno que eres, lo bien que
domas a los caballos, me tiene loca la cabeza, jajajaja
EMILIANO: Jajajaja, es un niño hermoso... (Le suena
el celular) Discúlpame un momento, por favor (Era Estieben, se aleja para
hablar con él, mientras Caro llama a Horacio)
HORACIO: Si, patrona, usted dirá...
CAROLINA: Ve y dile a Diego que me espere en las
caballerizas, que yo en un rato lo alcanzo, pero antes...
HORACIO: ¿Antes qué, Doña Pampa?
CAROLINA: Toma (Sonríe, saca una nota del bolsillo y
se la entrega a su capataz) Ya sabes de quién es
HORACIO: (Sonríe más) ¡Gracias! (Toma la nota y se
aleja)
EMILIANO: (Hablaba en voz baja) ¿Se lo confirmó?
ESTIEBEN: Si, Iberbia.
EMILIANO: Entonces nuestras sospechas eran ciertas.
ESTIEBEN: Completamente, no fue un accidente. De
todas maneras, tiene que revisar el carro él mismo para ser más exacto y
concluyente
EMILIANO: ¿Se podrá después de tres años?
ESTIEBEN: Si el automóvil sigue en el depósito, si.
La cuestión es que necesitamos ganar tiempo. Tienes que conseguir las pruebas
de González Miño, Nano, no hay de otra.
EMILIANO: Algo se me va a ocurrir, jefe. Ahora lo
dejo, más tarde lo llamo.
ESTIEBEN: Hablamos en la noche, pues. (Corta)
EMILIANO: (Mira a Caro que hablaba con su capataz,
espera a que terminen y se acerca) Carolina, antes de irme quisiera decirte una
cosa y pedirte otra.
CAROLINA: Claro, dime...
EMILIANO: Mira, no quiero parecer entrometido ni
imprudente, pero lo que pasó con tu vecino, el tal Terranova, no me deja
tranquilo. Ese tipo quiere tus tierras y no le veo cara de tener muchos
escrúpulos. Sólo prométeme que ante cualquier problema que tengas con él o
quien sea, me vas a llamar. (Le entrega una tarjeta) Ahí tienes mi número de
celular, el de mi casa y el del club hípico donde doy las clases. Por favor, no
dudes en buscarme, quiero ayudarte y cuidarte, podrías ser mi cuñada, la madre
de mis sobrinos. ¿Es un trato?
CAROLINA: (Le ofrece la mano) Está bien, pero sólo
te llamaré si no tengo otra opción, si lo puedo solucionar sola, no te voy a
llamar...
EMILIANO: Aunque sea para contarme las cosas y poder
descargarte con alguien ajeno a esto. Como si fuera un psicólogo o algo así. Se
que puedes cargarte a ese tipejo o a quien sea, pero no tienes que llevar todo
el peso sola, Carolina. Cuenta con mi oreja que encantada va a escucharte decir
cómo le das en la madre a ese idiota... ¡Qué mal me cae, Dios!
CAROLINA: Jajajaja, no eres el único al que le cae
mal, jajajaja... Es un don que tiene Santiago (Le sonríe)
EMILIANO: Me gusta verte sonreír, jajajaja, me
contagias
CAROLINA: Me lo han dicho muchas veces, jajajaja (En
todo momento se habían mirado a los ojos, sin soltarse las manos)
EMILIANO: En fin, hay algo que quiero pedirte,
espero que no lo tomes como un abuso de confianza o algo así
CAROLINA: No, tranquilo dime lo que me quieres
pedir, soy toda oídos, pero no te prometo que te lo vaya a dar o a consentir...
EMILIANO: No hay problema, creo que será bueno para
los dos y para Jano y Lucía. La cosa es que Francisco, mi hijo, regresa hoy,
pero el miércoles vuelve a irse. El hermano de su mamá vive en Orlando, Florida
y este año lo van a llevar a Disney. Se va a quedar como un mes por allá y
durante ese lapso, me gustaría venir aquí y ayudar a Jano con Esfinge.
CAROLINA: ¿Estás seguro? Por mí no hay ningún
problema y no creo que a los niños les disguste, así que eres bien recibido a
quedarte en esta hacienda (Le sonríe) A Jano le va a encantar la idea...
EMILIANO: ¡Gracias! De verdad, muchísimas gracias,
es un sueño poder venir a un sitio como este y entrenar a un ejemplar como
Esfinge, pero sobre todo, poder ayudar a Jano a domar a su caballo, es más que
satisfactorio. (Se miran y el silencio se hace tenso) Ah, me olvidaba de
comentarte que hice una cita con los padres de Augusto y voy a verlos el jueves
que viene, por lo del ADN, claro.
CAROLINA: Cuando hables con ellos, quiero saber cómo
te fue, por favor...
EMILIANO: El mismo jueves, después de verlos a
ellos, vengo y te cuento, ¿quieres?
CAROLINA: Si, gracias...
EMILIANO: Entonces, es una cita, Carolina y ya
sabes, por lo que sea y para lo que sea, cuentas conmigo... No se por qué será,
pero siento que entre nosotros nació una hermosa amistad y a primera vista...
CAROLINA: Yo también lo siento...
EMILIANO: Me encanta que sea mutuo... (Se acerca y
le da un beso en la mejilla, que ambos sostienen y un breve movimiento de Nano,
hace que sus labios, al separarse, prácticamente rocen los de Pampa) Hasta el
jueves...
CAROLINA: Hasta el jueves... (Le había dado un
vuelco en el estómago con ese beso, pero lo ignoró)
Emiliano se alejó despacio, virando su cabeza para
verla una última vez. Se subió al carro y las ganas de bajarse para besarla
bien, casi lo vencen, pero se mantuvo firme, había demasiado en juego como para
generar conflictos sentimentales o pasionales. Nano tenía una misión que
cumplir y Carolina era intocable: por mucho que la deseara como jamás lo había
hecho con otra mujer, ella estaba prohibida, al menos, hasta que pudiera
decirle la verdad que le faltaba. Miró por el espejo retrovisor y Caro seguía
de pie ahí, sonriendo. El policía arrancó y se fue, antes de cometer una
locura...

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