Alma se miraba con su marido y reían de ver cómo Caro se había quedado siguiendo a Nano con la mirada
ALMA: ¿Simpático el niño, Pampa?
CAROLINA: (No dejaba de ver a Nano) Si, divino…
ALMA: ¿Qué te dijo?
CAROLINA: Muy simpático…
ALMA: Si, pero, ¿qué te dijo?
CAROLINA: Es agradable y educado...
ALMA: (Le tira una bolita de pan para hacerla
reaccionar) Eso ya me lo dijiste, mensa…
CAROLINA: (Se vira hacia su hermana) ¿Qué?
ALMA: (Se ríe con Horacio) ¿Qué quería hablar
contigo el niño?
CAROLINA: Ah, nada, sólo quería darme las gracias
por dejarlo venir aquí… (Vuelve a girarse y ve a Nano sonreír, cosa que la
contagia)
HORACIO: (Al oído de su esposa) ¿Me parece o hay
algo por ahí?
ALMA: Hay, definitivamente hay…
CAROLINA: Eso si lo escuché, par de metiches y no
hay nada, es sólo que me recuerda a Augusto… Verlo tan atento, tan preocupado y
ocupado de su hijo…
ALMA: Si, claro, y yo nací antes de ayer… Mira,
Caro, si no quieres reconocerlo, muy tu asunto, pero no mientas con semejante
descaro…
CAROLINA: ¿Descaro?
EMILIANO: (Volviendo) ¡Quedó enloquecido contigo!
Creo que te ama más que a su madre y a mí, jajajaja… (Mira a todos) La pasión
de mi hijo por los caballos, no tiene límites.
ALMA: Me doy cuenta… Y por mi hermana tampoco y no
es el único…
EMILIANO: ¿Qué? ¿Por qué?
CAROLINA: Nada, Emiliano, bobadas de mi hermana. El
embarazo la tiene hablando puras tonterías…
ALMA: Si, tonterías, por supuesto. Bueno, nosotros
nos vamos a descansar un rato porque después explotan a mi marido en su trabajo
y ya ni me pela en la noche…
HORACIO: ¡No es cierto! Jajajaja… (Se levantan y se
retiran)
CAROLINA: ¡Mi Dios! Esta niña no tiene límites…
EMILIANO: Oye, gracias por lo de mi muchacho, estaba
feliz y si fuera por él, ya estaría aquí…
CAROLINA: ¿Para tanto? Digo, está en Disney, ¿qué
clase de niño quiere dejar eso para venirse aquí?
EMILIANO: Francisco Emiliano Iberbia, tal vez, el
único…
CAROLINA: ¡No exageres!
EMILIANO: No lo hago. Está tan emocionado que lleva
tiempo buscando en internet y se estudió los campos, ya sabe dónde quiere ir y
cómo va a practicar…
CAROLINA: ¡No es en serio!
EMILIANO: Lo es, Pampa, Fran es un apasionado…
CAROLINA: (Sonríe) ¿Eso lo heredó de ti o de la
mamá?
EMILIANO: De mí, su mamá es bastante ambigua para
esas cosas, jajajaja, un día se apasiona con algo y al siguiente, lo modifica
por completo. En cambio, Francisco, es intenso, constante, fogoso. Él ama con
su alma, entregándose al cien por ciento, con su corazón y con su inocencia…
Sólo espero poder educarlo de manera que nunca pierda eso.
CAROLINA: No creo que lo pierda. No si se parece
tanto a ti, como acabas de decir
EMILIANO: ¿Por qué lo dices? Fui muy apasionado
hasta hace algunos años, pero ya no lo soy, por eso digo que quiero que lo
conserve y que no le pase como a mí
CAROLINA: (Suspira) A mí me pareces muy apasionado,
Emiliano, se te ve en la mirada. No se qué te haya pasado en la vida, pero hay
cosas que no se pierden, sólo se duermen. Créeme, lo se…
EMILIANO: (Asiente) ¿Y qué pasiones se te durmieron
a ti?
CAROLINA: En realidad a mí lo que me pasó fue que
despertaron de una vez y para siempre. Cuando Tuto murió, me vi obligada a ser
alguien que no era, por mis hijos y en esa metamorfosis, en ese proceso,
descubrí pasiones que no sabía que tenía. El mundo de los negocios es un asco,
son todos una manada de Santiagos Terranova, pero dentro de ese mundo, pude
descubrir este que tenemos en Santa Cecilia y eso, es una pasión. Como el amor,
¿no? Que renace de las cenizas…
EMILIANO: ¿Tú reencarnaste como el ave Fénix? ¿O un
amor te hizo renacer?
CAROLINA: El amor por mis hijos me dio la entereza y
los caballos, la pasión, Emiliano… ¿Te animas a dar un paseo bajo el caluroso
rigor de la tarde?
EMILIANO: ¿Contigo? ¡No me lo pierdo ni loco!
El paseo se hizo corto porque Carolina tenía una
reunión en la hacienda Terranova. Emiliano ofreció acompañarla y ella aceptó
gustosa. No sólo porque le encantara la compañía de Nano, sino porque la
molestia que su amigo generaba en su vecino, le resultaba muy divertida.
Llegaron a las tierras linderas y Santiago los
recibió sin ocultar lo desagradable que le caía ver a Emiliano en su casa.
SANTIAGO: ¿Qué haces tú aquí?
CAROLINA: Yo le pedí que viniera. Emiliano se está
interiorizando con los negocios familiares y quiero que participe de la
reunión. ¿Ya estamos todos?
SANTIAGO: No, César no ha llegado.
CAROLINA: ¿Ya debería haberlo hecho, no? No me gusta
la impuntualidad.
EMILIANO: ¿Quién es César, Caro?
CAROLINA: César Parravicini es el presidente de la
asociación de ganaderos de la región
EMILIANO: ¿Y para qué quiere reunirse con ustedes?
SANTIAGO: ¡Pareces policía!
CAROLINA: Es escritor y está preparando un libro
sobre la cría de caballos de competición, por eso las preguntas. (Se vuelve a
Nano) La junta es para acordar una exposición rural. Nuestras haciendas son de
caballos, la de los Navarro es de vacas para apareamiento y las demás, son de
toros.
EMILIANO: ¿Para faenas?
SANTIAGO: (Cambia un poco su actitud hacia él, un
libro podía ser gran publicidad) No, los toros de lidia se crían en otras
regiones. Los de aquí son para exposiciones y cruza para hacer campeones.
Digamos que los Navarro ponen a las madres y el resto de las haciendas, a los
padres.
CAROLINA: Esos ejemplares se venden y ya los
destinos que vayan a tener, son asunto de sus dueños. Al menos yo, no
intervengo.
SANTIAGO: Ni yo. Cada hacienda con su negocio.
CAROLINA: ¡Vaya, señor Terranova! Hasta que estamos
de acuerdo en algo
EMILIANO: ¿Podría grabar la reunión?
SANTIAGO: No le veo inconveniente
CAROLINA: Yo menos.
EMILIANO: (Saca su celular y revisa si tiene memoria
suficiente) ¡Perfecto!
SANTIAGO: (Llega Parravicini) ¡César, por fin!
CÉSAR: (Le estrecha la mano) ¡Santiago! (Se va con
Caro) Señora Mouriño, disculpe la demora, pero hubo un problema en la oficina.
CAROLINA: No se preocupe, Parravicini, le presento a
mi cuñado, Emiliano. Él va a presenciar la reunión, si eso no le molesta.
EMILIANO: Mucho gusto
CÉSAR: Para nada, lo mismo digo…
SANTIAGO: Pasemos a mi despacho, entonces…
Por suerte la junta fue breve y se llegó a un
acuerdo de forma rápida. La exposición se llevaría a cabo una vez pasada la
época de tormentas que era más o menos en tres meses. Las cosas se organizarían
de acuerdo a ese cronograma. Todo se hizo fácil porque las muestras de caballos
se hacían más o menos para la misma fecha y esa junta había sido, más que nada,
una mera formalidad.
Durante
gran parte del resto de esa tarde, Emiliano y Carolina habían salido a cabalgar
y él no podía dejar de mirarla: esa mujer lo tenía embobado, completamente
rendido a sus pies y ella parecía no saberlo. Poco después de la cena, cuando
había terminado de bañarse y vestirse para dormir, Pampa golpeó a la puerta de
su recámara.
EMILIANO:
¿Quién es?
CAROLINA:
Soy yo, Carolina, ¿se puede?
EMILIANO:
(Va a abrirle) Si, claro, pasa. Es tu casa, jajaja...
CAROLINA:
Pero tú eres mi invitado...
EMILIANO:
Lo se... (Ella estaba parada en la puerta) ¿Pasas?
CAROLINA:
¡¡Si me invitas!!
EMILIANO:
Por favor... (Pensaba en las ganas que tenía de invitarla a la cama y hacerle
el amor, estaba enloquecido con ella)
CAROLINA:
(Pasa) ¿Cómo te sientes?
EMILIANO:
(Cierra la puerta y le ofrece sentarse en un sofá individual que había en el
cuarto y él, se sienta al borde de la cama, mirándola) Bien, con mucho calor,
no se cómo lo aguantan por aquí...
CAROLINA:
Como dicen "El hábito hace al monje" Si vives aquí, con el tiempo, te
acostumbras...
EMILIANO:
(Sonríe) Claro... ¿Necesitas algo?
CAROLINA:
Sólo quería saber si te sentías mejor...
EMILIANO:
¿Mejor? Yo no me sentí mal, Caro... Aunque es lindo ver que te preocupas por
mí...
CAROLINA:
(Se levantó y se acercó a él) ¿No te sentiste mal?
EMILIANO:
No, para nada, ¿por qué pensaste eso? (Ella se sienta a su lado)
CAROLINA:
No se, te vi mal semblante (Le acaricia el rostro) Pero ya veo que tienes mejor
cara...
EMILIANO:
(Cierra los ojos, le toma la mano con la que lo acaricia y acompaña el
movimiento de la mano) Debió ser la falta de costumbre a este calor tan alto...
(Traga saliva, se pone un poco nervioso)
CAROLINA:
Si, debió de ser eso...
EMILIANO:
(Se miran) ¿Qué más pudo haber sido? (La tenía tan cerca que no pudo evitar
acercar un poco el rostro, pero se detuvo, no quería espantarla)
CAROLINA:
No se, el cansancio también influye (Se arrima más, acortando las distancias)
EMILIANO:
No estoy cansado, podría quedarme despierto platicando contigo toda la noche...
(Caro se pone de pie y de frente a él. Nano levantó la cara y la miró) Eres muy
bella, la mujer más hermosa que vi en mi vida, así que, por favor, no juegues
conmigo...
CAROLINA:
¿A qué te refieres?
EMILIANO:
A tu actitud, no quiero parecer engreído, pero siento que estás tratando de
seducirme y la verdad es que no hace falta...
CAROLINA:
¿Por qué no hace falta?
EMILIANO:
Porque me atrapaste desde que te conocí... ¡Dios! Nunca fui tan sincero, pero
me tienes hechizado, Pampa. Hay algo en ti que me encadena, por eso no me voy
de aquí
CAROLINA:
Yo no quiero que te vayas (Se acerca mucho más y baja la cara, hasta quedar
frente a frente) Quédate...
EMILIANO:
Es que si me quedo, no podré hacerlo como el medio hermano de Augusto. Lo que
siento por ti, me está superando
CAROLINA:
(A centímetros de su boca) Quédate hoy, no pensemos en el mañana
EMILIANO:
(Caro se sentó en su regazo y quedaron a tiro de un beso. Nano,
inconscientemente, la agarró de la cintura y buscó los ansiados labios, pero no
la besó) Me estoy enamorando de ti, Pampa, ten piedad conmigo...
CAROLINA:
¿De verdad quieres piedad? (Le da un beso en la comisura de los labios)
EMILIANO:
(Respiraba muy agitado) Si me vas a amar, hazlo sin misericordia...
CAROLINA:
Sin (Otro beso en la comisura de los labios) Misericordia (Lo besa
apasionadamente)

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