A
la mañana siguiente, ya en su casa, Horacio despertó por los gorgoteos de
Nicolás, quién estaba a su lado, en la cunita. Se estiró y un poco y lo alzó.
El niño se durmió al instante. El hombre movió un poco su pierna herida para
asentarse bien en la cama y puso al bebé recostadito, a su lado. Cuando Alma
entró al cuarto, se la notaba pensativa.
HORACIO:
¿Qué pasó, guapa? ¿Por qué esa carita?
ALMA:
Caro me acaba de llamar del hospital y me dijo que el médico le mandó muchos análisis
a Nano, así que se lo llevaron. Marga está con ella...
HORACIO:
Verás que ese soquete está muy bien, no te preocupes
ALMA:
No puedo evitar preocuparme, mi amor... (Se sienta en la cama)
HORACIO:
Se que no, lo que quiero decir es que no te agobies, Emiliano va a estar bien
ALMA:
Eso espero, sobre todo por Pampa...
HORACIO:
(Le da un beso) Vas a ver que si... Donato fue también y doña Serena. Hasta
Luisana está ahí, la cuñada no está sola
ALMA:
Rezo para que no tenga nada...
HORACIO:
Lo se, cielo y tengamos que fe que así será
ALMA:
¿Qué hace Nico aquí, en la cama?
HORACIO:
Ah, es que mi campeón me pidió que lo suba
ALMA:
¿Ah, si? ¿Ya sabe hablar?
HORACIO:
Es un idioma que sólo entendemos él y yo... (Suena el celular de Alma y como
ella había cargado a Nico, lo contesta Horacio) ¿Si, bueno?
LISANDRO:
Hola, buen día, debo haberme equivocado, disculpe
HORACIO:
Si busca a Alma, es el número correcto.
LISANDRO:
Ah, genial
HORACIO:
¿Quiénle habla?
LISANDRO:
Soy Lisandro
HORACIO:
(Le cambia el gesto) Ya te paso con ella
ALMA:
¿Quién es, amor?
HORACIO:
Atiende y sabrás... (Toma al pequeño y lo deja en la cuna, dormido)
ALMA:
(Responde) ¿Si?
LISANDRO:
Hola, Alma, ¿cómo estás?
HORACIO:
(Se toma de un refuerzo que le habían puesto a su cama y con sus brazos se
mueve hasta alcanzar la silla de ruedas. Acomoda su pierna) Voy a la sala así
hablas tranquila... (Sale)
ALMA:
Muy bien, ¿y tú? (Va con su esposo y se sienta con él)
LISANDRO:
Bien... Oye, quiero verte
ALMA:
Lo siento, Lisandro, estoy con mi marido y necesita mi ayuda, no quiero dejarle
solo
LISANDRO:
Pero, ¿quieres verme? Alma, se que la situación no es la ideal, sólo que cuando
nos vimos, algo en mí me hizo sentir que no está todo dicho entre nosotros
ALMA:
Si lo está, Lisandro
LISANDRO:
No lo creo, preciosa, se que no te soy indiferente
HORACIO:
(Coge el celular) ¿No escuchaste lo que te dijeron, niñato?
LISANDRO:
Tú no te metas, pásame a Alma...
HORACIO:
Claro que me meto, niño, Alma es mi esposa y te está diciendo que basta, ¿no?
LISANDRO:
Dile que después la llamo, no pienso dejar que se quede contigo, campesino...
(Cuelga)
HORACIO:
¿Campesino? (Mira el celular) ¡¡Deja que sane mi pierna y te voy a dar tu
campesino!!
ALMA:
(Lo besa) Ya, amor, deja eso... (Lo besa) ¿Quieres jugar un ratito? (Besa el
cuello de su esposo)
HORACIO:
¿Jugar, Alma? ¿En serio? Este idiota me dijo que después te va a llamar y que
no piensa dejar que te quedes conmigo
ALMA:
Si llama, lo coges tú y hablas con él (Lo sigue besando) Y si no, apaga el
teléfono...
HORACIO:
Alma, espera... (La mira) ¿A ti te parece normal lo que pasó? Porque a mí me
saca de mis casillas
ALMA:
Yo no quiero pensar en otras personas, sólo en ti y en mí, esto que pasó es una
estupidez porque yo no le pienso hacer caso, ni estar con él porque te amo a ti,
Horacio...
HORACIO:
Entonces díselo y que ya no esté fregando, porque pareciera que piensa que
tiene una chance contigo y eso no está bien
ALMA:
Voy a hablar muy seriamente con él, pero no por teléfono. Que venga aquí y
mirándolo a los ojos, le diré que nos deje en paz...
HORACIO:
No lo quiero en esta casa, ni de broma. Habla donde quieras, pero déjale bien
claro que se haga humo o lo reviento a puñetazos
ALMA:
Está bien, lo veo en el pueblo, pero quiero que vayas conmigo...
HORACIO:
Confío en ti, no hace falta que me demuestres nada
ALMA:
No quiero demostrarte nada, sólo quiero que estés a mi lado
HORACIO:
En ese caso, voy contigo
ALMA:
Gracias (Lo besa y se levanta) Voy por un vaso de agua (Sonríe y se va a la
cocina)
HORACIO:
(La sigue, siempre en la silla de ruedas) ¿Qué, Alma? ¿Te enojaste?
ALMA:
¿Por qué iba a enojarme, amor?
HORACIO:
No se, es que estabas besándome tan rico y ahora no me besas más
ALMA:
Me dio sed (Lo besa bien rico) ¿Quieres agua?
HORACIO:
No, quiero tu boca
ALMA:
¿Mi boca? (Sonríe y lo besa) ¿Así?
HORACIO:
Mmm, si... (Entra Candela a los gritos)
CANDELA:
Tataaaaaaaa, ¿onetaaaaa pimito?
ALMA:
Hola, princesa, tu primito está durmiendo en su cunita...
CANDELA:
(Horacio la sienta en su regazo) ¿Mumí?
HORACIO:
Si, bebé... ¿Viniste sola, Cande?
CANDELA:
Papi eta afueda
ALMA:
Vamos a verlo (Sonríe)
CANDELA:
Quiedo ved pimito mumí, Tata
ALMA:
Pero está durmiendo, princesa...
CANDELA:
Mmmm, ta ben, mamo gugá
ALMA:
¿A jugar a qué?
CANDELA:
¡Peddito!
HORACIO:
Los perritos están atrás, Cande, ¿quieres ir?
CANDELA:
¡¡Tiiii!!
ALMA:
Pues, vamos, renacuaja (La alza) Ya venimos, mi amor (Lo besa y sale con la
niña)
CANDELA:
Peddito, peddito...
PABLO:
(Entra) ¿Dónde andan?
HORACIO:
En la cocina, cuñado
PABLO:
Hola, cuñado (Le da la mano) ¿Dónde está mi hija?
HORACIO:
Atrás, con los perros y Alma, jugando. ¿Tomas algo?
PABLO:
Una cerveza por favor...
HORACIO:
Sírvete, pues, jajajaja... Pablo, ¿puedo preguntarte algo?
PABLO:
(Va a la nevera) Claro, ¿qué pasa?
HORACIO:
El tal Lisandro anda buscando a Alma y me dijo que no iba a dejar que se quede
conmigo. Realmente quiero matarlo a golpes
PABLO:
(Se gira con la cerveza en la mano) ¿Hablaste con Lisandro?
HORACIO:
La llamó a ella y terminé cogiendo el celular yo
PABLO:
¿Para qué la llamó? Hace años que él se fue y no se ven
HORACIO:
¿Alma no te contó nada, Pablo?
PABLO:
¿Nada de qué?
HORACIO:
(Le cuenta todo) Entiendes que no quiera que ese tipejo le ronde, ¿no?
PABLO:
Por supuesto, pero tiene que hablar con él y aclararle las cosas, ya...
HORACIO:
Eso le dije y eso va a hacer
PABLO:
Pues, no queda otra que esperar, cuñado...
HORACIO:
Ya lo se... ¡Lo que daría por tomar una cerveza helada, Dios!
PABLO:
¿Quieres un jugo fresquito?
HORACIO:
No, gracias... (Hace un gesto de dolor) La pierna me está matando. Ve con las
hermosuras, yo me voy con el campeón a dormir un poco, a ver si se me pasa
PABLO:
Te acompaño y te ayudo a acostarte...
HORACIO:
Gracias, la verdad que subir y bajar de esta silla me va a sacar mis buenos
músculos, pero cansa
PABLO:
Vamos, cuñadote (Se van los dos)
HORACIO:
(Entran a la alcoba y Nico se despierta) Hola, campeón... (Pablo lo ayuda a
subirse a la cama) Lleva al enano con Candela y Alma afuera, si quieres
PABLO:
¿Tú estás bien?
HORACIO:
Si, ya me acomodé, gracias. Llévate al principito con la princesita y la reina,
jajajaja, seguro que Nico querrá comer
PABLO:
(Coge al niño) Vamos, campeón (Sonríe y sale con él)
CANDELA:
(Jugaba con los cachorritos y Alma la observaba) Peddito dindo, dindo...
ALMA:
Muy lindos los perritos, pero revoltosos igual que tú (Sonríe)
CANDELA:
¿Ete te tama peddito?
PABLO:
No, hija, ese se llama Galo
CANDELA:
(Levanta la cabeza y explota al ver a Nicolás) ¡¡PIMITOOOO!!
ALMA:
¿Ya se despertó? (Sonríe) ¿Dónde está Horacio?
PABLO:
Le dolía la pierna, así que se acostó
CANDELA:
Paseá pimito, papi, mamo, ¡mamo!
ALMA:
Ve a pasear con los niños, yo voy a ver cómo está Horacio...
PABLO:
¿Este chinito no querrá comer?
ALMA:
No, comió antes de dormir, hasta dentro de dos horas, no le toca comer de
nuevo...
PABLO:
En ese caso, dame unos pañales y ve a ocuparte de tu marido, niña
ALMA:
En la sala está el bolso de este granuja chiquito (Besa a su hijo)
CANDELA:
Mamo, papi
PABLO:
(Entran a la casa) Aquí lo tengo. Saluda a tu tía, hija
CANDELA:
Tau, Tata (Le da un beso)
ALMA:
Adiós, princesa


