martes, 12 de noviembre de 2013

“LA PAMPA” – Capítulo 153





Carolina se quedó sola en la alcoba y sonrió pensando en cómo Nano resultaba tan inteligente en algunas ocasiones y tan bobo en otras…

CAROLINA: No me refería a comida, menso...
EMILIANO: (Entra al instante) ¿No hablabas de comida, verdad?
CAROLINA: ¿Qué?
EMILIANO: Recién, cuando me pediste que te diera de comer, no hablabas de comida, sino de mí, ¿o me pareció?
CAROLINA: De veras, Emiliano, que a veces eres un poco corto, mi amor...
EMILIANO: (Va a la cama) No soy corto, sólo que no he dormido y estoy sobrepasado con la noticia de que usted, mujer de mi vida, me va a hacer papá otra vez (La besa) Come lo que quieras...
CAROLINA: ¿Qué como?
EMILIANO: A mí, ¿no es lo que ambos deseamos? (Otro beso)
CAROLINA: Hasta que lo entiendes, precioso de mi corazón (Sonríe y lo desnuda de cintura para arriba)
EMILIANO: (Caro le besa el vientre) Siempre has sido insaciable, pero ahora estás más encendida que nunca, amor... (Desprende la hebilla del cinturón) Déjame desnudarte
CAROLINA: Aquí estoy para ti...
EMILIANO: (La desviste y besa desde los pies y hasta la entrepierna, donde se detiene largamente. Luego, le hizo el amor y quedaron los dos, exhaustos, tendidos en la cama) En algún momento tenemos que comer de verdad...
CAROLINA: En algún momento, pero no es este (Se le sube encima) ¿Tienes fuerzas?
EMILIANO: Me sobran...
CAROLINA: Me encanta escuchar eso (Sonríe y lo besa con absoluto deseo, mientras sus cuerpos no paran de rozarse)
EMILIANO: (La agarró de la cintura y se movió debajo de ella, para poder juntar sus sexos, sin llegar a la penetración) Me gusta que te pongas así...
CAROLINA: ¿Así cómo?
EMILIANO: Al mando, que me busques, me excites y seas quien toma la iniciativa
CAROLINA: No se qué me pasa, pero ando desbocada (Sonríe mientras lo hace entrar en ella) Esto es vida (Gime) Eres magnífico, mi semental

Alma llegó a la ciudad y fue directamente hasta una cafetería que solía frecuentar en las épocas de la preparatoria y aún, un par de años después de aquello. Se sentó en una de las mesas que había en la acera y se pidió un cappuccino. Su cabeza divagaba entre el enojo con Horacio y sus proyectos personales, proyectos que con Nicolás en su vida, se veía obligada a relegar por una larga temporada. De pronto, una voz casi olvidada, pero familiar en demasía, la trajo a tierra. Un joven como de su edad, de pie frente a ella, le sonreía amable y francamente

LISANDRO: Sabía que en algún momento, te iba a cruzar, preciosa. No te das una idea de lo mucho que pienso en ti, Alma...
ALMA: (Pasmada) ¿Lisandro?
LISANDRO: El mismo que viste y calza (Le ofrece la mano, ella se pone de pie y se abrazan tiernamente) Alma Mouriño, el primer gran amor de mi vida...
ALMA: La misma (sonríe) ¿Cómo te va?
LISANDRO: Más o menos, peque, ¿puedo acompañarte o esperas a alguien?
ALMA: No, siéntate (Se sientan los dos) ¿Por qué estás más o menos?
LISANDRO: Papá falleció hace unos días, por eso regresé de Nueva York, para poder acompañar a mamá y a Laura. (Sonríe con evidente tristeza)
ALMA: (Le agarra la mano) Lo siento, de veras...
LISANDRO: Se que si, bonita (Le ve la argolla de matrimonio) Me dijeron que te habías casado  y veo que no era un rumor...
ALMA: No, no es un rumor (Sonríe melancólica) ¿Tú no tienes pareja?
LISANDRO: Tuve algunas, ninguna que valga la pena recordar. Mi amor ha sido de una sola persona, a la que perdí por irme del país...
ALMA: (Siente algo en el estómago) ¿Por qué te fuiste?
LISANDRO: Porque mi familia me lo exigió y yo era un tonto que no sabía negarse, Alma. Tenía 20 años y mi futuro dependía de ese viaje. Tú tenías 18 y te ibas una temporada a Argentina, no se, las cosas se dieron así. Igual, eso ya no importa, tú eres una mujer casada y por el dije de tu cadenita, veo que tienes un hijo, ¿cómo se llama el bandido?
ALMA: (Toca el dije) Nicolás...
LISANDRO: ¿Cuántos años tiene?
ALMA: Cuatro meses (Sonríe)
LISANDRO: ¿Y se parece a ti o a su papá?
ALMA: Tiene de los dos, aunque mi mamá dice que es un Mouriño, ya la conoces
LISANDRO: ¡Si que la conozco! (La mira) Pero más conozco esa mirada repleta de melancolía, ¿qué pasa, bonita?
ALMA: Problemas en el paraíso (sonríe con tristeza), pero no te voy a amargar con mis cosas (Le coge la mano) Cuéntame, ¿qué tienes pensado hacer ahora que regresaste?
LISANDRO: Laura es quien siempre se ha dedicado a los negocios junto a mi padre, supongo que ella asumirá la presidencia de la empresa. Tobías ya volvió a Nueva York y cuando termine su carrera, se viene a quedar definitivamente y yo soy abogado comercial y calculo que me haré cargo de esa parte de los negocios. Al fin y al cabo para eso me mandaron a estudiar al extranjero... Alma, ¿puedo ayudarte en algo? Aunque más no sea escuchando...
ALMA: No quiero aburrirte con mis cosas, Big
LISANDRO: ¿Big? (Sonríe) Hace casi nueve años que nadie me dice eso... No me aburres, anda, dime qué sucede y puede que una perspectiva ajena, te ayude a ver las cosas...
ALMA: Está bien... (Le cuenta lo que sucede) Y yo para eso no me casé, ni tuve un hijo...
LISANDRO: (Asiente) Quizás tu esposo quiera darte lo mismo que te dieron tus padres y por eso trabaje tanto. En vez de enojarte, dile lo que sientes, Alma... ¿Lo amas?
ALMA: Ya se lo dije, pero parece que le importa un rábano, sigue igual...
LISANDRO: Te pregunté si lo amabas, bonita y no me contestas... Mira, no se qué se siente en una situación como esa, porque no la he vivido. Lo que si puedo decirte desde mi experiencia, es que perder a quien amas realmente, es algo que no se te va jamás. Esa pérdida se te clava en el alma y te acompaña toda la vida. Que no te pase como a mí, peque, que lo único que he adorado en mi vida, es lo único a lo que ya no puedo aspirar...
ALMA: Si lo amo o lo amaba, ya no se, estoy enojada con él y no pienso con claridad... (Lo mira) Gracias por el consejo (Le sonríe)
LISANDRO: Si no sabes lo que sientes, ya es algo que excede mi poder de comprensión. ¿Te casaste enamorada?
ALMA: Si...
LISANDRO: ¿Cuándo nació tu hijo seguías amando a tu esposo?
ALMA: Si...
LISANDRO: Dudo que en cuatro meses, ese sentimiento se haya esfumado. No dejes que tu enojo te ponga una venda en los ojos... (Mira su reloj) Tengo que irme, mamá me espera. ¿Puedo pedirte algo?
ALMA: Claro, dime...
LISANDRO: Si alguna vez dejas de amarlo y crees que puedes volver a amarme a mí, búscame, nunca dejé de esperarte... (Le besa la mano y se va)
ALMA: (Se queda mirando en dirección a Lisandro aún después que él desaparece de su campo visual) ¿Qué me está pasando?

Para cuando Alma regresó a su casa en La Serena, a sabiendas que Horacio estaba ahí con Nico, los encontró sentados en el pórtico, jugando con Cata, la perrita que Jano le regalara a su primito. Ver a su esposo la calmó un poco, pero su encuentro con Lisandro, le generó cosas que ella había creído muertas en su corazón. Apenas Nicolás la vio, sonrió y le estiró los brazos

ALMA: Hola, mi amor (Sonríe y le da un beso al niño)
HORACIO: (Se pone de pie) ¿Estás más tranquila?
ALMA: Si, ya puedes volver a trabajar...
HORACIO: No quiero trabajar... (Le toma la mano) Mi amor, entiende que todo lo que hago es por ti y por Nicolás, quisiera darles el mundo y que nunca pasen por lo que Aurora, mi mamá y yo tuvimos que atravesar con mi padre
ALMA: Te entiendo, pero para eso no tienes que matarte trabajando y dejarnos a nosotros de lado... ¿Cuánto hace que no hacemos el amor, Horacio?
HORACIO: (Agacha la cabeza) Ya perdí la cuenta...
ALMA: Ahí tienes, voy a cambiarme...
HORACIO: Amor, espera, hablemos, no me gusta estar así
ALMA: ¿De qué quieres hablar?
HORACIO: De nosotros. No soy tonto, pero a veces simplemente no me doy cuenta de las cosas que hago mal y te amo, Nicolás y tú, son mi vida y por eso trabajo de sol a sol, para darles todo lo que pueda y eso que me dijiste antes me retumba en la cabeza, no quiero perderlos
ALMA: Pues, es lo que vas a conseguir si sigues como hasta ahora. Yo no me casé para no ver a mi marido en todo el día, ni para que me mantuviera, me casé por amor, para compartir mi vida...
HORACIO: No lo hago para mantenerte, sino para poder dejarle algo a mi hijo y para que estés orgullosa de mí. (Se sienta en el pórtico) Tú sabes cómo crecí y no podría soportar que Nicolás tuviera que dejar sus estudios para procurarse una vida como le sucedió a su padre. Mi pasado me pesa, Alma y también me casé para compartir mi vida... (Mira a su hijo) Me casé porque te amo más de lo que yo mismo puedo concebir, pero me equivoco, ¿qué hago?
ALMA: Darte cuenta de tus errores y ponerles remedio, no quedarte sentado de brazos cruzados, sin hacer nada, ¿Te parece lógico que seas tú el único que trabaje todos los días de la semana sin descaso?
HORACIO: Supongo que no... (Pone al bebé en su carrito) Sin embargo, no lo hago por no amarte o porque no me importes, seré lento, pero se exactamente cuáles son mis prioridades y puedo rectificar. El problema es que no veo que quieras arreglar las cosas conmigo, me parece que esto te cae como anillo al dedo
ALMA: ¿Me cae como anillo al dedo, para qué, Horacio?
HORACIO: Para largarte de mi vida y volver a lo que eras, porque es cierto que hace mucho que no estamos juntos, como es cierto que tú tampoco lo provocas...
ALMA: No lo provoco porque veo cómo vienes, llegas agotado, Horacio, eso no me ha excitado muchísimo, ¿no? Y si quiero arreglar las cosas contigo, no quiero otra vida si cambias…

4 comentarios: