La familia Mouriño recibió la noticia con un gran revuelo. Pablo y Germán, fueron más que condescendientes con Alma, pero Felipe e Isabel estaban en completo desacuerdo con el matrimonio
ALMA: No entiendo por qué, papá. Horacio es un hombre maravilloso y me ama
FELIPE: No es para ti, punto.
ISABEL: Tu padre tiene razón, Almita…
ALMA: ¡Almita, nada! No soy una niña, soy una mujer casada, embarazada y felizmente enamorada del hombre que elegí.
ALMA: ¡Almita, nada! No soy una niña, soy una mujer casada, embarazada y felizmente enamorada del hombre que elegí.
Horacio miraba sin decir demasiado, esperaba el
momento oportuno. Caro se acercó y lo cogió del brazo, dándole ánimos…
CAROLINA: Además, Horacio está estudiando para ser un hombre preparado, tiene una casa hermosa, que le pertenece y un futuro muy prometedor…
FELIPE: ¡Claro que si! Se ha casado con una de las herederas más acaudaladas del país…
CAROLINA: Además, Horacio está estudiando para ser un hombre preparado, tiene una casa hermosa, que le pertenece y un futuro muy prometedor…
FELIPE: ¡Claro que si! Se ha casado con una de las herederas más acaudaladas del país…
HORACIO: (Se molesta) ¡Eso si no se lo permito,
señor! Usted podrá pensar lo que quiera de mí, pero nunca que estoy con Alma
por su dinero.
ALMA: (Busca un papel y se lo entrega a su padre)
Toma
FELIPE: ¿Qué es esto?
ALMA: Es un manifiesto legal, papá. Ahí dice que Horacio nunca podrá acceder ni a un solo centavo de mi dinero. No lo pedí yo, fue su deseo, sabía que ibas a pensar lo peor
ALMA: Es un manifiesto legal, papá. Ahí dice que Horacio nunca podrá acceder ni a un solo centavo de mi dinero. No lo pedí yo, fue su deseo, sabía que ibas a pensar lo peor
FELIPE: Parece legal
HORACIO: Lo es, lo redactó un notario y lo firmamos en presencia de abogados. No me importa el dinero de Alma y ella sabe desde el principio que estar conmigo, significa cambiar de vida. Ella va a seguir estudiando y va a ser la profesional que desea, al igual que yo seré un hombre preparado.
ALMA: Los dos trabajaremos y saldremos adelante, como lo hicieron ustedes, Caro y Germán…
PABLO: Algún día daré el mismo discurso, pa…
HORACIO: Lo es, lo redactó un notario y lo firmamos en presencia de abogados. No me importa el dinero de Alma y ella sabe desde el principio que estar conmigo, significa cambiar de vida. Ella va a seguir estudiando y va a ser la profesional que desea, al igual que yo seré un hombre preparado.
ALMA: Los dos trabajaremos y saldremos adelante, como lo hicieron ustedes, Caro y Germán…
PABLO: Algún día daré el mismo discurso, pa…
GERMÁN: Mira, Alma, la verdad que yo siempre soñé
que te unieras a un príncipe, hermanita, porque para mí eres una princesa. Conozco
a Horacio y es buena gente, eso es esencial y si tu felicidad está con él, yo
te apoyo. Se que Pablo y Caro están en las mismas.
FELIPE: ¡Lo que me faltaba! (Deja el papel sobre la mesa) ¿Dónde está tu casa, Horacio?
HORACIO: Aquí en el pueblo, es la que se encuentra frente a la comandancia, en el centro
ISABEL: ¿La de la cerca blanca, árboles altos y grandes ventanales verdes?
HORACIO: Esa misma
ISABEL: Es una hermosa casa.
HORACIO: Gracias, señora
FELIPE: Perdóname, Alma, pero no estoy de acuerdo con esto y no los apoyo. ¿Quieres seguir casada? Hazlo, pero no cuentes ni conmigo, ni con mi hacienda…
GERMÁN: Papá, ¿qué estás diciendo?
PABLO: ¿No estarás corriendo a Horacio de aquí, verdad?
FELIPE: Es precisamente lo que hago, no quiero a este “caballero” aquí ni un segundo más.
CAROLINA: Lo siento, papá, pero Horacio no se va, bajo ningún concepto
FELIPE: No me discutas, Pampa. El dueño de todo soy yo
CAROLINA: En los papeles, si, pero en la práctica, sin tus trabajadores, esta hacienda se va a pique y si Horacio se va, muchos lo van a seguir, empezando por mí
HORACIO: Doña Pampa, no, por favor no haga eso
ALMA: ¿Caro?
CAROLINA: Es mi verdad, lo que siento, yo no quiero estar en un sitio donde se pretende coaccionar los sentimientos con amenazas. No puedo evitar que mi padre sea un troglodita, pero si puedo ahorrarme que mi “jefe” lo sea.
FELIPE: ¡Bien, pues! Se queda, pero nosotros viajamos ya a Buenos Aires… Vamos, Isabel…
FELIPE: ¡Lo que me faltaba! (Deja el papel sobre la mesa) ¿Dónde está tu casa, Horacio?
HORACIO: Aquí en el pueblo, es la que se encuentra frente a la comandancia, en el centro
ISABEL: ¿La de la cerca blanca, árboles altos y grandes ventanales verdes?
HORACIO: Esa misma
ISABEL: Es una hermosa casa.
HORACIO: Gracias, señora
FELIPE: Perdóname, Alma, pero no estoy de acuerdo con esto y no los apoyo. ¿Quieres seguir casada? Hazlo, pero no cuentes ni conmigo, ni con mi hacienda…
GERMÁN: Papá, ¿qué estás diciendo?
PABLO: ¿No estarás corriendo a Horacio de aquí, verdad?
FELIPE: Es precisamente lo que hago, no quiero a este “caballero” aquí ni un segundo más.
CAROLINA: Lo siento, papá, pero Horacio no se va, bajo ningún concepto
FELIPE: No me discutas, Pampa. El dueño de todo soy yo
CAROLINA: En los papeles, si, pero en la práctica, sin tus trabajadores, esta hacienda se va a pique y si Horacio se va, muchos lo van a seguir, empezando por mí
HORACIO: Doña Pampa, no, por favor no haga eso
ALMA: ¿Caro?
CAROLINA: Es mi verdad, lo que siento, yo no quiero estar en un sitio donde se pretende coaccionar los sentimientos con amenazas. No puedo evitar que mi padre sea un troglodita, pero si puedo ahorrarme que mi “jefe” lo sea.
FELIPE: ¡Bien, pues! Se queda, pero nosotros viajamos ya a Buenos Aires… Vamos, Isabel…
GERMÁN: En cuatro meses nace mi hija, papá, tu tercera
nieta y en siete meses, más o menos, va a nacer el cuarto, ¿vas a dejar que el
orgullo te impida vivir eso? ¿Obligarás a mamá a perdérselo también?
FELIPE: Cuando sea el momento, volveremos
ISABEL: No, viejo, lo siento, pero estás siendo irracional. Sólo nos iremos a la ciudad, nada más. ¡Muévete, gruñón! (Al pasar junto a Alma, le besa la frente, le acaricia el vientre y le susurra) Ya comprenderá, dale tiempo… (Mira a Horacio y le hace un gesto conciliador. Se retira junto a su marido)
FELIPE: Cuando sea el momento, volveremos
ISABEL: No, viejo, lo siento, pero estás siendo irracional. Sólo nos iremos a la ciudad, nada más. ¡Muévete, gruñón! (Al pasar junto a Alma, le besa la frente, le acaricia el vientre y le susurra) Ya comprenderá, dale tiempo… (Mira a Horacio y le hace un gesto conciliador. Se retira junto a su marido)
La reunión con los señores González Miño, fue muy
amena. Emiliano salió de aquella casa con la tranquilidad de contar con el
apoyo de los padres y hermanos adoptivos de Augusto para corroborar si eran o
no, medios hermanos. Todos los miembros de esa familia se comprometieron a
colaborar en lo que fuera necesario y Nano les aclaró que la intensión era,
simplemente, corregir el posible error de su papá, al no hacer las cosas de
manera correcta en el pasado. Lo principal era poder contarles a Lucía y Jano
la verdadera historia de su progenitor y que ellos conocieran su identidad a
través de la de Augusto.
El primer instinto de Emiliano fue llamar a Carolina
y contarle, pero como Francisco ya se había ido de viaje con Aitana y no tenía
ningún compromiso por un par de días, decidió presentarse en Santa Cecilia sin
previo aviso, para sorprender a Pampa y comentarle los últimos sucesos. Fue a
su casa, preparó una pequeña maleta y salió en su carro, rumbo a la hacienda.
Llegando al pueblo, Nano se detuvo a cargar gasolina y, sin quererlo, escuchó
una conversación que, aunque en ese momento no parecía tener importancia, unas
cuantas horas más tarde, la cobraría y en gran magnitud. Eran dos hombres que
estaban parados a un par de metros del policía, parecían un poco pasados de
copas…
BORRACHO 1: (Se tambaleaba un poco) ¿Tú estás seguro?
BORRACHO 1: (Se tambaleaba un poco) ¿Tú estás seguro?
BORRACHO 2: Te digo que si, Pepe, yo lo vi con mis
ojitos, además, el tipo me dio unos buenos pesos para que cierre el pico con la
policía.
BORRACHO 1: ¿Era el viejo ese?
BORRACHO 2: Si…
BORRACHO 1: ¿Y el otro llegó con su hermano?
BORRACHO 2: Sangrando, si…
BORRACHO 1: (Piensa) Entonces, fueron ellos…
BORRACHO 2: Yo creo que si, el oficial que me
preguntó parecía creerlo
BORRACHO 1: Pues, tú, nada, shhh, no sea cosa que
corras con la misma suerte del viejo
BORRACHO 2: ¡Pobre tipo! (Piensa) Aurorita…
BORRACHO 1: (Le da un toque en la cabeza) Ni por
ella vayas a abrir la boca, Carlos, se que la amas, pero si te vas de jetón, ya
sabes lo que pasa, carnal…
BORRACHO 2: Lo se, lo se, pero me da pena…
BORRACHO 1: (Da otro trago a la botella) Deberías
desaparecer de aquí y no volver…
Emiliano no creyó que esa conversación tuviera que
ver con nada que le interesara, “pura plática de borrachos”, pensó. Terminó de
llenar el tanque de gasolina de su auto y se marchó sin siquiera sospechar que
un tiempo después, se desesperaría por encontrar al par de ebrios…
Carolina montaba a Morena porque Caramelo estaba
pastando en la otra punta de la hacienda. Se acercaba serenamente al campo de
entrenamiento, en busca de Diego y Horacio. Los dos trabajadores fueron hasta
ella, apenas la vieron aproximarse…
HORACIO: (Ayudándola a bajar) ¡Patrona! ¿Qué anda
haciendo por acá?
CAROLINA: (Desciende) Los buscaba a ustedes, señores
y deja de decirme “patrona”, Horacio, soy tu cuñada.
DIEGO: (Se ríe) ¡Bien guardadito te lo tenías,
Horacio! Jajajaja…
HORACIO: ¡Cállate, tú!
CAROLINA: Dejen la pelea. Necesito que vayamos río
abajo. Me avisaron de Terranova que el caudal subió por una tormenta que hubo
arriba y hay que ir a checar la represa.
DIEGO: Si, algo supe de esa tormenta, Doña Pampa.
HORACIO: Vamos a preparar a los demás caballos y a
los trabajadores, señora…
CAROLINA: ¡Deja las formalidades, hombre, por Dios!
DIEGO: Eso mismo, Horacio, no te hagas el humilde,
jajajaja (Caro también se ríe)
CAROLINA: Diego tiene razón, basta de tanta bobada y
¡a trabajar!
DIEGO: Si, patrona… (Mira detrás de Caro) La buscan…
CAROLINA: ¿A mí? (Se gira y la sonrisa al reconocer
a Emiliano, se volvió imposible de disimular) ¿¿TÚ??
EMILIANO: (Llegando con ellos) ¡Si, yo! (La abraza
con una sonrisa igual a la de Pampa) ¿Cómo has estado? (Saluda a los muchachos)
Hola, Horacio, Diego, ¿cómo va todo por aquí?
DIEGO: ¡¡Uff, si supiera, señor!!
HORACIO: ¡No seas igualado!
EMILIANO: ¿Igualado por qué? (Les estrecha las manos
a ambos) Más tarde les invito unas cervezas heladas y me ponen al día…
DIEGO: ¡Acepto!
HORACIO: Yo también, ahora, mueve tus piernas,
Diego, a ensillar a los caballos… (A Pampa) ¿Preparamos uno para el señor,
patrona?
CAROLINA: ¡¡Eres insufrible, Horacio!! Somos cuñados,
termina con lo de “patrona”, “señora” o “Doña Pampa”, soy Carolina y si, estoy
segura que Emiliano querrá acompañarnos…
EMILIANO: No se dónde van, pero me apunto…
HORACIO:
Perfecto, ya volvemos… (Se va junto a Diego)
CAROLINA: (Coge a Nano del brazo) Vamos a revisar la
represa que hay río abajo, parece que se puede desbordar…
EMILIANO: ¿No es peligroso eso?
CAROLINA: No, sólo vamos a ver cuál es la situación…
¿Te asusta?
EMILIANO: ¡Para nada! Lo decía por ti, bonita…
CAROLINA: Jajajaja, ¡excusas! ¿Y qué lo trajo por
estas calurosas tierras, señor adiestrador?
EMILIANO: Pues, básicamente, te tengo novedades…
Pero antes de eso, dime dos cosas, la primera, ¿dónde están esos niños bellos
que tienes? Y segundo, ¿cómo que Horacio es tu cuñado? ¿Es novio de Alma?
CAROLINA: Marido y padre del niño que mi hermanita
está esperando…
EMILIANO: ¿Alma está embarazada? ¡Wow!
Felicitaciones, tía Caro…
CAROLINA: Tía por partida doble. La esposa de mi
hermano Germán, está de cinco meses, así que ese mocosito va a llegar primero.
Jano y Lucía están camino a casa de sus abuelos paternos.
EMILIANO: Me dejas atónito con las noticias,
jajajaja… (Se miran intensamente) Y, hablando de tus suegros, esta mañana
estuve con ellos y tus cuñados, eso quería contarte y quedamos en que lo haría
en persona, ¿recuerdas?
CAROLINA: Perfectamente. ¿Qué dices si al regresar
del río, me cuentas cómo te fue con los González Miño?
EMILIANO: Acepto esa idea, encantado… De todas
maneras, te adelanto que todo salió de maravillas…
CAROLINA: Por esa sonrisa que te cargas, lo puedo
ver, pero quiero detalles…
EMILIANO: Y los tendrás, pero vamos a prepararnos
para la cabalgata…
CAROLINA: ¿Vamos? Irás tú, Emiliano, porque lo que
soy yo, mírame… (Da una vuelta sobre si misma) Estoy más que lista…
EMILIANO: (Se había quedado embobado por el aspecto
de Caro, era bellísima) Me doy cuenta…
CAROLINA: Como viniste caminando, te llevo con
Morena hasta la casa grande para que puedas cambiarte
EMILIANO: De acuerdo… (Montan a la yegua y van hasta
la casona, Nano se pone ropa más cómoda y al salir, los estaban esperando)
CAROLINA: ¡Ya estamos listos, gente! ¡Andando!

No hay comentarios.:
Publicar un comentario