martes, 13 de agosto de 2013

“LA PAMPA” – Capítulo 012



La familia Mouriño recibió la noticia con un gran revuelo. Pablo y Germán, fueron más que condescendientes con Alma, pero Felipe e Isabel estaban en completo desacuerdo con el matrimonio

ALMA: No entiendo por qué, papá. Horacio es un hombre maravilloso y me ama
FELIPE: No es para ti, punto.
ISABEL: Tu padre tiene razón, Almita…
ALMA: ¡Almita, nada! No soy una niña, soy una mujer casada, embarazada y felizmente enamorada del hombre que elegí.

Horacio miraba sin decir demasiado, esperaba el momento oportuno. Caro se acercó y lo cogió del brazo, dándole ánimos…

CAROLINA: Además, Horacio está estudiando para ser un hombre preparado, tiene una casa hermosa, que le pertenece y un futuro muy prometedor…
FELIPE: ¡Claro que si! Se ha casado con una de las herederas más acaudaladas del país…
HORACIO: (Se molesta) ¡Eso si no se lo permito, señor! Usted podrá pensar lo que quiera de mí, pero nunca que estoy con Alma por su dinero.
ALMA: (Busca un papel y se lo entrega a su padre) Toma
FELIPE: ¿Qué es esto?
ALMA: Es un manifiesto legal, papá. Ahí dice que Horacio nunca podrá acceder ni a un solo centavo de mi dinero. No lo pedí yo, fue su deseo, sabía que ibas a pensar lo peor
FELIPE: Parece legal
HORACIO: Lo es, lo redactó un notario y lo firmamos en presencia de abogados. No me importa el dinero de Alma y ella sabe desde el principio que estar conmigo, significa cambiar de vida. Ella va a seguir estudiando y va a ser la profesional que desea, al igual que yo seré un hombre preparado.
ALMA: Los dos trabajaremos y saldremos adelante, como lo hicieron ustedes, Caro y Germán…
PABLO: Algún día daré el mismo discurso, pa…
GERMÁN: Mira, Alma, la verdad que yo siempre soñé que te unieras a un príncipe, hermanita, porque para mí eres una princesa. Conozco a Horacio y es buena gente, eso es esencial y si tu felicidad está con él, yo te apoyo. Se que Pablo y Caro están en las mismas.
FELIPE: ¡Lo que me faltaba! (Deja el papel sobre la mesa) ¿Dónde está tu casa, Horacio?
HORACIO: Aquí en el pueblo, es la que se encuentra frente a la comandancia, en el centro
ISABEL: ¿La de la cerca blanca, árboles altos y grandes ventanales verdes?
HORACIO: Esa misma
ISABEL: Es una hermosa casa.
HORACIO: Gracias, señora
FELIPE: Perdóname, Alma, pero no estoy de acuerdo con esto y no los apoyo. ¿Quieres seguir casada? Hazlo, pero no cuentes ni conmigo, ni con mi hacienda…
GERMÁN: Papá, ¿qué estás diciendo?
PABLO: ¿No estarás corriendo a Horacio de aquí, verdad?
FELIPE: Es precisamente lo que hago, no quiero a este “caballero” aquí ni un segundo más.
CAROLINA: Lo siento, papá, pero Horacio no se va, bajo ningún concepto
FELIPE: No me discutas, Pampa. El dueño de todo soy yo
CAROLINA: En los papeles, si, pero en la práctica, sin tus trabajadores, esta hacienda se va a pique y si Horacio se va, muchos lo van a seguir, empezando por mí
HORACIO: Doña Pampa, no, por favor no haga eso
ALMA: ¿Caro?
CAROLINA: Es mi verdad, lo que siento, yo no quiero estar en un sitio donde se pretende coaccionar los sentimientos con amenazas. No puedo evitar que mi padre sea un troglodita, pero si puedo ahorrarme que mi “jefe” lo sea.
FELIPE: ¡Bien, pues! Se queda, pero nosotros viajamos ya a Buenos Aires… Vamos, Isabel…
GERMÁN: En cuatro meses nace mi hija, papá, tu tercera nieta y en siete meses, más o menos, va a nacer el cuarto, ¿vas a dejar que el orgullo te impida vivir eso? ¿Obligarás a mamá a perdérselo también?
FELIPE: Cuando sea el momento, volveremos
ISABEL: No, viejo, lo siento, pero estás siendo irracional. Sólo nos iremos a la ciudad, nada más. ¡Muévete, gruñón! (Al pasar junto a Alma, le besa la frente, le acaricia el vientre y le susurra) Ya comprenderá, dale tiempo… (Mira a Horacio y le hace un gesto conciliador. Se retira junto a su marido)

La reunión con los señores González Miño, fue muy amena. Emiliano salió de aquella casa con la tranquilidad de contar con el apoyo de los padres y hermanos adoptivos de Augusto para corroborar si eran o no, medios hermanos. Todos los miembros de esa familia se comprometieron a colaborar en lo que fuera necesario y Nano les aclaró que la intensión era, simplemente, corregir el posible error de su papá, al no hacer las cosas de manera correcta en el pasado. Lo principal era poder contarles a Lucía y Jano la verdadera historia de su progenitor y que ellos conocieran su identidad a través de la de Augusto.

El primer instinto de Emiliano fue llamar a Carolina y contarle, pero como Francisco ya se había ido de viaje con Aitana y no tenía ningún compromiso por un par de días, decidió presentarse en Santa Cecilia sin previo aviso, para sorprender a Pampa y comentarle los últimos sucesos. Fue a su casa, preparó una pequeña maleta y salió en su carro, rumbo a la hacienda. Llegando al pueblo, Nano se detuvo a cargar gasolina y, sin quererlo, escuchó una conversación que, aunque en ese momento no parecía tener importancia, unas cuantas horas más tarde, la cobraría y en gran magnitud. Eran dos hombres que estaban parados a un par de metros del policía, parecían un poco pasados de copas…

BORRACHO 1: (Se tambaleaba un poco) ¿Tú estás seguro?
BORRACHO 2: Te digo que si, Pepe, yo lo vi con mis ojitos, además, el tipo me dio unos buenos pesos para que cierre el pico con la policía.
BORRACHO 1: ¿Era el viejo ese?
BORRACHO 2: Si…
BORRACHO 1: ¿Y el otro llegó con su hermano?
BORRACHO 2: Sangrando, si…
BORRACHO 1: (Piensa) Entonces, fueron ellos…
BORRACHO 2: Yo creo que si, el oficial que me preguntó parecía creerlo
BORRACHO 1: Pues, tú, nada, shhh, no sea cosa que corras con la misma suerte del viejo
BORRACHO 2: ¡Pobre tipo! (Piensa) Aurorita…
BORRACHO 1: (Le da un toque en la cabeza) Ni por ella vayas a abrir la boca, Carlos, se que la amas, pero si te vas de jetón, ya sabes lo que pasa, carnal…
BORRACHO 2: Lo se, lo se, pero me da pena…
BORRACHO 1: (Da otro trago a la botella) Deberías desaparecer de aquí y no volver…

Emiliano no creyó que esa conversación tuviera que ver con nada que le interesara, “pura plática de borrachos”, pensó. Terminó de llenar el tanque de gasolina de su auto y se marchó sin siquiera sospechar que un tiempo después, se desesperaría por encontrar al par de ebrios…

Carolina montaba a Morena porque Caramelo estaba pastando en la otra punta de la hacienda. Se acercaba serenamente al campo de entrenamiento, en busca de Diego y Horacio. Los dos trabajadores fueron hasta ella, apenas la vieron aproximarse…

HORACIO: (Ayudándola a bajar) ¡Patrona! ¿Qué anda haciendo por acá?
CAROLINA: (Desciende) Los buscaba a ustedes, señores y deja de decirme “patrona”, Horacio, soy tu cuñada.
DIEGO: (Se ríe) ¡Bien guardadito te lo tenías, Horacio! Jajajaja…
HORACIO: ¡Cállate, tú!
CAROLINA: Dejen la pelea. Necesito que vayamos río abajo. Me avisaron de Terranova que el caudal subió por una tormenta que hubo arriba y hay que ir a checar la represa.
DIEGO: Si, algo supe de esa tormenta, Doña Pampa.
HORACIO: Vamos a preparar a los demás caballos y a los trabajadores, señora…
CAROLINA: ¡Deja las formalidades, hombre, por Dios!
DIEGO: Eso mismo, Horacio, no te hagas el humilde, jajajaja (Caro también se ríe)
CAROLINA: Diego tiene razón, basta de tanta bobada y ¡a trabajar!
DIEGO: Si, patrona… (Mira detrás de Caro) La buscan…
CAROLINA: ¿A mí? (Se gira y la sonrisa al reconocer a Emiliano, se volvió imposible de disimular) ¿¿TÚ??
EMILIANO: (Llegando con ellos) ¡Si, yo! (La abraza con una sonrisa igual a la de Pampa) ¿Cómo has estado? (Saluda a los muchachos) Hola, Horacio, Diego, ¿cómo va todo por aquí?
DIEGO: ¡¡Uff, si supiera, señor!!
HORACIO: ¡No seas igualado!
EMILIANO: ¿Igualado por qué? (Les estrecha las manos a ambos) Más tarde les invito unas cervezas heladas y me ponen al día…
DIEGO: ¡Acepto!
HORACIO: Yo también, ahora, mueve tus piernas, Diego, a ensillar a los caballos… (A Pampa) ¿Preparamos uno para el señor, patrona?
CAROLINA: ¡¡Eres insufrible, Horacio!! Somos cuñados, termina con lo de “patrona”, “señora” o “Doña Pampa”, soy Carolina y si, estoy segura que Emiliano querrá acompañarnos…
EMILIANO: No se dónde van, pero me apunto…
HORACIO: Perfecto, ya volvemos… (Se va junto a Diego)
CAROLINA: (Coge a Nano del brazo) Vamos a revisar la represa que hay río abajo, parece que se puede desbordar…
EMILIANO: ¿No es peligroso eso?
CAROLINA: No, sólo vamos a ver cuál es la situación… ¿Te asusta?
EMILIANO: ¡Para nada! Lo decía por ti, bonita…
CAROLINA: Jajajaja, ¡excusas! ¿Y qué lo trajo por estas calurosas tierras, señor adiestrador?
EMILIANO: Pues, básicamente, te tengo novedades… Pero antes de eso, dime dos cosas, la primera, ¿dónde están esos niños bellos que tienes? Y segundo, ¿cómo que Horacio es tu cuñado? ¿Es novio de Alma?
CAROLINA: Marido y padre del niño que mi hermanita está esperando…
EMILIANO: ¿Alma está embarazada? ¡Wow! Felicitaciones, tía Caro…
CAROLINA: Tía por partida doble. La esposa de mi hermano Germán, está de cinco meses, así que ese mocosito va a llegar primero. Jano y Lucía están camino a casa de sus abuelos paternos.
EMILIANO: Me dejas atónito con las noticias, jajajaja… (Se miran intensamente) Y, hablando de tus suegros, esta mañana estuve con ellos y tus cuñados, eso quería contarte y quedamos en que lo haría en persona, ¿recuerdas?
CAROLINA: Perfectamente. ¿Qué dices si al regresar del río, me cuentas cómo te fue con los González Miño?
EMILIANO: Acepto esa idea, encantado… De todas maneras, te adelanto que todo salió de maravillas…
CAROLINA: Por esa sonrisa que te cargas, lo puedo ver, pero quiero detalles…
EMILIANO: Y los tendrás, pero vamos a prepararnos para la cabalgata…
CAROLINA: ¿Vamos? Irás tú, Emiliano, porque lo que soy yo, mírame… (Da una vuelta sobre si misma) Estoy más que lista…
EMILIANO: (Se había quedado embobado por el aspecto de Caro, era bellísima) Me doy cuenta…
CAROLINA: Como viniste caminando, te llevo con Morena hasta la casa grande para que puedas cambiarte
EMILIANO: De acuerdo… (Montan a la yegua y van hasta la casona, Nano se pone ropa más cómoda y al salir, los estaban esperando)
CAROLINA: ¡Ya estamos listos, gente! ¡Andando!

No hay comentarios.:

Publicar un comentario