A medida que las horas pasaban y los trabajadores intentaban reconstruir la represa, en la casa grande, Carolina despertaba un poco aturdida. Alma estaba semi recostada a un lado y Nano, profundamente dormido junto a ella…
CAROLINA: (Apenas abriendo los ojos) ¿Augusto?
ALMA: (Le toma la mano) No, hermanita, soy Alma,
¿cómo te sientes?
CAROLINA: (La mira) Me duele la cabeza y me siento
agotada…
ALMA: Es lógico. ¿Recuerdas lo que pasó?
CAROLINA: Estaba en el río y… No, no se qué sucedió
ALMA: Se rompió la represa, Caro y el agua te llevó.
Si no fuera por él (señala a Emiliano), estaríamos llorándote…
CAROLINA: (Ve a Nano) ¿Qué?
ALMA: (Le explica) Casi te nos vas, niña mensa…
CAROLINA: ¿Me salvó?
ALMA: Si y por poco se muere en el intento…
CAROLINA: Pero yo estaba con Tuto, Alma, lo besé, lo
acaricié…
ALMA: Debes haberlo soñado mientras estabas
inconsciente, Pampa, porque estuviste todo el tiempo junto a él, no te dejó ni
un segundo. Sólo pudimos convencerlo de ponerse ropa seca y ya, se acostó
contigo para darte calor y se durmió. ¿Lo despierto para que se vaya a su
cuarto?
CAROLINA: No, déjalo dormir en paz, después de lo
que hizo por mí, es lo menos que puedo hacer por él….
ALMA: ¿Necesitas algo?
CAROLINA: Dormir…
ALMA: Pues, hazlo y cualquier cosa, me llamas, me
quedo aquí, en mi alcoba, ¿si?
CAROLINA: Gracias, preciosa. (Le da un beso) Te amo,
enanita…
ALMA: Y yo a ti y al parecer, no soy la única en
este cuarto que siente eso… (Le guiña el ojo)
CAROLINA: (Estaba tan cansada que ni entendió) Si,
si, claro…
ALMA: (Se pone de pie) Descansa… (Sale del cuarto)
Carolina se acurrucó junto a su salvador y en un par
de segundos, cayó en garras de un profundo sueño. Mientras se quedaba dormida,
sólo pudo pensar en dos cosas: una fue que esa sensación de los besos de
Augusto era demasiado nítida para haber sido sólo un sueño y la segunda cosa
fue en lo cómoda que se sentía junto a Nano.
Casi a medianoche, Emiliano despertó y al ver a
Pampa a su lado, se sintió demasiado bien…
EMILIANO: ¿Qué me pasa contigo, Carolina? ¿Qué?
(Ella se movió un poco) Shhh… Duerme, bonita… (La abraza y mira al cielo) Por
favor, señor, que no sea lo que creo porque esto no puede ser, Carolina está
prohibida para mí y lo sabes… (La mira) Eres tan hermosa, Pampa, la más divina
de las mujeres, pero no puedo amarte, no debo enamorarme de ti…
Presa de su agotamiento, Nano se volvió a dormir y
así se quedaron los dos, hasta la mañana siguiente…
El nuevo día llegó con puras buenas noticias. Las
compuertas de la hacienda Navarro ya estaban arregladas y reforzadas y lo mismo
sucedía con la represa de Santa Cecilia. Iba a demorar algunos días en
asentarse y quedar bien, pero el trabajo había sido hecho con eficacia y
rapidez. Alma, su marido, Nano y Pampa, desayunaban.
HORACIO: Claro que si Terranova hubiera colaborado
con la pala mecánica, hubiéramos demorado mucho menos.
CAROLINA: No puedo creer que sea tan asqueroso ese
tipo.
HORACIO: El problema fue que no encontramos a su
padre y Santiago es una porquería de persona
CAROLINA: ¿Entonces ustedes recién terminan, cuñado?
HORACIO: Si, por hoy, los trabajadores tendremos un
descanso, “cuñada” (se ríe) No me hallo diciendo eso…
CAROLINA:
¡Empieza a hallarte, méndigo, porque eso eres!
ALMA: Es cierto, mi amor.
EMILIANO: Se los ve muy bien juntos, como que es
correcto
HORACIO: ¿Correcto?
EMILIANO: Si, como que así tiene que ser, ustedes
dos, una pareja.
HORACIO: Gracias. ¿Cómo te sientes?
EMILIANO: Bien, gracias por preguntar.
HORACIO: ¡Qué manera de nadar, oye!
CAROLINA: ¿Nadas bien, Emiliano?
HORACIO: ¡Como un tiburón! De otro modo, no hubiera
podido alcanzarte…
EMILIANO: No es nada, cambiemos de tema, mejor.
CAROLINA: Salvaste mi vida, ¿eso te parece nada?
EMILIANO: No, sólo digo que hice lo que tenía que
hacer.
HORACIO: Pues, no mucha gente hace lo que tiene que
hacer o debería hacer…
ALMA: Como Terranova, por ejemplo
CAROLINA: ¡No compares! A Emiliano se le nota en un
segundo lo buena gente que es, por Dios, Alma…
ALMA: Yo sólo decía…
AURORA: (Entrando) ¿Se les ofrece algo más?
EMILIANO: ¿Puede ser un poco de café?
HORACIO: A mí nada, sólo quiero dormir
CAROLINA: Me apunto con el café
ALMA: Yo paso, me voy a llevar al señor para que se
acueste. (Se ponen de pie) Vamos, amor. Nos vemos más tarde, Caro, Nano… (Se
retiran)
AURORA: En un momento, traigo más café
CAROLINA: Aurora, diles a los empleados que tienen
el día libre y a Alfonso que se ocupe de Esfinge, por favor. ¿Él no fue a la
represa, no?
AURORA: No, él y Teo se quedaron porque Diego se los
ordenó, por si se presentaba algo.
CAROLINA: Bien, entonces que ellos dos se queden al
pendiente. Gracias.
AURORA: De nada, señora y con permiso…
EMILIANO: (La miraba con adoración) ¿De verdad te
sientes bien?
CAROLINA: Si y es por ti, Emiliano, no me va
alcanzar la vida para pagarte lo que hiciste. Espero no haberte dado mucha
lata…
EMILIANO: ¿Darme lata? Sólo me acariciabas y me
decías “Augusto”, pero debe ser normal, quizás estabas pensando en él y tienes
manos suaves, bonitas, nada mal que te acaricien…
CAROLINA: (Se sonroja) ¿Eso hice?
EMILIANO: ¡Ey! No te apenes, Pampa, es normal que
esas cosas sucedan…
CAROLINA: ¿Cómo sabes?
EMILIANO: Conocimientos generales, jajajaja… No, mi
padrino es médico y el noventa por ciento de sus anécdotas tienen que ver con
casos que atendió y siempre dice que una persona que vive una experiencia
cercana a la muerte, consciente o inconscientemente, reacciona aferrándose a
sus amores, a sus afectos, terrenales o no. Puede que hayas pensado en Augusto
y por eso lo llamabas.
CAROLINA: (Recordó esa sensación de sus besos) ¿No
hice nada más?
EMILIANO: Si te digo la verdad, ¿no te vas a poner
mal?
CAROLINA: Depende…
EMILIANO: Me besaste, pero pensando que yo era tu
marido.
CAROLINA: ¡¡Perdón!!
EMILIANO: ¿Perdón por qué? ¡Besas muuuy bien!
CAROLINA: ¡No te burles! Me muero de la vergüenza
contigo
EMILIANO: No me burlo. Mira, Caro, los dos pasamos
algo muy fuerte juntos y debe ser lógico que te confundieras. Eso es todo, no
te preocupes ni sientas vergüenza. Si fuera necesario, volvería a tirarme a ese
río, mil veces más.
CAROLINA: ¡Eres un exagerado!
EMILIANO: Soy sincero
CAROLINA: Entonces, eres uno en un millón…
EMILIANO: Eso me gusta más… (Se sonríen)
CAROLINA: (Le coge ambas manos) De verdad, gracias…
EMILIANO: (Besa las manos de Pampa) De verdad, de
nada, si mi destino era salvarte de eso, soy feliz de haberlo cumplido. (Se
miran y se acercan un poco, pero entra Aurora)
AURORA: ¡Café calent… (Se da cuenta que interrumpió)
Tito…
CAROLINA: (Se separa de Nano) ¡Gracias, Aurora!
AURORA: (Sirve) Para eso estoy, señora… (Suena el
teléfono y Caro va a contestar) ¡Perdón, Nano, no quise interrumpir, lo siento!
EMILIANO: No lo sientas, llegaste justo a tiempo.
AURORA: Si, a tiempo de meter mi nariz e
interponerme entre ustedes
EMILIANO: ¡Por suerte, Aurora! Casi la beso
AURORA: ¡Por eso te digo!
EMILIANO: Eso no puede pasar, ¿si? Interrumpe cada
vez que sea necesario…
AURORA: Tú estás loco, se les nota que se atraen,
que se gustan y ninguno tiene compromisos, ¿qué mal pueden hacer si andan?
EMILIANO: No lo entenderías
AURORA: ¡Explícame!
EMILIANO: No, sólo hazme el favor de no permitir
nunca que la bese…
AURORA: No, señor, si usted no quiere, ¡CONTÉNGASE!
(Se va a la cocina)
EMILIANO: (Se queda serio) ¡Esto no puede estarme
pasando!
CAROLINA: ¿Qué no puede pasarte?
EMILIANO: Nada, no te preocupes. ¿Todo bien?
CAROLINA: Si, eran mis padres, llamaron para saber
cómo me sentía y para avisarme que los niños vuelven recién el lunes, después
de clases. Mis suegros quisieron avisarme, pero nadie atendía aquí, así que les
dijeron a ellos…
EMILIANO: (Toma un poco de café) Creo que lo mejor
va a ser que me de un baño de nuevo, estoy como adormilado todavía.
CAROLINA: Lo mismo digo…
EMILIANO: (Se para) Nos vemos después, Carolina… (Se
va)
CAROLINA: (Sonríe) Así que te besé a ti… ¡Dios,
Carolina! ¿Qué te pasa que sonríes, mensa? No, no, es el hermano de Augusto, no
puedes fijarte en él.
Horacio se bañó y se acostó junto a su esposa,
abrazándola y acariciándola.
HORACIO: Estoy muerto de cansancio, pero más muerto
me traes tú, amor… (La besa)
ALMA: No me digas que quieres guerra, Horacio.
HORACIO: ¿Guerra? No, Alma, lo que quiero es amor,
mucho amor y del tuyo
ALMA: (Se acomoda sobre él) Mmmm… No te vayas a
quedar dormido en el durante
HORACIO: Ni loco… (Le quita la blusa y le besa los
pechos por encima del sujetador) Deliciosos…
ALMA: (Sonreía y gozaba de la boca de su marido)
Siempre dices eso
HORACIO: Es que es cierto (desprende el broche y los
saborea plenamente) Son exquisitos, toda tú eres un manjar, Alma.
ALMA: (Le toma la cabeza para acompañarlo en los
besos) Aliméntate, entonces, porque es todo para ti
HORACIO: Nada de eso, en unos meses un bebé me
robará mi manjar…
ALMA: Sólo lo compartirá contigo, padre codo
HORACIO: (Le mete la mano por dentro de la falda y
la toca por doquier, encendiéndola más aún) No soy codo, pero estos dos me
fascinan… (Le besa los labios ahora)
ALMA: (Se mueve y le quita la toalla de la cintura,
moviéndose para provocarlo) Hay alguien ahí que se puso serio, ¿o me parece a
mí nada más?
HORACIO: (Sintiendo la dureza de su erección) Estás
en lo correcto, hermosa… (La hace levantarse un poco y al sentirla húmeda,
entra en ella) Te amo, Alma, eres mi milagro personal…
ALMA: Shhhh, cállate y hazme el amor como tú sabes…
Horacio sonrió y no dijo nada más, los únicos
sonidos que se escuchaban en el cuarto, eran de los gemidos que se arrancaban
uno al otro. Hicieron el amor con intensidad y poco después, los dos se
quedaron dormidos. Sin embargo, Horacio se despertó al rato y como no podía conciliar
el sueño, se vistió y se fue a los corrales a ver a Alfonso y a Esfinge.

No hay comentarios.:
Publicar un comentario