martes, 13 de agosto de 2013

“LA PAMPA” – Capítulo 015



Carolina y Emiliano caminaban en silencio. La tarde caía pesadamente y la hacienda, al atardecer, era aún más preciosa. Se acercaron hasta el campo de entrenamiento y ahí se quedaron, observando a Alfonso tratando de domar a Esfinge, que no se dejaba…

EMILIANO: (Observando al adiestrador) Ese hombre no sabe lo que hace, Carolina, el caballo está domando al domador…
CAROLINA: ¿Cómo lo sabes?
EMILIANO: Míralo. La actitud es sumisa, pasiva. El animal no siente que deba obedecer. Está queriendo meterle miedo y eso no sirve. El caballo tiene que sentir confianza, Carolina. Es igual que para montarlo. ¿Me dejas intentar a mí?
CAROLINA: Pues, Esfinge, es todo tuyo...
EMILIANO: (Le sonríe y cruza la barda de un solo salto. Se quita la camisa, quedando en playera y le da la prenda a Pampa) Ten esto, por favor.
CAROLINA: Alfonso, el señor se encarga del caballo (El adiestrador asiente) Horacio,  dale las riendas y, a todo esto, ¿no deberías estar durmiendo?
HORACIO: Si, cuñada, pero no puedo y como Alma si, no quise molestarla y me vine.
EMILIANO: (Toma el mando del caballo y mira a Caro) Gracias... (Le guiña el ojo y va se sube al animal)
HORACIO: (A Alfonso) A ver si aprendes, burro...
EMILIANO: (Se ríe) Gracias por la confianza
HORACIO: El que sabe, sabe...
CAROLINA: Horacio, vete a descansar. Si no puedes dormir, te quedas leyendo o estudiando, pero no trabajes, hombre…
HORACIO: ¿Tengo alternativas?
CAROLINA: No, largo…
HORACIO: (Sonríe) Está bien. Hasta luego…

Emiliano comienza a domar a Esfinge. Unos minutos más tarde, con el animal rendido a él, busca a Caro...

EMILIANO: ¿Paseamos?
CAROLINA: Paseamos...
EMILIANO: (La ayuda a montarse y salen a un trotecito suave) ¿Ves? El muchacho tiene madera, pero necesita confiar en sus instintos y aprender a interpretar a Esfinge...
CAROLINA: ¿Te importaría enseñarle?
EMILIANO: Claro que no, sería un placer y además, me das una excusa extra para pasar tiempo aquí. Santa Cecilia me tiene hechizado... (Se detiene) ¿Puedo pedirte un favor?
CAROLINA: Si, dime...
EMILIANO: ¿Bajamos un momento?
CAROLINA: Bajemos (Lo hacen)
EMILIANO: (Caminaban tranquilamente, siguiendo el río) Independientemente de los resultados del ADN, quisiera que permitieras que me quedara aquí un tiempo. Llevo años proyectando escribir sobre la equitación y el negocio de la ganadería equina, con su parte buena y su parte mala. Creo que es una buena oportunidad de hacerlo.
CAROLINA: No veo ningún inconveniente en que te quedes... ¿Por cuánto tiempo?
EMILIANO: Hasta que me eches, jajajaja... No se. De todas maneras, estaría yendo y viniendo de la ciudad, tengo que estar con mi hijo. (Mira alrededor y respira profundo) ¡Dios! Le fascinarían estas tierras...
CAROLINA: Lo podrías traer un día para que conozca por aquí
EMILIANO: Te voy a tomar la palabra, Francisco sueña con vivir en un lugar como este, no le gusta la ciudad. (La mira y siente deseos de contarle todo, pero no podía decirle semejante verdad sin pruebas que respalden sus palabras) Carolina, hay algo más que quiero decirte, pero no es momento.
CAROLINA: Está bien, voy a confiar en ti, no sé por qué lo hago, pero siento que puedo…
EMILIANO: No te vas a arrepentir. (Se sientan en el pasto) Cuando empecé con lo del libro, descubrí que existe una red de tráfico de animales exóticos. Pude encontrar pistas que me permitieron trazar una ruta. El problema es que el camino acaba en esta región y creo que estando por acá, podré completar esa ruta y descubrir quién está detrás de ese delito
CAROLINA: ¿Tráfico de animales?
EMILIANO: Animales exóticos, aquellos que están en peligro de extinción. Comerciar con ellos está severamente penado por la ley
CAROLINA: Me lo estás contando y no lo puedo creer, aunque algo de eso había escuchado...
EMILIANO: ¿Cómo? Quiero decir, ¿quién te contó? ¿O acaso corren rumores de esto por aquí?
CAROLINA: He oído rumores por algunos de los trabajadores...
EMILIANO: (Ahora si, tenía que quedarse en Santa Cecilia a como diera lugar) Te ruego, te suplico que me dejes permanecer en la hacienda, Carolina. Hay mucho más detrás de esto y puede que las cosas te afecten a ti...
CAROLINA: ¿A mí?
EMILIANO: (Debía decirle algo que le diera seguridad, pero al mismo tiempo, no podía quedar en evidencia) Si, imagina que se descubre que alguna de las haciendas vecinas está involucrada en esto, toda la región se vería afectada... (La charla se ve interrumpida por la abrupta aparición de Santiago Terranova)
SANTIAGO: ¡Buenas tardes, Pampa!
CAROLINA: Buenas, señor Terranova
EMILIANO: (Comprobar una vez más lo mal que ese tipo le caía a Caro, fue de mucho agrado para Nano) Hola...
SANTIAGO: Señor Iberbia, ¿aún por aquí?
EMILIANO: ¿Algún problema con eso? Ni que estuviera en su hacienda...
CAROLINA: Además, se va a quedar por un buen tiempo, ¿no es así, Emiliano?
EMILIANO: El tiempo que sea necesario, Carolina...
SANTIAGO: ¿No me digas que el ADN dio positivo? ¿Augusto resultó hermano de este caballero?
CAROLINA: Eso es un asunto que sólo incumbe a mi familia, señor Terranova
SANTIAGO: ¡Qué genio, Pampa!
EMILIANO: Si no me equivoco, a la señora no le gusta que usted le diga de ese modo.
SANTIAGO: ¿Eres su cuñado o su vocero?
EMILIANO. (Disgustado) Soy lo que ella necesite que sea, ¿alguna objeción?
SANTIAGO: (Se baja de su caballo y lo enfrenta) No me provoque, Iberbia, no sabe con quién se está metiendo
EMILIANO: Los tipos como usted, me purgan y me generan muchas cosas, pero miedo, no.
SANTIAGO: (Se ríe) Señora Mouriño, sólo vine a decirle que el presidente del centro de ganaderos quiere reunirse con nosotros dos. Mañana, en mi casa...
CAROLINA: Gracias, ya estoy informada, ahora quisiera seguir hablando con Emiliano...
SANTIAGO: Bien, siendo así, me retiro...
EMILIANO: Se está tardando, Terranova.
SANTIAGO: ¿Me está corriendo?
EMILIANO: Si, ¿por?
SANTIAGO: (Se gira como para irse, pero de repente se voltea y le da un puñetazo a Nano, en la boca) A mí, ningún pelele me echa, ¿lo entendiste?
EMILIANO: (Se soba el labio lastimado) Te salvas porque hay una dama presente...
CAROLINA: ¡¡¡Lárguese de mis tierras ahora mismo, señor Terranova!!! Esto es lo último que me faltaba por presenciar (Se gira hacia Emiliano y le toca el labio) ¿Estás bien?
EMILIANO: (La mira totalmente embobado) Si, no te preocupes... (A Santiago) ¿No escuchaste? ¡Qué te largues de sus tierras!
SANTIAGO: (Se le acerca, empuja a Caro y lo agarra de la solapa) ¡Oblígame!
EMILIANO: (No toleró que le pusiera un dedo encima a ella y cuando Santiago quiso darle otro golpe, lo detuvo y le metió un tremendo puñetazo, haciéndolo caer) ¡Lárgate porque te rompo el alma, infeliz! (Va con Pampa) ¿Estás bien?
CAROLINA: Si, no es nada…
SANTIAGO: (Levantándose) ¡Esto no se queda así, idiota, me las vas a pagar!
EMILIANO: Vete al demonio... (Santiago se monta al caballo y sale a todo galope) ¿Te lastimó?
CAROLINA: No, no me lastimó, estoy bien... ¿Tú estás bien?
EMILIANO: Estoy indignado con ese imbécil, se atrevió a ponerte una mano encima, ¡es un poco hombre! (Le ve sangre en el brazo) ¡Mira lo que te hizo!
CAROLINA: Tranquilo, no es más que un rasguño
EMILIANO: No tendría que haberse atrevido, golpear a una mujer... ¿Me dejas verte el brazo?
CAROLINA: (Le enseña el brazo) Nada, ¿lo ves?
EMILIANO: Igual, Caro, ese tipo es siniestro, se le nota... Ven, volvamos a la casa grande, así te limpiamos el brazo y lo curamos bien, no soy tonto y se que duele...
CAROLINA: No lo vas a dejar pasar, ¿verdad?
EMILIANO: No. Así como hay hombres capaces de lastimar a una mujer, habemos hombres que haríamos lo que sea por sanar esas heridas...
CAROLINA: (Lo miró intrigada) ¿Eres uno de esos, Emiliano?
EMILIANO: Para sanar tus heridas, si, siempre. No me preguntes por qué, porque no lo se, pero la idea de verte lastimada o que te hagan daño, me corre de mi eje...
CAROLINA: Vayamos a la casa
EMILIANO: (La ayuda a subir al caballo y lo monta detrás de ella) Apóyate en mí, así no esfuerzas ese brazo, ¿va?

Esa misma noche, mientras tomaba unas cervezas con Diego y Horacio, Emiliano comenzaría a dar ciertas puntadas y a armar un rompecabezas que parecía muy difícil. Aurora se acercó al trío de hombres y parecía molesta.

AURORA: Horacio, tienes que hacer algo con el imbécil de Carlos, por favor, me tiene harta…
HORACIO: ¿Qué te hizo?
AURORA: Molestar. Cuando salí de la casa del pueblo, estaba ahí con el tal Pepe y se me acercaron, hablando cosas de Fermín. Por favor, ponlo en su sitio porque a la próxima, le abro la cabeza con un palo. Es tu amigo, no tengo por qué estarlo aguantando…
HORACIO: Sabes que está enamorado de ti…
AURORA: (Mira a Diego) Pues, yo no lo estoy de él, que deje de fregar o ya sabes, ¡PALO EN LA CABEZA!


No hay comentarios.:

Publicar un comentario