Carolina y Emiliano caminaban en silencio. La tarde caía pesadamente y la hacienda, al atardecer, era aún más preciosa. Se acercaron hasta el campo de entrenamiento y ahí se quedaron, observando a Alfonso tratando de domar a Esfinge, que no se dejaba…
EMILIANO:
(Observando al adiestrador) Ese hombre no sabe lo que hace, Carolina, el
caballo está domando al domador…
CAROLINA:
¿Cómo lo sabes?
EMILIANO:
Míralo. La actitud es sumisa, pasiva. El animal no siente que deba obedecer.
Está queriendo meterle miedo y eso no sirve. El caballo tiene que sentir
confianza, Carolina. Es igual que para montarlo. ¿Me dejas intentar a mí?
CAROLINA:
Pues, Esfinge, es todo tuyo...
EMILIANO:
(Le sonríe y cruza la barda de un solo salto. Se quita la camisa, quedando en
playera y le da la prenda a Pampa) Ten esto, por favor.
CAROLINA:
Alfonso, el señor se encarga del caballo (El adiestrador asiente) Horacio, dale las riendas y, a todo esto, ¿no deberías
estar durmiendo?
HORACIO:
Si, cuñada, pero no puedo y como Alma si, no quise molestarla y me vine.
EMILIANO:
(Toma el mando del caballo y mira a Caro) Gracias... (Le guiña el ojo y va se
sube al animal)
HORACIO:
(A Alfonso) A ver si aprendes, burro...
EMILIANO:
(Se ríe) Gracias por la confianza
HORACIO:
El que sabe, sabe...
CAROLINA: Horacio, vete a descansar. Si no puedes
dormir, te quedas leyendo o estudiando, pero no trabajes, hombre…
HORACIO: ¿Tengo alternativas?
CAROLINA: No, largo…
HORACIO: (Sonríe) Está bien. Hasta luego…
Emiliano
comienza a domar a Esfinge. Unos minutos más tarde, con el animal rendido a él,
busca a Caro...
EMILIANO:
¿Paseamos?
CAROLINA:
Paseamos...
EMILIANO:
(La ayuda a montarse y salen a un trotecito suave) ¿Ves? El muchacho tiene
madera, pero necesita confiar en sus instintos y aprender a interpretar a
Esfinge...
CAROLINA:
¿Te importaría enseñarle?
EMILIANO:
Claro que no, sería un placer y además, me das una excusa extra para pasar
tiempo aquí. Santa Cecilia me tiene hechizado... (Se detiene) ¿Puedo pedirte un
favor?
CAROLINA:
Si, dime...
EMILIANO:
¿Bajamos un momento?
CAROLINA:
Bajemos (Lo hacen)
EMILIANO:
(Caminaban tranquilamente, siguiendo el río) Independientemente de los
resultados del ADN, quisiera que permitieras que me quedara aquí un tiempo.
Llevo años proyectando escribir sobre la equitación y el negocio de la
ganadería equina, con su parte buena y su parte mala. Creo que es una buena
oportunidad de hacerlo.
CAROLINA:
No veo ningún inconveniente en que te quedes... ¿Por cuánto tiempo?
EMILIANO:
Hasta que me eches, jajajaja... No se. De todas maneras, estaría yendo y
viniendo de la ciudad, tengo que estar con mi hijo. (Mira alrededor y respira
profundo) ¡Dios! Le fascinarían estas tierras...
CAROLINA:
Lo podrías traer un día para que conozca por aquí
EMILIANO:
Te voy a tomar la palabra, Francisco sueña con vivir en un lugar como este, no
le gusta la ciudad. (La mira y siente deseos de contarle todo, pero no podía
decirle semejante verdad sin pruebas que respalden sus palabras) Carolina, hay
algo más que quiero decirte, pero no es momento.
CAROLINA:
Está bien, voy a confiar en ti, no sé por qué lo hago, pero siento que puedo…
EMILIANO:
No te vas a arrepentir. (Se sientan en el pasto) Cuando empecé con lo del
libro, descubrí que existe una red de tráfico de animales exóticos. Pude
encontrar pistas que me permitieron trazar una ruta. El problema es que el
camino acaba en esta región y creo que estando por acá, podré completar esa
ruta y descubrir quién está detrás de ese delito
CAROLINA:
¿Tráfico de animales?
EMILIANO:
Animales exóticos, aquellos que están en peligro de extinción. Comerciar con
ellos está severamente penado por la ley
CAROLINA:
Me lo estás contando y no lo puedo creer, aunque algo de eso había escuchado...
EMILIANO:
¿Cómo? Quiero decir, ¿quién te contó? ¿O acaso corren rumores de esto por aquí?
CAROLINA:
He oído rumores por algunos de los trabajadores...
EMILIANO:
(Ahora si, tenía que quedarse en Santa Cecilia a como diera lugar) Te ruego, te
suplico que me dejes permanecer en la hacienda, Carolina. Hay mucho más detrás
de esto y puede que las cosas te afecten a ti...
CAROLINA:
¿A mí?
EMILIANO:
(Debía decirle algo que le diera seguridad, pero al mismo tiempo, no podía
quedar en evidencia) Si, imagina que se descubre que alguna de las haciendas
vecinas está involucrada en esto, toda la región se vería afectada... (La
charla se ve interrumpida por la abrupta aparición de Santiago Terranova)
SANTIAGO:
¡Buenas tardes, Pampa!
CAROLINA:
Buenas, señor Terranova
EMILIANO:
(Comprobar una vez más lo mal que ese tipo le caía a Caro, fue de mucho agrado
para Nano) Hola...
SANTIAGO:
Señor Iberbia, ¿aún por aquí?
EMILIANO:
¿Algún problema con eso? Ni que estuviera en su hacienda...
CAROLINA:
Además, se va a quedar por un buen tiempo, ¿no es así, Emiliano?
EMILIANO:
El tiempo que sea necesario, Carolina...
SANTIAGO:
¿No me digas que el ADN dio positivo? ¿Augusto resultó hermano de este
caballero?
CAROLINA:
Eso es un asunto que sólo incumbe a mi familia, señor Terranova
SANTIAGO:
¡Qué genio, Pampa!
EMILIANO:
Si no me equivoco, a la señora no le gusta que usted le diga de ese modo.
SANTIAGO:
¿Eres su cuñado o su vocero?
EMILIANO.
(Disgustado) Soy lo que ella necesite que sea, ¿alguna objeción?
SANTIAGO:
(Se baja de su caballo y lo enfrenta) No me provoque, Iberbia, no sabe con
quién se está metiendo
EMILIANO:
Los tipos como usted, me purgan y me generan muchas cosas, pero miedo, no.
SANTIAGO:
(Se ríe) Señora Mouriño, sólo vine a decirle que el presidente del centro de
ganaderos quiere reunirse con nosotros dos. Mañana, en mi casa...
CAROLINA:
Gracias, ya estoy informada, ahora quisiera seguir hablando con Emiliano...
SANTIAGO:
Bien, siendo así, me retiro...
EMILIANO:
Se está tardando, Terranova.
SANTIAGO:
¿Me está corriendo?
EMILIANO:
Si, ¿por?
SANTIAGO:
(Se gira como para irse, pero de repente se voltea y le da un puñetazo a Nano,
en la boca) A mí, ningún pelele me echa, ¿lo entendiste?
EMILIANO:
(Se soba el labio lastimado) Te salvas porque hay una dama presente...
CAROLINA:
¡¡¡Lárguese de mis tierras ahora mismo, señor Terranova!!! Esto es lo último
que me faltaba por presenciar (Se gira hacia Emiliano y le toca el labio)
¿Estás bien?
EMILIANO:
(La mira totalmente embobado) Si, no te preocupes... (A Santiago) ¿No
escuchaste? ¡Qué te largues de sus tierras!
SANTIAGO:
(Se le acerca, empuja a Caro y lo agarra de la solapa) ¡Oblígame!
EMILIANO:
(No toleró que le pusiera un dedo encima a ella y cuando Santiago quiso darle
otro golpe, lo detuvo y le metió un tremendo puñetazo, haciéndolo caer)
¡Lárgate porque te rompo el alma, infeliz! (Va con Pampa) ¿Estás bien?
CAROLINA:
Si, no es nada…
SANTIAGO:
(Levantándose) ¡Esto no se queda así, idiota, me las vas a pagar!
EMILIANO:
Vete al demonio... (Santiago se monta al caballo y sale a todo galope) ¿Te
lastimó?
CAROLINA:
No, no me lastimó, estoy bien... ¿Tú estás bien?
EMILIANO:
Estoy indignado con ese imbécil, se atrevió a ponerte una mano encima, ¡es un
poco hombre! (Le ve sangre en el brazo) ¡Mira lo que te hizo!
CAROLINA:
Tranquilo, no es más que un rasguño
EMILIANO:
No tendría que haberse atrevido, golpear a una mujer... ¿Me dejas verte el
brazo?
CAROLINA:
(Le enseña el brazo) Nada, ¿lo ves?
EMILIANO:
Igual, Caro, ese tipo es siniestro, se le nota... Ven, volvamos a la casa grande,
así te limpiamos el brazo y lo curamos bien, no soy tonto y se que duele...
CAROLINA:
No lo vas a dejar pasar, ¿verdad?
EMILIANO:
No. Así como hay hombres capaces de lastimar a una mujer, habemos hombres que
haríamos lo que sea por sanar esas heridas...
CAROLINA:
(Lo miró intrigada) ¿Eres uno de esos, Emiliano?
EMILIANO:
Para sanar tus heridas, si, siempre. No me preguntes por qué, porque no lo se,
pero la idea de verte lastimada o que te hagan daño, me corre de mi eje...
CAROLINA:
Vayamos a la casa
EMILIANO:
(La ayuda a subir al caballo y lo monta detrás de ella) Apóyate en mí, así no
esfuerzas ese brazo, ¿va?
Esa misma noche, mientras tomaba unas cervezas con
Diego y Horacio, Emiliano comenzaría a dar ciertas puntadas y a armar un
rompecabezas que parecía muy difícil. Aurora se acercó al trío de hombres y
parecía molesta.
AURORA: Horacio, tienes que hacer algo con el
imbécil de Carlos, por favor, me tiene harta…
HORACIO: ¿Qué te hizo?
AURORA: Molestar. Cuando salí de la casa del pueblo,
estaba ahí con el tal Pepe y se me acercaron, hablando cosas de Fermín. Por
favor, ponlo en su sitio porque a la próxima, le abro la cabeza con un palo. Es
tu amigo, no tengo por qué estarlo aguantando…
HORACIO: Sabes que está enamorado de ti…
AURORA: (Mira a Diego) Pues, yo no lo estoy de él,
que deje de fregar o ya sabes, ¡PALO EN LA CABEZA!

No hay comentarios.:
Publicar un comentario