martes, 13 de agosto de 2013

“LA PAMPA” – Capítulo 016



Aurora se fue enojadísima y Horacio la siguió, intentando apaciguarla un poco. Diego la observó y Nano, sonrió, al confirmar sus sospechas…

DIEGO: ¡Voy a agarrar a ese soquete y le voy a dar la tunda de su vida!
EMILIANO: (Sonríe) ¿Hace mucho que andas con Aurora?
DIEGO: No, hace un par de meses que me dio el si y es secreto… (Lo mira) ¿Cómo sabes?
EMILIANO: Porque tengo ojos y observo, pero, relajado, tu secreto está a salvo conmigo…
DIEGO: Gracias…
EMILIANO: ¿Y de quién hablaba Aurora?
DIEGO: De Carlos Montés, uno de los borrachitos del pueblo. Horacio lo conoce desde niño y siempre lo cuida…
EMILIANO: ¿Y a qué Fermín se refería? ¿Al hombre que trabajaba aquí?
DIEGO: (Asiente) Es que era como un padre para Horacio y Aurorita…
EMILIANO: (Al escuchar ese “Aurorita”, se le prendió el foco) ¿Cómo dijo que se llamaba el otro tipo? ¿El que estaba junto al tal Carlos?
DIEGO: Es Pepe, José Moreno, el otro borrachito, van juntos para todos lados…
EMILIANO: ¡Son ellos!
DIEGO: ¿Quiénes?
EMILIANO: Nada, cosas mías… (Pensaba en los borrachos que platicaban en la gasolinera el día anterior) Algo sabe…
DIEGO: ¿Algo sabe quién?
EMILIANO: No me prestes atención, estoy divagando, Diego…Dime una cosa, ¿conoces a Carlos? ¿Me puedes decir quién es si te lo cruzas?
DIEGO: Si, claro
EMILIANO: Entonces, mañana, le voy a pedir a Carolina que te permita acompañarme al pueblo, así me dices cuál es… (Necesitaba asegurarse que el tipo de la gasolinera y la persona que mencionaba Aurora, fueran el mismo cristiano)
DIEGO: ¿Para qué quieres conocerlo?
EMILIANO: Yo se mi cuento, sólo te pido que lo mantengas en secreto. Si alguien te pregunta, vamos a comprar algunas cosas que necesito para empezar a adiestrar a Esfinge y a capacitar a Alfonso.
DIEGO: ¿Entonces, lo vas a hacer tú?
EMILIANO: Si…
DIEGO: ¡Genial! Después de lo que hiciste con Morena, los vas a dejar bien mansitos…
EMILIANO: Eso te crees tú, jajajaja… (Chocan las cervezas) ¡Salud!
DIEGO: ¡Salud!
EMILIANO: Una pregunta más, ¿los Mouriño crían caballos para equitación y carreras hípicas solamente?
DIEGO: Si. La patrona lo hace aquí y sus padres, en La Pampa…
EMILIANO: ¿La Pampa?
DIEGO: Si, en Argentina
EMILIANO: Ah, la provincia de La Pampa, claro, jajajaja
DIEGO: ¿Yo qué dije?
EMILIANO: Diego, ¿estás cuete?
DIEGO: Un poco, jajajaja, vengo tomando desde la tarde…
EMILIANO: Ve a dormir que mañana tienes que estar fresco…

Carolina había estado observando a Emiliano mientras él se relajaba con Diego y Horacio. Desde la ventana de su alcoba, se apreciaba la mayor parte de la entrada a Santa Cecilia y los hombres se habían apostado a unos cuantos metros del establo, directamente a la vista de la “dueña del rancho”. Sin darse cuenta, Pampa sonreía cuando notaba que él lo hacía y en el momento en que Nano se puso de pie y se dirigió a la casa principal, Caro se apresuró a bajar para encontrárselo…

CAROLINA: ¿Te la pasaste bien con los muchachos?
EMILIANO: De lujo…
CAROLINA: (Se sienta en la sala y lo invita a copiarla) ¿Tienes espacio para otro trago o ya te afectó la cerveza?
EMILIANO: (Se sienta, sonriendo) No sabes con quién hablas, Carolina Mouriño…
CAROLINA: Ah, ¿alcohólicamente culto?
EMILIANO: ¡Un erudito! (Se ríen los dos)
CAROLINA: ¿Tequila?
EMILIANO: Me gusta…
CAROLINA: (Va a la cabina de licores y saca la botella y dos vasitos. Sirve) ¿Hasta el fondo?
EMILIANO: ¡Hasta el fondo, pues! (Beben) ¡¡Ahhh!! ¡Está espectacular!
CAROLINA: Es muy bueno… ¿Otro?
EMILIANO: ¿Me quieres emborrachar?
CAROLINA: No, quiero ver hasta dónde llegas…
EMILIANO: (Apoya el vaso en la mesita) ¡Sirve!
CAROLINA: (Lo hace y se sirve a ella también) ¡Salud!
EMILIANO: ¡Por ti, Pampa!
CAROLINA: ¡Por ti, héroe! (Sonríen y vuelven a tomar de un solo trago)
EMILIANO: ¿Puedo preguntarte algo?
CAROLINA: Si, claro
EMILIANO: ¿De dónde sale tu apodo?
CAROLINA: ¿Pampa? (Él afirma) Pues nací allí y papá me dice así desde siempre
EMILIANO: ¿Eres argentina?
CAROLINA: Efectivamente. Aunque sólo de nacimiento, cuando tenía un mes nos vinimos a México y aquí me quedé. Siendo honesta, respeto mucho el país y me encanta, pero me siento más mexicana que otra cosa. Tengo la doble nacionalidad, igual.
EMILIANO: ¿Y tus hermanos?
CAROLINA: Alma y Pablo son de Buenos Aires y Germán es el único charro natural. Cuando tus padres viajan tanto, es común que eso suceda. De todos modos, el que más va y se queda por su tierra es Pablo, está más arraigado que Alma o yo. Siempre acompañó a mis padres en sus viajes y se hizo de gente. Además, mamá tiene familia en La Pampa, mis tíos son parte del negocio familiar.
EMILIANO: ¡Wow! No lo hubiera imaginado… (Mueve su vasito) ¿Otro?
CAROLINA: ¿Me quieres emborrachar?
EMILIANO: No sería mala idea
CAROLINA: ¿Cómo está eso?
EMILIANO: Es que desde que te dije que me besaste porque pensabas que era Augusto, has estado un poco rígida conmigo y me gustas más cuando te dejas ser tú misma…
CAROLINA: Lo siento, no fue mi intensión comportarme de ese modo.
EMILIANO: No lo sientas, sólo no lo hagas más. Me caes muy bien y siento como una linda conexión contigo, con los niños y no me gustaría que algo como lo que pasó, cambie eso. Se que no me estabas besando a mí, era mi boca, pero los besos fueron para Augusto, lo tengo claro…

Carolina sonrió plácidamente y le ofreció a Nano salir a dar una caminata. En el paseo, el policía aprovechó para solicitarle a la hacendada que permitiera que Diego pudiera acompañarlo al pueblo. Ella accedió sin problemas y regresaron a la casa grande, casi a medianoche. Se despidieron cordialmente y cada uno, se fue a su recámara.

Emiliano tardó en dormirse, los besos de esa mujer lo tenían confundido, encantado, pero sobre todo, lo tenían excitado. Pampa le fascinaba, no lo podía negar… Ella, por su parte, se durmió más tranquila al saber que su indiscreción no generaba conflictos con su nuevo amigo. Durante la noche, Caro soñó con su accidente y recordó aquellos besos, sólo que en su memoria, la imagen de Nano era clara y concreta y allí, se despertó. Lo recordaba todo y lo que más la alarmó fue darse cuenta que saber que los besos eran de Emiliano y no de Augusto, le gustaba mucho, demasiado…

CAROLINA: No puede ser, tú no puedes estar provocándome esto, Emiliano…

El pueblo estuvo muy tranquilo durante la siguiente mañana, sin embargo, por más que dieron mil vueltas, Diego y Nano no pudieron dar ni con Carlos ni con Pepe. Alrededor de mediodía, volvieron a la hacienda con ciertas compras, ya que esa había sido la excusa que le habían dado a Carolina.
El almuerzo fue ligero, el calor era agobiante y sólo comieron verduras, carnes frías y frutas frescas. Mientras hacían la sobremesa, Emiliano recibió una llamada que le iluminó el rostro.

EMILIANO: (Excusándose de la mesa) ¡Hola, campeón! ¿Cómo está Disney?
FRANCISCO: ¡¡Fabuloso, pa!! El tío nos lleva a todos lados…
EMILIANO: ¿Él trabaja ahí, no?
FRANCISCO: Si, maneja varias máquinas, ¡¡ES GENIAL!! ¿Tú cómo estás?
EMILIANO: Extrañándote, hijo, pero la paso bastante bien, estoy en la hacienda que te conté, ¿recuerdas?
FRANCISCO: ¿La de caballos de equitación y carreras?
EMILIANO: Esa misma…
FRANCISCO: ¡¡Wow, pa!! ¡¡Ya quiero volver para que me lleves!!
EMILIANO: ¿Sabes, qué? Le pregunté a la dueña si podías venir y adivina, campeón, ¡me dijo que si!
FRANCISCO: ¿De verdad? ¿Estás con ella?
EMILIANO: Si, estábamos almorzando
FRANCISCO: ¡Pásamela!
EMILIANO: ¿Para qué?
FRANCISCO: Pásame con ella, papi, anda…
EMILIANO: (Se acerca a Caro) Quieren hablar contigo, Caro…
CAROLINA: ¿Conmigo?
EMILIANO: Si…
CAROLINA: (Toma el celular) ¿Si, bueno?
FRANCISCO: ¿Es la dueña de la hacienda?
CAROLINA: Si, ¿y tú eres Francisco Iberbia?
FRANCISCO: Si, ¿cómo sabes?
CAROLINA: Es que tu papá habla de ti todo el tiempo
FRANCISCO: ¿En serio me dejas ir a tu hacienda?
CAROLINA: Claro, mi casa es tu casa, Francisco, te estamos esperando. Emiliano dice que eres un pequeño gran jinete.
FRANCISCO: (Se ríe) ¡¡Si, siempre lo dice!! Jajajaja…
CAROLINA: Pues, ya tienes dónde entrenar, corazón, Santa Cecilia está a tu disposición…
FRANCISCO: ¡¡GRACIAS!!
CAROLINA: Por nada, bonito, te paso a tu papá
FRANCISCO: Ya te quiero, señora…
CAROLINA: (Se ríe) Y yo a ti, pequeño gran jinete… Adiós (devuelve el celular)
EMILIANO: ¿Hijo?
FRANCISCO: ¡Ella es la mejor, pa!
EMILIANO: (Mira a Caro) Lo es, mi vida, claro que lo es, pero sigue contándole a tu padre, aventurero, ¿qué más has hecho y cómo ha estado mamá? (Se fue alejando de nuevo)


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