martes, 13 de agosto de 2013

“LA PAMPA” – Capítulo 013



La caravana era pequeña, seis hombres y Carolina, todos a caballo. Iban a paso suave, tranquilo, pero sin interrupciones. Nano y Pampa, estaban uno junto al otro, detrás del resto, conversando del clima y otras cosas del estilo. Al llegar a la zona de la represa, notaron que era frágil la resistencia que oponía al gran caudal de agua…

HORACIO: ¡Va a haber que repararla! No va a aguantar mucho más…
CAROLINA: Pienso lo mismo, pero por lo pronto, habrá que desviar el cauce un poco, es la única opción…
HORACIO: (Asiente) ¡¡Diego, Lalo, vayan por la derecha!! ¡¡Chava, Serafín, por la izquierda!! (Los hombres obedecen) Me voy a la casa grande a buscar las herramientas y más hombres, enseguida regreso… (Se va a todo galope)
EMILIANO: Esa cosa se viene abajo en cualquier momento, Carolina…
CAROLINA: Lo se, no pensé que fuera tanta la cantidad de agua. La represa es vieja y pequeña, no va a tolerar semejante presión por mucho tiempo más…
DIEGO: (A los gritos) ¡¡Patrona!! Viene una bajada, ¡¡CÓRRANSE DE AHÍ!!
CAROLINA: (El ruido del agua era ensordecedor) ¿Qué dices?
DIEGO: (Haciendo gestos para darse a entender) ¡¡QUÉ SE MUEVAN DE AHÍ!!
EMILIANO: (Esfinge, asustado por algo, se movió solo) ¡Eaaaa, tranquilo! ¡Caro, sal de ese lugar, ven!
CAROLINA: (Morena estaba quieta) ¡¡Vamos, pequeña!! (La yegua no obedecía) ¡Morena, arre!
EMILIANO: (No podía dominar a su corcel) ¡Esfinge, vamos! (Estaba como a diez metros de Carolina cuando la represa se abrió, arrastrándola) ¡¡CARO!! (Se bajó del caballo y se tiró detrás de ella)
DIEGO: ¡¡PATRONA!! ¡Lalo, ve por el otro lado, yo ayudo a Nano! ¡Serafín, adelántate en el cauce, ve si puedes agarrar a la patrona o a Morena! ¡¡Chava, ve con él, MUÉVANSE!!
EMILIANO: (Veía a Pampa por milésimas de segundo y se le desaparecía) ¡¡CARO!!
CAROLINA: (Luchaba como podía) ¡Aquí!
EMILIANO: ¡Trata de agarrarte de algo, bonita, voy detrás de ti!
CAROLINA: (El agua iba rápido, sin darle oportunidad a coger una piedra o algo de lo que aferrarse) ¡¡No puedo!!
EMILIANO: ¡¡Sigue intentando, ya casi te tengo!! (Nadó velozmente y pudo alcanzarla) ¡Ya te tengo, hermosa, aférrate a mí!
CAROLINA: (Lo abrazó por la cintura con fuerza) ¡Gracias!
EMILIANO: (Pataleando para no hundirse, nota que esa parte del río no es tan profunda) A ver, dame un momento… (Se hunde y vuelve a salir) El fondo está como a un metro… ¡Húndete conmigo! (La toma de la mano con más fuerza aún) Cuando toques el piso, impúlsate para la orilla y no me sueltes, bonita… ¡¡A LA ORILLA!!
CAROLINA: (Asiente) Hagámoslo
EMILIANO: A la cuenta de tres, uno, dos, ¡tres!

Ambos se hunden y hacen lo que tenían en mente, pero la corriente era más potente cada segundo y formaba remolinos que los arrastraban. Caro no pudo sostener la mano de Nano y la soltó

EMILIANO: ¡Carajo! ¡Carolina! (Miraba hacia todos lados) ¡¡CAROLINA!! ¿Dónde estás?
SERAFÍN: (La ve y le grita a Emiliano) ¡¡Está como a tres metros, para su izquierda!!
EMILIANO: No la pierdas de vista (Se hunde y nada) ¡¡Caro, háblame!! (Vuelve a hacer lo mismo) ¡¡CARO!! (La ve, enredada en una rama caída que estaba por quebrarse) ¡Sostente, hermosa, ya estoy contigo!
CHAVA: ¡¡Ahí viene Horacio y seguro trae cuerdas!!
EMILIANO: (Llega con ella) ¡Está inconsciente! (Como puede, se quita el cinturón y lo ata a la parte gruesa del tronco) ¡Estamos asegurados, sáquenla de aquí!

Entre todos los trabajadores pudieron rescatarlos en un par de minutos. Al salir del agua, Nano vio que Caro tenía un golpe.

EMILIANO: Eso debe tenerla inconsciente, hagan lugar… (La recuestan en el piso) Caro… (Le daba golpecitos suaves en la mejilla) Caro, responde, bonita, ya…

Pampa no reaccionaba…

EMILIANO: Todos, denme sus camisas y uno que vaya a la casa grande. Que preparen un baño bien caliente, un caldo y traigan abrigos… (Diego sale disparado, mientras Nano sigue tratando de hacerla reaccionar)
SERAFÍN: ¿Se ahogó?
EMILIANO: (Le siente el pulso y la respiración) No, es el golpe y la hipotermia, el agua estaba helada. (Los hombres se quitaron sus camisas y chalecos y se los dieron a Nano) Las mantas de las sillas de los caballos, ¡PERO YA!
SERAFÍN: Yo las traigo, Chava, ayúdame
CHAVA: Si, si, órale… (Se van)
HORACIO: ¿Qué hacemos ahora?
EMILIANO: Hay que intentar que reaccione… (Mira a su alrededor) ¿Hay alguna hierba que tenga olor fuerte?
LALO: Creo que si.
HORACIO: Busca y trae, pues
LALO: Voy…
EMILIANO: (Le apoya los labios en la frente) Está muy fría… (Se quita la ropa, menos los calzones y la abraza) Cúbreme con todo el abrigo que tengas y que apuren la camioneta para llevarla (Llegan Serafín y Chava con las pieles de las sillas de montar) ¡Bien, muchachos, tápennos!
SERAFÍN: (Lo hace y se acuesta del otro lado de Pampa, por sobre los abrigos) Hay que darle calor, ¿no?
EMILIANO: Si, muy bien…
CHAVA: ¡Encontré los handy!
HORACIO: (Toma uno) ¡¡Diego!! ¿Me escuchas?
DIEGO: Fuerte y claro, ¿cómo está la patrona?
HORACIO: ¡Mal! No reacciona, ¿dónde estás tú?
DIEGO: En un momento llego, ya los puedo ver…
HORACIO: Bien… (Estira el cuello) ¡¡Ahí está, vamos!!
EMILIANO: (Se pone de pie y carga a Caro) Traigan los abrigos… (La meten en la camioneta y allí había mantas, la abraza) A toda velocidad, Diego, Caro necesita calor urgente, ¡písale!
HORACIO: Nosotros los seguimos… (La camioneta sale)
CHAVA: Morena está bien y Esfinge igual. Un poco asustados nomás…
HORACIO: Llevemos los animales al corral y a trabajar en la represa…
DIEGO: (En el automóvil) ¿Cómo sigue?
EMILIANO: Igual… (La acariciaba) Caro, bonita, reacciona, anda… Piensa en Lucía y Jano, hermosa… (Le besa la frente)
DIEGO: (Miraba por el retrovisor) Es una doña muy fuerte, no se preocupe, Don Emiliano, se va a poner bien…
CAROLINA: (Se mueve) ¿Augusto?
EMILIANO: No, bonita, soy Nano, tranquila, ya casi llegamos… (A Diego) Date prisa…

Llegaron a la casa grande y, así, como estaba, en calzones, sube con Caro en brazos hasta la recámara de ella, donde le habían preparado el baño. Se mete a la tina con abrigos y todo. Entra Alma)

ALMA: ¿Caro?
DIEGO: Tranquila, ya empezó a reaccionar…
ALMA: Pero, ¿qué pasó?
EMILIANO: La represa se abrió de golpe y la arrastró…
DIEGO: Y el señor se tiró tras ella, le salvó la vida…
ALMA: (Le hace un gesto a Nano) Gracias…
EMILIANO: No me agradezcan tanto y prepárenle ropa seca y un caldo caliente
ALMA: Ya mismo (sale)
DIEGO: Aurora tenía el caldo casi listo… Voy a ver qué se ofrece allá, ¿si?
EMILIANO: (Asiente y Diego sale. Él le seguía hablando a Caro) Vamos, Pampa, habla de nuevo…
CAROLINA: ¿Augusto, amor, eres tú? (No abría los ojos, sólo lo buscaba con sus manos)
EMILIANO: No, soy Nano, Carolina, ¿recuerdas lo que pasó? Abre esos ojos preciosos y mírame…
CAROLINA: (Lo hace) Mi amor, volviste a mí… (Lo toma del rostro y lo besa con intensidad) Te amo, Tuto, no vuelvas a dejarme nunca… (Otro besote)
EMILIANO: Caro, no soy Augusto…
CAROLINA: Te extrañé, ¿por qué te fuiste así?
EMILIANO: Carolina, yo no soy…
CAROLINA: Te amo… (Volvió a besarlo y cayó desmayada)
EMILIANO: ¡Caro! ¡¡CARO!!
ALMA: (Entrando al privado) ¿Qué pasó?
EMILIANO: Se volvió a desmayar… ¿Tienes todo listo?
ALMA: Si.
EMILIANO: Dame una toalla… (Saca a Caro de la tina, la envuelve y la lleva a la cama) Ponle ropa seca y arrópala bien…
ALMA: Deberías cambiarte
EMILIANO: (Se da vuelta) Estoy bien, sólo hazlo… (Estaba muerto de frío, pero no pensaba en él, sino en Pampa)
AURORA: (Entrando) El caldo está listo (Deja la bandeja sobre el escritorio) ¿En qué ayudo?
ALMA: Tráele ropa seca a Nano, pero dale una toalla, por favor
AURORA: ¡Dios, Emiliano, estás helado!
EMILIANO: Estoy bien
AURORA: (Le da la toalla) Te traigo tus cosas para que te vistas…
ALMA: Ya la vestí…
EMILIANO: (Se gira y la meten a la cama. Él se acuesta junto a ella, sobre el cobertor y la abraza) Vamos, bonita, entra en calor… (Pampa se queja) Hay que darle el caldo
ALMA: Si, si (Lo busca y entre los dos hacen que ella tome)
AURORA: (Volviendo) Aquí tienes, cámbiate
EMILIANO: Primero Carolina, yo estoy bien
ALMA: ¡No lo estás, Nano! Se te ve que estás frío.
AURORA: Que te enfermes tú, no ayuda a la patrona…
EMILIANO: (Coge la ropa y se viste en el privado, vuelve a salir y se mete dentro de la cama) Los dos necesitamos calor… (La abraza y allí se queda)

Los trabajos en el río eran arduos y difíciles

SERAFÍN: Parece que la bajada fue porque se quebraron las compuertas de los Navarro, Horacio
HORACIO: Lo supuse, de otro modo no se explica que haya sido tan estrepitosa… Diego, manda hombres a la hacienda Navarro y que los asistan en lo que haga falta. Cuanto antes arreglen las compuertas, más rápido aminora el caudal para este lado y va a facilitar nuestra labor. Chava, ve a Terranova y pide la pala mecánica. Con esa y la nuestra, tenemos que terminar en un santiamén…
CHAVA: Enseguida (se va)
DIEGO: ¿Algo más, Horacio?
HORACIO: No, por el momento, sólo podemos hacer nuestra parte y esperar que Terranova colabore…
SERAFÍN: ¿Será que ese imbécil se apiada de alguien?
HORACIO: Dudo que Santiago lo haga, pero su padre si…
DIEGO: Me voy, pues…
HORACIO: ¡Muchachos, a darle sin tregua!


No hay comentarios.:

Publicar un comentario