Horacio y Diego, llevaban largo rato con los caballos nuevos y uno en particular, que evidentemente era ajeno a la manada, les llamó la atención.
DIEGO: ¡Horacio! (Le
señala al equino) ¿Y ese de dónde salió?
HORACIO: ¿No es de los
nuevos?
DIEGO: No, los que llegaron
son jóvenes, ese ya tiene sus años, se le nota.
HORACIO: (Le hace un
gesto a su colega y se acercan al caballo. Lo revisan) Es de los Terranova,
¿qué hará por aquí?
DIEGO: ¡Sabrá Dios!
(Ve a Carolina llegando) Mira, allá viene la patrona, preguntémosle a ella,
quizás sepa algo...
HORACIO: ¡Pampa!
(Ella se les une) Cuñada, este caballo es de los Terranova y se nota que anda
asustado y perdido.
CAROLINA: (Ve las
riendas rotas y al caballo notoriamente crespo) Me doy cuenta. Llévalo al
establo y que lo atiendan, después llamo a los Terranova para ver qué pasó.
HORACIO: ¿Será que
tiene que ver con los tiros de anoche?
CAROLINA: ¿Los tiros?
(De golpe, los hechos se le sucedieron en la memoria y sospechó
irremediablemente. “No se cómo exactamente ni si tenga que ver de manera
directa con lo de Augusto, pero Santiago Terranova está metido”, le había dicho
Nano)
DIEGO: ¡Doña Pampa!
CAROLINA: (Tratando
de disimular) ¿Cuáles tiros?
HORACIO: Los de
anoche, no me digas que no los escuchaste.
CAROLINA: Si los
escuché, pero no creo que tenga que ver con eso. A este animal lo asustó otra
cosa, o no se.
HORACIO: ¿Y por qué
fueron los disparos, pues?
DIEGO: Se sintieron
como por la zona de entrenamiento.
CAROLINA: Yo estuve
ahí con Caramelo y los tiros no vinieron de ese lugar. Seguramente alguien
intentando cazar algún animal para alimentarse. (Desestimando el asunto, para
que sus empleados no se metieran) Muchachos, no den vueltas sobre algo que es
la nada misma y hagan lo que les dije. Me voy a la casa grande, cualquier cosa,
me buscan ahí. (Sale al galope otra vez, inquieta por la idea que le rondaba en
la cabeza)
En su alcoba, Emiliano seguía
empacando, cuando Estieben lo llamó por celular.
EMILIANO: Jefe, buen día, dígame...
ESTIEBEN: Nano, te hablo por el
tipo que mataste anoche
EMILIANO: ¿Supo quién era?
ESTIEBEN: No, su nombre no lo
pudimos averiguar, pero si los registros de celular y ¿adivina qué?
EMILIANO: (Su cabeza no hilaba dos
pensamientos seguidos) Diga lo que sea, comisario, no estoy muy despierto aún.
ESTIEBEN: El celular es fantasma,
pero recibe y hace llamadas a un único número, otro celular y el dueño de ese
otro celular es ni más ni menos que Santiago Terranova. Nuestras sospechas son
ciertas, Nano, esto confirma que ese tipo es un asesino y que quiso acabar con
Carolina.
EMILIANO: ¡Tengo que decirle a
ella! (Corta la llamada y sale como loco a buscarla. Va a las caballerizas y
coge a Esfinge) ¡Arre, Esfinge, eaaaa!
CAROLINA: (Cabalgando hacia la casa
grande) Emiliano tiene que saber esto, ¡arre, Caramelo, anda!
EMILIANO: (La ve acercándose y se
detiene. Se baja del animal) ¡¡CARO!!
CAROLINA: (Para y baja del caballo
con la ayuda de Nano) Pasó algo muy raro
EMILIANO: (Se extraña) Me llamó
Estieben, por el celular del tipo que quiso matarte, el registro de sus
llamadas lo conecta con Terranova
CAROLINA: ¡Entonces mi corazonada
es correcta!
EMILIANO: ¿Qué corazonada?
CAROLINA: Encontramos un caballo
perdido, con las riendas destruidas y asustado. Es de su hacienda.
EMILIANO: ¿Crees que el sicario lo
usara?
CAROLINA: No sólo eso, creo que si
buscamos entre los empleados de Santiago, habrá un desaparecido...
EMILIANO: ¡Maldito infeliz! ¡Fue
él, Caro! ¿No te das cuenta? ¡ÉSE HIJO DE PERRA LOS MATÓ!
Nano se
giró y luego, se volvió a ella.
EMILIANO:
No me voy a ir de aquí, no te pienso dejar sola con ese tipo intentando
lastimarte.
CAROLINA:
¡Te tienes que ir, eso no tiene discusión!
EMILIANO:
(La mira, furioso) No se por qué demonios haces todo esto, pero te voy a decir
unas cuantas cosas. Primero, no te creo ni una palabra, anoche fuiste mía,
Carolina, te entregaste a mí y aunque tus palabras mientan, tu cuerpo y tus
ojos me dicen la verdad. Segundo, no pienso dejarte a merced de ese imbécil y
tercero, tus hijos están en medio de todo, ¿los vas a arriesgar porque tu
orgullo es demasiado grande?
CAROLINA:
¿Grande? No te entiendo, ¿grande para qué?
EMILIANO:
Lo suficientemente grande como para impedirte reconocer que te enamoraste de
mí. No, Doña Pampa, no me voy a ningún lado. (Se sube a Esfinge) Échame si
quieres, pero no lo harás, porque sabes que tengo razón... (La mira y sin
esperar respuesta, se va)
CAROLINA:
¡Demonios! ¡Tiene razón! (Monta a Caramelo y lo sigue) ¡Emiliano, espera!
EMILIANO:
(Disminuye la velocidad y Caro lo alcanza) ¿Qué?
CAROLINA:
Está bien, te vas a quedar, pero por mis hijos y porque esa gente tiene que
pagar lo de Augusto y lo de tu amigo. Seguirás siendo el medio hermano de mi
difunto marido y adiestrarás los caballos nuevos. Se te pagará un sueldo y te
quedarás en la casa de huéspedes, detrás de la casa grande. Eso sí, entre tú y
yo, todo murió anoche, ¿queda claro?
EMILIANO:
(Sonríe irónicamente) Si, patrona...
CAROLINA:
Dile a Estieben que quiero reunirme con él, si vamos a hacer esto, lo tenemos
que hacer bien. Evidentemente, con este tipo, hay que extremar los cuidados y
necesito aclarar algunas cosas.
EMILIANO:
Si, patrona… (Seguía con su ironía) ¿Algo más?
CAROLINA:
(Lo mira y se indigna porque él la dejaba demasiado en evidencia) Si, ¡vete al
demonio!... (Se va rápidamente)
EMILIANO:
(Se queda riéndose) Me amas, Pampa, me amas como yo te amo a ti y algún día, me
lo dirás... (Se giró y vio en dirección a la hacienda vecina; su sonrisa
desapareció) Vas a pagar muy caro todo, Terranova, muy, muy caro... (Agitó al
caballo y trotó hasta la casa grande)
Santiago seguía intentando comunicarse con su
hombre, pero no había suerte
SANTIAGO: (Revoleando su teléfono) ¡¡Maldición,
Basualdito!! ¿Por qué carajo no respondes, cabrón? (Entra su empleada)
RUTH: Patrón, perdón que lo interrumpa, pero lo buscan…
RUTH: Patrón, perdón que lo interrumpa, pero lo buscan…
SANTIAGO: ¿Quién?
RUTH: Son dos vaqueros de Santa Cecilia, dicen que
tienen algo que es suyo
SANTIAGO: ¿Qué?
RUTH: No se, no me lo dijeron
SANTIAGO: ¿Dónde están?
RUTH: En la entrada a la casa, señor
SANTIAGO: Vamos a ver qué cuernos quieren… (Sale)
Buenos días, ¿qué tienen ustedes que sea mío, a ver?
CHAVA: Un caballo
SERAFÍN: Tiene la marca de ustedes, pero se ve que
algo lo asustó porque lo encontramos en nuestras tierras y anda bien loquito y
con las riendas rotas.
SANTIAGO: (No comprendía) ¿Seguros que es de aquí?
CHAVA: Como le decimos, tiene la marca de esta
hacienda
SANTIAGO: (Sospecha) ¿Y dónde está?
SERAFÍN: Lo está revisando el veterinario para
checar que no tenga nada malo. ¿Quiere ir por él o prefiere que se lo
traigamos?
SANTIAGO: No, en un rato mando a Basualdo por el
animal. Gracias y hasta luego… (Se mete a la casa y llama por celular)
Basualdo, ven a mi despacho, pero ya…
CHAVA: (Yéndose) Ese hombre es de lo más asqueroso
que he conocido… (Mira hacia atrás) ¡Ey, Serapio! Me parece que te quieren
hablar…
SERAFÍN: (Se gira y sonríe) Espérame un minuto
CHAVA: Los que quieras, galán, jajajaja…
SERAFÍN: (Va con Ruth) Hola, bonita, ¿me esperabas?
RUTH: (Se la veía nerviosa) Necesito que nos veamos
en la noche, Serafín, ¿puedes pasar por mí?
SERAFÍN: Claro, pero, ¿qué tienes, güera?
RUTH: Aquí no puedo hablar, pasa por mí a la hora de
siempre que ya me dieron el permiso para salir.
SERAFÍN: Si, por supuesto… ¿No hay un picorete?
RUTH: (Se lo da) Ya, ve a trabajar y, por favor,
dile a tu patrona que necesito hablarle, es urgente, Serafín y que nadie más lo
sepa…
SERAFÍN: Lo hago, preciosa, pero calma…
SANTIAGO: (Saliendo) ¡¡Ruth!!
RUTH: (Le da otro pico a su novio) Ya voy, patrón…
SANTIAGO: Ya te di permiso para que salgas con él,
¿no? Pero no te abuses
RUTH: Lo siento, Don Santiago, es que estábamos
acordando la hora.
SANTIAGO: Que no se vuelva a repetir. En las horas
que tengas libres, revuélcate con quien quieras, pero cuando estás trabajando,
te comportas… (Ruth se va)
CHAVA: (En la camioneta) ¿Qué te pasa, Serapio? ¿Te
mandaron a volar o qué?
SERAFÍN: La Ruth estaba más rara que nunca, quiere
hablar con la patrona
CHAVA: ¿Con Doña Pampa? ¿Y cómo para qué o qué?
SERAFÍN: Ni idea…
SANTIAGO: (En su despacho) Carolina está viva, es
obvio que nada salió bien… (Entra Basualdo)
BASUALDO: Aquí me tiene, patrón, ¿pa qué soy bueno?
SANTIAGO: ¿Sabes algo de tu hermano?
BASUALDO: Nada, ¿por?
SANTIAGO: ¿Te diste cuenta que falta un caballo?
BASUALDO: Si, lo andamos buscando…
SANTIAGO: ¿Es Dorado?
BASUALDO: ¿Cómo sabe?
SANTIAGO: (Da un puñetazo a su escritorio)
¡¡Carajo!!
BASUALDO: ¿Qué le pasa?
SANTIAGO: Tu hermano se llevó a Dorado anoche para
hacer el encargo y ahora él no aparece, no contesta el celular y resulta que el
caballo está en Santa Cecilia, Basualdo, ¿te lo dibujo o entiendes?
BASUALDO: ¿Cree que lo hayan agarrado?
SANTIAGO: No se qué pasó con tu hermano, pero dudo
que haya cumplido con lo pactado. Si Carolina Mouriño estuviera muerta, ya lo
sabríamos
BASUALDO: Eso es cierto. ¿Qué hacemos ahora?
SANTIAGO: Vete al pueblo y trata de dar con tu
hermanito y manda a un par de vaqueros a buscar a Dorado
BASUALDO: Si, patrón, ¿algo más?
SANTIAGO: Checa a los borrachitos, que sigan donde
tienen que estar.
BASUALDO: ¿Los va a desaparecer?
SANTIAGO: Por el momento, no. No quiero más muertes
por ahora, la de Fermín aún levanta sospechas
BASUALDO: Por eso lo digo, con el par de borrachos
muertos, ya no hay testigos de aquello
SANTIAGO: Primero tenemos que averiguar si le
contaron a alguien, ¿no crees?
BASUALDO: Pos si. ¿Alguna cosa más?
SANTIAGO: No, eso es todo, retírate…
BASUALDO: Está bien… (Sale)
SANTIAGO: (Se sienta y hace una llamada) ¿Leonardo?
Me temo que tengo malas noticias…

No hay comentarios.:
Publicar un comentario