lunes, 13 de enero de 2014

“LA PAMPA” – Capítulo 251 - “ÚLTIMOS CAPÍTULOS”



 


Francisco y Lucía seguían en pleno idilio, cuando Emiliano los llamó para contarles la mala noticia. Justo en el momento de la llamada, Lu había ido a la cocina a buscar algo fresco para beber y Fran buscaba algún disco para ambientar las apasionadas horas que compartía junto a su novia. Cuando ella entró y vio al Llanero sentado en la cama, con el celular en la oreja, se dio cuenta que algo no andaba bien.

FRANCISCO: Claro que si, papá, vamos para allá, no te preocupes.
EMILIANO: El jinete los va a necesitar cerca, hijo, gracias por no dejarlo solo
FRANCISCO: No hay chance que eso pase. Adiós… (Corta)
LUCÍA: ¿Qué pasó, amor?
FRANCISCO: La tormenta de ayer provocó que medio establo de tío Donny se viniera abajo y eso desembocó en la explosión de un tubo de gas. Casi todos los caballos la salvaron, excepto por cinco, entre los cuales se encuentra Esfinge y hay que sacrificarlo. Le acaban de avisar a Jano, lo van a esperar para que pueda despedirse…
LUCÍA: ¿Esfinge? Dios, Jano tiene que estar destrozado. Tenemos que ir con él...
FRANCISCO: Cambiémonos...
LUCÍA: Dios, ¿por qué carajos pasa esto? (Va a cambiarse)
FRANCISCO: No se, mi vida...
LUCÍA: Es una maldita pesadilla... ¿Por qué no podemos ser felices así, sin más? Siempre tiene que haber algo que lo estropee todo... (Se termina de vestir) Maldita tormenta y maldita mala suerte...
FRANCISCO: (La detiene entre sus brazos) Ey, no digas eso, hermosa... (Le besa la frente) No mezcles las cosas
LUCÍA: ¿Qué no las mezcle? Estábamos felices todos y tiene que pasar esta puta desgracia, Esfinge no es sólo un caballo, Fran, es parte de la familia (Rompe a llorar)
FRANCISCO: (La abraza) Lo se, cielo, comprendo perfectamente qué significa ese rufián, cuando murió Benito fue como si perdiera a mi mejor amigo...
LUCÍA: Entonces, no me digas que no mezcle las cosas...
FRANCISCO: Está bien, Lucía, como quieras...
LUCÍA: (Lo abraza) Lo siento (Lo besa) Vamos, quiero llegar lo antes posible...

Unas horas más tarde, Jano se encontraba con su gran amigo. El caballo, aún imponente, estaba acostado y le habían aplicado anestesia en la pata quebrada para que no sintiera el dolor. Cuando el muchacho se arrodilló a su lado, se miraron fijamente, con esa conexión y esa confianza que compartían desde el día en que, con la ayuda de Emiliano, Jano comenzó a montarlo

JANO: (Le acariciaba el lomo) Hola, cabezotas...
AUGUSTO: (Estaba detrás, hablando con Caro en voz bien bajita) ¿Cuándo lo van a hacer?
CAROLINA: Cuando Jano esté listo para dejarlo marchar, aunque no creo que se esté listo nunca para una cosa así...
AUGUSTO: Pienso lo mismo...
EMILIANO: (Se agachó al lado de su jinetito y le pasó el brazo por los hombros) Te mira como lo que eres, Jano, su otra mitad. No tengas miedo, hijo...
JANO: No tengo miedo, pa, tengo dolor, no quiero que se marche, no quiero perderlo...
EMILIANO: Yo se que no, campeón. No habrá otro como este testarudo... (Suspira) ¿Te acuerdas de la primera vez que lo montamos?
JANO: Recuerdo todos los días que pasé con él, todos y cada uno
EMILIANO: (Afirma con un movimiento de cabeza) El primer día subiste con un miedo tremendo. Temblabas y apenas te sentaste un su lomo y me sentiste detrás de ti, te relajaste y te dejaste llevar. Desde ese día que ustedes fueron uno mismo, hijo... Él sabe que ya no puede, míralo en sus ojos y te ama, Jano, pero necesita que lo dejes ir porque sufre al no poder ponerse de pie y llevarte andando...
JANO: Lo se, pero duele dejarlo ir...
CAROLINA: (Se acercó a él) A él también le duele marcharse, pero sabe que su tiempo aquí acabó y se va sabiendo que lo amas como te ama a ti (Le besa la cabeza)
EMILIANO: Esfinge es un animal noble, pura sangre y perfecto, Jano, como tú, sólo respira profundo y míralo, él va a entenderte...
CAROLINA: Te dejamos solo para que te despidas de él, mi vida...
JANO: Gracias, ma...
EMILIANO: (Le hace una seña a Bruno, quien también le da su espacio. Después, acaricia la cabeza del animal) No hay palabras que te hagan justicia, Esfinge, ni habrá otro como tú. Gracias, amigo (Le da un besote en la cabeza) Tú me uniste a este granuja de tu amo y eso no lo voy a olvidar jamás. Descansa, campeón de campeones... (Otro beso y se retira)
CAROLINA: Vamos, amor (Se va con Nano)
FRANCISCO: (Se acerca y se agacha con Jano) Este caballo es exactamente como tú, hermanito y siempre será parte de todos nosotros. Esfinge, espéranos arriba y júntate con Benito, que en unos largos años, iremos a montar las nubes... (Palmea a su cuñado)
LUCÍA: ¿Me dejas despedirme, Jano?
JANO: Claro, Lu…
LUCÍA: Gracias a ti, tengo un súper nieto y gracias a ti, mi hermanito se convirtió en el mejor de los jinetes y te prometo que de mi cuenta corre, que siga siéndolo, Esfinge. Te amamos, amigo, descansa...
FRANCISCO: Vamos, amor, dejemos que se despida solo (Mira a Jano) Te quiero, hermanito...
JANO: (Asiente) Papá, ¿tú quieres decirle algo?
AUGUSTO: Si no te molesta, claro, hijo
JANO: Ven, anda...
AUGUSTO: Hola, amigo (Le acaricia la cabeza al animal) Quiero darte las gracias por haber cuidado a mi hijo en todos estos años, por haberlo acompañado y escuchado... Desde el primer día que te vi a los ojos, cuando me miraste, supe que ibas a ser el amigo perfecto para él y no me defraudaste. Gracias por todo y descansa (Besa la cabeza del caballo y se aleja)
JANO: (Respira profundamente) Podría decir mil cosas, pero me quedaría corto, amigo. Perdóname por no haber estado cuando esto pasó y nunca olvides que tú y yo somos uno mismo, en cuerpo y en alma. Ahora te tocará ir arriba y echar carreras con Benito... (Llora y habla con la voz entrecortada) Siempre estarás en mi corazón y nunca habrá otro como tú; eres, fuiste y serás el corcel más noble, más bueno y aguerrido. Esto no es un adiós, porque cuando sea viejo y me toque ir contigo, te prometo que ya no nos vamos a separar y pasaremos la eternidad a puro galope, con nuestros perros saltando a nuestro alrededor y corriendo como dos salvajes, felices de estar juntos. (Se echa sobre él con cuidado y sus miradas se unen) Lo se, también te amo, Esfinge...
EMILIANO: (Jano se echa a llorar como un niño, muy angustiado y él lo agarra y lo ayuda a incorporarse) Vamos, hijo...
JANO: No, pa, yo me quedo hasta el final... (Mira a Bruno) Procede...
BRUNO: ¿Seguro?
JANO: Hazlo, no le des más largas, no lo voy a dejar solo... No te vayas, pa, quédate con nosotros...
EMILIANO: No pienso moverme...
BRUNO: Está bien (Procede y le pone la inyección que lo haría “dormir”)
JANO: (De a poco, los ojos del caballo se iban cerrando y su respiración menguaba) Anda, amigote, ve en paz (Lloraba a raudales, aferrado a Nano)
EMILIANO: (También le caían las lágrimas) Tranquilo, jinetito...
JANO: Descansa en paz, hermano... (Esfinge cerró los ojos para siempre)
EMILIANO: (Intenta levantarlo, pero Jano era un muchacho muy corpulento y la espalda de Nano le pasaba factura) Anda, jinetito, vamos...
AUGUSTO: (Se acerca y hace lo propio, todos lloraban todavía) Necesitas descansar, hijo...
JANO: No estoy cansado, no quiero descansar...
CAROLINA: Tienes que hacerlo, mi amor
LUCÍA: (Se acerca a él) Yo se que no quieres descansar, pero tienes que ponerte entero para contarles a los peques, Jano (Lo abraza)
JANO: (Se aferra a su hermana) Tienes razón...
LUCÍA: Siempre la tengo, enano (Lo abraza fuerte) Vamos, durmamos esta noche juntos, como antes (Le sonríe)
JANO: (Se ríe entre lágrimas) Espero que no incluya a ese mensote de tu novio...
FRANCISCO: Yo duermo en un colchón en el piso, tarugo...

Con las primeras horas del día, todos estaban reunidos en la sala de Pampa Mía, escuchando la triste noticia. Los niños lloraban y los adultos también, y Kiara, Lisa, Camila y Sofía, quienes eran las que más paseaban con Jano en ese caballo, no tenían consuelo

KIARA: ¿Y te fe al tielo con Nano peddo, Tano?
JANO: Si, mi princesa, se fue al cielo con Nano perro...
SOFÍA: (Lo abraza) Lo siento, se que tú lo querías más que nadie...
CAMILA: Si, Jano, todos lo queríamos mucho, pero tú más… (También lo abraza)
LISA: Mamo a velo...
JANO: Gracias, enanas (Las abraza y después mira a su prima) No podemos ir a verlo, ya se fue al cielo, princesa
LISA: (Llora) No quiedo, mamo a gugá con Finge...
PABLO: (La alza) No se puede, bebé
PABLITO: (Besa a su hermanita) Yo te voy a regalar a mi Camacho, Li, es todo para ti...
CANDELA: (Se sorprende, Camacho era el potrillo adorado de su hermanito) Y yo te voy a ayudar a montarlo...
GABRIEL: Si, además están los hijos de Esfinge, ¿verdad, Jano?
JANO: Claro, campeón...
MATÍAS: (Se agarra a la pierna de su primo) Yo te regalo a Cantor, Jano....
JANO: ¿A Cantor? No, Mati, Cantor es tuyo, tu amigo como Esfinge era el mío, no quiero que me lo regales, sino que lo cuides y quieras mucho
MATÍAS: Pero yo te lo quiero dar a ti, para que no estés triste...
JANO: Prefiero enseñarte a que lo montes cuando sea momento, eso me hará muy feliz...
MATÍAS: ¿Seguro?
DONATO: Si, hijo, tu primo te lo regaló para eso
JANO: Exacto
CANDELA: (Abraza a Jano) Te quiero, soquete...

4 comentarios:

  1. Hay que tristeza este capitulo hasta me hizo llotar y todo aunque no lo creas... pobre Esfinge se ah ido :'(:'(:'(:'(:'(

    ResponderBorrar
    Respuestas
    1. Siempre es triste perder a quien se quiere, ya sea persona o animal...

      Borrar
  2. Ay, lloré, lloré, lloré, lloré, en serio lloré, jaja... que triste, pobre Jano!

    ResponderBorrar
    Respuestas
    1. Me dio mucha pena escribir esto, lloré muchísimo también

      Borrar