viernes, 25 de octubre de 2013

“LA PAMPA” – Capítulo 130



Cuando Augusto abrió la puerta y vio a sus dos hijos, por poco y se echa a llorar. Realmente estaba angustiado, sobrepasado por todo lo que le sucedía y el único bálsamo que encontraba en el mundo y en su vida, era el amor de Lucía y Jano. Los niños fueron a saludar a sus abuelos y a Vanesa y Caro, intentó despedirse.

AUGUSTO: Espera, Pampa
CAROLINA: ¿Qué, Tuto?
AUGUSTO: No se por qué lo hiciste, pero gracias por traerlos
CAROLINA: Te sintieron un poco triste por teléfono y me pidieron venir. No podía negarles eso ni a ellos, ni a ti.
AUGUSTO: Justamente por eso te agradezco
CAROLINA: No hace falta, imagino que debes estar pasándolo mal y si algo aprendí en mi vida, es que cuando todo está cuesta arriba, el amor es lo que te impulsa a subir.
AUGUSTO: ¿Quieres pasar un rato?
CAROLINA: No puedo, Tuto, me están esperando
AUGUSTO: (Levanta la cabeza y ve el carro) Pasen los dos
CAROLINA: Es que tenemos que llevar a Francisco a su casa también, lo están esperando
AUGUSTO: ¿Tienen todo lo del colegio?
CAROLINA: Si, en sus mochilas y en el bolsito este (se lo da) Está la ropa limpia y planchada
AUGUSTO: Mañana te los llevo
CAROLINA: Mañana te toca a ti con ellos
AUGUSTO: Pero me los trajiste ahora
CAROLINA: ¿Y? Aférrate a ellos, Tuto, verás que con sus apapachos, mimos y amor, todo sana y te ayudan a ver las cosas más claras
AUGUSTO: ¿Serán tan milagrosos?
CAROLINA: Lo son, confía en eso. Me voy, ¡niños vengan a darme mi beso!
JANO: (Aparece primero, corriendo) ¡¡Si, mamá!! (La besa mucho) Hasta el jueves
LUCÍA: Te llamamos después de la escuela, mami
CAROLINA: No se olviden, por favor
AUGUSTO: Te prometo que no lo harán, jajajaja
CAROLINA: (Saluda a los tres) No hagan rabiar a papi y se comportan en la escuela, sobre todo tú, Jano
JANO: (Le hace carita) Si…
CAROLINA: ¡Niño hechicero! (Un último beso a sus hijos y se va)
AUGUSTO: Bueno, enanos, ¡a comer helado!
NIÑOS: ¡¡Siiiiiiiiiiiiii!!
CAROLINA: (Se mete al carro) Vámonos…
FRANCISCO: ¿Puedo preguntarles algo?
EMILIANO: Si, llanero
CAROLINA: Lo que quieras, príncipe
FRANCISCO: Ya entendí que no van a tener un bebito muy rápido y está bien eso, pero tengo una duda
EMILIANO: ¿Cuál?
FRANCISCO: ¿Se van a casar?
CAROLINA: No lo sabemos todavía, Fran
FRANCISCO: ¿Por qué no saben?
EMILIANO: La idea es hacerlo, hijo, no entiendas mal. Lo que Caro quiere decir es que no sabemos cuándo
CAROLINA: Exacto
FRANCISCO: ¿Y qué necesitan para saberlo?
EMILIANO: Tú sabes que Pampa estaba casada con Augusto (Francisco afirma) Bueno, ellos tienen que divorciarse y después de eso, tiene que pasar un tiempo largo, como un año o algo así.
FRANCISCO: ¿Tanto?
EMILIANO: Es la ley, hijo
FRANCISCO: ¡La ley es muy tonta!
EMILIANO: La verdad que para algunas cosas, si
CAROLINA: Igual, precioso, no te preocupes por eso, porque casados o no, tu papá y yo somos una pareja
FRANCISCO: ¿Para toda la vida?
EMILIANO: Para toda la vida
FRANCISCO: ¡Así si, paaa!

Unos cuantos días después, casi diez, de hecho, Agustina Terranova paseaba por los campos paralelos a la entrada de su hacienda, montada en Cacique. Era un sábado muy tranquilo, aunque estaba un poco fresco para ser primavera. Sus padres aún dormían y la mañana, en plena quietud, acompañaba sus pensamientos. La muchacha pensaba en Bruno y en cómo se sentía cerca de él. Era un hombre guapo, un par de años mayor que ella y muy buen mozo, varonil, seguro de si mismo, trabajador, todo un candidato y sin embargo, ese sentimiento que el capataz despertaba en ella, le parecía incorrecto. El veterinario Fuertes, llegó y la trajo a tierra.

OMAR: (También montaba) ¡Señorita Terranova!
AGUSTINA: (Se detiene) ¡Doctor! ¿Cómo está?
OMAR: Muy bien, muchas gracias. ¿Podría tener unas palabras con usted?
AGUSTINA: Por supuesto, vamos a la casa
OMAR: No, mejor que sea aquí, si no le molesta
AGUSTINA: ¿Pasa algo?
OMAR: Nada malo, no se preocupe, pero si
AGUSTINA: ¿Qué será?
OMAR: Se trata de Bruno, su capataz
AGUSTINA: ¿Qué hay con él?
OMAR: Como sabe, hace unos meses terminó la carrera y ya es veterinario
AGUSTINA: Ajá
OMAR: Lo que asumo que no sabe, es que tiene una oferta de trabajo excelente
AGUSTINA: ¿Si? ¿De dónde?
OMAR: De una clínica veterinaria de la capital
AGUSTINA: ¿Y por qué me cuenta esto a mí?
OMAR: Porque Bruno rechazó el trabajo por no dejar el puesto aquí
AGUSTINA: ¿Qué dice?
OMAR: Mire, me enteré de esto por pura casualidad. Esta mañana, tuve que hacer unas cosas en la ciudad y me crucé con Julieta, la hermana de Bruno. Ella creyó que yo sabía del asunto, pues porque cada tanto, ayudo en la clínica de la que le hablo y bueno, así me enteré. Él no aceptó el empleo, porque no quiere dejar Terranova
AGUSTINA: Eso no puede ser
OMAR: Conozco poco a ese muchacho, pero se que es un hombre leal. Háblele, señorita, hágalo entender que debe tomar ese trabajo
AGUSTINA: ¿Es una oferta realmente importante?
OMAR: Esa clínica es gratuita y atienden a los animales más necesitados. Un veterinario estudia por amor, por verdadera vocación y se que Bruno siente muy profundo ese llamado.
AGUSTINA: Comprendo, doctor y quédese tranquilo, le voy a hablar y lo haré entrar en razón.
OMAR: Mire, francamente, si quiere ofrecerle que sea él quien cuide a los ejemplares que tienen aquí, no me voy a enojar. De hecho, hasta me ayudaría
AGUSTINA: ¿Cómo sería eso?
OMAR: Entre el consultorio, Santa Cecilia y La Serena, no doy abasto, por lo que tener otro médico por aquí, me ayudaría mucho. Si Bruno aceptara, seríamos dos para cubrir la zona y cubrirnos uno al otro. El señor Navarro, ya tomó uno exclusivo para su hacienda, por lo que sólo quedarían esta y las otras dos
AGUSTINA: Entiendo perfecto a qué se refiere y le repito, voy a hablarle a Bruno y verá que aceptará
OMAR: Sería una pena que no lo hiciera
AGUSTINA: Nada de eso, de mi cuenta corre que no desaproveche esa oportunidad…

Ese mismo sábado, Augusto tenía que pasar por una tintorería para retirar un traje que su mamá había dejado. Faltaban sólo dos semanas para la gran fiesta de aniversario de sus papás y era una fiesta de gala, por lo que tenía que llevar esmoquin. Retiró el encargo y se fue hasta otro negocio, para preguntar si ya había llegado el regalo que les iba a dar. La idea era darles una sorpresa a Oscar y Norma, pero al doblar la esquina, el sorprendido, fue él. Chocó con una mujer y no era otra que Julieta.

AUGUSTO: (Levantaba su traje del suelo, caído por el impacto) Lo siento, iba muy distraído
JULIETA: Se te nota… Menos mal que lo llevas con su protector
AUGUSTO: Ajá…
JULIETA: ¿Gran fiesta?
AUGUSTO: El 40 aniversario de casados de mis padres
JULIETA: ¿40 años? ¡Wow! ¡Eso es resistencia!
AUGUSTO: Ni lo digas… (Hay un silencio incómodo) ¿Ya sabes cuándo te vas?
JULIETA: Me voy esta noche
AUGUSTO: (Casi se muere de la impresión) ¿Qué? ¿Esta noche?
JULIETA: Si
AUGUSTO: Pensé que te habían dado más tiempo
JULIETA: Me lo dieron, nomás decidí no darle largas al asunto y ya irme. Así tendré más días para encontrar un buen departamento
AUGUSTO: Pero, pero…
JULIETA: ¿Qué pasa?
AUGUSTO: No puedes irte así, Julieta…
JULIETA: ¿Así cómo?
AUGUSTO: (De repente, se da cuenta de todo y se desespera) No puedes irte, quédate aquí, conmigo
JULIETA: (Se sorprende) ¿De qué hablas?
AUGUSTO: De eso, no quiero que te vayas
JULIETA: Augusto, no hagas esto más difícil, los dos sabemos cómo son las cosas
AUGUSTO: No, tú no sabes lo que siento
JULIETA: Si que lo se
AUGUSTO: (Tira el traje al suelo y le toma el rostro) No, ni siquiera yo lo sabía hasta ahora… (La besa) Te amo, Julieta, te amo como un loco, por favor, quédate, no me dejes
JULIETA: (No le cree) Eso no es amor, Augusto, es miedo a estar solo (Se separa)
AUGUSTO: Estás en un error
JULIETA: El equivocado eres tú. (Detiene un taxi) Adiós, Augusto… (Se va)
AUGUSTO: (Levanta el traje) ¡No te voy a perder! 

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