martes, 1 de octubre de 2013

“LA PAMPA” – Capítulo 093





Camino a la ciudad, como 10 kilómetros después de La Cruz, Augusto vio un auto varado a un costado de la carretera. Detuvo su coche y se bajó a ver qué sucedía. Para su sorpresa, quien estaba con problemas mecánicos, era la misma doctora que había atendido a Jano con su alergia. Al reconocer al hombre que la socorría tan amablemente, Julieta preguntó por el pequeño

AUGUSTO: Está perfecto. Feliz que todos anden encima de él y consintiéndolo
JULIETA: Me alegra escuchar eso, pero, ¿su hermanita no se pone celosa?
AUGUSTO: ¿Lucía? Para nada, de hecho, para ella es un alivio. Mi princesa es más bien, tímida y disfruta ver que su hermano se lleva toda la atención, jajajaja… ¿Qué le pasó a la máquina?
JULIETA: Ni idea, no se nada de autos. Sólo se que se detuvo de golpe
AUGUSTO: ¿Salió humo o notó algo raro?
JULIETA: No, sólo se paró
AUGUSTO: Pues, las ruedas están bien y yo de mecánica, tampoco se ni jota, así que, lo llevamos al taller del pueblo
JULIETA: ¡Qué mal plan, caramba! Con lo apurada que estoy
AUGUSTO: ¿Vas para la ciudad?
JULIETA: Si, me están esperando
AUGUSTO: No te preocupes. Dejamos el carro con el mecánico y te alcanzo a donde vayas
JULIETA: ¿En serio?
AUGUSTO: ¡Ey, después de lo bien que atendiste a Jano, es lo menos que puedo hacer!
JULIETA: De veras te lo voy a agradecer
AUGUSTO: Ni lo menciones. Voy a dar la vuelta, para llevar esta cosa a su “doctor”, jajajaja…  (Lo hace y luego busca una cadena y lía ambos carros) Ya está.
JULIETA: Gracias, millones de gracias
AUGUSTO: (Le abre la puerta del carro) Suba, doctora…
JULIETA: Muy amable…
AUGUSTO: (Sube y arranca) ¿A qué parte del DF vas?
JULIETA: Al centro, cerca de la intendencia
AUGUSTO: Yo también.
JULIETA: Si, claro
AUGUSTO: En serio. Mis padres viven a tres calles de allí y para ahí me dirijo
JULIETA: ¡Buenísimo!
AUGUSTO: ¡Ya recuerdo de dónde te me hacías familiar!
JULIETA: ¿Qué?
AUGUSTO: Es que desde que te vi en el hospital pensaba en que te conocía de algún lado, pero no es que te conozca, sino que te escuché
JULIETA: ¿A mí?
AUGUSTO: Si, si. Tú llamaste hace unos cuantos días a la hacienda porque Celia se sentía mal
JULIETA: ¡Cierto! Y tú contestaste, ya recuerdo yo también… Yo soy la hermana mayor de Bruno, el capataz de Terranova
AUGUSTO: (La mira) ¿Si?
JULIETA: Ajá, él me habló mucho de ti estos días y ya que te veo y que estás vivo, aprovecho para darte las gracias por ayudarlo con sus primeros años de carrera
AUGUSTO: ¿Te contó eso?
JULIETA: Bruno y yo nos contamos todo
AUGUSTO: (Hace memoria) Ahhhh, tú eres la hermana que estudió medicina…
JULIETA: La misma que viste y calza
AUGUSTO: Bruno es un gran muchacho
JULIETA: Lo es, francamente, a veces parece él el hermano mayor
AUGUSTO: Te creo, tiene un carácter muy centrado, maduro…
JULIETA: (Lo mira) ¿Y cómo te sientes de regreso a tu vida?
AUGUSTO: ¿Eso también te lo contó?
JULIETA: Ya te dije que nos contamos todo… (Sonríe) Igual tu historia da vueltas por todo el pueblo y la gente anda muy contenta, a todos los de tu hacienda los quieren mucho
AUGUSTO: Los Mouriño son buena gente. Desde que adquirieron las tierras que ayudan a La Cruz y esa hacienda la levantó el bisabuelo de mi espo… De mi ex esposa, así que imagina que son muchos años de solidaridad y apoyo a toda esa gente
JULIETA: Conozco la historia completa…
AUGUSTO: (Llegan a al taller) Vamos a llamar a Pepe, ¿él sigue siendo el mecánico?
JULIETA: Si…

La merienda surtió un efecto renovador en los dos varones que habitaban la hacienda y a Facundo, además de encantarle todos los animales, le fascinaba el fútbol y con las energías renovadas, cogió la mano de Jano y se lo llevó a jugar con su nuevo balón. Por lo mismo, ahí estaban los dos, corriendo detrás de la pelota y riendo, dichosos. Lucía los miraba y dejaba que su madrina la mimara. Alma y Horacio también los observaban y aunque ninguno de los dos lo decía, ambos pensaban en si tendrían un varoncito y si sería así de travieso. El administrador adjunto de Santa Cecilia besó a su esposa y le sonrío, enamorado más que el primer día y ella, con ese exacto sentir, le devolvió el gesto apasionado. Felipe e Isabel estaban en su alcoba, organizando su maleta, ya que al otro día se iban al DF y pasarían allí un mes más o menos y necesitaban muchas de las pertenencias que había en la hacienda. Pablo y Celia aún no regresaban del pueblo y Candela, dormía tranquilamente debajo de un árbol que había en el pórtico de la casa, en su cochecito, vigilada por Alma y Lucía. Carolina tuvo que ir a los linderos con Serafín, para checar a una vaca que estaba pariendo. Omar ya estaba allí, pero quien los había auxiliado en primera instancia, había sido Bruno. Serafín recordó que era veterinario y ante el apuro por el prematuro parto de la vaca, le avisó a Ruth y esta, le informó al capataz de Terranova. Agustina también estaba con ellos y ahora llegaban Diego y Nano, a caballo

EMILIANO: (Se baja de Albatros) ¿Y? ¿Cómo están?
OMAR: Bien, el trabajo de mi colega fue excelente
BRUNO: Gracias
OMAR: No me las des, realmente salvaste la vida del becerro y de su mamá, muchacho
CAROLINA: Muchísimas gracias a ti, Bruno, de veras
AGUSTINA: No sabía que eras veterinario
BRUNO: Pues, lo soy, patrona, no hace mucho que terminé la carrera, pero si que lo soy
OMAR: Tu hermana cura gente y tú, animales, Bruno
BRUNO: Si, ¿verdad? Jajajaja…
EMILIANO: (Se acerca a Caro y la besa) ¿Contenta, hermosa?
CAROLINA: Feliz, mi amor
EMILIANO: Voy a buscar a los indios, van a querer ver esto
CAROLINA: Vamos, te acompaño
EMILIANO: Serapio, te encargo a Albatros, me voy en la camioneta con Caro
SERAFÍN: Vayan sin cuidado
CAROLINA: Traemos a los niños en un minuto (Se van)
AGUSTINA: (A Ruth que también estaba ahí y susurrando) Pensé que Carolina iba a volver con su esposo
RUTH: Ya ve que no, patrona. Todos están felices con el regreso del patrón, pero ellos no están juntos…
SERAFÍN: (Se acerca a su novia) Ruth, ¿sales conmigo esta noche, no?
RUTH: Ya te dije que si, mi amor
AGUSTINA: ¿Y a dónde te vas a llevar a mi empleada favorita?
SERAFÍN: A cenar a La Cruz, señorita, es nuestro aniversario y hay que celebrar
AGUSTINA: ¿Cuánto llevan juntos?
RUTH: Dos años
SERAFÍN: No, son dos maravillosos años
RUTH: Es cierto, jajajaja
AGUSTINA: (Mira alrededor) Mejor volvamos a Terranova. Bruno, quédate lo que haga falta, no te apures por regresar. Y tú, Ruth, vamos que tienes que ponerte muy linda para la noche
SERAFÍN: Mi morenita es chula siempre, señorita
RUTH: ¿Ves por qué te amo?
AGUSTINA: Jajajaja, ¡bien dicho! Hasta luego a todos… (Ruth y Serafín se besan y las mujeres se van)

Julieta y Augusto iban platicando de todo un poco y se encontraron con que se caían muy bien. No estaban lejos de su destino y aunque llevaban casi dos horas de trayecto, el tiempo se les había pasado muy rápido

JULIETA: ¿Entonces en un par de semanas ya tendrás todos tus papeles al día?
AUGUSTO: Si, por fin
JULIETA: ¿Y te vas a mudar a La Cruz?
AUGUSTO: Si.
JULIETA: Es una pena que no pudieras salvar tu pareja, se nota que amas a tu esposa
AUGUSTO: Ella a mí no y contra eso nada puedo hacer.
JULIETA: Pero duele
AUGUSTO: Muchísimo. (Suspira) Pienso que lo que ella vivió cuando me creyó muerto, es lo mismo que tengo que atravesar ahora, salvando las distancias, por supuesto
JULIETA: Entiendo. Te refieres a matar el sentimiento, no al duelo en si
AUGUSTO: Precisamente
JULIETA: ¿Estás seguro que no tienes esperanzas?
AUGUSTO: (Asiente) Carolina no tiene secretos para mí y cuando la besé, lo supe de inmediato.
JULIETA: Lo lamento. Debe ser horrible vivir algo así
AUGUSTO: Lo es. Sin embargo, tengo lo mejor de Caro conmigo y a esos dos, no los voy a perder nunca
JULIETA: Tus hijos
AUGUSTO: Son la combinación exacta de lo mejor de ambos. Nuestras mayores virtudes se funcionaron y evolucionaron en Lucía y Jano y si ellos están conmigo, todo está bien
JULIETA: Aférrate a ellos y saldrás adelante y ¿quién sabe? Algún día puedes conocer a una buena mujer y enamorarte otra vez
AUGUSTO: Ojala…
JULIETA: Dobla a la izquierda por esa calle, por favor
AUGUSTO: (Lo hace) ¿Y ahora?
JULIETA: Es esa casa…
AUGUSTO: (Detiene el carro) Si necesitas un aventón para regresar, avísame. Yo vuelvo mañana en la tarde
JULIETA: Te voy a tomar la palabra
AUGUSTO: ¿Tienes alguna tarjeta?
JULIETA: Si, si, toma (Le da una)
AUGUSTO: Te llamo mañana y arreglamos una hora, ¿está bien?
JULIETA: Genial
AUGUSTO: Hasta entonces…
JULIETA: Adiós… (Le sonríe y va hasta la puerta, golpea y una mujer le abre. Antes de entrar, se gira y saluda con la mano)
AUGUSTO: (Devuelve el gesto y ella entra) A casa, Tuto, tienes que empezar a arreglar tu vida de una vez…

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