viernes, 13 de septiembre de 2013

“LA PAMPA” – Capítulo 069



Dora era oriunda de un pequeño poblado cercano a las costas de Oaxaca. Después de pasar varios días de luna de miel en Las Vegas y de ir entrado en el territorio de una poderosa sexualidad, de la mano de Leonardo, los recién casados se apersonaron en el hogar de los Barrientos. José y Berta, los padres de Dora, tomaron la noticia con suspicacia y desconfianza. Ambos eran gente humilde y sencilla, fervientes devotos cristianos y no se sentían contentos con el proceder de los muchachos. Leonardo observaba a sus suegros y desde el principio supo que eran el hueso a roer. De todos modos, Vilches era muy astuto y fue encontrando el camino hacia la aceptación.

LEONARDO: Señores, se que no es la clase de boda que deseaban y soñaban para su hija.
JOSÉ: ¿Y por qué lo hizo así, pues?
LEONARDO: Por loco, por enamorado, por impulsivo y no me arrepiento, señor. Más de dos años compartiendo la vida con Dora, tragándome lo que sentía, ¿comprende? Cuando ella me dijo que también me amaba, no lo pensé, sólo la llevé y la hice mi esposa
BERTA: Es que nosotros no queríamos las cosas de ese modo.
DORA: Pero así pasó, mamá
JOSÉ: No le creo, ¿de dónde sale todo ese amor, a ver?
DORA: ¡Papá!
JOSÉ: Papá, nada, ¡quiero saber!
LEONARDO: Tiene razón, mi amor, es lógico. Mire, Don José, no tengo nada que esconder, ni motivos para avergonzarme. Mi amor lo provoca su hija, es atenta, dulce, generosa y leal. Siempre ha estado a mi lado y yo soy un hombre solo. No tengo padres, mi única hermana vive en Alemania desde hace 10 años y Dora se fue convirtiendo en mi amiga. Cuando me di cuenta de lo que sentía, casi la corro de la casa, pero luego entendí que era injusto dejarla sin trabajo por algo que ella no había buscado. Hace unos días me dieron una buena noticia y quise compartirlo con ella. Brindamos, hablamos y le confesé mi amor. Para mi sorpresa, ella me correspondió y le pedí que fuera mi esposa. Eso fue lo que sucedió
JOSÉ: ¿Siempre respetó a mi muchacha?
LEONARDO: Completamente. Sólo ha sido mía como mi esposa que es.
JOSÉ: Sigo sin convencerme
LEONARDO: ¿Y si se viene una temporada a la ciudad? ¡Eso! Vengan a casa, compartan la vida con nosotros y así verá, que este amor es real
JOSÉ: No tenemos dónde quedarnos, ni dinero
LEONARDO: ¡Por Dios, suegro! Se quedan en nuestra casa, el hogar de su hija siempre estará abierto para ustedes y serán recibidos como lo que son, los padres de la señora, de la dueña de todo, del amor de mi vida…
JOSÉ: No se, Leonardo, eso no soluciona la boda apresurada y sin bendición que tuvieron
LEONARDO: Tiene razón, pero creo que hay una manera de arreglarlo.
DORA: ¿Cuál, mi amor?
LEONARDO: Nos casamos aquí, preciosa. Es un pueblo pequeño, seguramente haya fechas disponibles en el registro civil y en la iglesia.
BERTA: Eso es seguro, aquí ya nadie se casa…
LEONARDO: Tenemos que ir a averiguarlo y lo hacemos. (Mira fijamente a su suegro) Sólo quiero que Dora sea feliz y créame, haré lo que sea para conseguirlo
DORA: Si, papá, por favor, Leo me trata como a una princesa y siempre fue así, aún cuando no éramos más que jefe y empleada
JOSÉ: Ta bueno, pues. Vayan a ver lo del registro civil que yo hablo con Osvaldo
BERTA: (Mira a Leo) El sacerdote del pueblo, es primo de mi marido
LEONARDO: (Sonríe) Eso facilitará las cosas. (Se pone de pie) Vamos, mi amor, quiero hacer las cosas como Dios manda.
DORA: Si, precioso. Papi, mami, nos vemos en un rato (Se despiden y salen)
JOSÉ: Ese tipo no  me termina de gustar
BERTA: Es porque te llevó a tu única hija, viejo, pero vino a dar la cara, nos invita a pasar tiempo con ellos en la ciudad y va a casarse como Dios manda. No seas tan ceñudo, ¿no viste lo feliz que está Dorita?
JOSÉ: Eso es verdad
BERTA: Ve a hablar con Osvaldo y deja el jaleo (Lo levanta y da una palmada en las pompas) ¡Apúrale!
JOSÉ: Ya voy, ya voy…
LEONARDO: (Iba tomado de la mano de Dora, conversando) Tu papá no me quiere nada
DORA: Pasa que soy hija única y todo fue de repente, mi amor, no pudieron prepararse.
LEONARDO: Debe ser eso, pero verás que con el tiempo, lo voy a ganar… (Se besan)
DORA: Se que si, eres un sol, Leo, te van a adorar
LEONARDO: Eso espero. Oye, preciosa, la casa de tus papás es pequeña, deberíamos quedarnos en un hotel o algo de eso
DORA: Como quieras, amor, yo voy donde tú vayas…
LEONARDO: Este pueblito es pequeño, pero hermoso, mira esas costas…
DORA: Crecí aquí, Leo, las conozco de sobra. (Señala la calle del otro lado) Ahí está el registro
LEONARDO: Mira, allá hay un hotel. ¿Por qué no vas al registro civil a preguntar qué se necesita para la boda y yo voy a reservar habitación?
DORA: Hagámoslo los dos juntos
LEONARDO: Es que si lo hacemos por separado, terminamos más rápido
DORA: ¿Y cuál es el apuro?
LEONARDO: Que quiero hacerte el amor ya
DORA: (Sonríe y lo besa) ¿Nunca tienes suficiente?
LEONARDO: ¿De ti? No, para nada… ¿Tú ya te cansaste de mí?
DORA: ¡Claro que no! Y para que veas que soy sincera, ¡apura el paso!
LEONARDO: Ve, ve… (Dora lo besa y cruza la calle para ir al registro civil. Leo va al hotel) Hola, buenos días
RECEPCIONISTA: Buen día, caballero, ¿busca habitación?
LEONARDO: Efectivamente. Matrimonial, por favor y la más lujosa que tengan
RECEPCIONISTA: (Sonríe) Déjeme checar, pero como estamos en temporada alta, quizás las más costosas estén ocupadas, tenemos muchos visitantes extranjeros
LEONARDO: Pues, vea qué tiene disponible, por favor
RECEPCIONISTA: Seguro… (Comienza a checar en la computadora)
MARIO: (Afuera del registro, esperaba a Dora. Al verla salir, la enfrentó) Hola, gatita…
DORA: ¿Qué quieres, patán?
MARIO: Dicen que andas con un tipejo de la ciudad, ¿eres una zorra o qué?
DORA: El único tipejo, eres tú y ese con el que ando, es mi esposo
MARIO: ¿Te casaste, mujercita? (La jala con él) Pensé que ibas a entregarte a mí
DORA: ¿A ti? (Se suelta) Ni que fueras el último tipo del universo
MARIO: (La vuelve a agarrar) ¡A mí no me dejas con las ganas, zorra!
DORA: ¡Suéltame!
MARIO: (La toca por todos lados) ¡Vas a ser mía! (Recibe un tremendo puñetazo en el rostro)
LEONARDO: ¿No escuchaste a mi esposa, imbécil?
MARIO: (Se le va encima) ¡Maldito!
LEONARDO: (Lo esquiva y le asesta otro puño, pero ahora en el estómago) Como te vuelvas a acercar a ella, te mato, infeliz, ¿me escuchaste?
MARIO: Te vas a arrepentir por esto
LEONARDO: (Lo coge de la solapa) No me digas, pelele, ¿tú y quién más me va a hacer arrepentir? (Rodillazo en la entrepierna) A mi esposa la respetas porque la respetas (Lo empuja, tirándolo al suelo) ¡Idiota! (Abraza a Dora) ¿Estás bien?
DORA: Si, amor, menos mal que apareciste
LEONARDO: Ven, vamos al hotel… (Se alejan)
DORA: Ese tipo me ha molestado desde que éramos niños, se cree el dueño del pueblo
LEONARDO: Hasta aquí le llegó el mandato, pues, porque como se vuelva a acercar a ti, las paga bien caras…
DORA: No te pongas así, dudo que intente algo, es un idiota
LEONARDO: (Van hasta la recepción) Señorita, ella es mi esposa
RECEPCIONISTA: Señora, bienvenida y aquí tienen su llave
LEONARDO: Gracias, pero tenemos que ir por el equipaje
DORA: Primero subamos a ver el cuarto, amor
LEONARDO: No, Dora, busquemos las maletas y así me cuentas lo que te dijeron en el registro
DORA: (Lo aleja unos metros del mostrador) Quiero que subamos y estrenemos la cama
LEONARDO: ¿Ahora?
DORA: ¿Bromeas? Después de cómo me defendiste, mereces que esta boquita te recorra de pies a cabeza
LEONARDO: (La sola idea lo excitó) Si quiero eso y mucho
DORA: (Busca la llave) Muévelas, amorcito (Lo lleva hasta las escaleras, ya que el hotel era hermoso, pero pequeño y no había elevador) Vamos, apura el paso
LEONARDO: (La pone contra la pared) Empieza ahora
DORA: ¿Aquí?
LEONARDO: Si, ¿no te animas?
DORA: ¿Y si alguien viene?
LEONARDO: Por favor, aunque sea un poquito, unos besitos y ya… (Respiraba agitado por las ganas)
DORA: Leo…
LEONARDO: (Mira alrededor) Anda, te lo suplico (La lleva hasta un rincón) Desde aquí podemos ver si alguien aparece, sin que nos vean a nosotros (La aprieta contra su cuerpo) Hazlo, por favor
DORA: (Lo toca) Estás más erecto que nunca (Le baja la cremallera, toma el pene y mueve su mano enérgicamente, haciéndolo gemir) Pídemelo…
LEONARDO: (Le gustaba que ella tomara las riendas) Házmelo ya
DORA: ¿Qué quieres que te haga?
LEONARDO: Que la chupes
DORA: ¿Despacito?
LEONARDO: No, bien duro…
DORA: (Se arrodilla y comienza) ¿Así?
LEONARDO: Sabes bien cómo
DORA: No lo se, tú dime…
LEONARDO: (La toma del cabello y la pone contra la pared) Tú te lo buscaste…
DORA: ¡Hazlo de una vez!
LEONARDO: (Se la mete hasta el fondo) Ay, si, eso… (La saca) ¿Estás bien?
DORA: Si, sigue…
LEONARDO: (Lo hace de nuevo y mueve su pelvis) Me gusta que te guste…


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