César
Parravicini casi se desmaya al ver a quien tenía enfrente. Hizo varios pasos
para atrás y por poco se cae. El mismo Augusto lo alcanzó a agarrar, evitando
un golpe
AUGUSTO:
¿Sorprendido de verme vivo, Parravicini?
CÉSAR: No puede ser…
CÉSAR: No puede ser…
AUGUSTO:
Pero es
CÉSAR: (Pretende abrazarlo) ¡Augusto!
CÉSAR: (Pretende abrazarlo) ¡Augusto!
AUGUSTO:
(Lo separa) No seas cínico, se muy bien que tú me mandaste a matar, pero te
equivocaste, porque mataste a mi hermano Guillermo
CÉSAR: No se de qué hablas
CÉSAR: No se de qué hablas
AUGUSTO:
Ahórrame tus mentiras e intenta no provocarme a que te mate aquí mismo. Tengo
pruebas de cada una de tus cochinadas con Terranova
CÉSAR: ¿Qué pruebas?
CÉSAR: ¿Qué pruebas?
AUGUSTO:
Del desfalco a la Asociación de ganaderos, del tráfico de tigres en peligro de
extinción, del “accidente” en el que creíste matarme y de cómo ejecutaste a
esos dos peones en los linderos de la hacienda Navarro. Eres muy fotogénico y
la cámara te tomó muy bien disparándoles
CÉSAR: (Se pone serio) ¿Y si tienes eso por qué no me has entregado a las autoridades?
CÉSAR: (Se pone serio) ¿Y si tienes eso por qué no me has entregado a las autoridades?
AUGUSTO:
¿Para qué? ¿Para que al día siguiente mi esposa y mis hijos estén muertos? ¿Qué
expectativas de vida representaría entregarte para mi familia? Ninguna y eso me
queda muy claro
CÉSAR: ¿Entonces?
CÉSAR: ¿Entonces?
AUGUSTO:
Te alejas de Santa Cecilia, dejas de joder con todo lo que nos afecte y nos
dejas en paz. A cambio de eso, yo me callo todo lo que se.
CÉSAR: ¿Cómo puedo confiar en ti?
CÉSAR: ¿Cómo puedo confiar en ti?
AUGUSTO:
No hay de otra. Para mí lo más importante son mi esposa y mis hijos y dudo que
tú quieras ir preso
CÉSAR: ¿Tu esposa? Jajajaja, no me hagas reír, ¿acaso ella te va a perdonar todo lo que hiciste?
CÉSAR: ¿Tu esposa? Jajajaja, no me hagas reír, ¿acaso ella te va a perdonar todo lo que hiciste?
CAROLINA:
(Entra) Yo he sabido todo desde el principio, Parravicini y ayudé a Augusto a
juntar las pruebas que nos garanticen vivir tranquilos (Saca su celular y le
muestra el video que tenían) ¿Ves? Con la misma nitidez se ve como mataste a
esos dos cristianos hace tantos años y si tú nos dejas tranquilos, nadie tiene
por qué ver esto o nada de lo que tenemos en tu contra
AUGUSTO:
¿Qué dices?
CÉSAR: (Sabe que no tiene alternativa) Que tienen un trato. No volveré a perjudicarlos
CÉSAR: (Sabe que no tiene alternativa) Que tienen un trato. No volveré a perjudicarlos
AUGUSTO:
Para que quede claro, si algo le pasa a alguien que nosotros amemos o
conozcamos, te hundes en el infierno, ¿entendiste, infeliz?
CÉSAR: Si, si, calma…
CÉSAR: Si, si, calma…
AUGUSTO:
Más te vale, Parravicini, porque a la primera sospecha, el mundo entero va a
verte disparando a las cabezas de esos peones… (Se van)
CÉSAR: (Cerró violentamente la puerta) ¡¡Demonios!!
CÉSAR: (Cerró violentamente la puerta) ¡¡Demonios!!
Apenas
el taxi arrancó, Emiliano había llamado a Aitana para saber cómo estaba
Francisco. Al saber que todo iba bien, cortó la comunicación y apagó el
teléfono. Su mundo se le caía a pedazos y él estaba atado de pies y manos. Sin
embargo, ese alma tan noble que tenía, le hacía pensar en Jano y Lucía y que
por fin, ellos tendrían a su papá. Comprendió el proceder de Augusto y supo que
en su lugar, seguramente habría hecho lo mismo. De todos modos, la posibilidad
de perder a Carolina lo tenía destruido, más sabiendo que lo lógico era que
ellos volvieran a ser el matrimonio feliz que solían ser. Llegó a su
departamento, armó un pequeño bolso y se fue.
Donato,
preocupado por su hermano, lo buscó sin éxito. Entendió que quisiera estar solo
y lo dejó por unas horas. Ya sería momento de buscarlo nuevamente.
En
el trayecto a Santa Cecilia, Augusto y Carolina apenas si hablaron de lo que
iban a decirles a todos. Era claro que la verdad completa no podía salir aún a
la luz y se definieron por contar que Augusto estuvo muy mal y que se lo habían
llevado a Venezuela por confundirlo con su gemelo. Cuando él se recuperó de un
largo trauma, pudo decir quién era y regresar a su casa. Antes de entrar y
enfrentar a todos, le pidió a Carolina que les dijera para que el impacto de
verlo no fuera tan grande. Lucía y Jano estaban en la ciudad con sus abuelos y
de los niños y los González Miño se encargarían al día siguiente. Felipe,
Isabel, Alma, Pablo, Germán, Violeta, Horacio, Celia, Aurora y todos los
empleados, reunidos por Pampa, escuchaban la historia sin poderse creer lo que
pasaba
FELIPE: ¿Está vivo?
FELIPE: ¿Está vivo?
ISABEL:
¿Y aquí?
CAROLINA: Si, mamá, es un milagro
CAROLINA: Si, mamá, es un milagro
PABLO:
¡Ya lo creo que si!
ALMA: Lo que no entiendo es lo de la confusión con su hermano
CAROLINA: Él también se accidentó, pero tenía puesta la ropa de Guillermo y como estaban a mucha distancia y los atendieron distintos paramédicos, nadie se dio cuenta.
FELIPE: Parece un película
ALMA: Lo que no entiendo es lo de la confusión con su hermano
CAROLINA: Él también se accidentó, pero tenía puesta la ropa de Guillermo y como estaban a mucha distancia y los atendieron distintos paramédicos, nadie se dio cuenta.
FELIPE: Parece un película
CAROLINA:
Es una locura y no se más detalles, papá.
ISABEL: ¿Y después de eso estuvo en Venezuela?
CAROLINA: Los padres de Guillermo fueron notificados y vinieron a buscarlo. Ellos son de allá y se lo llevaron. Nadie relacionó nada
ISABEL: ¿Y después de eso estuvo en Venezuela?
CAROLINA: Los padres de Guillermo fueron notificados y vinieron a buscarlo. Ellos son de allá y se lo llevaron. Nadie relacionó nada
FELIPE:
¿Ponzio? Lo recuerdo, era embajador en México
CAROLINA: Precisamente y pues, con los contactos del señor todo se hizo rápido y sin armar revuelo
CAROLINA: Precisamente y pues, con los contactos del señor todo se hizo rápido y sin armar revuelo
GERMÁN:
¿Y tú lo sabías?
CAROLINA: Lo supe hace unas horas, cuando me buscó y me encontró y ya dejen la preguntadera, por favor
CAROLINA: Lo supe hace unas horas, cuando me buscó y me encontró y ya dejen la preguntadera, por favor
ALMA:
¡Ve a traerlo, mujer!
AUGUSTO:
(Entrando) No te vayas a espantar, cuñadita…
ALMA:
(Se levanta y lo abraza) ¡¡Tutooo!! Qué buena noticia y qué lindo que estés de
vuelta entre nosotros
AUGUSTO:
Créeme que el gusto es todo mío…
CHAVA:
(Codea a Diego) ¿Y Nano?
DIEGO:
Ni idea, pero por el momento, no preguntes…
HORACIO:
(Le suena el teléfono y al ver quién llamaba, se aleja un poco) ¿Nano? ¿Dónde
andas?
EMILIANO: Eso no importa.
EMILIANO: Eso no importa.
HORACIO:
¿Ya sabes todo, verdad?
EMILIANO:
Si, Horacio
HORACIO:
¿Caro y tú terminaron?
EMILIANO:
Si, pero no quiero hablar de eso. Necesito que me hagas un favor.
HORACIO:
Lo que quieras
EMILIANO:
Prepara a Benito que mañana voy a ir por él, eso si, no le digas nada a Pampa.
Ya veré cómo le digo yo
HORACIO:
Está bien y oye, lo siento mucho. Me imagino cómo te sientes y sabes que somos
amigos, cuenta conmigo
EMILIANO:
Lo mismo te digo yo y gracias. Paso por el caballo bien temprano, apenas salga
el sol
HORACIO:
¿Por qué tan temprano?
EMILIANO:
Voy a aprovechar para despedirme de todos y no quiero que se arme el gran jaleo
HORACIO:
Será como lo desees. Tendrás a Benito esperando
EMILIANO:
Gracias, hasta mañana
HORACIO:
Hasta mañana (Caro se acerca)
CAROLINA:
¿Era Nano, cierto?
HORACIO:
Si, cuñada
CAROLINA:
¿Qué te dijo?
HORACIO:
Me pidió que no dijera nada
CAROLINA:
Por favor, Horacio, necesito verlo
HORACIO:
Va a venir por Benito en la mañana, bien temprano y va a despedirse de todos
CAROLINA:
¿Despedirse?
HORACIO:
Si, Caro, es lógico, no va a quedarse aquí si Augusto está de regreso
CAROLINA:
Entiendo…
HORACIO:
Si me permites, voy a preparar todo para el caballo
CAROLINA:
Ve, ve… (Horacio se retira)
PABLO:
(Va con ella) ¿Cómo estás?
CAROLINA:
(Se echa a llorar y lo abraza fuerte) No se, Pablo…
PABLO:
Tranquila, Pampa, date tiempo…
CAROLINA:
Es que si hubieras visto a Nano…
PABLO:
Lo se, preciosa…
CAROLINA:
No se qué voy a hacer
PABLO:
Ya lo sabrás, no te apures…
HORACIO:
(Regresa) ¡Carolina! ¡Llegaron tus suegros con los niños!
CAROLINA:
¿Qué? Se suponía que vendrían recién mañana
HORACIO:
Pues, están aquí ahora
CAROLINA:
(Mira a Augusto) Voy a hablar con ellos, tú ve al despacho y espera ahí
AUGUSTO:
Si…
CAROLINA:
(Sale) ¡Holaaa!
JANO:
¡¡¡Mamiiii!!! ¿Dónde está Nano? Tengo que contarle algo ya…
CAROLINA:
Emiliano no está, hijo
JANO:
¿Por qué no?
CAROLINA:
(Mira a sus suegros y a Lucía) Entremos, por favor, acaba de pasar algo y
ustedes tienen que saberlo ya mismo
OSCAR:
¿Todo está bien?
CAROLINA: Es una excelente noticia, pero puede impresionarlos demasiado…
CAROLINA: Es una excelente noticia, pero puede impresionarlos demasiado…
JANO:
¡Yo quiero a Nano, mamá!
CAROLINA: Hijito, ya lo vas a ver, pero no será hoy…
CAROLINA: Hijito, ya lo vas a ver, pero no será hoy…
JANO:
Pero mañana me llevas a verlo, eh…

Hay q duro es eso auq nos nińos asimilan más rápido todo :-(
ResponderBorrarAhora si estoy llorando por nano :-(
No llores, mamita!!
BorrarHuy como sera la reacción de los niños cuando vean a su padre... Que desesperacion... Pobre Nano ojala Caro pueda hablar con el
ResponderBorrarYa pronto lo sabrás!!
Borrarhay maru no se vale pobre nano ya si lloro y jano el pobresito queriendo ver a nano!!
ResponderBorrarTiempo al tiempo, muñecota!
BorrarHijole se armara la grande jajajajajaja
ResponderBorrarYa se armó, Rebecca, ajajjajajjaa
BorrarA Parravicini le temblaron las paticas, jajajajajaja... Ay, ya me va a agarrar la depre :(
ResponderBorrarParravicini se tuvo que cambiar el pañal, jajajajajja
Borrar