martes, 24 de septiembre de 2013

“LA PAMPA” – Capítulo 084



César Parravicini casi se desmaya al ver a quien tenía enfrente. Hizo varios pasos para atrás y por poco se cae. El mismo Augusto lo alcanzó a agarrar, evitando un golpe

AUGUSTO: ¿Sorprendido de verme vivo, Parravicini?
CÉSAR: No puede ser…
AUGUSTO: Pero es
CÉSAR: (Pretende abrazarlo) ¡Augusto!
AUGUSTO: (Lo separa) No seas cínico, se muy bien que tú me mandaste a matar, pero te equivocaste, porque mataste a mi hermano Guillermo
CÉSAR: No se de qué hablas
AUGUSTO: Ahórrame tus mentiras e intenta no provocarme a que te mate aquí mismo. Tengo pruebas de cada una de tus cochinadas con Terranova
CÉSAR: ¿Qué pruebas?
AUGUSTO: Del desfalco a la Asociación de ganaderos, del tráfico de tigres en peligro de extinción, del “accidente” en el que creíste matarme y de cómo ejecutaste a esos dos peones en los linderos de la hacienda Navarro. Eres muy fotogénico y la cámara te tomó muy bien disparándoles
CÉSAR: (Se pone serio) ¿Y si tienes eso por qué no me has entregado a las autoridades?
AUGUSTO: ¿Para qué? ¿Para que al día siguiente mi esposa y mis hijos estén muertos? ¿Qué expectativas de vida representaría entregarte para mi familia? Ninguna y eso me queda muy claro
CÉSAR: ¿Entonces?
AUGUSTO: Te alejas de Santa Cecilia, dejas de joder con todo lo que nos afecte y nos dejas en paz. A cambio de eso, yo me callo todo lo que se.
CÉSAR: ¿Cómo puedo confiar en ti?
AUGUSTO: No hay de otra. Para mí lo más importante son mi esposa y mis hijos y dudo que tú quieras ir preso
CÉSAR: ¿Tu esposa? Jajajaja, no me hagas reír, ¿acaso ella te va a perdonar todo lo que hiciste?
CAROLINA: (Entra) Yo he sabido todo desde el principio, Parravicini y ayudé a Augusto a juntar las pruebas que nos garanticen vivir tranquilos (Saca su celular y le muestra el video que tenían) ¿Ves? Con la misma nitidez se ve como mataste a esos dos cristianos hace tantos años y si tú nos dejas tranquilos, nadie tiene por qué ver esto o nada de lo que tenemos en tu contra
AUGUSTO: ¿Qué dices?
CÉSAR: (Sabe que no tiene alternativa) Que tienen un trato. No volveré a perjudicarlos
AUGUSTO: Para que quede claro, si algo le pasa a alguien que nosotros amemos o conozcamos, te hundes en el infierno, ¿entendiste, infeliz?
CÉSAR: Si, si, calma…
AUGUSTO: Más te vale, Parravicini, porque a la primera sospecha, el mundo entero va a verte disparando a las cabezas de esos peones… (Se van)
CÉSAR: (Cerró violentamente la puerta) ¡¡Demonios!!

Apenas el taxi arrancó, Emiliano había llamado a Aitana para saber cómo estaba Francisco. Al saber que todo iba bien, cortó la comunicación y apagó el teléfono. Su mundo se le caía a pedazos y él estaba atado de pies y manos. Sin embargo, ese alma tan noble que tenía, le hacía pensar en Jano y Lucía y que por fin, ellos tendrían a su papá. Comprendió el proceder de Augusto y supo que en su lugar, seguramente habría hecho lo mismo. De todos modos, la posibilidad de perder a Carolina lo tenía destruido, más sabiendo que lo lógico era que ellos volvieran a ser el matrimonio feliz que solían ser. Llegó a su departamento, armó un pequeño bolso y se fue.

Donato, preocupado por su hermano, lo buscó sin éxito. Entendió que quisiera estar solo y lo dejó por unas horas. Ya sería momento de buscarlo nuevamente.

En el trayecto a Santa Cecilia, Augusto y Carolina apenas si hablaron de lo que iban a decirles a todos. Era claro que la verdad completa no podía salir aún a la luz y se definieron por contar que Augusto estuvo muy mal y que se lo habían llevado a Venezuela por confundirlo con su gemelo. Cuando él se recuperó de un largo trauma, pudo decir quién era y regresar a su casa. Antes de entrar y enfrentar a todos, le pidió a Carolina que les dijera para que el impacto de verlo no fuera tan grande. Lucía y Jano estaban en la ciudad con sus abuelos y de los niños y los González Miño se encargarían al día siguiente. Felipe, Isabel, Alma, Pablo, Germán, Violeta, Horacio, Celia, Aurora y todos los empleados, reunidos por Pampa, escuchaban la historia sin poderse creer lo que pasaba

FELIPE: ¿Está vivo?
ISABEL: ¿Y aquí?
CAROLINA: Si, mamá, es un milagro
PABLO: ¡Ya lo creo que si!
ALMA: Lo que no entiendo es lo de la confusión con su hermano
CAROLINA: Él también se accidentó, pero tenía puesta la ropa de Guillermo y como estaban a mucha distancia y los atendieron distintos paramédicos, nadie se dio cuenta.
FELIPE: Parece un película
CAROLINA: Es una locura y no se más detalles, papá.
ISABEL: ¿Y después de eso estuvo en Venezuela?
CAROLINA: Los padres de Guillermo fueron notificados y vinieron a buscarlo. Ellos son de allá y se lo llevaron. Nadie relacionó nada
FELIPE: ¿Ponzio? Lo recuerdo, era embajador en México
CAROLINA: Precisamente y pues, con los contactos del señor todo se hizo rápido y sin armar revuelo
GERMÁN: ¿Y tú lo sabías?
CAROLINA: Lo supe hace unas horas, cuando me buscó y me encontró y ya dejen la preguntadera, por favor
ALMA: ¡Ve a traerlo, mujer!
AUGUSTO: (Entrando) No te vayas a espantar, cuñadita…
ALMA: (Se levanta y lo abraza) ¡¡Tutooo!! Qué buena noticia y qué lindo que estés de vuelta entre nosotros
AUGUSTO: Créeme que el gusto es todo mío…
CHAVA: (Codea a Diego) ¿Y Nano?
DIEGO: Ni idea, pero por el momento, no preguntes…
HORACIO: (Le suena el teléfono y al ver quién llamaba, se aleja un poco) ¿Nano? ¿Dónde andas?
EMILIANO: Eso no importa.
HORACIO: ¿Ya sabes todo, verdad?
EMILIANO: Si, Horacio
HORACIO: ¿Caro y tú terminaron?
EMILIANO: Si, pero no quiero hablar de eso. Necesito que me hagas un favor.
HORACIO: Lo que quieras
EMILIANO: Prepara a Benito que mañana voy a ir por él, eso si, no le digas nada a Pampa. Ya veré cómo le digo yo
HORACIO: Está bien y oye, lo siento mucho. Me imagino cómo te sientes y sabes que somos amigos, cuenta conmigo
EMILIANO: Lo mismo te digo yo y gracias. Paso por el caballo bien temprano, apenas salga el sol
HORACIO: ¿Por qué tan temprano?
EMILIANO: Voy a aprovechar para despedirme de todos y no quiero que se arme el gran jaleo
HORACIO: Será como lo desees. Tendrás a Benito esperando
EMILIANO: Gracias, hasta mañana
HORACIO: Hasta mañana (Caro se acerca)
CAROLINA: ¿Era Nano, cierto?
HORACIO: Si, cuñada
CAROLINA: ¿Qué te dijo?
HORACIO: Me pidió que no dijera nada
CAROLINA: Por favor, Horacio, necesito verlo
HORACIO: Va a venir por Benito en la mañana, bien temprano y va a despedirse de todos
CAROLINA: ¿Despedirse?
HORACIO: Si, Caro, es lógico, no va a quedarse aquí si Augusto está de regreso
CAROLINA: Entiendo…
HORACIO: Si me permites, voy a preparar todo para el caballo
CAROLINA: Ve, ve… (Horacio se retira)
PABLO: (Va con ella) ¿Cómo estás?
CAROLINA: (Se echa a llorar y lo abraza fuerte) No se, Pablo…
PABLO: Tranquila, Pampa, date tiempo…
CAROLINA: Es que si hubieras visto a Nano…
PABLO: Lo se, preciosa…
CAROLINA: No se qué voy a hacer
PABLO: Ya lo sabrás, no te apures…
HORACIO: (Regresa) ¡Carolina! ¡Llegaron tus suegros con los niños!
CAROLINA: ¿Qué? Se suponía que vendrían recién mañana
HORACIO: Pues, están aquí ahora
CAROLINA: (Mira a Augusto) Voy a hablar con ellos, tú ve al despacho y espera ahí
AUGUSTO: Si…
CAROLINA: (Sale) ¡Holaaa!
JANO: ¡¡¡Mamiiii!!! ¿Dónde está Nano? Tengo que contarle algo ya…
CAROLINA: Emiliano no está, hijo
JANO: ¿Por qué no?
CAROLINA: (Mira a sus suegros y a Lucía) Entremos, por favor, acaba de pasar algo y ustedes tienen que saberlo ya mismo
OSCAR: ¿Todo está bien?
CAROLINA: Es una excelente noticia, pero puede impresionarlos demasiado…
JANO: ¡Yo quiero a Nano, mamá!
CAROLINA: Hijito, ya lo vas a ver, pero no será hoy…
JANO: Pero mañana me llevas a verlo, eh…


10 comentarios:

  1. Hay q duro es eso auq nos nińos asimilan más rápido todo :-(

    Ahora si estoy llorando por nano :-(

    ResponderBorrar
  2. Huy como sera la reacción de los niños cuando vean a su padre... Que desesperacion... Pobre Nano ojala Caro pueda hablar con el

    ResponderBorrar
  3. hay maru no se vale pobre nano ya si lloro y jano el pobresito queriendo ver a nano!!

    ResponderBorrar
  4. A Parravicini le temblaron las paticas, jajajajajaja... Ay, ya me va a agarrar la depre :(

    ResponderBorrar