viernes, 13 de septiembre de 2013

“LA PAMPA” – Capítulo 070



Estieben, en su casa, revisaba todos los documentos que Carolina le había mandado a través de Emiliano. Era muchísima información: estados de cuenta, libros de contabilidad, dispositivos portátiles con el registro de movimientos financieros fraudulentos y si bien, todo apuntaba a Parravicini, aún no hallaban un cabo que lo uniera a aquello de manera irrefutable. El video de la muerte de Gabriel y Augusto era nítido y si, la evidencia indicaba claramente que una tercera persona estaba involucrada a todo lo sucedido y que se había salvado del ataque. Por lo que un buen amigo le pudo explicar, lo que grabó el accidente, fue una diminuta cámara instalada en la ropa de Tuto, pero en ningún reporte de la policía, se hacía mención a que le hallaran eso entre sus pertenencias cuando se accidentó y un detalle semejante, no podía haber pasado desapercibido…

ESTIEBEN: (Pensaba en voz alta) ¿Será que alguien lo quitó de ahí? (Le suena el teléfono de su casa) ¿Bueno?
VOZ: ¿Comisario Estieben?
ESTIEBEN: Si, ¿quién habla?
VOZ: Eso ahora es lo de menos, sólo puedo decirle que se lo que busca y puedo darle lo que quiere
ESTIEBEN: (Era claro que se trataba de un hombre) ¿A qué se refiere?
VOZ: Al caso de Tausch y González Miño. Yo se todo, pero no puedo aparecer o me matan a mí también
ESTIEBEN: Yo puedo ofrecerle protección
VOZ: Tengo esposa e hijos, comisario
ESTIEBEN: A ellos también los protegeré, pero, ¿cómo se que lo que dice es cierto?
VOZ: Porque se lo puedo demostrar
ESTIEBEN: ¿Qué me pide a cambio de su colaboración?
VOZ: Que jamás diga quién soy
ESTIEBEN: No lo diré
VOZ: Abra la puerta de su casa
ESTIEBEN: ¿Para qué?
VOZ: Hágalo y comprenderá todo
ESTIEBEN: (Se pone de pie y observa a través de la mirilla, quedando impactado por lo que ve. Abre y ambos dejan el teléfono) No puede ser…
VOZ: Pero lo es…
ESTIEBEN: Usted es…
VOZ: No, no lo soy, soy su hermano
ESTIEBEN: No entiendo nada
VOZ: Se lo voy a explicar
ESTIEBEN: Pase, por favor
VOZ: (Entra) Gracias… Comisario, si confío en usted es porque se que es honesto y que busca la verdad
ESTIEBEN: ¿Usted qué busca?
VOZ: Justicia…
ESTIEBEN: ¿Dice que es el hermano?
VOZ: Si, hermano gemelo, para ser exactos
ESTIEBEN: No sabía que Augusto tuviera un gemelo
VOZ: Él tampoco lo sabía, nos encontramos por casualidad
ESTIEBEN: ¿Cuándo?
VOZ: Un mes antes de su muerte
ESTIEBEN: ¿Cómo se llama?
GUILLERMO: Soy Guillermo Ponzio…

Oscar Ponzio era un rico empresario venezolano. Casado con Margarita Lozano, tuvieron dos hijos y adoptaron a un tercero. Guillermo era ese niño adoptado. Los Ponzio le dieron todo lo que fueron capaces de dar, emocional y económicamente, pero cuando Guille supo la verdad sobre su origen, sintió la profunda necesidad de conocer la historia completa. Lo habían adoptado en México, cuando él tenía un año de vida. Por aquel entonces, Oscar era embajador de Venezuela en el país azteca y Margarita se dedicaba a obras de beneficencia. Durante una visita a la Cruz Roja, la mujer supo de un pequeño que estaba al borde de la muerte y que no tenía a nadie que le respondiera. Lo habían dejado abandonado en una iglesia a las pocas horas de nacido y las monjas lo cuidaron siempre. Una tarde, el bebé levantó mucha temperatura y fue así que las monjitas lo llevaron al nosocomio. Por supuesto que ellas se turnaban para velar por el pequeño niño, pero nadie sabía de dónde había salido. Margarita sintió una inmensa ternura por esa historia y apenas vio al bebito, se enamoró de él. Le rogó a su esposo que fuera a verlo y el efecto en el embajador, fue el mismo. Se hicieron cargo del tratamiento y del traslado de Guillermo a una clínica de alta complejidad y gracias a Dios, allí le salvaron la vida. Esa neumonía casi se lo lleva, pero además de recuperar su salud, el bebé encontró a sus padres del corazón. Lo adoptaron legalmente y cuando el trabajo diplomático de Oscar llegó a su fin, regresaron a Venezuela.

Cuando Guillermo supo la verdad, decidió intentar hallar a su familia biológica, por lo que viajaba a México cada vez que tenía la oportunidad. Visitó a las monjas que lo rescataron e indagó por cielo y tierra, sin dar con ningún resultado. Todo eso cambió un día, cuando de la nada, un tipo lo abrazó con fuerza. Gabriel lo miró y se refirió a él como si lo conociera de toda la vida y le comenzó a hacer preguntas sobre su investigación. Por supuesto que Guillermo lo sacó de su error de inmediato y gracias a él, pudo conocer a Augusto. Tuto se impresionó mucho al saber que tenía un gemelo y como las cosas estaban peligrosas, decidieron esperar un poco para contar lo que pasaba. Guille era un experto en tecnología y fue él quien tuvo la idea de poner la cámara en la ropa de su hermano. Además de ese video, existían muchos otros y él los tenía en su poder.

Estieben escuchó la historia sin interrumpir. Cuando su interlocutor culminó, el comisario le dijo que tenía que hablar con Nano y Carolina, pero Guillermo se negó rotundamente

ESTIEBEN: ¿Por qué no?
GUILLERMO: Si aparezco, los puedo poner en peligro a todos, comisario. Nadie va a creer lo que le conté y esa gente va a pensar que soy Augusto
ESTIEBEN: (Piensa) Tú fuiste quien puso las cosas en la caja
GUILLERMO: Fue idea de mi hermano, él lo hizo, yo sólo agregué el video
ESTIEBEN: ¿Y cómo?
GUILLERMO: Me aprendí la firma y fui varias veces al banco para que no hubiera problemas
ESTIEBEN: Realmente son dos gotas de agua
GUILLERMO: Gemelos idénticos
ESTIEBEN: ¿Qué sabe de su cuñada?
GUILLERMO: Todo. Augusto me contaba de ella y de mis sobrinos. Apenas mi hermano murió, me dediqué a reunir los videos. Regresé a Venezuela unas semanas y me volví para instalarme aquí en México. A veces voy para la hacienda y me meto sin que nadie me vea. (Sonríe) Los niños son preciosos
ESTIEBEN: Sus sobrinos
GUILLERMO: (Asiente) A Carolina la cuido como puedo, pero se que usted tiene gente en Santa Cecilia y eso me tranquiliza
ESTIEBEN: ¿Cómo lo sabe?
GUILLERMO: Porque vi a su hombre allí y luego lo vi con usted y con Carolina. Ellos tienen una relación
ESTIEBEN: Lo se. Se enamoraron y aunque quisieron evitarlo, no se pudo, el amor les ganó
GUILLERMO: Eso es bueno, me asegura que su hombre los protegerá con su vida si es necesario
ESTIEBEN: (Lo mira) Usted es él, no me lo niegue
GUILLERMO: Yo soy Guillermo Ponzio, comisario, Augusto murió hace más de tres años
ESTIEBEN: Pero…
GUILLERMO: Soy Guillermo, comisario, no se haga ideas que no son reales
ESTIEBEN: En algún momento se va a saber la verdad
GUILLERMO: No hay verdad que tenga que saberse, comisario (Se pone de pie) Me tengo que ir, yo lo buscaré cuando tenga lo demás
ESTIEBEN: Está bien
GUILLERMO: ¿Puedo confiar completamente en usted?
ESTIEBEN: Puedes…
GUILLERMO: (Asiente) Yo lo busco, hasta entonces… (Se va)
ESTIEBEN: Guillermo Ponzio, ¡Oscar Ponzio! (Coge su notebook) Veamos, veamos…

El comisario hizo una búsqueda a través de internet y encontró la biografía del ahora empresario, ex embajador…

ESTIEBEN: (Leía entre dientes) Casado desde hace 36 años con Margarita, ajá, ajá, tienen 3 hijos, Guadalupe, Mauricio y ¡bingo! Guillermo. (Leyó todo) Augusto murió hace más de tres años, pero ¿cómo lo hizo?...

A media tarde, Emiliano y Carolina habían llevado a los tres pequeños a dar un paseo. Cada uno iba en su caballo y a paso lento. La cercanía del río, los tentaba para darse un chapuzón y como Pampa se veía venir el pedido, preparó una mochila con trajes de baño. De a uno, se metieron a unos matorrales y se cambiaron, excepto por Nano, que prefería quedarse a una orilla, ya que le dolía un poco la cabeza. Cuando le tocó a Jano irse a cambiar, el niño quiso hacerlo solo. Fue al sitio indicado, pero en vez de quedarse ahí, se alejó un poco más. Tropezó y cayó al agua. Los gritos no se demoraron en llegar. Francisco que estaba cerca, vio todo y mientras llamaba a su papá, corría a la par del pequeño, intentando alcanzarlo, pero la corriente era muy rápida y no lo lograba. Emiliano llegó en un santiamén y se tiró al agua. Alcanzó a Jano sin problemas, pero quedaron varados en mitad del río…

JANO: ¡No me sueltes, Nano! Tengo miedo
EMILIANO: No te voy a soltar, indio, confía en mí (Consigue agarrarse de un tronco caído y trabado) Esta cosa no se mueve, sostente un segundo, te voy a atar a mí, Jano.
JANO: Bueno…
CAROLINA: ¡¡No vayas a soltarlo, mi amor!!
EMILIANO: Ve por ayuda
CAROLINA: No los quiero dejar solos
EMILIANO: Carolina, ve y ustedes se quedan ahí, Francisco y Lucía, no quieran hacer nada.
FRANCISCO: (Abraza a la niña) Yo la cuido, pa
EMILIANO: (Se quita el cinturón y se une a Jano) Ya, campeón, estamos atados, tranquilo
JANO: Tengo miedo, el agua está fuerte
EMILIANO: Mírame, Jano, no te voy a soltar y vamos a salir de aquí, ¿confías en mí?
JANO: Si confío…
EMILIANO: Caro, ¡¡VE POR AYUDA!!


7 comentarios:

  1. Uhhh Asi que Augusto tiene un hermano gemero? esto si que no me lo esperaba... quede en Shock... Pobre Jano ojala Nano y el salgan de esta... Esto cada dia se pone mas bueno

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  2. ¡Ay, loco! ¡Que locura! Pobre Jano y Nano, ojalá la corriente no los arrastre más.

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  3. Sorprendida con esta historia en verda cada capítulo es algo nuevo ❤❤❤❤❤❤

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