Preocupada
al ver a su mamá tan pálida y descompuesta, Lucía se sentó a su lado y le
acarició el vientre con toda dulzura
LUCÍA:
Ya va a pasar, mami...
FACUNDO:
(Le miraba la panza) No eta bebé...
MARGA:
Si está, Facundo, pasa que no se nota porque es muy chiquito...
FACUNDO:
¿Tiquito ati? (Hace con las manos una distancia como de un bebé recién nacido)
EMILIANO:
No, sabandija, así... (Le muestra)
FACUNDO:
¡¡E muy tiquito, Cado!!
CAROLINA:
Muuuuuy chiquitito (se ríe)
CELIA:
Caro, me dijo Diego que no te sentías bien, ¿qué pasó, cuñis?
CAROLINA:
Me mareé, pero ya estoy mejor
CELIA:
(La mira) Déjame checarte un momento, ¿si? (Le toma el pulso) Lo tienes un poco
acelerado... ¿Te duele la cabeza, el mareo es constante?
CAROLINA:
Si a las dos cosas
EMILIANO:
¿Qué significa eso?
CELIA:
Que su presión está baja, ha de ser por el calor. Estando embarazada, no puedo
medicarte, pero vas a hacer caso a lo que te diga, ¿estamos? Nada de rezongos
CAROLINA:
Está bien, tú eres la doctora, ¿no?
CELIA:
Lo soy... En principio, te vas a dar una ducha, pero tibia, no fría. Aunque no
lo creas, te va a refrescar más. Después, vas a comer lo que María te lleve. Yo
le voy a indicar lo que tiene que cocinarte y has reposo, al menos hasta que el
calor baje y te sientas realmente bien. (Mira a los enanos) Niños, si quieren
ayudar a Caro, pueden apapacharla, pero nada de alborotarse. ¿Puedo confiar?
LUCÍA:
Si, tía, yo ayudo a María a prepararle la comida a mami
CELIA:
Vamos, entonces. Nano, no la dejes sola en el baño, puede que vuelva a
marearse.
EMILIANO:
(Carga a Caro) ¡No la dejo ni loco!
CAROLINA:
(Sonríe) Vamos a la ducha, mi amor (Lo besa)
MARGA:
Yo también voy a ayudar a la cocina. Facu, vamos, hijo
FACUNDO:
Ti, mami...
EMILIANO:
(Suben y se van al privado) Ya casi, amor... (Le acariciaba el rostro, sin
soltarla) Aguanta un poquito más (Abre la llave del agua)
CAROLINA:
Que no esté muy fría, amor
EMILIANO:
Tibia, preciosa, no te preocupes, se cómo medirlo, igual que lo hacía para
bañar a Fran... (La abraza y mece) Ya te vas a mejorar, mi vida...
CAROLINA:
Eso espero, porque quiero hacer el amor contigo
EMILIANO:
Lo vamos a hacer, eso dalo por descontado, pero ahora, tienes que sentirte bien
y subir esa presión... (Se llena la tina y mete el codo para medir la
temperatura) ¡Perfecto! (La desviste y la ayuda a meterse al agua) ¿Ese calor
está bien?
CAROLINA:
Ajá... ¿Te metes conmigo?
EMILIANO:
Claro, déjame cerrar la puerta (Lo hace y se desviste, poniéndose de modo que
ella se apoye en su pecho) Intenta relajarte y respirar profundo
CAROLINA:
Ya lo hago (Cierra los ojos)
EMILIANO:
(Le besa el cuello y masajea un poco) Si necesitas lo que sea, dímelo...
CAROLINA:
(Gime) Así estoy perfecta...
EMILIANO:
(Más masajitos, no cachondos) Ya que no puedo evitar que te sientas mal, al
menos quiero consentirte
CAROLINA:
Lo estás haciendo muy bien, precioso
EMILIANO:
Eso escucho, mi reina hermosa... (Le besa la mejilla) Ya te está volviendo el
colorcito
CAROLINA:
¿Si? Eso quiere decir que ya estoy mejor (Lo besa intenso)
EMILIANO:
Estás mejorando, preciosa y se que estás con ganas, créeme que yo también, pero
come algo, no me tiene tranquilo tu falta de apetito. Te prometo que si
meriendas bien, te adelanto el postre hasta que te empaches... (Le roza los
senos)
CAROLINA:
Eres un malo conmigo...
EMILIANO:
¿Malo? (La hace girar) Me asusté, de verdad me asusté (Beso) Podemos jugar un
ratito si quieres
CAROLINA:
Ya no quiero (Lo besa) Espero que Celia me deje comer algo bueno
EMILIANO:
(Baja una de sus manos y le masajea la entrepierna) ¿No quieres que siga
ayudándote a relajarte?
CAROLINA:
No, ya estoy bien, pero gracias, mi amor (Lo besa) ¿Me ayudas a salir?
EMILIANO:
(Niega con la cabeza) Todavía no es tiempo... (La aprisiona en sus brazos,
besándola mucho) Quédate un poquito más, déjame mimarte...
CAROLINA:
Está bien...
EMILIANO:
(La besa) ¡Qué sacrificio, eh! (Otro beso) Tengo hambre, tú me diste ganas de
comer
CAROLINA:
Pues, tienes que esperar a que llegue Lu con la comida
EMILIANO:
¿Si? (La acuesta sobre él) Y yo que quería intentar hacerte otro bebé...
CAROLINA:
Eso quería antes, pero no me dejaste
EMILIANO:
Estaba asustado, Caro, sólo eso... (La deja) Si quieres salir, salimos
CAROLINA:
¿Ya no estás asustado?
EMILIANO:
No porque te veo bien de semblante, hace rato estabas muy pálida y no se, me
impresioné... (Se levanta y sale de la tina, busca la salida de baño de Caro)
Vamos...
CAROLINA:
¿A dónde?
EMILIANO:
A que te vistas y te acuestes
CAROLINA:
Está bien (Sale de la bañera y se abalanza sobre Nano, se monta en él y lo besa
muy intensamente)
EMILIANO:
Mmm, amor, cuidado, nos vamos a caer... (Ella lo pone contra la puerta)
CAROLINA:
No nos caemos (Sigue besándolo) Hazme el amor...
EMILIANO:
(A tientas, abre y van a la cama) Espera... (Va hasta la puerta de la alcoba y
pone llave, sin dejar a Caro para nada) ¿Te dije alguna vez que soñé que me
hacías el amor aquí? (Le señala el borde de la cama)
CAROLINA:
¿Ahí?
EMILIANO:
Ajá, ajá... Fue la noche que bajé a dar una vuelta y te encontré en el río, no
en el nuestro, sino en el comunitario, jajajaja. En mi sueño, venías a ver cómo
me sentía y me provocabas deliberadamente... (La acuesta y se posa sobre ella)
CAROLINA:
¿Te provocaba? Eso no lo creo (Se ríe y lo atrapa entre sus piernas)
EMILIANO:
Nada sutil, te ponías frente mío y me seducías y en cuanto yo caí en tus
garras, me liberaste y te sentaste sobre mí, dejándome llenarte, moviéndote
como una gacela y llevándome al cielo... (Penetra vigorosamente)
CAROLINA:
(Gime) Tendré que poner eso algún día en práctica...
EMILIANO:
Hazlo, preciosa...
En
la cocina, todos estaban abocados a preparar la merienda especial y eso tenía a
Facundo más que entretenido, cosa que significaba, que no andaba de travieso y
esta cuestión tranquilizaba a Marga, porque el niño era tremendo. Lucía, por su
lado, había ido a buscar unas flores para decorar la bandeja y así, darle un
apapacho a su mamá.
Mientras
tanto, en La Cruz, Jano y Fran, miraban la alcoba del pequeño. A causa de las
veces que pasaba allí las noches, tenía de todo, pero el menor de los Iberbia,
le había regalado un poster de un caballo y se fijaban dónde ubicarlo
JANO:
En la puerta no...
FRANCISCO:
En la cabecera de la cama
JANO:
No, quiero verlo cuando me levanto... (Se para sobre una silla y quita uno que
estaba de frente a su cama) Aquí, amigo... (Se lo veía triste y era raro en
Jano)
FRANCISCO:
¿Qué te pasa, amigo?
JANO:
Es que se que mami se quedó mal y llorando. Aunque ella me sonreía, yo se que
lloraba y todo es culpa de mi corazón tonto...
FRANCISCO:
No digas eso, Jano, tu mami está bien, mi papá la cuida y seguro que mañana va
a venir a verte
JANO:
Yo se que si, Fran y eso es porque soy un tarugo que no entiende las cosas que
le dice su corazón
JULIETA:
(Pasaba por ahí y escuchó sin querer) No, bebé, si aquí hay alguien que
entiende perfectamente a su corazón, eres tú, precioso. Tienes el corazoncito
más inteligente que he conocido...
JANO:
¿Y por qué no se me cura para poder ir con mi mami?
JULIETA:
(Se sienta y lo sienta en su regazo) No tiene que curarse, hermoso, sólo tiene
que aprender a confiar y eso no es tu culpa, es una circunstancia que te tocó
vivir, sin que tú pudieras elegir...
FRANCISCO:
Yo voy a la cocina, Jano... (Sale para dejarlos hablar a solas)
JANO:
¿A confiar en qué?
JULIETA:
Voy a tratar de explicarte, a ver. Cuando tu papá se fue por ese error que
cometieron los adultos tontos, ¿recuerdas? (Jano asiente) Tú eras muy chiquito
y no te diste cuenta con tu cabecita, pero si con tu amor para él y como Tuto
no estaba,
tuviste
que guardarlo en un rinconcito. El tiempo pasó, fuiste creciendo y te
acostumbraste a que ese amor tan grande para tu papá, no estuviera. Entonces,
cuando Augusto volvió a buscarlos a ti y a tu hermana, ese sentimiento tan
importante y hermoso, salió de tu corazón a todo galope, ¡cómo hace Esfinge
cuando papi o Nano te llevan! ¿Hasta ahí me entiendes?
JANO:
Si
JULIETA:
Lo que sucede, precioso, es que tienes todo el amor del mundo para dar y no
sabes cómo hacerlo y como aún eres chiquito, tampoco tienes manera de manejarlo
y por eso, tu cabeza tiene esas cosas raras que te pasan. Como decir las
palabras mal y aunque las escuches mil veces, no te las aprendas o reírte y
hacerte pis o como cuando no querías dormir aquí porque pensabas que tu mami se
olvidaría de ti. Todo eso, es porque aunque amas a papá, tienes mucho miedo que
él vuelva a dejarte. Por eso, lo que necesitas es vivir con Tuto y conocerlo
como conoces a mamá. Cuando eso pase, verás que todos esos

Mmm Caro con Nano en la tina se recupera en un santiamen jajaja.... Pacunooo lo amo a mi novio
ResponderBorrarJajajjajaa!! Le voy a poner una novia que se llame Vicky! Jjajajjaa
BorrarEmiliano es el santo remedio de Carolina, jajajajaja.
ResponderBorrarY a qué cristiana no cura semejante bombón???
BorrarBueeeno, jajajajajajajaja.
BorrarEs la puritita verdad, jajaja
Borrar