Augusto, por su lado, aún
ignorando todo lo que estaba aconteciendo, jugaba con Jano a las luchas y
dejaba que su hijo le ganara...
AUGUSTO: No puedo contigo,
enano salvaje
JANO: Porque soy muy
fuerte, papi, mira (Le enseña sus "músculos")
AUGUSTO: ¡¡Me doy cuenta,
hijo!! Jajajaja (Lo tira a la cama) A ver cómo nos toca ahora, muajajaja...
LUCÍA: (Entra) ¡Ey,
luchadores, la comida ya está lista!
JANO: ¡¡Comidaaa!! (Se
zafa de su papá) Vamos a comer...
AUGUSTO: (Le suena el celular)
Vayan, en un momento los sigo... (Era Ponzio) Hola, Oscar, ¿cómo estás?
PONZIO: Hola, Augusto,
estoy bien, pero tengo novedades...
AUGUSTO: ¿Qué sucede? Te
escucho preocupado
PONZIO: (Le cuenta) Por
eso tenemos que reunirnos con el comisario Estieben mañana mismo
AUGUSTO: (Se había sentado
en la cama) Al fin, ya era hora de poder actuar, pero antes de hacer nada, las
mujeres y los niños tienen que irse de México
PONZIO: Eso lo hablaremos
mañana, hay otra familia a la que también quieren sacar del país y tenemos que
ver cómo lo hacemos
AUGUSTO: El traslado es
primordial
PONZIO: Podrían venir a
Venezuela conmigo
AUGUSTO: Perfecto. Yo
había pensado en enviarlos a casa de unos amigos en España, pero creo que tu
propuesta es mucho mejor. Contigo podrán estar tranquilos y con toda la
protección
PONZIO: Mañana lo
organizamos. Habla con Emiliano Iberbia para ponerse de acuerdo con lo que van
a hacer y me lo comunicas
AUGUSTO: Está bien, Oscar,
¿tú estás en México?
PONZIO: No, aún no. Estoy
disponiéndolo todo para viajar hoy mismo y estar ahí mañana en la mañana...
AUGUSTO: Va a ser un
placer verte, Oscar, realmente... (Se queda pensando) Mira lo que son las
cosas, aún sin siquiera saber del otro, las coincidencias con Guille eran
fuertes
PONZIO: Muy fuertes...
AUGUSTO: Aún no puedo
creer que nuestros padres adoptivos se llamen Oscar los dos...
PONZIO: Es una
coincidencia del destino, no hay de otra
AUGUSTO: Lo mismo creo yo.
Bueno, nos vemos mañana, que tengas buen viaje
PONZIO: Gracias, hasta
mañana...
Alma no podía conciliar el
sueño. Todo el asunto de Pablo la tenía alterada y ya no era por su malestar
con Marina, sino porque realmente creía que esa mujer amaba a su hermano y
deseaba que ellos pudieran arreglar las cosas y estar bien. Nicolás despertó
exigiendo alimento y fue por él. Se acomodó en la silla mecedora y comenzó a
amamantarlo. Horacio salió de la cama y subió a su silla de ruedas,
alcanzándolos.
HORACIO: ¿Qué anda pasando
con este enanito, eh?
ALMA: Le pasa que es un
tragonsete como su papá (Le sonríe)
HORACIO: Jajajaja...
(Acaricia la cabeza de su hijo) Pasa que sabe lo que es bueno
ALMA: (Sonríe y lo mira)
Ve a descansar, no es bueno que te desveles...
HORACIO: Ya me desperté y
tengo la pierna bastante menos adolorida, amor, tu rehabilitación es mejor que
la de cualquier kinesiólogo...
ALMA: Entonces, acércate y
dame un beso...
HORACIO: (Lo hace) ¿Crees
que después que este niñato termine de comer, puedas darme alguito a mí?
ALMA: Si deja algo, puede
que si (Le sonríe pícaramente)
HORACIO: (Otro beso) Ya
estoy más que listo, soñé contigo recién...
ALMA: ¿Ah, si? ¿Y qué
soñaste?
HORACIO: Que repetías lo
que me hiciste en el hospital, por ejemplo y... (Le habla al oído) El señor de
abajito no aguanta más...
ALMA: Puede que se le
cumpla al señor...
HORACIO: ¿Si? (Besote)
Dile a ese pequeño acaparador de esposas que te suelte... (Mueve suavemente la
pancita de Nico) Anda, hijo, termina ya...
ALMA: Déjalo que termine
tranquilo, amor...
HORACIO: Supongo que no
hay de otra, ¿no? Voy a la alcoba (Beso) No te tardes... (Besito a Nico) Déjala
ir, niño...
ALMA: Ve, no me tardo,
hermoso...
HORACIO: Claro, cielo...
(Se retira)
ALMA: Ay, mi amorcito,
cómo amo a tu papá...
HORACIO: (Se regresa y se
asoma a la puerta) También te amo, Alma... (Sonríe y ahora si se va)
ALMA: (Sonríe también)
Entonces, mi amor, ¿terminas de comer? (Cuando lo mira, está durmiendo) Ay, mi
cielito hermoso (Le besa la frente) Vamos a dormir (Lo pone en su cuna)
HORACIO: (En su alcoba, se
acomodaba en la cama) Anda, Almita mía, apúrale...
ALMA: (Aparece por la
puerta) ¿Apurarme a qué, amor?
HORACIO: A llegar,
hermosa, te estaba esperando...
ALMA: (Se mete al baño)
¿Para qué?
HORACIO: Para tejer
chambritas...
ALMA: ¿Sabes tejer, Hori?
No sabía eso de ti...
HORACIO: Si me sigues
teniendo a dieta, Alma, no me va a quedar de otra que aprender...
ALMA: Pues, ve
aprendiendo, amor...
HORACIO: Ya veo... (Se
acomoda para dormir y apaga la luz de su mesita de noche)
ALMA: (Sale del baño con
un conjunto híper sexy) Amor, enciende la luz creo que me di en el pie...
HORACIO: (La enciende) ¿A
ver? (Se queda perplejo)
ALMA: (Se acerca a la
cama) Creo que me hice sangrar...
HORACIO: (Se mueve un
poco, cuidando su pierna y sin dejar de mirarla) Dame el pie...
ALMA: (Se lo da) ¿Tengo
sangre?
HORACIO: (Revisa) No,
preciosa... Dios, Alma, te ves como un ángel
ALMA: Uffff, menos mal,
que no tengo sangre (Lo besa y se le sube encima) ¿Cómo un ángel?
HORACIO: Más hermosa que
eso (No podía dejar de mirarla)
ALMA: Pues, esta señorita,
quiere jugar con usted, señor hacendado...
HORACIO: Eres una señora,
no una señorita... (La besa) Estoy muriéndome por estar dentro de ti
ALMA: Eso aún no va a
pasar... (Lo besa y va bajando sus labios) Primero quiero jugar un ratito...
(Sus besos llegan a la entrepierna de su esposo y empieza a hacer lo que hizo
en el hospital)
HORACIO: (La toma del
cabello) ¡Alma!
ALMA: ¿Qué? (sigue con la
labor)
HORACIO: No me tortures,
sube...
ALMA: No, no, todavía
no...
HORACIO: ¿Vas a ir hasta
el final?
ALMA: ¿Quieres?
HORACIO: Quiero que esta
noche lo hagamos todo...
ALMA: Así será (Sonrió y
siguió dando placer a su esposo)
HORACIO: Alma, te ruego
que te detengas y me dejes entrar en ti, sino voy a perder el control
ALMA: (Hizo oídos sordos y
continuó hasta que su marido explotó de placer) ¿Qué decías?
HORACIO: (La toma de los
brazos y la hace subir) Que me ibas a llevar al perder el control y lo
lograste... (La tumba en la cama y haciendo uso de toda su agilidad, para no
lastimarse la pierna, baja su boca hasta el sexo de Alma y le corre las pantys)
Prepárate...
ALMA: Ya estoy
preparada...
HORACIO: No sabes lo que
te espera... (Comienza a hacerle sexo oral)
ALMA: (Gime)
¡¡Oh...Dios...Mío!!
HORACIO: ¿Te gusta?
(Intensifica el movimiento de sus manos y su boca)
ALMA: Me vuelve loca,
Hori...
HORACIO: (La lleva al
clímax y todavía con Alma estremeciéndose, la penetra con fuerza y potencia)
¡Eso, mi amor, gózalo!
ALMA: ¡¡Ahhhh, si, Hori,
te amo!! (Lo besa intenso) ¡No pares!
HORACIO: (Sigue un poco
más y se detiene) Gírate, amor, quiero ir por detrás...
ALMA: ¿Por detrás?
HORACIO: Si, Alma, has el
intento y si no te gusta, no lo hacemos... (Vuelve a entrar, robándole un
gemido) Por mí, mi amor, no tengas miedo
ALMA: Pero si no me gusta,
paramos...
HORACIO: (La mira) ¿Alguna
vez te he forzado, preciosa? (Penetra duramente y ya no se detiene) Mañana lo
intentamos...
ALMA: No... (Se gira)
Probemos...
HORACIO: (Le acaricia la
entrepierna constantemente, para que ella no pierda la excitación y mientras lo
hace, prepara el terreno) Hay un gel en mi cajón
ALMA: (Estira un brazo y
lo saca) Ten
HORACIO: Confía en mí,
¿si? No te haría daño
ALMA: Lo se, precioso
HORACIO: (Pone en gel en
el sitio indicado, toma su miembro más que endurecido y penetra apenitas)
Tienes que relajarte un poco, Alma, sino te va a doler
ALMA: Lo siento, Hori,
tengo miedo
HORACIO: ¿De mí?
ALMA: De esto
HORACIO: Mi cielo, te
prometo que no te voy a lastimar, relájate… (La toca más, acercándola al clímax
de nuevo y cuando la siente a punto, penetra más)
ALMA: ¡Espera, espera!
HORACIO: (Sale) Tranquila,
amor, es un segundo y después te gustará
ALMA: No lo parece
HORACIO: Está bien, amor,
dejémoslo ahí
ALMA: Lo lamento
HORACIO: Deberías tener
más confianza en mí, Alma (Se levanta y coge una muleta) Voy a buscar algo para
limpiarte, no te muevas
ALMA: Yo lo busco, quédate
quieto
HORACIO: No, voy y yo. No
estoy lisiado, puedo ir al baño (Lo hace y regresa con un paño húmedo y tibio)
A ver… (La limpia) Ya estás lista. Voy a darme una ducha
ALMA: No te enojes
HORACIO: No confías en mí,
¿cómo quieres que me sienta?
ALMA: Me dolió
HORACIO: No me dejaste
ayudarte y ya, ni hablar…
ALMA: Si confío
HORACIO: No se nota
ALMA: Horacio…
HORACIO: ¿Qué, Alma? Te
dije que si no te gustaba, me detendría, pero ni me dejaste empezar
ALMA: ¡Me dolió!
HORACIO: Y la primera vez
por delante también, ¿o no? Y sin embargo, ahora te encanta…
ALMA: Hori…

Uy ya parecia que iba a haber paz jajajaja espero y lo solucionen pronto
ResponderBorrarPaz?? En La Pampa?? Jajajajaja
BorrarHay este Horacio lo dejaron con las ganas jajajaja todo iba bien hasta que Alma le hizo deternerse
ResponderBorrarJajajjajajajja
Borrar¡Oh oh! Jajajaja... mira sii, que se vengan a Venezuela, yo les ofrezco mi casa, jajajajajajaja okno.-.
ResponderBorrarNoooo, la casa no se ofreceeee, jajajajajjaa
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