lunes, 25 de noviembre de 2013

“LA PAMPA” – Capítulo 175





Mientras Dora pretendía desvestirlo tranquilamente, Claudio tenía otros planes. Sus fantasías con ella eran muchas y plagadas de lujuria y ahora que tenía oportunidad de realizarlas, no quería esperar más. Haciendo un ágil movimiento, retoma la postura contra la pared, frotándose contra esa mujer, haciéndole sentir su deseo

CLAUDIO: Me gustas desde que eras la empleada, Dora, siempre quise acercarme a ti y cortejarte
DORA: ¿Por qué no lo hiciste? (Jadea)
CLAUDIO: Porque era un pobre diablo y no tenía nada que ofrecerte. Cuando pude hacerlo, ya estabas con él... (Baja los pantalones de ella otra vez y toquetea por todos lados) Por eso me presenté para trabajar aquí
DORA: ¿Por mí?
CLAUDIO: ¿No lo recuerdas, verdad? (La siente húmeda, se mueve para liberarse y la penetra sin previo aviso, saliendo rápidamente) ¿No te das cuenta que me conoces desde hace varios años?
DORA: ¿De dónde? (Gime cuando él juega con su miembro cerca de su centro de placer)
CLAUDIO: (Hablaba jadeando, saliendo y entrando en ella) Trabajaba en el mercado y muchas veces entregué los pedidos aquí, hermosa (Le muerde el lóbulo de la oreja) Estaba más flaco, tenía el cabello por los hombros y no era tan fornido como ahora) Un cambio de look y horas interminables en el gimnasio, me trasformaron (La coge de la cintura y ahora si, penetra con fuerza, por detrás)
DORA: Después hablamos del pasado, ahora dame más duro...
CLAUDIO: (La tumba de bruces en la cama, boca abajo, le separa las nalgas y vuelve a entrar con fuerza) Oh, si, si, me gusta así...
DORA: Sigue, Claudio, no pares...
CLAUDIO: No voy a parar hasta llenarte por aquí y después lo haré de nuevo por delante...
DORA: Oh, si, cómo me gusta escuchar eso...
CLAUDIO: (Le da muy duro, casi al límite) En tu boca también y en tus pechos, ahora que eres mía, te daré cada cosa que sea capaz de entregarte...
DORA: Si, soy tuya...
CLAUDIO: (Esas palabras lo hicieron hervir y la embistió sin tregua ni piedad hasta que ambos acabaron. Él salió de ella y se recostó a su lado, rozándole la espalda con la yema de sus dedos) Lo mío es amor, Dora, no un juego
DORA: ¿Me amas?
CLAUDIO: Como un desesperado... (Sus ojos evidenciaban la sinceridad de sus palabras)
DORA: Yo no se si pueda corresponderte, Claudio, la verdad es que no se lo que siento...
CLAUDIO: Con que seas honesta, me alcanza. Si no me amas, lo puedo entender... (La besa) Es peligroso que estemos en este cuarto. Nico puede despertar y tu mamá traértelo.
DORA: Cierto, ve a descansar, lo necesitas (Lo besa)
CLAUDIO: El sueño se esfumó, preciosa... (Le pasa un dedo por los labios suavemente) Si tienes algún momento libre y consigues que Gutiérrez vuelva a irse, ve al cuarto de servicio, así te hago todo lo que te prometí... (La besa y se levanta) Te aseguro que no te vas a arrepentir (Se acomoda la ropa) Ve a ver si hay alguien rondando, por favor
DORA: Espera, ven aquí...
CLAUDIO: (Camina hasta quedar de pie junto a ella, que seguía recostada) Dime
DORA: (Lo jala con ella) ¿Me vas a extrañar?
CLAUDIO: (Sonríe) Mírame la cremallera y sabrás la respuesta
DORA: (Lo hace y se le escapa una sonrisa) ¿Cuándo empieza tu turno?
CLAUDIO: A las ocho de la noche
DORA: Entonces, espérame a esa hora, va a haber sorpresa (Sonríe y lo besa) Ahora ve a descansar... (Se levanta, se viste y va a revisar que no haya nadie)
CLAUDIO: (Dora le hace un gesto para que salga y una vez en la puerta, le habla dulcemente) Si quieres adelantar la sorpresa, sabes dónde encontrarme, hermosa (La besa) Estoy ardiendo por tenerte otra vez (Camina y comienza a bajar la escalera)
DORA: No se si esto está bien, pero no pienso parar...

En su habitación del hospital de La Cruz, Horacio sonreía por las muecas de Candela. La pequeña estaba sentada en la cama, a su lado y hablaba hasta por los codos, sonriendo, jugando con las manos de su tío.

HORACIO: ¿En serio, Cande? ¿Y la abuela te regañó mucho?
CANDELA: Ti, muto, muto
HORACIO: ¡Y todo por culpa del abuelo que te hace cosquillas en la mesa!
CANDELA: Ti, abelo coquilla y to dompí un pato...
VIOLETA: No se quién se comporta peor, si esta enana o Don Felipe
HORACIO: Don Felipe es peor que los niños (Sonríe) Y esta niñita lo tiene conquistado...
PABLO: ¿Y a quién no conquista mi hija, eh? Cande, dile al tío cómo es tu apellido
CANDELA: Modiniiio
ALMA: ¿Cuándo se legaliza, al final?
PABLO: La semana que viene será mía legalmente, casi melli (Sonreía feliz) Candela Estefanía Mouriño Ruiz
CANDELA: ¡¡MODINIIIO!!
HORACIO: Jajajaja, esta niñita se conquistó el corazón de todos (Sonríe y mira a su esposa) Pero, ¿dónde está Nico?
ALMA: Afuera, con tu hermana y Diego, amor, lo fueron a cambiar porque se hizo
CANDELA: ¡¡Pupú!!
PAVES: (Entra) Buenos días a todos. Horacio, ¿cómo te sientes?
HORACIO: Mucho mejor, doctor, ¿cuándo me deja salir?
PAVES: Si sigues así, en un par de días. Más tarde vendrá el traumatólogo para checar la pierna. Es un hecho que tendrás que hacer rehabilitación durante algunos meses
HORACIO: ¿Cómo? ¿No podré trabajar?
PAVES: No, lo lamento, al menos físicamente, tendrás que estar quieto, nada de esfuerzos
HORACIO: ¿Me dejarían a solas con Alma y el doctor, por favor?
PABLO: Está bien, cuñadito (Sonríe y le guiña un ojo) Vamos, Cande, despídete del tío...
CANDELA: Tau, Toto Datio (Le da un besote)
HORACIO: Chau, hermosa
VIOLETA: Vamos a buscar a tu prima Jazmín, ¿quieres?
CANDELA: (Viole le estira la mano y ella la toma) ¡Ti, pimita!
VIOLETA: Nos retiramos. Mejórate, Horacio (Se van los tres)
PAVES: (Al quedarse solos, ofrece a Alma sentarse junto a su esposo) Tú dirás, Horacio
HORACIO: Quisiera que nos explique bien en qué consiste la rehabilitación y saber cuándo voy a ser capaz de cumplirle a mi mujer
ALMA: ¡Horacio!
HORACIO: ¡¿Qué?! Quiero saberlo, necesito saberlo
PAVES: (Se apresura para evitar un problema) Para el sexo no hay inconvenientes, siempre y cuando no fuerces la pierna. Cuando me refería a esfuerzos físicos, quise decir a caminar, apoyarla, someterla a presión. Necesitas tiempo y rehabilitación para que la placa que te pusimos, se adhiera al hueso con firmeza
HORACIO: Entonces, no va a haber problema (Sonríe) Gracias por la aclaración (Mira a su esposa, sonríe y después vuelve a Paves) ¿Cuánto tiempo más o menos voy a tardar en recuperarme?
PAVES: Eso va a depender de ti, pero si haces lo que te dicen y te esfuerzas, en unos cuatro meses, supongo que esa pierna estará como nueva. (Mira a Alma) Señora, hasta su kinesiólogo diga lo contrario, no puede forzar la pierna. Siempre en reposo y si quiere andar, una silla de ruedas con soporte. ¿Queda claro?
ALMA: Clarísimo, lo voy a mantener a raya, doctor, no se preocupe (Sonríe)
PAVES: Me alegra saberlo. Alrededor de las dos de la tarde, el traumatólogo vendrá a verte, ¿si? (Horacio asiente) Por hoy, te libraste de mí, ya me voy. Hasta mañana
ALMA: Hasta mañana, doctor (Sonríe y Paves se va, ella mira a Horacio)
HORACIO: (Sabiendo la que se le venía, sonríe tontamente) ¿Qué pasa, mi reina?
ALMA: Me hiciste pasar la peor vergüenza de mi vida, Horacio...
HORACIO: (La jala y la besa) Si por mí fuera, te hago el amor aquí mismo y no te pongas brava conmigo, pero, ¿con quién más quería que lo consulte, eh? Además, si no lo escuchabas de boca del médico, ibas a desconfiar de mí
ALMA: Quiero probar algo (Fue hasta la puerta y la cerró con seguro, luego volvió al lado de su esposo)
HORACIO: ¿Qué?
ALMA: Se que soy una mojigata en la cama, pero quiero complacerte con algo... (Como tenía una bata de hospital, sólo tuvo que levantarla y tocar a su esposo en la entrepierna, luego liberó el miembro viril de Horacio y empezó a acariciarlo)
HORACIO: (Contenía el aliento para no gemir, eso no se lo esperaba) Alma, no hace falta, amor, se que no quieres hacer eso
ALMA: No digas nada, por favor... (Una vez que el general levantó tropas, Alma se apoderó de él con la boca, despacio, con dudas, pero empezó a saborearlo y se sorprendió al darse cuenta de que estaba excitada)
HORACIO: Oh, cielo, por Dios... (Hizo la cabeza para atrás) Lo haces bien, preciosa, no te apures...
ALMA: ¿Te gusta? (Continúa haciéndolo)
HORACIO: Muchísimo, mi amor, deseaba eso con ansias... (Le quita el cabello de la cara y la mira, era un sueño que su mujer le hiciera una felación) Uh, sigue...
ALMA: (Siguió hasta que Horacio estalló, pero no dentro de su boca, ya que era la primera vez. Fue al baño a buscar una toalla y regresó para limpiar a su esposo) ¿Te gustó? (No lo miraba)
HORACIO: (Le toma el rostro para que le enfrente) Alma, mírame, hermosa...
ALMA: (Lo hace) ¿Qué?
HORACIO: (La acerca a su boca y la besa tiernamente) Te amo y desearía poder hacerte el amor como no te lo imaginas (Más besos) No tengas vergüenza conmigo, princesa, eso que hiciste, fue glorioso...
ALMA: Si tanto lo deseabas, ¿por qué no lo pediste? Por ti hago lo que sea...
HORACIO: Porque cuando hablamos me dejaste en claro que no lo harías, amor y no quería presionarte. El sexo sólo tiene sentido si tú lo disfrutas, de lo contrario, no es placentero (Otro beso) Dile a Aurora que salga a dar una vuelta con Nicolás y regresa para que platiquemos tranquilos
ALMA: Está bien, ahora vuelvo (Lo besa y sale, poco después regresa)
HORACIO: (Le hace sitio en la cama, para que se siente. Se miran) ¿Te gustó lo que hiciste?
ALMA: (Se sienta) Si, mucho...
ALMA: Yo no tengo eso (Señala al general)
HORACIO: ¡¡Se que no tienes, jajajaja!! (Sonríe) Pero tienes esto... (Lleva su mano por la pierna, debajo de la falda de su esposa y la toca en la entrepierna, por encima de las pantys) Y para mí, sería magnífico que me dejes saborearte, mi amor
ALMA: ¿También se puede ahí debajo?
HORACIO: ¡Y no sabes cómo se puede! (La besa) Te deseo como jamás lo había hecho, Alma
ALMA: ¿Si? (Sonríe y lo besa)
HORACIO: Mucho, preciosa... (Uno de sus dedos se cuela dentro de la ropa interior de Alma) Estás húmeda, de verdad te gustó comerme
ALMA: Me excité muchísimo mientras lo hacía...
HORACIO: ¿Cerraste con seguro? (Toca más)
ALMA: Si...
HORACIO: Súbete sobre mí, hagamos el amor
ALMA: Estás convaleciente y no quiero hacerte daño...
HORACIO: No me hagas daño, sólo hazme el amor... (Le toma una mano a ella para que vuelva a apoderarse del miembro y los dedos que acariciaban la entrepierna de Alma, se mueven más rápido)
ALMA: ¿Estás seguro?
HORACIO: (Asiente) Aunque sea con las manos, amor, como yo te lo hago a ti... (Beso) Te extraño, ¿tú a mí no?
ALMA: Más de lo que imaginas...

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