lunes, 12 de agosto de 2013

“LA PAMPA” – Capítulo 004



Unos diez minutos después, llegaron a la casa grande y Aurora le preparó un cuarto a Emiliano para que este pudiera refrescarse y cambiar de atuendo. En ese momento, Carolina hablaba con Alma

ALMA: ¿Y te lo trajiste así como así, Caro?
CAROLINA: No podía dejarlo ahí tirado. Además se lo ve como un hombre de mundo, preparado.
ALMA: ¿Será cierto lo que dice de Augusto?
CAROLINA: Ni idea.
ALMA: ¿Él era adoptado, no?
CAROLINA: Si, pero mis suegros adoptaron a todos sus hijos, no se si eso sea garantía de algo.
ALMA: Pues, habrá que esperar y ver qué nos cuenta el fuereño este. Oye, hermanota, dime algo, ¿está bueno?
CAROLINA: ¿Cómo si está bueno?
ALMA: ¡No te hagas la mensa! ¿Está para pecar o no?
CAROLINA: (Sonríe, con Alma eran una misma y no habría podido mentirle) Hasta pudrirte en el infierno, hermanita, está para pecar de aquí a la eternidad y pasártela vagando por el purgatorio…
ALMA: ¡Lo quiero conocer ya!

Nano se bañó y se vistió rápidamente. Aurora llamó a la puerta de la recámara.

AURORA: (Golpeando) ¿Señor?
EMILIANO: Si, pase.
AURORA: (Entra) Dice la señora Carolina si le hace el favor de acompañarlas a almorzar.
EMILIANO: ¿Acompañarlas?
AURORA: Si, a ella y a su hermana, la señorita Alma. El resto de la familia no está.
EMILIANO: (Sonríe) Será un placer.
AURORA: En veinte minutos, servimos, pero las patronas están en la sala, aguardando por usted.
EMILIANO: Bajemos, entonces…
AURORA: Claro…
EMILIANO: (Vuelve a sonreírle a Aurora y desde ese segundo, ese par, se hizo cómplice) Me caes bien, ¿cómo te llamas?
AURORA: Aurora Méndez, para servirle.
EMILIANO: Emiliano Iberbia, para servirte…

En la sala, Caro y Alma, platicaban sobre sus padres.

ALMA: ¿Dos meses más?
CAROLINA: Si, se quedan dos meses más o tres, quieren estar aquí cuando nazca la niña de Germán, Alma, es su nieta, ni más ni menos, es apenas lógico que quieran estar aquí.
ALMA: Pero, ¿se quedarán en la hacienda o en la casa de México?
CAROLINA: Supongo que un poco y un poco, niña, ¡cómo siempre! ¿Qué te pasa?
ALMA: ¿A mí? ¡Nada!
CAROLINA: No me mientas, mocosa, ¿es por aquel, no? ¿Se pelearon o qué?
ALMA: Algo de eso hay, luego te cuento…
CAROLINA: (Viendo a Emiliano llegar) ¡Te salvas por la visita!
ALMA: (Lo mira y se ríe con disimulo) ¡Pecar de aquí a la eternidad y pasártela vagando por el purgatorio! ¡¡¡Jajajaja!!! Es cierto, Pampa, completamente de acuerdo…
CAROLINA: (Le lanza un cojín) ¿Te callas?
ALMA: Me callo, pero es cierto, está para morirte pecando…
CAROLINA: (Sonríe) Lo se, pero, cállate… (Lo ve llegando a la sala) ¡Emiliano! ¿Cómo te sentó la ducha?
EMILIANO: Espléndida, muchas gracias.
CAROLINA: Mira, te presento, esta pequeña es mi hermana menor, Alma Mouriño, la benjamina de la familia.
ALMA: Mucho gusto.
EMILIANO: Lo mismo digo. Se ve que la belleza es característica, al menos, de las mujeres de esta familia. Muy guapas las dos.
CAROLINA: Mis hermanos son unos galanes y gracias por el cumplido. ¿Algo fresco para beber?
EMILIANO: Por favor, si no es molestia un poco de agua.
CAROLINA: ¿Una cerveza helada no le gustaría más?
EMILIANO: Me encantaría.
ALMA: Yo la busco, igual tengo que ir a la cocina… Permiso…
EMILIANO: Propio (Alma sale) Tu casa es preciosa, toda la hacienda lo es.
CAROLINA: ¿Puedo preguntarte algo?
EMILIANO: Lo que sea.
CAROLINA: ¿Qué hacías dentro de los terrenos?
EMILIANO: Perdón, me colé, pero juro que fue por necesidad. Mi carro se murió como a cinco o seis kilómetros de aquí y me venía a pie. Vi el río y no pude resistirme.
CAROLINA: Te comprendo y dame un segundo. ¡Aurora! (La mujer se presenta) Bonita, dile a tu hermano que venga, por favor.
AURORA: En seguida, patrona. (Sale)
EMILIANO: ¿Qué pretendes?
CAROLINA: Ya vas a ver…
HORACIO: (Entrando) Permiso, patrona, ¿qué necesita?
CAROLINA: Horacio, ¿recuerdas al señor?
HORACIO: Si, por supuesto.
CAROLINA: Bueno, el carro se le quedó camino a La Cruz, pero a unos cinco o seis  kilómetros de aquí. Llévate la camioneta y tráelo para que Elías lo revise, por favor.
HORACIO: Enseguida, Doña Pampa. (A Nano) Caballero, ¿me permite las llaves de su auto?

Emiliano observaba a su anfitriona y notaba en ella todas las cualidades físicas que le atraían de una mujer: altura promedio, cabellera abundante y sedosa, cuerpo casi delineado a mano, piel bronceada, una boca fina, provocadora, sensual. Los ojos de Pampa le llamaban poderosamente la atención y no podía dejar de mirarlos fijamente y cuando ella sonreía, era como si lo demás desapareciera. Era incuestionable el magnetismo que la mujer manejaba y Nano se daba cuenta de lo mucho que la deseaba; Caro era muy bella y era más que evidente que detrás de esa estética tan perfecta, la personalidad de la que tanto se hablaba, estaba encuadrada a la perfección. A Carolina Mouriño se la consideraba una negociante ruda, aplastante y una empresaria que liquidaba a sus competidores. Sin embargo, Nano descubrió que debajo de esa apariencia recia, dura y tajante, se ocultaba una mujer tierna y considerada que sólo intentaba convivir con el dolor de una pérdida terrible. Sus años en la policía y su capacidad de leer entre líneas, le aclararon el panorama desde un principio. Lo que el detective Iberbia desconocía era que esa atracción física, sólo era el primer paso hacia el verdadero amor.

Alma no había regresado y seguían platicando a solas, aunque por el momento, no sobre la cuestión de Augusto, sino de lo que Emiliano hizo con Morena.

CAROLINA: (Sentados frente a frente en la sala, mirándose) Pude ver que para detener a Morena, hiciste algunos movimientos, ¿sabes de caballos?
EMILIANO: Soy adiestrador.
CAROLINA: ¿De verdad? No lo pareces.
EMILIANO: ¿No parezco?
CAROLINA: Al menos no a los que vienen a trabajar aquí.
EMILIANO: Comprendo. Aquí son vaqueros o, al menos, tienen ese estilo. Lo mío empezó por mi hijo y hoy es una de mis más grandes pasiones.
CAROLINA: ¿A tu muchacho le gustan los caballos?
EMILIANO: Los ama, quiere ser el mejor jinete y se está preparando para eso desde los cuatro años. Por acompañarlo a sus clases, comencé a montar y eso me llevó a adiestrar. Preparo a los animales y a las personas para las competencias.
CAROLINA: (Hace memoria) ¿Iberbia?
EMILIANO: Si, Emiliano Iberbia, pero no te esfuerces, no estoy en el “mercado”, jajaja. Lo hago sólo por mi hijo y por algunos de sus amigos
CAROLINA: Entiendo, pura vocación y nada de negocio.
EMILIANO: (Asiente) Es algo que me une demasiado a Francisco como para ponerle precio. Vivo de otra cosa.
CAROLINA: ¿De qué?
EMILIANO: (No podía decirle aun que era policía) La empresa de mi familia. Tenemos varios hoteles.
CAROLINA: ¿Alguno conocido o popular?
EMILIANO: “Barcelona Inn”, en el DF.
CAROLINA: ¿Ese es de tu familia?
EMILIANO: Si. ¿Te has hospedado?
CAROLINA: No, pero cuando vienen clientes a la ciudad, los mandamos allí. Es excelente.
EMILIANO: Muchas gracias.
CAROLINA: (Se miran de nuevo, con muchas ganas) Entonces, Emiliano, ¿me vas a contar bien cómo es lo de mi marido?
EMILIANO: Trataré de resumirlo. Después de nacer mi hermano mayor, mis padres se separaron y cada uno hizo su vida. Papá se metió con una mujer casada. A los dos años, se reconciliaron y me tuvieron a mí. Cuando yo tenía siete, mi padre se reencontró con dicha mujer y esta le confesó que había tenido un hijo y que no estaba segura de quién había sido el padre, si su marido o Don Aldo. Como el otro señor no se encontraba en la ciudad cuando ese bebito nació, la esposa lo dio en adopción y le hizo creer que había muerto. Papá lo buscó y lo encontró, pero por miedo a perder a mi madre y a nosotros, lo mantuvo en secreto. Hace poco más de un mes, mi padre sufrió un infarto y cuando se recuperó un poco, cambió su testamento y nos contó esto mismo a mi hermano y a mí.
CAROLINA: ¿Y ese niño puede que haya sido Augusto?
EMILIANO: Ese niño fue Augusto, definitivamente. No hay dudas de eso. Lo que quiero averiguar es si era mi hermano o no. Según papá, lo más probable es que sea hijo del marido de aquella mujer, pero queremos corroborarlo. Mi familia lo necesita, fue su última voluntad. 
CAROLINA: Deberías hablar con mis suegros. Son buena gente, seguro que te colaboran.
EMILIANO: No es mala idea, pero de todos modos, la única forma de saber la verdad es con un examen de ADN.
CAROLINA: ¿Cómo lo harías?
EMILIANO: Mi padre dejó una muestra de sangre en un laboratorio de toda nuestra confianza para ese fin. Si tú estás de acuerdo, podemos hacer la prueba con alguno de tus hijos. Si resultan compatibles con mi padre, es porque Augusto fue mi hermano. De lo contrario, habrá sido fruto de la relación de aquella mujer con su legítimo marido y en ese caso, tú sabrás qué hacer con esa información.
CAROLINA: ¿Sabes quién era esa mujer?
EMILIANO: No con certeza, papá no llegó a decírmelo, pero creo que puedo averiguarlo. Sólo necesito tiempo.
CAROLINA: (Estaba pasmada) Es como mucho en sólo unos minutos…
EMILIANO: Lo se, créeme que hay momentos en que aún no lo creo.
CAROLINA: ¿Tu mamá sabe esto?
EMILIANO: Si, se enteró después que nosotros y según nos dijo, tenía sus sospechas. Está de acuerdo con todo. Sólo queremos que la voluntad de mi padre sea cumplida y que él, desde donde esté, pueda descansar en paz.
CAROLINA: Entiendo perfectamente y por mí, no hay problema. Creo que antes de decidir lo que sea, tienes que hablar con los padres  de Augusto y con mis hijos. Ellos son quienes deberían tomar la decisión definitiva. Al fin que es a quienes más les afectaría todo.
EMILIANO: ¿Por qué lo dices?
CAROLINA: Simple. Si Augusto resulta ser tu medio hermano, lo que tu padre le haya dejado a él, pasará a manos de ellos, de mis hijos y aunque son pequeños, son muy listos y se que entenderán las cosas.  Siempre supieron que su papá era adoptado y que sus abuelos eligieron criarlo y amarlo, así que ahora les toca saber que quizás, por fin, podríamos conocer el origen de su papá, que es parte de su propia historia.
EMILIANO: Me gusta lo que dices y si me lo permites, quisiera regresar cuando estén ellos aquí y contarles personalmente todo.
CAROLINA: ¿Y si mejor los esperas? En unas horas estarán de regreso y mientras llegan, nosotros almorzamos y damos un paseo por los establos, el tiempo se va a pasar muy rápido.
EMILIANO: Eso me gusta mucho más aún. Gracias.

4 comentarios:

  1. Que bueno que se caigan bien caro y emiliano me gusta la historia es genial!! :D

    ResponderBorrar
  2. ALMA: ¡No te hagas la mensa! ¿Está para pecar o no?
    CAROLINA: (Sonríe, con Alma eran una misma y no habría podido mentirle) Hasta pudrirte en el infierno, hermanita, está para pecar de aquí a la eternidad y pasártela vagando por el purgatorio…

    JAJAJAJAJJAJA ME MIEEEEE JAJAJAJAJAJAJA Excelente cap!!!

    ResponderBorrar