viernes, 30 de agosto de 2013

“LA PAMPA” – Capítulo 049





Después del almuerzo, Francisco cayó rendido ante al cansancio. Se había levantado muy temprano para tomar el avión, durante el trayecto no había dormido nada y aunque moría de ganas de salir a pasear con su papá y Pampa, el cuerpo no le dio más energías. Nano lo llevó a la casa de huéspedes y lo acostó. Después de eso, buscó a Carolina, pero ella no quería hablar con él

EMILIANO: ¿Qué te pasa?
CAROLINA: Nada, tengo cosas que hacer...
EMILIANO: Y yo me chupo el dedo, ¿no? ¿Qué pasa? No me hablas desde las caballerizas y ahí estábamos bien
CAROLINA: Y estamos bien, pero estoy muy ocupada, Emiliano
EMILIANO: No, no lo estamos y no entiendo qué demonios te sucede. Me voy con Francisco, no quiero que se despierte solo y sin saber dónde está. (La mira) Si quieres dejar de mentirme, sabes cómo llegar (Se va)
CAROLINA: Si no voy, le indico a otra cómo llegar...
EMILIANO: (Se gira) ¿Qué?
CAROLINA: ¿No te ibas?
EMILIANO: ¿Qué fue lo que dijiste?
CAROLINA: No dije nada, Emiliano, ve con tu hijo...
EMILIANO: (La toma de un brazo y la mete en la caballeriza) Repite lo que dijiste recién, pero en mi cara
CAROLINA: Suéltame, Emiliano...
EMILIANO: (La suelta) No se qué idea te anda rondando en esa cabecita que tienes, pero eso que dijiste, te lo olvidas. No hay otra y recuerda que si no decimos lo nuestro, es porque tú lo prefieres así. Escenas de celos conmigo, Carolina, no. (Se va)
CAROLINA: Si no le interesa su ex mujer, ¿por qué tanto apuro en hablar con ella del embarazo? Dejó de comer por llamarla y después, yo no puedo tener celos...
EMILIANO: (Se había quedado escuchando) Porque le pedí mil veces tener otro hijo y me lo negó, Carolina. Me sentí mal por enterarme de casualidad y no por ella. Ya te dije lo que sufrí mi fracaso con Aitana y nos costó mucho llegar a un punto donde podamos realmente alegrarnos y disfrutar la felicidad del otro. Pero es mucho pedirte que pienses en eso y en lo que hablamos, evidentemente. Sigue con esos celos ridículos, ahora si me voy
CAROLINA: Entonces, te dolió y eso es por algo y si siento celos, es mi problema, ¿no?
EMILIANO: No me dolió porque vaya a tener otro hijo y a casarse, sino porque me lo ocultó. ¡Entiendo lo que siente perfectamente y estoy feliz por ella! Le dije que desde que estás en mi vida, quiero exactamente lo mismo contigo y no es únicamente tu problema, sino mío también, porque son celos que no tienen fundamento. No soy un santo, pero tampoco un desgraciado y te amo, pero no confías en mí. (No dice nada más y se va a ver al niño)
CAROLINA: Al carajo con todo... (Le da una patada a un montón de heno y se va a la casa grande)
ALMA: (La ve entrar, furiosa) ¿Qué te pasa, Caro?
CAROLINA: Nada, déjame en paz... (Sigue de largo)
ALMA: (La detiene) Dime...
CAROLINA: Que me dejes, Alma, no quiero hablar con nadie (Se suelta) No me sigas, quiero estar sola... (Se va a su cuarto y se encierra)
HORACIO: ¿Y eso?
ALMA: No se, amor, ni idea...

En la casa de Celia, ella y Pablo, seguían teniendo sexo, no podían parar ni querían hacerlo. Él la saboreaba y la doctora gemía inconteniblemente, reconociendo para si misma que nunca le habían hecho el amor así y que ese hombre era distinto a lo que pensaba. Le agarró la cabeza, pidiendo más

PABLO: ¿Te gusta lo que te hago, nena?
CELIA: Me encanta lo que me haces, me vuelves loca...
PABLO: (Sube y la besa, pero sigue dándole placer con sus dedos) Eres deliciosa, ¿sabías? (Estaba desbocado y Pablo era muy activo, un toro)
CELIA: Eres tú quien me vuelve así...
PABLO: ¿Si? (Beso rudo) ¿Soy yo? (Otro) Pídeme que lo te lo haga de nuevo, dime qué quieres...
CELIA: Házmelo por detrás, como tú sabes, duro...
PABLO: Convénceme...
CELIA: (Baja y empieza a lamerle el miembro como una profesional) ¿Te voy convenciendo? (Sonrisa pícara)
PABLO: Aún no... (Imita el gesto) Hazlo tan duro como quieres que yo te lo haga...
CELIA: Eso está hecho (Endurece los movimientos de su boca y agiliza los de su lengua)
PABLO: (Le agarra la cabeza y mueve su pelvis) Uuhh, si, así... (La levanta y se acomoda detrás de ella) ¡Me convenciste! (Penetra y le da como desaforado, hasta que acaban así y él se queda ahí un poco más, descargando bien y acariciándole los senos y la entrepierna) Una fiera, Celia, eres espléndida...
CELIA: Tú eres el espléndido
PABLO: Lo somos juntos... (Sale y la gira) No vayas a trabajar, quédate conmigo
CELIA: Tengo que ir a trabajar, vivo de eso...
PABLO: (Asiente) Cuando el dispensario esté en mi hacienda, te voy a construir una casita que sea preciosa, para que puedas vivir ahí y no tengas que viajar de aquí hasta allá todos los días (La besa) Si te pregunto algo, ¿me dirás la verdad?
CELIA: Claro, dime...
PABLO: ¿Qué es lo que quieres conmigo? ¿Sólo sexo o esperas más de mí?
CELIA: Por ahora, sólo sexo...
PABLO: (Sonríe) Eso se nos da muy bien y me alegra saber que quieres ir de un paso a la vez, porque siento lo mismo... (Mira la hora) Ven, te lo voy a hacer de nuevo, para que sólo puedas pensar en salir del hospital y buscarme...
CELIA: Lo estoy deseando...
PABLO: (Le agarra la mano y se la lleva al pene y él la toca también) Quiero que no puedas dormir deseándome, esperando el momento en que vuelva a poseerte y que te pongas loca por estar conmigo, así, estaríamos en el mismo punto... (La alza y se la lleva al cuarto)

A media tarde, al rato que Francisco despertó de su siesta, el pequeño y su papá, se alistaban para salir a cabalgar de nuevo. Sin embargo, el plan se vio frustrado porque de la nada, una enorme tormenta azotó la zona

EMILIANO: Hijo, vamos a la casa grande y te quedas con Aurora en la cocina, ¿si? (Lo alza y lo va llevando bajo la lluvia torrencial)
FRANCISCO: Si, papi...
EMILIANO: (Entran) Aurora, te lo encargo. Hijo, aquí las tormentas son muy caóticas, necesito que no des lata y te portes bien, campeón. ¿Cuento contigo?
FRANCISCO: Claro, pa, soy una estatua, mira (Se queda quieto) ¿Ves?
EMILIANO: Eres el mejor, Llanero. Gracias, Aurora. (Besa a su hijo y sale, monta a Albatros y galopa hasta donde las vacas pastaban. El agua caía sin tregua) ¡¡Horacio, ve por ahí y las llevamos!!
CAROLINA: (Ya estaba allí) Efraín, encierra a los terneros, yo voy por las que están por el río, ¡rápido! (Se va al galope)
EMILIANO: (La ve) ¡¡Chava, ayuda aquí!! (Salvador asiente) ¡¡Eaaa, Albatros!! (Sigue a Carolina)
CAROLINA: (Estaba guiando ya al ganado) ¡Dense prisa, por favor, no quiero perder más reses!
SERAFÍN: Tranquila, patrona, está controlado...
EMILIANO: ¡Pampa, cuidado!
LALO: (Llega en la camioneta) ¡¡Patrona, el potrero de la colindancia se vino abajo!!
CAROLINA: ¡Maldición! Tendremos que llevarlas al otro...
EMILIANO: Yo voy... (Sale a todo galope)
CAROLINA: Vamos a llevarlas al otro potrero, rápido...
LALO: En caballo se llega más rápido, patrona, el camino para la camioneta está inundado...
EMILIANO: (Llega y comienza el arriado, pero no parecía buena idea hacerlo solo) ¡Hay que tratar, pues!
CAROLINA: Vamos a ayudar a Emiliano nosotros, ¡muévete, Serafín!
LALO: Yo te cubro, Serapio...
SERAFÍN: (Sale junto a Pampa y cuando llegan, Nano estaba llevando a las reses al granero) ¿Qué pasó?
EMILIANO: ¡¡No van a pasar por el camino, está inundado!! Lo mejor es meterlos aquí y aguardar a que pase la tormenta y baje el agua
CAROLINA: Es buena idea, vamos a guiarlas, no hay tiempo que perder...
EMILIANO: Serafín, necesitamos cuerdas para improvisarles un corral, sino se van a dispersar, están muy asustadas
SERAFÍN: ¡Ya traigo! (Se aleja rápidamente)
CAROLINA: Intenta que no se separen, cubre por aquel, lado, yo lo hago por este...
EMILIANO: Si, amor (Lo hacen)
CAROLINA: ¡Apúrale, Serafín!
EMILIANO: (Se cae) ¡¡Carajo!! (Se pone de pie y vuelve a montar) ¡Vamos, niñas, entren!
CAROLINA: ¿Te golpeaste?
EMILIANO: No, estoy bien…
SERAFÍN: (Regresa y le da una punta de la soga a Carolina) Vamos, patrona
EMILIANO: Ustedes cérquenlas y yo las dirijo
CAROLINA: Si, pequeñas, así, muy bien, sigan entrando. Sólo queda un rato...
EMILIANO: (Terminan de entrarlas) ¡Muy bien! Serafín, ve con los demás a ver cómo están, yo voy a checar el potrero, a ver si tiene arreglo... (Mira a Caro y se va)
CAROLINA: Serafín, desde que entren todos los animales y estén a resguardo, váyanse a sus cabañas, no los quiero afuera, ¿entendido?
SERAFÍN: Si, patrona, como mande. ¡Vamos, la escolto!
CAROLINA: Ve tú primero, voy ayudar a Emiliano, me vuelvo con él... (Serafín se marcha y Caro va al potrero)
EMILIANO: (Ve llegar a Caro) ¡Ve para la casa grande, no estés aquí, esto se termina de caer en cualquier momento!
CAROLINA: No te voy a dejar solo...
EMILIANO: Te estás arriesgando mucho, mujer, ya... (Toma un caño salido y lo intenta conectar con otro)
CAROLINA: Deja eso ahora, Nano, por favor, vámonos a la casa...
EMILIANO: Si no hacemos algo ya, se perderá todo, Carolina. Ve tú, yo me quedo
CAROLINA: Me da igual perderlo, no quiero que te pase nada, vamos, por favor...
EMILIANO: (La mira) Nada me va a pasar, déjame ayudar
CAROLINA: Deja eso, que se lo lleve el diablo...
EMILIANO: (Corta con lo que está haciendo) Pensé que el diablo se había llevado lo nuestro




12 comentarios:

  1. Hay esa Caro que Mal pensada es como cree que Emiliano esta enamorado de su ex todavia... hay ojala todo se arregle entre ellos

    ResponderBorrar
  2. Los celos son muy malos consejeros ��

    Pampa mejor deja q Emilia le cuente a todo el mundo que se aman ❤❤❤

    ResponderBorrar
    Respuestas
    1. EMILIA es la "amiga" que se separó, jajajajajajajjajjajajajajajaj!!!!!!!!!!!

      Borrar
    2. Crees que ya le cuenten a todos??????

      Borrar
    3. No creo porq se les dańaria el plan con terranova
      si ese tipo no existiera lo cribarían a los 4 vientos

      Borrar
  3. Jajajajajaja con que si teníamos celos, Carolina!

    ResponderBorrar
  4. me encantan ese tipo de celo¡¡¡ hay caroo n tiene
    remedio

    ResponderBorrar